Opinión
Ética y política
Vivimos en una sociedad donde la astucia y la hipocresía son premiadas con la victoria en la vida política. La conquista y la conservación del poder se han convertido en una profesión al servicio de una oligarquía burguesa cada vez más corrupta. Aquellos que entendemos la política como una vocación al servicio del bien público somos marginados de la cultura de masas, tachados de utópicos idealistas. Les recomiendo que lean a Xi Jinping, secretario general del PCCh (Partido Comunista Chino), para comprender por qué esta nación asiática ha alcanzado la cumbre del progreso en nuestros días. En sus escritos y discursos comprendemos que la administración del Estado es un servicio público para el bienestar del pueblo.
Les recomiendo que lean a Xi Jinping para comprender por qué esta nación asiática ha alcanzado la cumbre del progreso en nuestros día
El desarrollo chino nos muestra que el problema de la economía no es el Estado, como nos quieren hacer creer los liberales; el problema es construir un Estado que consiga gestionar la economía eficientemente. Todos los que tenemos cierta edad y memoria sabemos que el fascismo es incapaz de eso, por la corrupción inherente a su ideología. Desgraciadamente, no hemos sabido transmitir a los jóvenes esta experiencia.
Este orden social está cada día más caduco, generando guerras y genocidios, conduciendo a un nuevo desastre de los pueblos europeos, pero sabemos que la humanidad ha superado enormes dificultades desde su nacimiento hace un millón de años, y creemos que esta decadencia será el origen de una transformación hacia una sociedad más justa y equilibrada. Tal como nos muestra el ejemplo chino, ese desarrollo exige una nueva concepción de la historia con la propuesta de alcanzar una ciudadanía mejor socializada.
En la cultura que está naciendo en medio de sufrimientos y desafíos, la moral cívica irá unida a una organización política auténtica democrática. El egoísmo individualista de la ideología que domina en las sociedades capitalistas es enemigo de la vida social. La corrupción, que erosiona la convivencia y la confianza en la administración pública, tiene su raíz en la ausencia de una conducta ética y respetuosa con los intereses colectivos. A menos que se modernice, la moralidad que nos propone la Iglesia católica es medieval, está desfasada y tiene demasiados prejuicios para crear una ciudadanía responsable. Y los intentos de modernización han fracasado hasta el momento.
El sistema legal heredado del franquismo es impotente para regular el orden social de manera justa e igualitaria. Tampoco nos permite gozar de una auténtica libertad. Las proclamas de libertad que hace la derecha tienen como objetivo liquidar la conciencia colectiva y la solidaridad ciudadana. El mismo fenómeno retrógrado se produce en otras sociedades europeas con mayor trayectoria democrática.
La regeneración de nuestra civilización exige el compromiso con una moralidad exigente orientada al bien común. Imitando al modelo chino, la superación de la actual crisis exige un capitalismo de Estado que planifique racionalmente la economía, sometiendo los caprichos y veleidades de las oligarquías financieras, para ser capaz de establecer la armonía en el desarrollo humano. Los representantes políticos y los funcionarios públicos han de ser ejemplos de conducta intachable al servicio del bienestar social. Es necesario que la cultura popular fomente la conciencia de lo que estamos viviendo en esta coyuntura histórica, para señalar la solución justa de los problemas.
Cuba
El bloqueo petrolero impulsado por Trump deja a Cuba al borde del colapso
China
Por qué es importante entender al Partido Comunista chino, a su proyecto y a Tiktok
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!