Crisis climática
42ºC al menos hasta el miércoles: la tercera ola de calor en una Europa que vislumbra un nuevo horizonte
Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto. @pablorcebo.bsky.social, pablo.rivas@elsaltodiario.com
Apenas es 8 de julio y queda verano hasta el 23 de septiembre, pero, con la que está friendo estos días el territorio ibérico, la Península suma ya dos olas de calor a sus espaldas, a las que habría que sumarle el inusual episodio de altas temperaturas de mayo. La Agencia Española de Meteorología (Aemet) no llegó a calificar este último de ola: se quedó a las puertas de cumplir los requisitos para ser calificada como tal a pesar de que 16 estaciones principales de la red estatal de medición batieron su récord de temperatura máxima para un mes de mayo.
Sí lo fue, no obstante, en gran parte de Europa, donde se sobrepasaron récords en los termómetros para la fecha en medio continente. Como señalaba a principios de junio Samantha Burgess, responsable estratégica de clima del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMPM), se trató de “una ola de calor inusualmente temprana e intensa demuestra lo rápido que los fenómenos climáticos extremos se están convirtiendo en la nueva normalidad en lugar de ser la excepción”.
Este nuevo paradigma climático, cada vez más defendido como tal entre la comunidad científica, se siente hoy bien fuerte en gran parte del territorio español. La ola de calor durará al menos hasta el miércoles 8 de julio. Sin embargo, dada la incertidumbre habitual de la información meteorológica a media que avanza en el tiempo la predicción —sumando a la que provoca la “la evolución y posición de la dana, así como de los flujos en niveles bajos”—, la Agencia no descarta que pudiera extenderse, por el momento, hasta el jueves.
El episodio se va a sentir especialmente en el suroeste peninsular y en los valles fluviales y depresiones del interior peninsular, según la predicción de la Aemet. También en zonas que ya no son el refugio climático que fueron: el oeste gallego y el Cantábrico oriental. Si el lunes estaba previsto que en el valle del Guadalquivir llegasen a los 42ºC, el martes esa cifra podrían sentirla en el del Ebro y en en todo el cuadrante suroccidental, llegado a los 42-44ºC en el sur de la provincia de València, con buena parte de la Península con máximas entre los 36-39ºC. El miércoles proseguirá la anómala situación: no se prevén grandes cambios, salvo en el noroeste, donde “es probable que las temperaturas desciendan”, señalan desde la Aemet.
327 millones de seres humanos se vieron expuestos a la ola de calor de junio en Europa occidental
Los avisos rojos para este martes se han ido extendiendo en las últimas horas. A las tres áreas meteorológicas con el nivel máximo de alerta que la Agencia indicó a primera hora del lunes —Ribera del Ebro de Zaragoza, Depresión central de Lleida y Litoral sur de València—, se le sumaban a medio día el Sur de Huesca, el Pirineo de Lleida, el Bajo Aragón de Teruel y la Depresión central de Tarragona. El color naranja de “aviso de peligro importante” por temperaturas cubría cerca de la mitad del territorio peninsular, con el resto en amarillo. Solo escapaban las áreas costeras del Cantábrico y el Atlántico, y la mediterránea entre Almería y el Estrecho.
Los culpables concretos en esta ocasión son “la presencia de una dorsal sobre nuestro territorio y de una dana al oeste de la península ibérica”, unido a “la elevada insolación, la alta estabilidad y los vientos flojos”, lo que favorece la generación y extensión a buena parte del territorio de una masa muy seca y cálida, explican desde la Aemet.
3,5ºC más cálido que hace sólo medio siglo
Esta es la “nueva normalidad” a la que se enfrentan cientos de millones de personas en Europa. Un análisis del consorcio de investigación ClimaMeter cifró en 327 los millones de seres humanos que se vieron expuestos a la ola de calor de junio en Europa occidental “intensificada por el cambio climático provocado por el hombre”. El 81% de ellas —264 millones de personas— estuvieron expuestas, según este equipo de investigación, a “condiciones extremas” de calor.
Dicho análisis revela que las temperaturas fueron “hasta 2,5ºC por encima de lo que hubieran sido hace sólo 30 años y 3,5ºC más elevadas que hace 50 años”. Y, si bien aquel evento estuvo asociado a un anticiclón persistente que amplificó las altas temperaturas, la investigación deja claro que “estas configuraciones se han vuelto significativamente más persistentes en el clima actual, por lo que el calor extremo tiende a durar más que en el pasado”.
“Lo que solía ser raro se ha convertido en un evento regular”, señalaba Erich Fischer en Nature
Es por ello que su veredicto es claro: “Atribuimos las altas temperaturas que causaron la ola de calor de junio de 2026 en Europa occidental a una combinación del cambio climático antropogénico, responsable del aumento de las temperaturas, y la variabilidad climática natural, que influyó en la formación del anticiclón”.
Como señalaba Carmen Álvarez-Castro, profesora de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y una de las autoras del estudio, si bien el patrón meteorológico que provocó la ola de calor sí tiene precedentes, “lo que ha cambiado es el clima más cálido en el que se produjo, lo que ha permitido que una situación meteorológica ya conocida generara temperaturas excepcionales en toda Europa Occidental”.
¿Un nuevo clima en Europa?
Respecto a la posibilidad de que Europa tenga ya un nuevo clima, varios científicos se pronunciaron recientemente al respecto en la prestigiosa revista científica Nature tras la última ola de calor. “Lo que solía ser raro se ha convertido en un evento regular”, señalaba Erich Fischer, científico del clima del Instituto Federal Suizo de Tecnología (ETH) en Zurich, para quien los nuevos registros de temperatura “están sucediendo todo el tiempo, en todas partes, y en realidad incluso se rompen por grandes márgenes”. “Las olas de calor están aquí para quedarse”, añadía Burgess en la misma pieza.
Todo ello se da además en un contexto en el que la propia crisis climática se retroalimenta, con una temperatura del océano batiendo récords en todo el mundo, especialmente en los mares Mediterráneo, Báltico y Del Norte, todos ellos rodeando Europa.
Hayan llegado o no al Viejo continente unas nuevas condiciones que merezcan ser llamadas como “un nuevo clima”, lo que está claro es que los termómetros no son los que eran. Con un mundo en el filo de la primera línea roja que estableció el Acuerdo de París —sobrepasar 1,5ºC los niveles preindustriales de temperatura media—, todos los análisis coinciden en que aún hay tiempo, pero hay que actuar, pues el presupuesto de carbono se acaba. 130.000 millones de toneladas de CO2 equivalente desde el inicio de 2026, según el informeIndicadores del Cambio Climático Global, en el que han participado más de 70 científicos de 17 países. Eso supone que, a este ritmo, habremos sobrepasado con creces esa línea antes de 2030.
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