Un mes de guerra en Irán: los mercados ya no creen a Trump, siguen el ‘TACO’

El ya conocido ‘Trump Always Chickens Out’ (TACO, Trump siempre se acobarda) se ha hecho una realidad fehaciente para los inversores y sus estrategias en los mercados.
Trump y Netanyahu
Trump y Netanyahu durante el encuentro del lunes 29 de septiembre. CASA BLANCA

@econocabreado.bsky.social

Coordinador de la sección de economía

30 mar 2026 12:09

Este pasado sábado se cumplió un mes desde que Trump y Netanyahu comenzaran su bombardeo sobre Irán. Lo que los dos mandatarios pensaron que iba a ser otra Venezuela, con una intervención rápida y un cambio de régimen, se ha enquistado ante la resistencia del gobierno iraní y la casi completa parálisis del comercio por el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del flujo del petróleo del mundo. A la Casa Blanca se le ha atragantado la guerra. El aumento del precio de los carburantes en las gasolineras y el envío de tropas divide al electorado MAGA y pone nervioso al Partido Republicano. Hay un sector, sin embargo, que ya no se cree los anuncios grandilocuentes de Trump: el mercado financiero.

El barril de brent cotiza este lunes en los 115 dólares, casi un 60% más que hace un mes, en lo que ya es la mayor subida mensual de la historia. El mismo porcentaje ha aumentado el WTI, el precio de referencia en Estados Unidos, que se sitúa en 101 dólares el barril. Peor todavía está el precio del gas en el mercado de futuros, el que marca el precio mayorista que se traduce en la factura de la electricidad, que cotiza en los 54 euros el MWh un 69% más que hace un mes aunque por debajo de los 60 euros que llegó a superar ampliamente la semana pasada. 

La estrategia de Trump se ha repetido durante las dos últimas semanas. Cuando los mercados se han puesto nerviosos, ya sea porque se bombardea una infraestructura energética clave para el suministro mundial o por las contundentes respuestas del régimen iraní, el presidente ha intentado calmar las aguas a golpe de post en su propia red social o en ruedas de prensa en las que ha desplegado una serie de afirmaciones sobre el cercano fin de la guerra y donde el presidente ha pretendido dejar ver que tiene la situación bajo control. “Nos quedan unos 3.000 objetivos por bombardear. Se podría llegar a un acuerdo con bastante rapidez”, decía uno de esos mensajes que intentan calmar a la opinión pública estadounidenses y a los inversores.

Pero los indicadores bursátiles y de los mercados de futuros energéticos muestran una difícil realidad para la Casa Blanca: los mercados han dejado de creer a Trump y adelantan que la guerra y el cierre del estrecho de Ormuz se va a alargar. El ya conocido Trump Always Chickens Out (TACO, Trump siempre se acobarda) se ha hecho una realidad para los inversores y sus estrategias en los mercados. 

Dos semanas después y tras un mes de guerra, los mensajes  de Trump que buscan la tranquilidad ya no tienen el mismo efecto sobre los mercados

El ejemplo claro se ve en la cotización del barril de brent. El primer mensaje de tranquilidad de Trump en el que prometía acabar con la guerra en menos de una semana, cuando el crudo llegó a los 116 dólares, hizo caer el precio a cerca de los 90 dólares. Tan sólo unas horas más tarde, el régimen de Irán desmintió a la Casa Blanca y negó cualquier tipo de conversación de paz. Los mercados volvieron a disparar el precio, pero se quedó en los 100 dólares. Esta técnica, sin embargo, ya no funciona. Dos semanas después y tras un mes de guerra, los mensajes de Trump que buscan la tranquilidad ya no tienen el mismo efecto sobre los mercados. 

En la última semana, el presidente estadounidense lo ha vuelto a intentar. La prórroga de ataques sobre infraestructuras energéticas que había anunciado se le quedaba corta al presidente, así que pospuso la prórroga hasta el 6 de abril, al mismo tiempo que lanzaba mensajes tranquilizadores de que las conversaciones y las negociaciones con Irán están avanzando y que dentro de poco el comercio en el estrecho de Ormuz se restablecerá por completo. Pero los mercados ya no creen a Trump.

Los posts en su red social se han ido publicando paralelamente a los envíos de tropas de élite estadounidenses a la zona, lo que muestra que Estados Unidos se podría estar preparando para una posible intervención terrestre en Irán, en sus islas y en otros puntos clave para el comercio de crudo y gas que hay en el estrecho de Ormuz. A esos envíos oficiales y públicos se suma lo que ha publicado este lunes el Financial Times, que asegura que el presidente se quiere quedar con el petróleo iraní de la misma forma que se apoderó del venezolano, lo que apunta a una intervención militar mucho mayor. Tal y como ha contestado el régimen iraní a todas las amenazas, parece que un posible ataque terrestre del ejército estadounidense podría prolongar la guerra durante meses.

Lejos de que el conflicto amaine, el bando que enfrenta a Estados Unidos e Israel parece que se ensancha. Los hutíes de Yemen lanzaron un misil contra Israel este sábado, lo que recrudece la guerra y elimina de un plumazo cualquier expectativa de que el conflicto vaya  a terminar en el corto plazo. Esta acción, además, podría expandir el campo de batalla hasta el estrecho de Bab-el-Mandeb, vía de salida del comercio desde el Mar Rojo hacia el Índico y que se se había constituido como una de las vías para que el crudo exportado de Arabia Saudí evitara el estrecho de Ormuz para poder llegar a los mercados internacionales.

La prima de riesgo también ahoga a Trump

Mientras los ojos están puestos en el comercio de barriles de crudo, existe otro indicador que no está llenando tantos titulares pero que empieza a asfixiar a la Casa Blanca. El rendimiento del bono a 10 años de Estados Unidos ha sido siempre uno de los indicadores clave de la confianza de los inversores en la economía estadounidense y casi un termómetro de su salud financiera. 

En un sólo mes de guerra, la deuda estadounidense a diez años ha subido un 11%, lo que pone en duda la confianza de los mercados en la Casa Blanca

En la mañana del lunes, el bono estadounidense a una década se sitúa sobre el 4,4%, muy lejos del 3,94% al que se negociaba el día antes del ataque sobre Irán de Estados Unidos e Israel. Usando aquella medida que tanto escuchamos y que hoy está más apartada, la prima de riesgo de Estados Unidos, la diferencia entre su bono a diez años y lo que paga Alemania, estaría sobre los 140 puntos. Mientras que Italia está en 96 puntos, Francia en 74 y España, bastante mejor, sigue con una prima de 53 puntos. Es decir, en un sólo mes de guerra, la deuda estadounidense a diez años ha subido un 11%, lo que pone en duda la confianza de los mercados en la Casa Blanca y que sus títulos de deuda sean un refugio estable en tiempos de guerra. 

Pese a los sueños de Trump de hacer América grande de nuevo, el déficit de su economía sigue disparado y la deuda respecto su PIB continúa por encima del 125%. Un incremento en lo que paga la Casa Blanca para financiar su gasto federal podría poner en apuros los presupuestos del país y poner el foco en la poca confianza que tienen ya los mercados en la administración de las cuentas públicas de Trump. Esto obliga al presidente a buscar una salida rápida y eficaz al conflicto en Oriente Medio. En caso de prolongarse la guerra, con los mercados en contra, las elecciones de medio término previstas para el próximo noviembre se le podría poner muy cuesta arriba a los republicanos. Si el precio del crudo sigue elevando el precio de las gasolineras y los soldados siguen jugándose la vida en el golfo Pérsico sin que la economía vuelva a su lugar, la opinión pública podría condenar la carrera de Trump. Lo que queda claro, viendo las gráficas de cotizaciones en los mercados energéticos y de la deuda estadounidenses es que los mercados ya no se creen los faroles del presidente y han tomado el Trump Always Chickens Out como una variable más en sus cálculos a la hora de invertir.

Petróleo
Qué países sufren más el cierre del estrecho de Ormuz y qué medidas están tomando
Los precios internacionales del barril lo marcan los mercados, pero el crudo que fluye por la zona tiene destinos concretos que empiezan a notar la escasez y a decretar políticas para mitigar el impacto.
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