Valentina Leduc: “Trabajo en proyectos donde energía y creatividad van hacia comunicar cosas en las que creo”

Entre abril y mayo, la cineasta mexicana realizó una gira por cinco países europeos donde proyectó hasta en 23 ocasiones su opera prima como directora: ‘Los sueños que compartimos’.
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La cineasta mexicana durante el rodaje de su primera película como directora. Foto cedida por Salamandra Producciones.
23 jun 2026 09:05 | Actualizado: 23 jun 2026 10:14

La cineasta mexicana Valentina Leduc estrenó recientemente en Europa su documental Los sueños que compartimos. Realizó una intensa gira durante parte de abril y mayo —hasta 23 proyecciones— por varias ciudades de Alemania, Bélgica, Francia, Grecia y España. Esta amplia gira significaba en gran parte la devolución de un trabajo que realizó durante desde 2020 inspirada en la Gira zapatista por la Vida y el Agua en la que visitaron decenas de lugares y luchas por varios países europeos.

Leduc, acompañada de su equipo, siguió en parte la gira pero, sobre todo, documentó otras iniciativas colectivas europeas que representan la lucha comunitaria de poblaciones que resisten con ingenio y valentía, en este caso las experiencias de la defensa de un bosque en Lützerath (Alemania) para evitar el avance de la explotación de una enorme mina a cielo abierto de lignito (carbón) de Hambach y Garzweiler, el trabajo de las brigadas deseucaliptizadoras para restaurar el bosque comunal con especies nativas en Froxán (Galicia), así como la lucha de los Pueblos Unidos de la región cholulteca en Puebla (México) por el cierre de la fábrica de Bonafont que venía robándoles el agua hasta dejarles sin ella y provocando la sequedad del manto acuífero hasta producir importantes socavones de tierra.

Así, contando con testimonios de primera mano y siguiendo de cerca sus historias, el documental conecta y cruza las luchas aparentemente ajenas, pero que les une el no dejarse vencer por el determinismo capitalista que extrae todo lo que toca sin dejar más que destrucción y tierra muerta a su paso.

Hija de cineastas, el director Paul Leduc (Frida, naturaleza muerta, Cómo Ves) y la directora y productora de cine Berta Navarro, no solo aprendió en casa el arte del celuloide sino que estudió cine y se ha dedicado básicamente a la edición. Su trayectoria incluye cuatro premios y cinco nominaciones de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. En Los sueños que compartimos cuenta con la colaboración en la fotografía del también director Juan Carlos Rulfo. Con gran sensibilidad, labrada desde que estudiaba cine, luego detrás de la mesa de edición de importantes películas y producciones diversas, los sueños que ahora nos comparte son su primera experiencia como directora.

Valentina, tienes una amplia experiencia en el audiovisual pero es tu primera película documental, ¿cómo es pasar de la mesa de edición a dirigir?
Efectivamente, después de muchísimos años de editar no había dirigido porque no había tenido como una temática que me empujara a llevar a cabo un proyecto como directora, porque en realidad se necesita, de verdad, muchísima energía, muchísima. Tiene que ser algo que verdaderamente te mueva, que te genere ese motor. Y esto para mí fue así, cuando me enteré que iban a venir los zapatistas a Europa y que iban a encontrarse con colectivos aquí en Europa, me pareció una cosa extraordinaria que había que documentar, y como que sentí ese llamado.

Pensé quiero ir, quiero hacerlo, quiero vivirlo, ahí empecé a prepararme y realmente sí ha sido un proyecto para mí súper importante, no nada más en ese sentido de aprendizaje cinematográfico por haber dado ese paso, sino también un aprendizaje político de vida. Hacer esta película ha sido para mí muy, muy importante.

Y la idea nació a propósito del viaje de los zapatistas, o cómo te imaginabas el encuentro con otros colectivos y con otras luchas? Porque de esto va, como dicen los movimientos sociales, de “conectar luchas”, ¿cierto?
Antes de salir y antes de que inclusive los zapatistas salieran, me puse a investigar qué grupos, qué colectivos estaban aquí en Europa, que probablemente recibirían a los zapatistas. Estas historias las escogí y las empezamos a filmar antes de saber si los zapatistas se iban a reunir o no con con ellos, porque no se sabía con tanta anticipación como iba a estar eso. Me decidí por estas dos luchas en Europa y la lucha en Puebla, en México, porque me parecían que eran justamente diferentes en cuanto a su forma, pero se parecen en que las razones por las cuales están luchando, pues sí son las mismas, que es la defensa del territorio y la defensa de la vida al planeta, de las plantas, de los ríos, los bosques.

Por el otro lado, hay en las tres historias esta organización colectiva, son comunidades que se organizan con otras comunidades, y justamente lo que hace el viaje zapatista es vincular estos colectivos en Europa. De hecho, para planear la propia estancia de los zapatistas acá hubo que coordinarse con muchos colectivos muy distintos que a lo mejor no habrían entrado en contacto de otra manera. Y se juntaron por eso. Creo que el hecho mismo del viaje ya generó un montón de comunicación entre unos y otros, de tener que organizarse, de tener que escucharse, de tener que ponerse de acuerdo, cosa que los zapatistas querían provocar justamente. Algo que han buscado desde el principio, desde el 94 han hecho muchos encuentros siempre para para vincular a la gente en México y en el mundo.

Ha sido un proyecto para mí súper importante, no nada más en ese sentido de aprendizaje cinematográfico por haber dado ese paso, sino también un aprendizaje político de vida

Entonces, esta película habla de eso y de la importancia de eso. Por qué es importante vincularnos como fuerzas diferentes, no tenemos que estar todos en lo mismo ni de la misma manera, pero sí darnos fuerza los unos a otros, ser solidarios, conocernos, aprender unos de otros. Y eso fue. Eso es lo que pasó con estos encuentros.

¿El zapatismo ha marcado este trabajo, aparte de otros?. No sé, a lo mejor en  otros trabajos que hayas hecho con respecto a la cuestión comunitaria en México también.
Había trabajado como editora en La Vocera, de Luciana Kaplan, eso me acercó mucho a toda la campaña que hizo Marichuy en el 2018, todo el recorrido que hizo por el país. Aprendí mucho viendo todo el material que había recogido Luciana. Esta fue una manera de enterarme de muchas cosas que estaban pasando en México que no conocía necesariamente. Y antes, digamos, que no es que yo hubiera trabajado cosas sobre los zapatistas, pero sí en en todo mi quehacer como editora, que he trabajado en muchísimos documentales con diferentes directoras, directores, sí me interesa trabajar temas sociales.

He trabajado con Maya Goded, un proyecto sobre prostitutas de La Merced en la Ciudad de México, por ejemplo, y cómo sucede el amor dentro de ese contexto, por ejemplo. Hay otra película que también edité de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman, que se llama Los que se quedan, que son historias de familias de migrantes que esperan a sus familiares, o sea, qué pasa con la migración en términos emocionales, qué pasa con las familias que se rompen. La película no habla de los que se van, sino de los que se quedan en México. O En el hoyo, también de Juan Carlos Rulfo que es una película que habla de los obreros que construyen el segundo piso del Periférico, que son estas personas anónimas que transforman las ciudades, pero que uno ni las ve ni pones atención y son las que hacen también que la ciudad tenga esa fisionomía, la ciudad o las pirámides de Egipto. O sea, son estas personas que han construido las cosas que nunca se les pone atención, entonces sí eso es lo que a mí me gusta. Siempre me ha interesado mucho justamente trabajar en proyectos donde siento que la energía, la creatividad y el esfuerzo que uno pone en el trabajo, pues vaya hacia comunicar las cosas con las que yo creo o estoy de acuerdo o puedo aportar en ese sentido.

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Activistas alemanes contra la expansión de la mina de carbón de Grazweiler. Foto cedida por Salamandra Producciones.

Después de que has puesto en diálogo estas tres experiencias de lucha y de resistencia, y en la línea de otras películas tuyas en las que también has aprendido un montón, esta, Los sueños que compartimos, ¿qué te ha dejado?
Me ha dejado muchas cosas. Una muy hermosa es haber conocido a todas estas personas, este es un tributo a ellas y a ellos. Son personas de un corazón enorme, de una generosidad y de un compromiso, y para mí fue muy, muy lindo poder relacionarme y generar una amistad que ya hay, después de estos tres años de rodaje con ellos y ellas. Después he aprendido, eso sí lo puedo reconocer muy claramente, es ver cómo funciona el sistema. De pronto esto ya lo he dicho en otras ocasiones, pero algo que uno tenía como un concepto, el capitalismo, y cómo operan las industrias y todas estas cosas.

Ahora siento que después de este aprendizaje he podido reconocer, a verlo claramente, darle forma, a ver cómo influye eso en nuestras vidas cotidianas, cómo influye en nuestra propia alma, cómo lo está haciendo para manipularnos. Son cosas que ahora veo con muchísimo más claridad gracias todo este andar, al aprendizaje que me dieron todas estas personas, las que están en la película, las que estaban atrás de cámara también, y todas las personas que conocí en torno a esta gira, compartimos muchas cosas y entonces sí siento como si se me hubiera quitado una nebulosa y de repente ahí está el monstruo, ya lo vi claramente. La verdad, no me había pasado antes de hacer esta película y siento que tiene mucho valor.

También he aprendido a ver la importancia de algo que los zapatistas han repetido muchísimas veces durante la gira, la importancia de vincularnos con los otros, con lo que nos une, con lo que nos es común y no entretenernos en las diferencias, porque a veces las diferencias de las identidades de cada lucha, por ejemplo, generan fronteras entre entre nosotros y acabamos a veces disputando y peleándonos y disolviendo las organizaciones por cosas que en el fondo no son más importantes que el objetivo que todos tenemos en realidad. Este tipo de cosas también me han enseñado en mi propia vida cotidiana a ser más tolerante, a escuchar de otra manera otro punto de vista. En todo caso, estoy tratando de conscientemente de hacer.

Después de editar 25 años para otra gente, ahora he editado mi propia película y eso significa otra manera de enfrentar el material, de dialogar, de entender cómo hacerlo. Lo disfruté mucho

También aprendí muchísimas cosas a nivel cinematográfico, obviamente, y es la primera vez que edito mi propio material. Después de editar 25 años para otra gente, ahora he editado mi propia película y eso significa otra manera de enfrentar el material, de dialogar, de entender cómo hacerlo. Lo disfruté mucho, pero cuesta trabajo no tener este interlocutor que uno tiene cuando estás trabajando con un director con otro ojo. Afortunadamente me asesoré con colegas editoras y de repente tuve funciones con jóvenes o con cineastas que me ayudaron a ver si si se estaba leyendo lo que yo quería comunicar. Aprendí mucho, muchísimo.

En la película se hace un juego de imaginar que estamos en 2050. ¿Cómo ves el mundo en el 2050?
Más allá de cómo veo el mundo, es como plantearnos la posibilidad. Esto en realidad más que mío, es de Joám, la persona de Galicia que lo cuenta. Él trabaja mucho con esta idea, de plantearnos un mundo posible y ver en retrospectiva qué pasos concretos tenemos que dar, reales, para llegar allí y entonces generar una estrategia. Además dice que si nosotros no creemos en que va a ser posible cambiar lo que queremos cambiar, es muy difícil tener la energía para luchar. Está también el pensamiento binario de perdemos-ganamos, que son cosas muy sistémicas que tenemos que replantearnos. Son más bien procesos, se va para allá, para acá, avanzas, retrocedes, te mueves a un lado, al otro, evolucionas y los resultados a veces no son contables, inmediatos ni se puede hacer una estadística. Como que no va por ahí, creo que entonces ni plantearnos el tiempo futuro simplemente como eso, una utopía que nos permite caminar hacia una dirección y a concretar qué queremos conseguir concretamente, eso nos permite avanzar hacia allá.

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Brigadas deseucaliptizadoras en Froxán, Galicia. Foto cedida por Producciones Salamandra.

En el caso de Galicia, los árboles que están plantando en 30 años es cuando se va a volver un bosque. Ahorita son arbolitos pero serán más adultos en años y ese trabajo que ahora están haciendo será más visible. Los zapatistas en uno de sus comunicados hablan de una niña que va a nacer dentro de 120 años y de la lucha y el trabajo que se está haciendo para que esa niña sea libre dentro de 120 años. Con eso no están diciendo “mañana va a estar todo bien” y ya, y no tenemos que pensarlo así, porque entonces nos frustramos y abandonamos el trabajo. Es un proceso que además viene desde muchos años antes también. Nosotros también ya traemos el camino recorrido por otras generaciones y las generaciones próximas tendrán que seguir, y así ha sido la historia.

Por eso me interesaba jugar con esto del tiempo y a nivel narrativo me permitía no seguir exactamente la cronología de cómo fue exactamente el viaje. Era como decir, vamos a jugar y no esperen que las cosas que van a ver sucedieron exactamente en ese orden, porque finalmente es también un documento histórico y prefería plantear eso desde un principio a atenerme a que se considerara sí es que primero fueron acá y luego fueron allá, no quería que eso importara. Eso también me ayudaba a plantear desde el principio una narrativa abierta en ese sentido.

Estuvimos tres años filmando y pudimos tener un poco el recorrido de cada una de estas comunidades, de estas resistencias

Resulta interesante que en estos años de registro te han permitido recoger buena parte de cada una de estas experiencias de resistencia y momentos vitales de los mismos.
Lo que queríamos era filmar procesos, recorrer las cotidianidades en estos procesos. No era una película que se iba a lograr con un rodaje de un mes, porque lo que pasaba en ese mes era lo que pasaba en ese mes, pero había que ver qué pasaba dentro de cuatro meses, dentro de ocho meses, dentro de un año y medio. Realmente estuvimos tres años filmando y pudimos tener un poco el recorrido de cada una de estas comunidades, de estas resistencias.

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El fotógrafo Juan Carlos Rulfo en un momento de la filmación en Puebla donde la explotación del agua por parte de la empresa francesa Bonafont provocó grandes socavones de tierra. Foto cedida por Salamandra Producciones.

Por último, ¿cómo es hacer cine en México hoy?
Ay, híjole, está complicado. Por un lado hay algunos apoyos y esos se dan a partir del Instituto Mexicano de Cinematografía, que es el que nosotros tuvimos a través de FICINE o Focine, que son programas para el cine independiente, y hay muchísima gente queriendo filmar. Entonces, es un espacio limitado por un lado, y por otro tenemos una muy fuerte presencia de las plataformas que está siendo peligrosa porque sí están dando trabajo a mucha gente, pero cada vez más están limitando el cine independiente, la identidad de un cine que es variable, cada quien ve las cosas de una manera distinta, que justo es una diversidad y que las plataformas homogenizan los temas, las formas en que se hace, etcétera.

Hay muchísima gente queriendo filmar, es un espacio limitado por un lado, y por otro tenemos una muy fuerte presencia de las plataformas que cada vez más están limitando el cine independiente

Estamos en un momento complicado en ese sentido y también muy difícil la exhibición. Ha sido una pelea de muchos años lo de la distribución que con el Tratado de Libre Comercio se desprotegió completamente el cine mexicano, por tanto, tenemos muy poco espacio en las salas de cine para para exhibir nuestras películas. Es todo un tema, se filma mucho, pero luego se queda todo en un embudo porque, salvo La Cineteca y algunos espacios que cada vez se abren un poco más, es muy difícil entrar en las salas comerciales y hacer una exhibición realmente masiva, sobre todo para el cine documental, pero también para la ficción. Está siendo difícil.

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