Faltan inquilinos, jóvenes y migrantes en las asociaciones vecinales andaluzas: “No sabemos cómo hablarles”

Las asociaciones vecinales andaluzas buscan un relevo generacional dificultado por las crisis inmobiliaria y las condiciones materiales.
La Palmera
Fotos de archivo de la asociación de vecinos La Palmera, en Almería. Fuente: web de La Palmera.
16 sep 2026 06:00

Un 18 de junio de 1988, cerca de 10.000 vecinos de Motril (Granada) salieron a las calles para exigir la creación de un hospital que llevaban años pidiendo. Era cuestión de vida o muerte para muchos pacientes que no podían desplazarse regularmente al hospital más cercano, en la capital granadina. Se organizaron festivales y eventos centrados en el hospital, se movilizaron cientos de familias y hasta se hizo eco el entonces monarca, Juan Carlos I. Las administraciones terminaron cediendo a la presión y el hospital se construyó, un claro éxito para las asociaciones vecinales de la zona que convocaron las manifestaciones y protagonizaron la lucha desde el primer momento. 

Pero escenas como las del hospital de Motril son cada vez menos comunes, o tienen distintos protagonistas. Las asociaciones vecinales, que han sido referentes durante años en la lucha popular por la democracia y los servicios públicos dignos, han quedado en un segundo plano al no conseguir un relevo generacional ni la participación de colectivos vulnerables, como los inquilinos o la población migrante. Y no es por falta de intención.

No hay relevo generacional

“Nos está costando muchísimo, tenemos vías paralelas que no conseguimos que se crucen”, explica Miguel Ángel Martínez, secretario de la Federación de Asociaciones Solidaridad de Jerez de la Frontera (Cádiz), que añade que la media de edad de miembros en asociaciones vecinales de la zona supera los 60 años, la gran mayoría autóctonos y propietarios. Como consecuencia, un espacio que históricamente ha servido para reivindicar los intereses populares frente al poder y la administración resulta casi antagónico a los colectivos que comprenden los barrios de Jerez. “Nos ven como gente que juega al dominó y que habla de cosas que no les interesa”, añade.

La pérdida de interés en estas asociaciones lleva décadas ocurriendo, pero se ha agravado en los últimos años. Parte del problema responde a la natural evolución de los barrios que representan: muchos se construyeron en la segunda mitad del siglo XX, especialmente alrededor de la década de los 70, y la necesidad de garantizar servicios dignos como hospitales, escuelas o parques alimentaba la alta participación en las asociaciones vecinales que se acababan de crear para luchar por ellos. Décadas después, se dan por sentado estos servicios y desaparece el sentimiento de urgencia para seguir reivindicando su importancia.

“Ya no hay conciencia de que las organizaciones están ahí para defender determinados derechos y conquistas”, opina Ana María García, presidenta de la asociación vecinal La Palmera, en Almería

Según Martínez, el problema existe “por las dos partes”: ni las nuevas generaciones muestran interés por el asociacionismo vecinal, ni las asociaciones han sabido adaptarse a las nuevas realidades sociales para atraer miembros. “Es una carencia muy fuerte. Se necesita un relevo generacional porque al final acabaremos no estando”, añade.

Otro de los factores que entran en juego es la cultura individualista y falta de solidaridad que se ha propagado en los últimos años. “Ya no hay conciencia de que las organizaciones están ahí para defender determinados derechos y conquistas”, opina Ana María García, presidenta de la asociación vecinal La Palmera, en Almería. Ha notado que las actividades lúdicas en su asociación —como las excursiones— no han perdido participantes y popularidad tan rápido como las actividades reivindicativas, que desde hace años son casi inexistentes, especialmente entre jóvenes. “Prefieren la inmediatez a la reivindicación”, añade José Pérez, vicepresidente de la misma asociación. 

No hay más que ver la popularidad de los influencers que abogan por recortar el estado del bienestar o hacerse rico con los contenidos digitales o las criptomonedas. O las encuestas, que muestran que el 45,5% de los varones entre 25 y 34 años coinciden en que los impuestos “son algo que el Estado nos obliga a pagar sin saber muy bien a cambio de qué” y el 68% de jóvenes muestra poca o nula satisfacción con la democracia. 

 “A día de hoy una pareja joven, para poder vivir mínimamente en condiciones tiene que dedicar el salario de uno al alquiler y del otro a la comida y demás. Tienen las cosas más complicadas que antiguamente”, explica Julio Molina, presidente de la Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales 

Pero incluso aquellos que sí están comprometidos socialmente a menudo no tienen el tiempo para militar en asociaciones vecinales, añade el vicepresidente de La Palmera. 

Ni rastro de colectivos vulnerables, que prefieren militar en otras organizaciones

Atraer a poblaciones trabajadoras y vulnerables, como inquilinos y migrantes, también ha sido siempre un reto grande que se ha agravado en los últimos años, según Julio Molina, presidente de la Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales (CEAV), que agrupa a más de 3.000 de estas asociaciones a nivel nacional. Coincide con Pérez en que gran parte del problema radica en la falta de tiempo libre por compromisos familiares y laborales, y añade que aquellos que viven en alquiler suelen permanecer menos tiempo en un barrio y tienen más dificultad para arraigarse y luchar por los intereses de la zona, sobre todo si se encuentran en situaciones precarias.

“El problema es de la época en la que estamos viviendo. A día de hoy una pareja joven, para poder vivir mínimamente en condiciones tiene que dedicar el salario de uno al alquiler y del otro a la comida y demás. Tienen las cosas más complicadas que antiguamente”, añade Molina. “Trabajar a día de hoy en una entidad de carácter vecinal, progresista y voluntaria es muy complicado”.

Todos los cargos de asociaciones vecinales consultados por El Salto coinciden en que nuevos problemas sociales, como la turistificación o el alto coste de la vivienda, sí están aumentando la participación de estos colectivos, aunque muy pocos deciden llevar esa lucha al movimiento vecinal. Hoy hay más oferta para la militancia en nuevos sindicatos, organizaciones políticas y plataformas que antes no existían y que ocupan ese espacio reivindicativo que han dejado las asociaciones vecinales.  “No es que hayan dejado de participar, sino que se han ido a otras entidades que han ido creciendo”, comenta el presidente de CEAV. Por ejemplo, muchas asociaciones vecinales antes tenían vocalías de enseñanza, deporte y otros temas de interés público que hoy se han quedado obsoletas porque se han organizado en grupos independientes. 

Aunque demuestra la necesidad de seguir adaptándose para atraer nuevos miembros al movimiento vecinal, Molina no ve esta fuga a otras entidades como algo negativo. “Nos apoyamos los unos a los otros. Lo importante es que participen”. “En cualquier caso, va por rachas y en función de las realidades de cada barrio o ciudad. Pero creo que este movimiento tiene una larga vida por delante”, opina. “No va a dejar de estar ahí”.

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