Trump alimenta el riesgo de boicot al Mundial de fútbol

Mientras la FIFA mantiene la misma actitud que le sirvió para esquivar una crisis en Qatar e Infantino hace equilibrios, buscando quitar hierro a los movimientos de Trump, en Europa crecen las voces partidarias de un boicot al Mundial de fútbol que se disputará este verano en Norteamérica.

“Para los fans, solo hay un consejo: ¡manténganse alejados de los Estados Unidos!”. Estas palabras del abogado suizo Mark Pieth, compartidas en redes sociales por Joseph Blatter, el antiguo presidente de la FIFA, la entidad que dirige las federaciones de fútbol a nivel global, han sido las penúltimas en sumarse a las voces partidarias de un boicot al próximo Mundial de fútbol. Todo después de que el gobierno de Estados Unidos tensara la cuerda en relación a Groenlandia y a seis meses de que el balón eche a rodar en Estados Unidos, México y Canadá.

“Me pregunto cuándo será el momento de hablar sobre un boicot al Mundial. Para mí, ese momento, claramente ha llegado”, declaró recientemente al diario Hamburger Morgenpost Oke Göttlich, presidente del St. Pauli y vicepresidente de la Federación Alemana de Fútbol. Jürgen Hardt, diputado de la CDU y próximo al canciller aleman, Friedrich Merz, matizó que “la retirada del Mundial se consideraría como último recurso para que Trump pueda entrar en razón sobre la cuestión de Groenlandia”.

Es habitual que crezcan las críticas cuando se acerca un nuevo Mundial. Durante décadas, la FIFA ha conseguido sortearlas con el argumento de que se trata únicamente de un evento deportivo. En 1978, el entonces presidente, Joao Havelange, declaró que “Argentina está ahora más preparada que nunca para ser la sede del torneo” y zanjó el debate alrededor de la violación de los derechos humanos en el país, mientras la dictadura militar trataba de mostrar al mundo su cara más amable. La situación se repitió en el pasado Mundial de Qatar, con numerosas denuncias contra el país organizador. En ese momento fue Gianni Infantino, el actual mandamás de FIFA, quien declaró “hoy me siento gay. Hoy me siento discapacitado. Hoy me siento un trabajador migrante”. Luego, el balón echó a rodar y las críticas fueron desapareciendo.

Esa estrategia de la FIFA ha ido acompañada, generalmente, de una actitud discreta y apaciguadora por parte del gobierno del país organizador. En esta ocasión, por el contrario, es el propio gobierno de Estados Unidos quien hace escalar la tensión y contribuye a aumentar las voces que defienden un boicot al próximo Mundial. La FIFA insiste con la misma estrategia que le ha funcionado anteriormente, pero, ante el aumento de la espiral de tensión, su actitud cada vez resulta más comprometedora.

Un año de tensión creciente

Desde que tomó posesión de su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, Donald Trump se ha mostrado muy interesado en el Mundial y no tardó en crear un grupo de trabajo, presidido por él mismo, encargado de coordinar la organización del torneo. Ya entonces, su política arancelaria había generado tensiones con gobiernos cuyas selecciones participarán en la competición, aunque no se mostró muy preocupado por las potenciales consecuencias. “La tensión es algo bueno. Creo que hará el Mundial más emocionante”, fueron sus palabras.

El pasado verano, Estados Unidos acogió el Mundial de Clubes y la actitud de su gobierno siguió generando incertidumbre. La presencia de agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) durante los partidos ocasionó numerosas protestas y la organización Human Rights Watch denunció la detención y posterior deportación de una persona que había solicitado asilo en Estados Unidos y acudía al estadio Metlife para ver la final junto a su familia. Una vez terminado el torneo y mientras la actuación del ICE seguía generando protestas en ciudades como Portland o Los Ángeles, Infantino restaba importancia a su presencia en los estadios y aseguraba estar “muy atento a cualquier cuestión de seguridad”.

En otoño, Infantino anunció en el despacho oval de la Casa Blanca la creación del FIFA PASS, que permite acelerar los trámites para obtener un visado de ingreso en Estados Unidos. Es el sistema que la FIFA ha implementado después de que la administración Trump rechazara el FIFA ID, que permitía la entrada al país durante el torneo sin necesidad de un visado y que se utilizó en las ediciones de Rusia y Qatar. Infantino destacó las ventajas del FIFA PASS e insistió en decir que será “el Mundial más inclusivo de la historia”, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, recordaba que la posesión de una entrada no garantiza el acceso al país y que, con el FIFA PASS, “la única diferencia es que les estamos dando prioridad”.

En diciembre, mientras Infantino entregaba a Trump el ‘Premio FIFA de la paz–El fútbol une al mundo’, el Departamento de Estado de EEUU negaba el visado de entrada al país a las delegaciones de Haití e Irán, incluyendo a Mehdi Taj

El pasado mes de diciembre, mientras Infantino entregaba a Trump el ‘Premio FIFA de la paz–El fútbol une al mundo’, el Departamento de Estado de EEUU negaba el visado de entrada al país a las delegaciones de Haití e Irán, incluyendo a Mehdi Taj, presidente de la federación iraní, vicepresidente de la Confederación Asiática de Fútbol y miembro de la FIFA. Posteriormente, el Gobierno estadounidense suspendió por tiempo indefinido la tramitación de visados de inmigración de 75 países, que se unía a las restricciones de ya existentes para ciudadanos de 39 países. Estados Unidos seguía generando dudas respecto a la acogida que pueda ofrecer a los aficionados, ante la actitud impasible de la FIFA.

Ya en 2026, Trump ha elevado la temperatura en las relaciones internacionales. Primero con el ataque sobre Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores. Luego, con sus amenazas sobre los otros dos países organizadores del Mundial, México y Canadá. Y finalmente, con las amenazas sobre Groenlandia, que han terminado por poner en alerta a Dinamarca y la Unión Europea.

Diplomacia del balón

Este último incidente es el que ha hecho que se empiece a hablar de un boicot al Mundial e igual que ocurrió en la pasada edición de Qatar, son los países europeos quienes lideran las protestas. La diferencia en esta ocasión es que los motivos para este boicot se encuentran en el contexto internacional y son los intereses de los países que participarán en el próximo Mundial los que se ven en riesgo.

Nadie imagina un torneo sin la participación de Alemania, Francia, Italia o España y en un momento en el que Trump mantiene una actitud agresiva hacia la Unión Europea, el fútbol aparece como una excelente herramienta de presión

“Será una oportunidad única para mostrar la grandeza de Estados Unidos”, decía Trump el pasado noviembre, pero sabe que, para que el Mundial termine siendo un éxito, necesita de las selecciones europeas. Nadie imagina un torneo sin la participación de Alemania, Francia, Italia o España y en un momento en el que Trump mantiene una actitud agresiva hacia la Unión Europea, el fútbol aparece como una excelente herramienta de presión. Mientras la FIFA mantiene la misma actitud que le sirvió para esquivar una crisis en Qatar e Infantino hace equilibrios, buscando quitar hierro a los movimientos de Trump, en Europa siguen creciendo las voces partidarias a un boicot y la Unión Europea ya ha establecido una línea roja en el respeto a la soberanía de Groenlandia.

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