Opinión
Los vínculos se deshacen ante la devastación de Gaia
Las palabras de Fredi llegaban a los oyentes melodiosas y pausadas. El taller al que había acudido se impartía a las orillas de un riachuelo y algunos decidimos seguir el curso sentados sobre el puentecillo de madera. Fredi hablaba de Gaia. En 1969, James Lovelock expuso por primera vez su tesis. La reacción no se hizo esperar: científicos como Richard Dawkins y Jay Gould se opusieron firmemente a una idea que retrataba a la tierra como un organismo vivo; Lovelock cambió su propuesta y la definió como “sistema complejo autorregulado”, pero en el taller no importa, la metáfora funciona.
Con los pies en el agua, algunos alevines se acercan, el agua me evoca la vida y Gaia la conexión, la interdependencia de todos los seres que habitan el planeta, también nosotros lo habitamos y; sin embargo, no dudamos en destruirlo si el objetivo es la rendición de otro grupo humano.
Nada ha tenido tanto impacto como las guerras contra Gaia que los seres humanos han perpetrado gracias a los grandes desarrollos químicos y tecnológicos de los últimos tiempos
La práctica es vieja, podríamos remontarnos a Mesopotamia, Siria y Egipto, podríamos hablar de la II Guerra Mundial, de las hambrunas provocadas, pero nada ha tenido tanto impacto como las guerras contra Gaia que los seres humanos han perpetrado gracias a los grandes desarrollos químicos y tecnológicos de los últimos tiempos.
A todos se nos viene a la cabeza las fumigaciones masivas sobre Vietnam del Sur, Laos y Camboya con Agente Naranja, sabemos de sus efectos sobre la selva tropical, los manglares y los campos de cultivo, pero la imagen que nos asalta es la de las deformaciones surgidas en los seres humanos. No aprendimos. Seguimos destruyendo las posibilidades de vida, Ucrania, Sudán, La República Democrática del Congo, la región del Golfo Pérsico, el Sur del Líbano, el sur de Siria y Gaza son ejemplo de ello.
Algunos señalarán que la naturaleza se recupera, que es un mal necesario en tiempos de guerra, estos olvidan el concepto de Gaia como la relación entre todo lo que habita en la biosfera. El Programa de las Naciones Unidas para el Medo Ambiente vigila la nube de amianto que se levanta con la destrucción de edificios, los metales pesados de las municiones, las aguas residuales o cómo las bombas aumentan el CO2 en la atmósfera; un estudio liderado por la Universidad Queen Mary de Londres estima que se han vertido 1,3 millones de toneladas de CO2 solo en los bombardeos sobre Gaza, lo que empeorará el efecto invernadero en un momento crítico para el planeta. Los bombardeos y las fumigaciones con altas concentraciones de glifosfato, oxigal y diurón van destruyendo la vida animal y vegetal.
Gaia se retuerce, sabedora de que hay cosas que no puede sostener, no puede autorregularse y deja de ser un espacio seguro para la vida
Gaia se retuerce, sabedora de que hay cosas que no puede sostener, no puede autorregularse y deja de ser un espacio seguro para la vida. Las guerras nos acercan cada día más al punto de no retorno. De manera lenta van muriendo recursos vitales, también un vecino, un primo, tal vez nuestra madre o un hijo. Las comunidades se fragmentan, el vínculo con la tierra se siente necesario pero doloroso y, entre el dolor de los rostros, el hambre y la pérdida. El tejido social no aguanta ¿Dónde está aquel compañero que se sentaba a mi lado en la Universidad? Alguien cuenta que se le llevó una bomba una mañana.
A través de una pantalla el mundo mira, el dolor ya no alcanza, ¿cómo es posible que la codicia y el poder nos estén arrancando el grito ante el horror? El mundo se está volviendo irrespirable. Los agresores están logrando destruir los principios básicos de la vida: confianza, seguridad, empatía y cuidados. Cada vez que alguien renuncia a ellos y compra la deshumanización del vulnerable, se convierte en la carcoma que arrasa las vigas de un edificio ¿Y qué son nuestras vigas sino lo que hemos construido entre todos para entendernos?
Recuerdo otros brotes que he visto en la pantalla de mi móvil, brotes verdes en la tierra arrasada de Gaza, también ellos luchan por vivir
La exhibición de la destrucción de Gaia, en la que estamos inmersos, y el desafío a las normas internacionales que protegen a las personas y al medio natural están dejando un clima de desamparo e indefensión que amenaza con borrar cualquier intento de rebelión ante este empuje de destrucción y muerte.
Mi mente vuelve a los alevines del río, es la vida abriéndose paso. Entonces recuerdo otros brotes que he visto en la pantalla de mi móvil, brotes verdes en la tierra arrasada de Gaza, también ellos luchan por vivir, como lucha el niño que se quedó sin sus padres o el abuelo que abrió un comedor social porque perdió a su nieta. No podemos ser nosotros, tan afortunados, los que dejemos de ver la hierba creciendo entre las piedras.
Crisis climática
La ONU alerta del inminente ‘sorpasso’ de los 1,5 ºC sin abandonar la esperanza de encarrilar el clima
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!