Energía nuclear
La pata más estirada que una de yeso
Artículo publicado originalmente en Beyond Nuclear International.
Si hubiera que resumir las razones más convincentes para no construir nuevas centrales nucleares, Hinkley Point C, el proyecto de dos reactores en construcción en Somerset (Reino Unido), las engloba casi todas.
Cuando el gobierno británico, todavía milagrosamente liderado por el asediado primer ministro laborista Keir Starmer, anunció su “Edad de Oro de la energía nuclear”, siguiendo dócilmente la estela dorada de Trump, afirmó que las nuevas centrales nucleares previstas para Gran Bretaña “reducirían las facturas de los hogares a largo plazo”. Nada más lejos de la realidad.
Lejos de reducir los costes para el consumidor, el proyecto Hinkley Point C, que consta de dos reactores de potencia evolutivos (EPR) franceses de 1.630 MW, podría provocar que el precio de referencia acordado inicialmente de 123,50 dólares por megavatio —que ya era considerablemente superior al precio que pagaban los británicos cuando se fijó en 2012— se dispare aún más cuando la planta esté terminada, puesto que los precios están diseñados para aumentar anualmente en consonancia con el Índice de Precios al Consumidor.
Cuando el gobierno británico, todavía milagrosamente liderado por el asediado primer ministro laborista Keir Starmer, anunció su “Edad de Oro de la energía nuclear”, siguiendo dócilmente la estela dorada de Trump, afirmó que las nuevas centrales nucleares previstas para Gran Bretaña “reducirían las facturas de los hogares a largo plazo”. Nada más lejos de la realidad.
El coste estimado original de 24.000 millones de dólares para las dos centrales termoeléctricas de Hinkley C casi se ha triplicado, disparándose hasta alcanzar casi 67.000 millones de dólares, junto con nuevos retrasos.
En 2007, cuando EDF propuso por primera vez su proyecto Hinkley Point C, un directivo de la empresa predijo que los habitantes de la zona estarían cocinando sus pavos con electricidad procedente de Hinkley C para la Navidad de 2017. Ese mismo año, en marzo, fue cuando finalmente comenzaron las obras.
La fecha de finalización de Hinkley C se ha pospuesto al menos hasta 2030, otra prórroga que probablemente no se cumplirá. Si la central se inaugura en 2030, habrá tardado 22 años, 13 más de lo previsto.
La fecha de finalización de Hinkley C se ha pospuesto al menos hasta 2030, otra prórroga que probablemente no se cumplirá. Si la central se inaugura en 2030, habrá tardado 22 años, 13 más de lo previsto.
Es mucho tiempo de espera para esos nuevos empleos que prometió el gobierno británico con su «Edad de Oro». “Los trabajadores se beneficiarán de empleos y crecimiento económico gracias a los importantes acuerdos firmados por empresas del Reino Unido y Estados Unidos que impulsarán la construcción de nuevas centrales nucleares en ambos países”, rezaba el anuncio de septiembre, recurriendo a una retórica aún más hiperbólica.
Varios días después de anunciar el aumento de costes en Hinkley, se dio a conocer la noticia de un incremento similar en los precios de la electricidad previsto para la central nuclear de Sizewell C, otra planta gemela francesa de reactor EPR proyectada para la costa británica de Suffolk, que sufre una erosión y sumersión progresivas.
El proyecto Sizewell C se propuso por primera vez en 2010, pero aún no se ha iniciado la construcción de la planta; solo se está preparando el terreno (lo que implica la destrucción de zonas rurales y hábitats valiosos).
Como reveló un artículo del Daily Telegraph, la electricidad generada por Sizewell C probablemente costará “casi el doble de los precios actuales”. La previsión es de la asombrosa cifra de 160 dólares por megavatio-hora, según el propio informe del gobierno.
Como reveló un artículo del Daily Telegraph, la electricidad generada por Sizewell C probablemente costará “casi el doble de los precios actuales”. La previsión es de la asombrosa cifra de 160 dólares por megavatio-hora, según el propio informe del gobierno.
Increíblemente, a pesar de la trayectoria de Hinkley C, con diseños de reactores idénticos a los de Sizewell, este mismo informe gubernamental “no preveía un aumento de costes” para el proyecto de Suffolk. Un resultado así es, por decirlo suavemente, sumamente improbable.
En un análisis reciente para OilPrice.com, Leonard S. Hyman, economista y analista financiero, y William I. Tilles, asesor sénior de la industria y ponente sobre energía y finanzas, predijeron que “las perspectivas para la nueva energía nuclear (tanto a gran como a pequeña escala) son nulas”.
Consideraron que el panorama para los llamados reactores modulares pequeños, que el gobierno británico está a punto de aprobar, es aún más sombrío. (Con una potencia aproximada de 490 MW, el diseño preferido de Rolls-Royce no es tan pequeño). Los reactores pequeños tendrán “costes proyectados mucho más altos que los reactores de gigavatios, lo que los hace aún menos relevantes económicamente”, escribieron.
Y, sin embargo, los gobiernos de Starmer y Trump siguen adelante con sus planes nucleares, falsos y fantasiosos.
Traducción de Raúl Sánchez Saura.
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