Lula Da Silva aspira a la remontada en unas elecciones trascendentales para el futuro del país

Las encuestas dicen que el actual presidente ha conseguido reducir la ventaja con la que Bolsonaro ganó la primera vuelta, pero aún no le ha superado en los sondeos.
Lula debate
El presidente de la República de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, durante el debate del pasado 18 de octubre en São Paulo. Foto: Ricardo Stuckert
25 oct 2026 06:00

El todo o nada en el que vive Brasil desde la celebración de la primera vuelta de las elecciones presidenciales el pasado 4 de octubre tiene su cierre y capítulo definitivo hoy, 25 de octubre, cuando 156,4 millones de personas están llamadas al voto.

La elección es de las que marcan una época. Lula da Silva, el presidente del país, el obrero metalúrgico que desde 2003 ha encarnado los deseos de progreso de la población más pobre, se presenta a la que sería su cuarta elección como presidente bajo el impulso de una movilización masiva en las últimas semanas.

En la extrema derecha, partiendo como el candidato más votado el 4 de octubre, Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), agrupa los intereses de una alianza formada por las fuerzas armadas y de seguridad del país, de las milicias paramilitares, el evangelismo conservador, el sector agroganadero y la población más privilegiada de un país con enormes desigualdades.


Brasil es uno de los países más ricos del mundo. Su PIB nominal se sitúa en octava posición según la lista del Fondo Monetario Internacional, a mucha distancia del siguiente país sudamericano, Argentina. Al mismo tiempo, su índice Gini, que mide la desigualdad según la distribución de ingreso, se encuentra en la posición 176 de 183 países.

El primer mandato de Lula, entre 2003 y 2011, supuso una ruptura fundamental con las dinámicas del neoliberalismo heredadas del final de la dictadura militar. El candidato del Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones de este domingo implantó programas como la Bolsa Familia y el programa Hambre Cero, que redujeron la pobreza en niveles nunca vistos. Sin embargo, tras su regreso en 2023 al Palacio de Planalto las expectativas de reducción de las desigualdades no se han cumplido. 

El historiador Valerio Arcary, invitado en el último programa de Asalto, explicaba en un artículo reciente paraJacobin cómo “en 2024, el índice de Gini del ingreso per cápita de los hogares alcanzó en Brasil la cifra de 0,506, el peor de América Latina. Brasil cuenta con aproximadamente 433.000 millonarios (medido en dólares). Ese mismo año, los ingresos del 10 % más rico fueron 13,4 veces superiores a los del 40 % más pobre. La población en situación de pobreza —694 reales al mes, es decir, el equivalente de 6,85 dólares al día— se redujo del 27,3 % en 2023 al 23,1 % en 2024, pero oscila en torno a los 50 millones”. 


En la conversación radiofónica, Arcary manifestaba las críticas a la campaña de la primera vuelta en las elecciones de Lula da Silva, fruto de una política que, durante el último mandato, no ha funcionado como en su primera etapa. “El balance del último gobierno Lula no tiene la aprobación de la mayoría de la clase trabajadora”, desarrolla este historiador. “Las organizaciones a la izquierda del PT y mucha gente también dentro del PT alertó desde hace dos meses que había que hacer un cambio de línea, había que presentar un programa mirando hacia el futuro, nuevas reformas, propuestas que respondieran a la aspiración de la nueva generación”, continuaba.

El cambio de rumbo en la campaña de las generales ha sido clave para el repunte de Lula en las encuestas. El 15 de octubre, el Senado de Brasil aprobó reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales sin reducción de sueldo, estableciendo la semana de trabajo en cinco días, y no en seis, como hasta ahora.

El hijo del expresidente Jair Bolsonaro ha anunciado su intención de excarcelar, por lo civil o por vías extraordinarias, a su padre, que permanece en prisión como culpable de un intento de golpe de Estado

Antes de la primera vuelta, el Gobierno aumentó el monto destinado a la Bolsa Familia, que tiene más de 50 millones de beneficiarios entre la población más pobre, y este martes 20 de octubre adelantó el calendario de pagos de la ayuda en una medida con inequívoca intención electoral justificada en los estragos que puede tener el fenómeno climático de El Súper Niño, que ya está afectando en forma de riadas y sequías. Además, se aprobaron otras medidas de apoyo a pequeñas empresas, como la condonación de más de 3.000 millones de dólares en deudas con Hacienda y el anuncio de un proyecto para que el transporte público en autobuses sea gratis los fines de semana.

Pero más que las medidas, la esperanza de la campaña de Lula ha pasado por la movilización de miles de jóvenes en el país para repudiar el posible regreso de los Bolsonaro al palacio presidencial. Bajo lemas como “Dictadura nunca más”, las principales ciudades del país, comenzando por Rio de Janeiro y Sao Paulo, han registrado manifestaciones sin precedentes en las últimas décadas para tratar de evitar la victoria de la extrema derecha.


Esa movilización, unida a la fuerza de los dos vectores de apoyo a Lula más importantes, el voto mayoritario entre las mujeres —su Gobierno fue el primero que comenzó a contabilizar los feminicidios— y el de la región nordeste, la más poblada del país, de donde procede y donde se concentra el grueso de la clase obrera, han hecho recortar distancias al actual presidente.

Sin embargo, el bolsonarismo ha dejado de ser un fenómeno marginal para concentrar el voto hacia su galaxia de candidatos. En la primera vuelta, el Partido Liberal obtuvo la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados (287 de 513) y en el Senado (50 de 81), y Bolsonaro ha declarado su intención de tomar el control del Supremo Tribunal Federal (STF). Además, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro ha anunciado su intención de excarcelar, por lo civil o por lo criminal, a su padre, que permanece en prisión como culpable de un intento de golpe de Estado tras su derrota ante Lula en el año 2022.

Una victoria de Bolsonaro hoy sería el último clavo de la expansión de la ola ultra en Sudamérica, tras las sucesivas victorias electorales de Javier Milei en Argentina, el ascenso de Jose Antonio Kast en Chile, de Keiko Fujimori en Perú, de Abelardo de la Espriella en Colombia y la reelección de Daniel Noboa en Ecuador.

Hasta el viernes, las encuestas electorales han hablado de una brecha que se está cerrando a favor de Lula da Silva. El número de indecisos se ha duplicado en la última semana, del 7 al 14% (según la encuestadora Quaest), y la encuesta del jueves de Datafolha estableció un empate total: 50% vs 50% entre el presidente y el aspirante de la extrema derecha. 

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