Opinión
Bird: ¿Quién protege a las niñas del lumpen?

¿Qué pasa con las niñas nacidas de padres y madres del lumpen proletariado? ¿No merecen ellas también un ser mágico que las salve?
Bird
Fotograma de la película.
20 oct 2026 05:55

Crecí viendo Mary Poppins. No creo que pueda contar con las manos las veces que he visto esa película. Mary Poppins, esa mujer que llega volando a casa de los Banks. Viene a cuidar de dos niños cuyos padres no tienen tiempo para ellos: George Banks, demasiado ocupado trabajando como banquero, y Winifred Banks, que encarna de forma bastante precisa a la mujer burguesa de la época en el poco rato que aparece en pantalla: sale por la puerta de una casa perfectamente cuidada por sus criadas cantando sobre el sufragio universal. Una fantasía de película que nos hizo pensar que detrás de cualquier puerta podía esperarnos una aventura. 

Pero ¿qué pasa con las niñas nacidas de padres y madres del lumpen proletariado? ¿No merecen ellas también un ser mágico que las salve? 

Entonces aparece Bird. Una figura extraña, casi imposible, que introduce la magia en la película. No es la magia limpia y ordenada de Disney. Su presencia es ambigua, desconcertante y, por momentos, bastante oscura.

Eso es, en cierto modo, lo que plantea Bird. La película sigue a Bailey, una niña que vive en los márgenes de la sociedad británica, en un entorno atravesado por la precariedad, la ausencia de cuidados y la incertidumbre. Su padre, que la cría solo, se gana la vida vendiendo drogas y apenas parece capaz de hacerse cargo de sí mismo. 

Y en mitad de esa realidad aparece Bird. Una figura extraña, casi imposible, que introduce la magia en la película. No es la magia limpia y ordenada de Disney. No llega con un paraguas ni canta canciones pegadizas. Su presencia es ambigua, a veces incluso desconcertante y, por momentos, bastante oscura.

La directora toma una decisión consciente: en lo que está en sus manos, en esta película, en este guión, esta niña va a tener la protección que se merece.  

La vida real no protege a niñas como Bailey. No suele haber adultos responsables que aparezcan justo a tiempo, ni un sistema que las proteja. No hay finales garantizados ni intervenciones providenciales. Frente a eso, la directora toma una decisión consciente: en lo que está en sus manos, en esta película, en este guión, esta niña va a tener la protección que se merece. 

Y se agradece.

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