Derechos reproductivos
De la liberación a la imposición: la evolución de la píldora anticonceptiva
El 18% de mujeres españolas utilizan la píldora anticonceptiva, siendo el segundo método de control de natalidad más usado después del preservativo. Así lo muestran los datos de 2024 de la Sociedad Española de Contracepción (SEC). Además, las mujeres entre los 20 y 29 años son las que más usan esta pastilla descendiendo posteriormente con la edad. Olga Fernández, una joven de 27 años, ha tomado la píldora durante 10, siendo prácticamente el principal tratamiento para sus dolores menstruales incapacitantes debido al Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP).
“Dejé de tomarla a los 25 por los efectos secundarios acumulados y por decisión personal, al final no conocía realmente su impacto hormonal ni sus efectos a largo plazo”. También añade que sintió que el diagnóstico del SOP se retrasó por la píldora ya que “se presentó como una solución fácil y rápida en lugar de investigar más”. A Laura González, otra joven de 27 años cuyos síntomas menstruales eran sangrados muy abundantes que le provocaban anemia y dolor de pecho, le recetaron estas pastillas con el objetivo de reducir su sangrado y equilibrar sus hormonas debido -también- al SOP. “No me explicaron bien qué hacía, solo que la necesitaba [la píldora]. Tanto dermatólogo como ginecólogo me dijeron que al tener ovarios poliquísticos iba a tener acné hasta la menopausia y era la única opción que iba a controlarlo, ya que decían que era acné hormonal”, finaliza.
Este tratamiento hormonal no regula el ciclo menstrual, sino que lo inhibe.
Tanto Laura González como Olga Fernández hablan de SOP, pero la nomenclatura de esta dolencia ha cambiado recientemente. Ya no se denomina síndrome de ovario poliquístico, sino síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP en español). Este cambio no es baladí, ya que el SOP minimizaba la patología a un problema limitado al sistema reproductor femenino. Sin embargo, tras la realización de un estudio publicado en The Lancet, en el que participaron más de 14.000 pacientes y personal sanitario, se afirma que las mujeres y personas con útero que padecen este síndrome pueden ver afectado -aparte de sus ovarios- su sistema endocrino, su metabolismo, su peso o, incluso, el control de azúcar en sangre. Es decir, este estudio refleja que las mujeres con SOMP tienen mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares, además de padecer los ya conocidos síntomas como desequilibrio hormonal, acné, exceso de vello corporal, problemas con la ovulación, ciclos menstruales irregulares e infertilidad.
Liberación sexual, consolidación y medicalización: la píldora
La píldora no sólo es una de las formas más populares de anticoncepción, es también uno de los medicamentos más consumidos regularmente en el mundo. Según una encuesta presentada en Málaga y realizada en 2021 por HRA Pharma en colaboración con la empresa demoscópica 40 dB, en Andalucía este método anticonceptivo sigue siendo el más utilizado en comparación con otras alternativas hormonales como el DIU o el anillo.
El origen de este medicamento supuso un antes y un después ya que permitió a las mujeres “tener cierto control sobre su planificación reproductiva”, explica María Zuil Navarro en su libro La Mitad que Sangra (2024). Fue una herramienta de autonomía reproductiva y una auténtica revolución que cambió “no solo la forma de vivir la sexualidad y la maternidad, sino también aspectos sociales, educativos y laborales de enorme importancia”, indica la experta en ginecología integrativa y regenerativa Marta Recio Rodríguez. Sin embargo, el problema viene cuando, con el paso del tiempo, este método se presenta como la única solución a problemas relacionados con el ciclo menstrual. La doctora Recio cuenta que ahí está el punto de inflexión: “pasó de ser una herramienta para evitar embarazos a convertirse en una solución muy habitual para situaciones muy diversas”. Para Sara Matesanz, fisioterapeuta especializada en salud de la mujer, hormonas y fundadora de Salud Hormonal, además de divulgadora en redes sociales, señala que hay varias etapas cuando hablamos de la historia de las pastillas anticonceptivas: “primero, su llegada como símbolo de liberación sexual; después, su consolidación como método anticonceptivo de uso masivo sin información real; y finalmente, su medicalización como tratamiento casi automático para síntomas que muchas veces son señales de que algo está ocurriendo en el cuerpo”.
“Mi primera píldora me redujo me dio muchísimo dolor de cabeza, con la segunda se me nublaba la vista, tenía como mareos, como si fuera una bajada de tensión constante”, explica Anabel Cuevas joven con endometriosis.
Otro de los grandes pilares en el auge y éxito de este medicamento hormonal han sido las farmacéuticas. Esta industria ha sido clave ya que, según Matesanz, participa en la “construcción del relato” a través de la idea de que la menstruación es “algo molesto, incómodo, improductivo o incluso prescindible”. Sin embargo, este debate no puede desligarse del sesgo de género existente en la sanidad y medicina. Marina Pérez, fisioterapeuta, especialista en salud menstrual y cofundadora del Proyecto Endofem en Andalucía, reseña el importante papel del sector farmacéutico a la hora de convertir la anticoncepción hormonal en la “respuesta o solución para todo”. Aun así incide en destacar que la “concepción patriarcal de las mujeres como cuerpos inherentemente más vulnerables, inestables o propensos al malestar físico y emocional ha influido en la producción del conocimiento científico y sigue dejando huella en muchas prácticas sanitarias actuales”. Todo ello provoca en que en muchas ocasiones no se investigue y dejemos de preguntarnos por qué duele la menstruación, por qué hay sangrados abundantes y si existen otras alternativas a la píldora.
Inhibición del ciclo menstrual
Existen dos principales tipos de pastillas anticonceptivas: las combinadas, que son las más utilizadas al llevar estrógenos y progesterona -hormonas sexuales femeninas- y la minipíldora que es solo de progestágeno. Ésta última es la opción que se ofrece a aquellas mujeres que no pueden tomar estrógenos por motivos de salud, fumadoras o durante el periodo de lactancia.
Este tratamiento hormonal no regula el ciclo menstrual, sino que lo inhibe. Así lo indican las expertas entrevistadas para este artículo. El sangrado que aparece con la toma de la píldora no es una menstruación real, sino un sangrado por deprivación. “Un ciclo menstrual implica comunicación entre el cerebro y los ovarios, fluctuaciones de FSH, LH, estrógenos, progesterona y otras muchas hormonas, ovulación y formación de un cuerpo lúteo. Sin ovulación no hay menstruación, y por tanto, con una píldora que anula tu ovulación, tampoco la hay”, sentencia Matesanz. Carolina Ackerman, educadora menstrual y activista por los derechos menstruales y menopáusicos, además de cofundadora de la Asociación de Cultura Menstrual La Vida en Rojo, menciona que “durante años se ha omitido el debate con perspectiva de género sobre anticoncepción hormonal y hemos hablado poco de la importancia fisiológica de ovular regularmente”. Por todo ello, la cofundadora de Endofem, Marina Pérez, cuando habla de la relación de la píldora con el ciclo menstrual reseña que no podemos denominarlo menstruación porque “no es el resultado de un ciclo fisiológico, si no de la toma de un fármaco anticonceptivo”.
Las afectaciones que tiene la píldora en aquellas mujeres que la toman pueden ser muy diversas. De hecho, es muy común que muchas chicas cambien de pastilla hasta que se adecuan a una que les genere menos efectos secundarios. Es lo que le ocurrió a Anabel Cuevas, una joven de 27 años con endometriosis que ha cambiado de tratamiento hasta en tres ocasiones en cuatro años: “Mi primera píldora me redujo el dolor y el sangrado, pero también me dio muchísimo dolor de cabeza, con la segunda que probé se reducía el sangrado y el dolor, pero se me nublaba la vista, tenía como mareos, como si fuera una bajada de tensión constante, hasta que ya por fin con la tercera píldora me ha ido perfectamente”. Una situación similar le ocurrió a Olga Fernández, ya que cambió de píldora tres veces en 10 años: “Yo venía de no poder moverme por los dolores menstruales y aguanté un año tomando la primera que me recetaron, pero luego me di cuenta de que los dolores se había reducido muy poco realmente y yo seguía con mucha molestia incapacitante. Con la segunda aguanté más tiempo porque los dolores si se redujeron, pero me produjo muchísimo dolor de pecho, cosa que nunca me había pasado, y ya con la tercera, que fue por indicación de mi médico y no entraba por la seguridad social, fue con la que más tiempo estuve”.
En este sentido, la ginecóloga Marta Recio incide en la temprana edad en la que se empieza a tomar esta medicación. Esto desemboca en que muchas jóvenes al final normalicen determinados síntomas o que no sean capaces de relacionarlos con el tratamiento ya que “asumen que forma parte del precio que deben pagar por evitar un embarazo o mejorar su situación hormonal”.
Reducción de la líbido y lubricación, ¿un “coste asumible”?
“Yo noté los efectos de la píldora cuando dejé de tomarla”, sentencia Paula Carrión, otra joven a la que le recetaron la anticoncepción hormonal oral debido a la irregularidad de su ciclo y sus fuertes dolores menstruales. Además, critica que esa anomalía en su ciclo ocurrió de forma repentina ya que “una de las pocas cosas buenas” que tenía su menstruación era la “puntualidad” de la misma: “Me hubiese gustado que investigarán la razón de esa irregularidad, que se interesaran, no hicieron mucha pregunta ni mucha indagación, fue simplemente cosa de 15 minutos, de explicarles ‘me pasa esto’ y directamente pildorazo”, explica.
A Paula Carrión uno de los efectos más reseñables que le produjo el tratamiento fue la bajada de líbido y lubricación. Además, confiesa que le resultó “raro y chocante” un cambio tan grande porque cuando tomaba la medicación se acostumbró a esa nueva normalidad y “parecía que todo iba bien”. Raquel Cuevas, una joven de 25 años que le recetaron la píldora por fuertes dolores menstruales, relata una situación muy parecida: “Pronto empecé a notar que lubricaba menos y que mi líbido empezó a bajar, me acostumbré a ello”. Sin embargo, añade que después de 6 años de toma continuada de esta medicación está “harta” de que su líbido siga siendo tan baja a pesar de haber cambiado de principio activo al menos en una ocasión.
Cefaleas, cambios en el estado de ánimo, dolor de pecho o cambios menstruales son algunos de los síntomas secundarios más reseñados y tratados en relación a la píldora anticonceptiva. Sin embargo, la falta de deseo sexual, la disminución de líbido y lubricación son otros síntomas tan comunes como invisibilizados. Marina Pérez reseña que muchos síntomas “han tendido a minimizarse y considerarse un coste asumible frente a los beneficios que podían llegar a aportar estos fármacos, aunque la aparición de éstos afectasen a la calidad de vida”. Por otro lado, Marta Recio argumenta que para ella hablar de la esfera sexual en relación a la píldora es “muy importante” ya que “puede tener un impacto significativo en la calidad de vida de muchas mujeres y no siempre se aborda de forma abierta durante la consulta”. Hace seis meses que Laura González usa el anillo.
“La píldora puede ser una herramienta eficaz para controlar síntomas, pero controlar un síntoma no es lo mismo que comprender su causa”, explica Marina Pérez de Endofem AndalucíaLa elección de este método hormonal fue por su bajada de lívido. Noemí Moya, otra joven a la que le recetaron la pastilla anticonceptiva debido a sus dolores menstruales, reseña que la falta de deseo sexual fue uno de los efectos secundarios de esta medicación, además, de cambios de humor y migraña: “Me sorprendió que cuando te indican ciertos efectos secundarios, y la lívido no está entre ellos, se tratan como muy a la ligera”. A Anabel Cuevas también le ha bajado la lívido con los fármacos orales: “Es algo que preocupa al mantener ese vínculo con la pareja, esa preocupación de cómo le va a afectar a la otra persona, no es que yo haya dejado de tener deseo por mi pareja, no es algo que yo tenga que trabajar porque esté más desconectada de mi pareja o porque esté pasando por una época mala, sino que es una cosa que me ha quitado la píldora”, finaliza.
A todas las mujeres entrevistadas la anticoncepción hormonal oral les ha afectado de forma significativa en su deseo sexual, ya sea por la bajada de la lívido o por la falta de lubricación. Muchas de ellas han normalizado esta situación o han priorizado no tener dolores menstruales incapacitantes. En este sentido, la profesional Sara Matesanz incide en que es fundamental “que las mujeres reciban información completa, porque cuando una mujer entiende su ciclo, entiende también cuándo algo no va bien”.
Desde asociaciones y proyectos como La vida en Rojo, Salud Hormonal o Endofem luchan cada día por que el ciclo menstrual sea tratado con normalidad y no se minimicen los síntomas. La información es clave en todo esto e insisten en que el problema no es que exista un medicamento como la píldora, sino la normalización de la misma “sin una explicación completa, sin alternativas reales y sin que se investigue que puede haber detrás de cada síntoma”, reseña Sara Matesanz. En este sentido, Carolina Ackerman manifiesta que entiende que esta pastilla funcione como una especie de “solución rápida dentro de un sistema sanitario con poco tiempo por paciente y que históricamente el dolor y el malestar menstrual se han normalizado o minimizado”. De hecho, las visitas médicas de Jenniffer Pincay reflejan bien esta situación.
Marina Pérez coincide con esta idea y explica que esta situación “no responde necesariamente a una mala praxis individual, pero sí refleja una forma estructural de entender la salud de las mujeres y personas que menstrúan dentro de la biomedicina, y está relacionada con una visión esencialista y androcéntrica de sus cuerpos y por supuesto que la píldora puede ser una herramienta eficaz para controlar síntomas, pero controlar un síntoma no es lo mismo que comprender su causa”, finaliza.
Feminismos
Las ‘piradas’ que hablan de la menstruación
Las multinacionales que hacen negocio con los úteros a través de compresas y tampones, también ocultan alternativas más económicas, saludables y respetuosas con el medio ambiente como la copa menstrual. La copa menstrual amenaza la regla de oro.
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