Baleares
Las ‘kellys’ de Baleares sostienen el negocio del turismo playero a cambio de precariedad y cero reconocimiento
El ‘boom’ turístico en territorios como las Illes Baleares o las Islas Canarias lleva tiempo tocando techo, aunque no quede reflejado en los datos macroeconómicos que solo hablan de crecimiento. La sociedad civil organizada conoce de sobra las costuras de un modelo a priori generador de riqueza pero extremadamente dañino para la vida de los residentes: jóvenes migrados a la península ante la imposibilidad de asumir un alquiler decente, una precariedad laboral sin precedentes, espacios naturales degradados por la saturación y una merma generalizada de la calidad de vida en pueblos y ciudades.
Así lo expresaron las más de 25.000 personas que el pasado mes de julio se manifestaron en Palma convocados por la plataforma Menys turisme, més vida contra los efectos devastadores del turismo desregulado, también en las condiciones laborales. En un territorio geográficamente limitado, incluso los cimientos que han hecho posible el desarrollo de la todopoderosa industria hotelera han empezado a tambalearse estos últimos años.
La gallina de los huevos de oro de las islas tan solo puede sustentarse gracias al esfuerzo titánico que desempeñan todos los días las más de 4.000 trabajadoras de la limpieza del sector turístico, conocidas como las ‘kellys’ —nomenclatura de ‘las que limpian’— o camareras de piso. Saben que de su sudor depende la pervivencia de la frágil economía balear, puesto que ésta depende prácticamente de la llegada de extranjeros de vacaciones.
“Hemos dejado de ser invisibles, somos un pilar fundamental a la hora de mantener el funcionamiento de los hoteles”, resalta Sara del Mar García, presidenta de Kellys Unión Baleares
Desde que comenzaron a organizarse a través de grupos de Facebook en 2017 para reclamar derechos, varios años más tarde que sus compañeras de la Andalucía, Euskadi o Catalunya, se han convertido en un símbolo feminista de lucha por los derechos laborales. “Todas tenían en común las cargas de trabajo, el acoso laboral, las patologías profesionales, etcétera, y hoy hemos dejado de ser invisibles, somos un pilar fundamental a la hora de mantener el funcionamiento de los hoteles”, resalta Sara del Mar García, presidenta de Kellys Unión Baleares y camarera de piso en Magaluf, epicentro del turismo de ocio nocturno en la isla.
Ella llegó a Mallorca hace 28 años desde Cabezas de San Juan (Sevilla) y lleva 23 trabajando en el mismo hotel, cuyo nombre prefiere no desvelar. Cuando empezó, antes de la reforma laboral de 2021 que regulaba el régimen de temporalidad en las empresas, “las cadenas no te solían coger dos temporadas consecutivas porque te tenían que hacer fija discontinua. Te cogían una temporada, trabajabas siete, ocho, nueve meses, y luego no te llamaban hasta dentro de varios veranos porque no querían hacer contratos fijos discontinuos”.
Aunque estos últimos años han cosechado numerosas victorias que sirven de faro para sus compañeras del Estado español, como medidas dirigidas a aumentar la seguridad laboral, tienen claro que “todavía queda mucho por hacer”: desde cambios legislativos en el reconocimiento de ciertas enfermedades laborales hasta mejoras salariales o el simple reconocimiento social de su desempeño.
Plantillas cada vez más reducidas por la crisis habitacional
En mayo de 2026, la llegada de turistas a las Illes Balears presentaba un incremento interanual del 6,3%, con 2.425.659 extranjeros al año, según datos de la Consellería de Innovación, Investigación y Turismo del Govern balear. Acorde con esta fuente, las pernoctaciones han aumentado este año un 4,8%, con un aumento del 2,6% en la entrada de pasajeros aéreos de media en todo el archipiélago. El flujo de turistas no para de crecer mientras que cada vez menos trabajadoras están dispuestas a emplearse en los meses de alta ocupación debido a falta de acceso a viviendas a un precio asequible.
“Hay mucha gente que venía de la península a trabajar y que ya no está viniendo. No hay manera humana de pagar el excesivo precio del alquiler por culpa de los pisos turísticos, habiendo tantísimos hoteles como hay en la isla”, explica del Mar. La Federación Empresarial Hotelera de Mallorca (FEHM) estima que un 20% de los hoteles permanecen abiertos todo el año. Sin embargo, y pese a que la ley que lo prohíbe taxativamente, los alojamientos temporales como Airbnb no paran de aflorar por todo el territorio insular, encareciendo los barrios.
La evolución rápida de la crisis de vivienda ha desembocado en que algunos hoteles de zonas remotas ya cuentan con habitaciones para albergar a las trabajadoras en la temporada de verano. “Antes había bastantes viviendas en los hoteles pero se fueron eliminando para convertirlas en habitaciones de hotel para huéspedes y así rentabilizar todavía más los espacios, mientras que las que hay son cada vez más precarias. Aquí no se pierde un duro nunca”, explica a El Salto Ana Ordóñez, técnica de prevención de riesgos laborales de CCOO en Baleares. De nada sirve trabajar si el salario no alcanza para pagar un alquiler, de manera que actualmente las camareras de piso deben realizar un trabajo ingente con una plantilla mínima.
“Hay días que te dan ganas de llorar y tirar la toalla, nosotras vemos que los hoteles cada vez se llenan más en detrimento de nuestra salud”: Marina, camarera de piso en Cala Millor
“Los empresarios de los hoteles solo quieren llenarse los bolsillos a costa de las trabajadoras, como si fuéramos máquinas. Yo estoy a fuerza de pastillas para poder trabajar todos los días, estamos todas machacadas física y mentalmente por un salario que a penas te da para pagar el piso, hacer la compra y poco más”, cuenta con rabia Marina —pseudónimo que ha elegido por miedo a sufrir posibles represalias—, camarera de piso veterana en Cala Millor, en la costa del levantina de Mallorca, una de las áreas más turísticas de la isla. “Hay días que te dan ganas de llorar y tirar la toalla, nosotras vemos que los hoteles cada vez se llenan más en detrimento de nuestra salud”, añade.
Victorias colectivas que abren camino y siembran referentes
Desde que comenzó a trabajar en el sector a los 18 años hasta ahora, a sus 46, Marina no ha hecho más que acumular dolencias resultantes del exceso de carga de trabajo. En una jornada puede llegar a hacer hasta 22 habitaciones, pero tiene compañeras de otras cadenas que pueden hacer más de 30. Desde que se limitó en 2016 el número de plazas hoteleras para, a priori, atajar la masificación turística, muchos hosteleros lograron zafarse de esta regulación aumentando la capacidad de las habitaciones con más camas o sofás supletorios para así acoger a más turistas en un mismo espacio.
“Esa es una práctica que se ha hecho siempre y siempre la van a seguir haciendo”, destaca con desidia del Mar. Por su parte, Marina infiere que en su caso ha perdido hasta 11 kilos desde que trabaja “porque del mismo estrés, de la ansiedad, de la presión, no me entran ni ganas de comer”, razón por la que debe tomar diariamente dos pastillas para los dolores de espalda y migrañas crónicos que sufre. Tampoco ayuda la falta de consideración por parte de muchos extranjeros que abandonan las habitaciones en unas condiciones deplorables día sí día también: “Lo mismo te dejan unas bragas por el suelo, te tiran los preservativos usados encima de la cama, vienen de la playa y te dejan toda la arena, nos tienen como si fuéramos las esclavas de los clientes”, confiesa.
En 2022, la Unión Kellys Baleares, lograró que la Ley Turística de Baleares incluyera la obligatoriedad de instalar camas elevables en los hoteles, una conquista pionera en el sector
Tras una larga lucha por parte de la asociación Unión Kellys Baleares, en 2022 lograron que la Ley Turística de Baleares incluyera la obligatoriedad de instalar camas elevables en los hoteles, una conquista pionera en el sector. Se trataba de una demanda histórica por parte de quienes llevaban años sufriendo en silencio todo tipo de enfermedades por tener que cargar tanto camas como mobiliario pesado y no adaptado.
Con la nueva normativa turística se trataba de poner fin a los sobreesfuerzos físicos causantes de patologías graves, de manera que “los establecimientos hoteleros tienen seis años para cambiar todas las camas de las habitaciones e instalar unas de tipo elevable para facilitar las tareas de limpieza y reducir la fuerza que necesitan las camareras de piso para hacerlas”, presumía el Govern a la salida del decreto. Por aquel entonces todavía gobernaba el Partido Socialista encabezado por Francina Armengol y la derecha parlamentaria balear no dudó menospreciar el avance legislativo calificándolo rápidamente de “bobada”.
Otra gran conquista colectiva tuvo lugar el año pasado cuando las kellys de la cadena hotelera Marsenses consiguieron la jornada laboral de 32 horas para las camareras de piso mayores de 58 años en los alojamientos hoteleros. El horizonte es extender este derecho al resto de trabajadoras hoteleras no sólo del archipiélago sino de la totalidad del Estado español. Hablamos de compañías con un poder de influencia desmesurado en ciertos territorios, con facturaciones millonarias especialmente en el periodo estival. En el caso de la mencionada cadena, Forbes anunció que el año pasado la compañía había clausurado con una facturación récord de 30,5 millones de euros, un 27 % más que el ejercicio anterior.
Embate ultra contra un sector feminizado y crítico con el modelo económico
Tras décadas de esfuerzo sindical incansable, no sin razón se han convertido en un referente feminista contra los abusos de quienes manejan el timón del monocultivo turístico. Por ese motivo en 2023 el Consell Insular, bajo la coordinación de la Dirección insular de Igualdad y Diversidad, decidió rendir homenaje a su trabajo a través de un proyecto en forma de cómic que recogía historias de mujeres significativas en la isla. ‘Mallorca té nom de Dona’ (‘Mallorca tiene nombre de Mujer) compilaba así un relato específico sobre las kellys, impulsoras de la primera huelga de hostelería del archipiélago.
“Si buscas por internet verás que pone que la primera huelga que hubo de hostelería en Baleares tuvo lugar en los años 80, pero previamente, en el año 73, las limpiadoras de los hoteles, durante el Franquismo, ya habían hecho una huelga encubierta de bajo rendimiento. Lo que decidieron hacer fue dejar habitaciones sin hacer durante 40 días y algunas de ellas luego fueron reprimidas por ello”, afirma a a este medio Rosa Cursach, miembro del Consell de Mallorca y directora Insular Igualtat i Diversitat entre 2019-2023, así como del Institut Balear de la Dona.
La colección también concedía un espacio a otras mujeres trabajadoras como las zapateras de Inca del siglo XIX (cuando esta industria era especialmente florecida), las recolectoras serranas de la aceituna o las perleras en el municipio mallorquín de Manacor. El relato gráfico Las kellys, colectivo en lucha por los derechos de las mujeres completaba así la labor de dignificación y reconocimiento iniciada por el investigador sobre turismo y derechos laborales en la UIB Ernest Cañada, quien en 2015 publicó Las que limpian los hoteles. Historias ocultas de precariedad laboral (Icaria), obra en la que denuncia “la carga de trabajo, los ritmos y las presiones que han llegado a niveles extremos”.
Una vez más, la ultraderecha balear en manos de PP y Vox arremetió contra este colectivo un año después de la publicación del comic eliminando de la web del Consell la historia sobre sus reivindicaciones. Ante este acto de censura institucional afeado de inmediato por el grupo municipal Més per Mallorca, “la respuesta del Govern fue que el cómic únicamente reflejaba a un sector, no la totalidad de los agentes implicados en el turismo como los empresarios. Probablemente fue el sector hotelero que les pidió que no lo pusieran porque el comic es crítico con las condiciones históricas de las mujeres que limpian en estos hoteles”, sostiene Cursach.
Reconocimiento de enfermedades laborales y regulación de la carga de trabajo
Una de las cuestiones que sacaba a la palestra la novela gráfica hacía referencia al deficiente reconocimiento de las enfermedades derivadas de la sobrecarga física en la limpieza de habitaciones. El índice tanto de incapacidades como de siniestralidades en el trabajo continúa siendo altísimo en el sector, no obstante, muchas dolencias ocasionadas por el trabajo, como los problemas musculoesqueléticos y psicosociales, no se suelen vincular a un origen laboral. Del Mar infiere que muchas de estas patologías recurrentes no figuran en el BOE, de manera que las mutuas no las reconocen si no provienen de un accidente laboral.
Lo que sí parece que podría dar un giro a esta realidad es el reconocimiento real de la carga que supone afrontar jornadas maratonianas con un personal realmente reducido a partir de estudios
Esto es especialmente problemático teniendo en cuenta que la mayoría de las enfermedades que desarrollan las camareras de piso vienen por el resultado de jornadas enteras de sobreesfuerzo y acaban cronificándose, por lo que no pueden atribuirse a un golpe o un siniestro puntual. “Puedes tener muchísimas enfermedades o lesiones derivadas del trabajo que sin embargo no se consideran nunca de origen laboral. Ellas empiezan a tener problemas de salud muy jóvenes y no le van dando estas incapacidades”, alega Ordóñez.
Lo que sí parece que podría dar un giro a esta realidad es el reconocimiento real de la carga que supone afrontar jornadas maratonianas con un personal realmente reducido a partir de estudios y mediciones de carga. En 2023, organizaciones sindicales y empresariales de la hostelería acordaron un convenio que sellaba una subida salarial del 8,5%, con un 5 % aplicado el primer año de vigencia del convenio y “la primera metodología que se hace en España para medir las cargas de trabajo”.
La aplicación está siendo lenta y difícil de llevar a cabo, ya que la carga sigue siendo elevada aunque se haya reducido algo el número de habitaciones a realizar por cada trabajadora. “Hay un exceso de trabajo en los hoteles, se está haciendo el estudio de las cargas de trabajo en prácticamente todos los hoteles, pero sigue sin ponerse en marcha de forma efectiva. En mi hotel lo hicimos hace un año (el estudio) y todavía estamos esperando los resultados, la única diferencia es que ahora nos repartimos el número total de habitaciones”, destaca Marina.
Todo este caldo de cultivo ha originado la publicación este mes de Manifiesto Estatal de Camareras de Piso, un texto en el que ponen sobre la mesa sus reivindicaciones centrales y comunes a todos los territorios como la regulación real de la subcontratación, una jubilación compatible con la dureza del trabajo realizado y un ratio de habitaciones razonable.
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