Javier Moreno Ibarra. Socio fundador de FonRedess
19 ene 2026 11:13

Los principios que rigen a las entidades de Finanzas Éticas impregnan desde su política de inversiones hasta su propia estructura (interna y externa), guiando, no solo todas y cada una de las actividades de a entidad financiera sino también su actitud y compromiso. Así la intermediación financiera que se propone desde las finanzas éticas se construye sobre la base de redes de acción colectiva crítica que vayan consolidando, precisamente a través de una lógica económica no excluyente, estructuras densas de transformación.

De esta manera se pretende lograr el reconocimiento y protección de necesidades e intereses individuales o colectivos que remiten e implican valores y aspiraciones humanas básicas: la igualdad, la libertad, la inclusión, la justicia, la no-dominación. Y se pretende también incluir estos bienes en el ámbito de la intermediación financiera con planteamientos de gobernanza participativa y corresponsable, con procesos que reclaman una ciudadanía responsable y comprometida, de agentes sociales, políticos y económicos que estén dispuestos a participar, a deliberar, a tomar el control de los centros de decisión y a intervenir activamente en ellos.

Podemos concretar estas cuestiones en las siguientes dimensiones críticas que sirven para guiar nuestra intermediación financiera:

  • Evaluación socio-ambiental: una intermediación financiera hacia la justicia social y el bien común.
  • Transformación social:  de la redistribución económica hacia la democracia económica.

Evaluación socio-ambiental: una intermediación financiera hacia la justicia social y el bien común

Para definir las características y valores fundamentales de una finanza ética, podemos acogernos a los criterios y principios que nos aportan FEBEA (European Federation of Ethical and Alternative Banks and Financiers) o GABV (Global Alliance for Banking on Values), que nos hablan de la aplicación de criterios no económicos en las decisiones de ahorro e inversión, de apoyo a la economía real en detrimento de la economía especulativa, de transparencia, de gestión financiera democrática, de buscar un valor agregado social, ambiental y económico, todo al mismo tiempo, de trabajar por la transformación social y económica...

Para la GAVB, el impacto social y ambiental y la sostenibilidad están en el corazón del modelo de negocio. Los productos y servicios están diseñados y desarrollados para satisfacer las necesidades de las personas y salvaguardar el medio ambiente, de manera que se tenga en cuenta el triple balance o triple cuenta de resultados: económicos – ambientales – sociales.

La Alianza Global de Banca con Valores (GABV) se basa en los 6 siguientes principios que deben cumplir sus entidades asociadas:

  1. Triple Balance: El impacto social y ambiental y la sostenibilidad están en el corazón del modelo de negocio. Los productos y servicios están diseñados y desarrollados para satisfacer las necesidades de las personas y salvaguardar el medio ambiente. Si bien la generación de beneficios razonables se reconoce como un requisito esencial de la banca basada en valores, no es el objetivo principal. Un enfoque intencional del triple resultado final (personas, planeta y prosperidad) significa que los bancos basados en valores no solo evitan hacer daño, sino que utilizan activamente las finanzas para hacer el bien.
  2. Economía real: Basado en comunidades, sirviendo a la economía real y permitiendo nuevos modelos de negocio para satisfacer las necesidades de ambos. Los bancos basados en valores se basan en las comunidades y sectores a los que sirven. Se centran en las necesidades reales de las personas y las empresas. En la economía real en lugar de participar en la economía financiera. Al hacerlo, ofrecen retornos sociales, ambientales y financieros.

  3. Centrado en el cliente: Relaciones a largo plazo con los clientes y una comprensión directa de sus actividades económicas y los riesgos involucrados. Los bancos basados en valores establecen relaciones profundas y a largo plazo con sus clientes. Como resultado, tienen una mejor comprensión de las actividades económicas de sus clientes y el riesgo asociado con ellas. Se encuentran con ellos a la altura de los ojos y los apoyan para que se basen más en los valores.

  4. Resiliencia a largo plazo: A largo plazo, autosuficiente y resistente a las interrupciones externas. Los bancos basados en valores adoptan una perspectiva a largo plazo para asegurarse de que pueden mantener sus operaciones y ser resistentes frente a las interrupciones externas. Al mismo tiempo, reconocen que ningún banco, o sus clientes, son completamente inmunes a tales interrupciones.

  5. Transparencia: Gobernanza transparente e inclusiva. Los bancos basados en valores mantienen un alto grado de transparencia en la gobernanza y la presentación de informes. Se involucran activamente con la comunidad de partes interesadas en general, teniendo en cuenta sus puntos de vista en la toma de decisiones estratégicas. Un grupo de partes interesadas diverso se refleja en la composición de la junta directiva de un banco basado en valores y sus compañeros de trabajo. La comunicación es transparente, clara y fácil de entender, lo que hace que el banco sea accesible para todos.

  6. Cultura: Integrado en la cultura del banco. Estos principios y valores se reflejan en las prácticas de liderazgo, la cultura corporativa y la organización del banco. Las políticas y prácticas de recursos humanos apoyan la reflexión crítica y la discusión de los valores y cómo se traducen en la toma de decisiones cotidiana. La capacitación y la educación no se limitan a desarrollar habilidades financieras, sino que también fomentan la comprensión de la misión, los valores y el modelo de negocio del banco en el contexto social y ambiental más amplio del banco. El liderazgo permite una fuerte participación del personal.

Bajo este enfoque la sociedad depende de la economía y ésta a su vez del ecosistema global. La sociedad se tendría que contemplar desde su relación con la economía y el medioambiente, dando lugar a una matriz de relaciones que establece cuáles son los grupos de interés que interactúan alrededor de cualquier actividad empresarial/económica/social: accionistas, franquicias y/o  subsidiarias, empleados, clientes, proveedores, competencia, comunidad local, humanidad, generaciones futuras y mundo natural o ecosistema (García López, 215).

 La carta de FEBEA promueve la inclusión social, el desarrollo sostenible, la economía y el emprendimiento social. Con este fin, las finanzas éticas apoyan en particular las actividades de la economía social, así como el emprendimiento social, y las partes más vulnerables de la población, en particular mediante la promoción de la inclusión social y el empleo. La Carta de FEBEA, aceptada por todos sus miembros, ofrece criterios positivos agrupados en torno a cinco pilares, para definir las características y valores fundamentales de una banca ética. Este constituye el punto de referencia común para todos sus miembros:

1. EL DINERO AL SERVICIO DEL BIEN COMÚN

Las finanzas éticas trabajan para el bien común al reasignar sus formas de crédito y los fondos que recauda a proyectos culturales, sociales y ambientales . Promueve la inclusión social, el desarrollo sostenible, la economía y el emprendimiento social

2. EL DINERO DE LOS CIUDADANOS

El dinero de las finanzas éticas es transparente. Viene de la economía real y vuelve a la economía real. Las finanzas éticas recogen sus fondos de los ciudadanos y rechazan el dinero de actividades que no apoya, como la industria armamentista, industrias contaminantes o industrias que dañan a la sociedad civil, dinero de actividades ilegales, grupos criminales o la mafia.

3. POR UN BENEFICIO SOCIAL

Las actividades crediticias de finanzas éticas siempre buscan lograr un valor agregado social, ambiental y económico, todo al mismo tiempo. Con este fin, las finanzas éticas apoyan en particular las actividades de la economía social, así como el emprendimiento social, y las partes más vulnerables de la población, en particular mediante la promoción de  inclusión social y el empleo.

4. GESTIÓN ÉTICA DEL DINERO

El funcionamiento de las finanzas éticas se caracteriza por la transparencia y la voluntad de financiar la economía real. Los bancos éticos rechazan la especulación en transacciones financieras a corto plazo o inversiones en países u operaciones que no comparten su visión de la sociedad. Se comprometen a transformar la mayor parte de los fondos que se les confían en crédito para financiar proyectos de economía real.

5. GESTIÓN ÉTICA DE LA BANCA

Una banca ética no persigue únicamente el beneficio, aunque es necesario un beneficio justo para asegurar la viabilidad y sostenibilidad económica del banco; por lo tanto, los beneficios de la banca ética se reinvierten principalmente en la promoción de los objetivos sociales del banco y la remuneración del capital puede ser limitada. La transparencia, la gestión colaborativa, la fuerte integración territorial, la gestión ética de los salarios y la autonomía son los principios básicos de las finanzas éticas.

La forma de aplicar estas cuestiones a la toma de decisión sobre la concesión de servicios financieros desde las Finanzas Éticas, se basa en articular mecanismos de evaluación socio-ambiental  que tengan en cuenta criterios sociales, ambientales y de gobernanza de las entidades y proyectos a financiar, además de criterios de viabilidad económica.

En el ámbito de las Finanzas Éticas, Alternativas y Ciudadanas se han desarrollado procedimientos de evaluación socio-ambiental que van más allá de la valoración del riesgo o de los impactos sociales y ambientales, para convertirse en elementos dinamizadores de una economía con consciencia social.

Es especialmente importante reseñar que estas evaluaciones socio-ambientales incluyen componentes tanto de intermediación económica y financiera, como de intermediación social (movilización de organizaciones y comunidades en redes de economías transformadoras). Así la actividad económica y financiera, incluida la actividad microeconómica y microfinanciera, integra una actividad de intermediación social nada desdeñable y que permite articular mecanismos colectivos de garantía recíproca o mutualista, que pueden llegar a alcanzar un alto grado de institucionalización y de formalización.

De este modo, conceptos como beneficio, especulación, gobernanza, impacto, incidencia o construcción de la ciudadanía adquieren un significado completamente distinto en nuestras valoraciones socio-ambientales. La evaluación socio-ambiental tiene en cuenta la configuración de un espacio coherente que no se limita a valorar una suma, más o menos oportunista, de iniciativas concretas, sino que contempla una propuesta completa sobre cómo la actividad económica y la intermediación financiera deberían operar para generar justicia social y bien común.

Transformación social: de la redistribución económica hacia la democracia económica

Los distintos estudios sobre exclusión financiera fijan su atención en aquellas personas susceptibles de estar en situación de desventaja social; al fin y al cabo, el ámbito financiero se constituye como un espacio que genera no sólo un tipo de exclusión concreta, sino también un tipo de opresión y control naturalizado e integrado en y por la lógica del capital.

Merece la pena que nos fijemos en cómo Barreré y Morondo (2011) reivindican la necesidad de ensanchar el concepto de discriminación hasta la subordinación, puesto que al mostrar los obstáculos para el acceso y utilización de los servicios financieros básicos, éstos además de producir vulnerabilidad, constituyen una modalidad de discriminación que son consecuencia de un sistema de opresión que impide superar esa desventaja, y convierte en injusta la desigualdad en el acceso a servicios bancarios.

En efecto, según la definición del Banco Mundial, la inclusión financiera significa tener acceso a productos financieros útiles y asequibles, tanto para personas físicas como para empresas, que satisfagan sus necesidades, ya sean transacciones, pagos, ahorros, crédito y seguros, prestados de manera responsable y sostenible.

Parece lógico señalar que si nos referimos a la inclusión financiera, deberíamos incluir también la ‘Exclusión financiera’, la vulnerabilidad, la cohesión social, entre otros términos. Pues bien, nos referimos a exclusión financiera tal y como la define la Comisión Europea en el artículo de Cristina de la Cruz Ayuso, como el “proceso por el cual la gente encuentra dificultades en el acceso y/o uso de servicios y productos financieros en el mercado general, que sean apropiados a sus necesidades y les permitan llevar una vida normal en la sociedad a la que pertenecen”. Así pues, la exclusión financiera parece conllevar la expulsión de la participación en la vida económica y social, la limitación de la autonomía económica de las personas, así como el condicionamiento para el bienestar material básico de las personas.

La cuestión es que las prácticas de gestión de los productos y servicios financieros (transacciones, ahorro, crédito, seguros…) en el enfoque dominante liberal de libre mercado están marcadas no solo por su poder legitimador de igualdad de acceso a oportunidades, sino también por la rentabilidad que ofrecen. Esto condiciona y limita su acceso a quien ofrezca garantías de carácter económico y/o patrimonial. De hecho se puede afirmar que los criterios económicos que condicionan el pulso de nuestras sociedades (garantías, solvencia, precio) dificultan el ejercicio real de los derechos en la esfera económica y perpetúan la exclusión financiera (Artal, 2008). Y lo hacen de tal manera que generan no sólo un tipo de exclusión concreta, sino también un tipo de opresión y control naturalizado e integrado en y por la lógica del capital.

¿De qué hablamos cuando hablamos de inclusión y exclusión financieras? Desde el punto de vista de las Finanzas Éticas, no sólo estamos hablando de brecha digital, de territorios escasamente poblados, de exclusiones relacionadas con el envejecimiento o el género… estamos hablando sobre todo de un modelo económico y financiero que produce vulnerabilidad, discriminación, opresión y convierte en injusta la desigualdad en el acceso a servicios bancarios.

Se plantea como necesario el análisis ético y político del acceso a productos y servicios financieros desde la óptica del interés común, más allá incluso de un enfoque reparador y de acceso a oportunidades, adoptando un enfoque transformador: la inclusión financiera como herramienta política al servicio de unas relaciones económicas no violentas, en las que las rentas del capital estén al servicio de las necesidades colectivas de las personas.

Esto supone incluir la consideración de la participación efectiva en la vida económica y social de todas las personas en todas las acciones que se desarrollen para procurar el acceso a la inclusión financiera. No sólo se trata de ofrecer accesos de carácter técnico a productos y servicios más o menos adaptados a las personas en situación social de exclusión, se trata, sobre todo, de diseñar servicios y modos de gestión que añadan el efecto real de emancipación y soberanía financiera para las personas, colectivos y entidades usuarias, teniendo como consecuencia el acceso real al control de la propia vida.

Referencias

Artal García, Noemí. (2008). El microcrédito: ¿instrumento de cohesión social o de exclusión institucional? Revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, nº 101, 116-128. 

De la Cruz-Ayuso, C. (2016). Exclusión Financiera, Vulnerabilidad y Subordiscriminación. Análisis crítico sobre el derecho al acceso a servicios bancarios básicos en la Unión Europea. Cuadernos Electrónicos de Filosofía del Derecho, (34), 91–114. https://doi.org/10.7203/CEFD.34.8917 

García López, M.ª José. (2015). La Cuenta del triple resultado o Triple Bottom Line. Revista de Contabilidad y Dirección, Vol. 20, 65-78.

Sobre o blog
Realidades jurídicas, sociales y económicas desde una perspectiva transformadora. Coordinado por Autonomía Sur Cooperativa Andaluza.
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