Estados Unidos
México ante las amenazas de Trump: “Donde pisa el ejército estadounidense no llega la paz”
El presidente de Estados Unidos no se esconde, nunca lo ha hecho. México, Cuba y Colombia parecen ser los próximos objetivos en su tablero de juego después del secuestro de Maduro y el consecuente cambio en el cuadro de mandos en Venezuela. Hace unos días en una rueda de prensa, Trump anunció su intención de iniciar ataques por tierra contra los cárteles que dice que “gobiernan México”.
Tras una conversación con la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, esta opción quedó descartada, según declaró ella horas después en su conferencia de prensa, aunque solo por el momentoEsta tregua deja una sensación de pequeña calma en la sociedad mexicana. Sin embargo, no está de más recordar todo el daño que ya ha causado Donald Trump a los mexicanos durante este primer año de legislatura con la crisis de deportaciones y los abusos de ICE.
Una intervención militar estadounidense en México, aunque por ahora descartada, pero no imposible, sería un grave ataque a la soberanía mexicana, la seguridad regional y la relación bilateral entre ambos países. Pero, ¿en qué consistiría esta intervención militar? ¿Sería similar a la de Venezuela? ¿Y en qué se traduciría, es decir, cuál sería el impacto social y económico, cómo afectaría al pueblo mexicano?
“Hablamos de una posible intervención militar silenciosa, que tal vez no tenga la cara violenta que vimos el pasado 2 de enero, sino una intervención más quirúrgica...”
Lo que podría suceder en México sería mucho más sutil (no por ello menos grave) que lo sucedido en Venezuela, explican los expertos. “Hablamos de una posible intervención militar silenciosa, que tal vez no tenga la cara violenta que vimos el pasado 2 de enero, sino una intervención más quirúrgica, similar a lo que hemos visto en el pasado a través de diferentes programas de ‘cooperación’ en materia de seguridad”, explica Elena Gutiérrez, directora del Programa México-US de Global Exchange, una organización internacional de derechos humanos dedicada a promover la justicia social, económica y medioambiental en todo el mundo.
Estos programas, como ya ha sucedido anteriormente, podrían violar la legalidad nacional y presionar a México económicamente sin darle una opción real de negociación. Ello podría desestabilizar al país y exponer a la precariedad a quienes más sufren las consecuencias de estas políticas: la clase media y baja del país, que abarcan casi el total de la población. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía el primer grupo representa aproximadamente el 42,2% y el segundo el 56,6% de los hogares.
Toda acción intervencionista de Trump tiene un objetivo declarado. En México es, en primera instancia, acabar con los cárteles. En este sentido los principales estados con presencia del crimen organizado son Jalisco, Sinaloa y Michoacán, pero, explica Gutiérrez que son también regiones con una gran presencia de comunidades indígenas y campesinas que durante años han sido afectadas por la creciente inseguridad.
Si Estados Unidos interviene “provocaría una explosión de la violencia, con una posible reacción de los cárteles (que están también armados con drones y rifles de alto calibre como el calibre 50 de uso militar), como la que vimos en el llamado Culiacanazo”, lamenta Gutiérrez.
Marco Castillo, co-director ejecutivo de Global Exchange, alerta de que esta acción podría costar la vida de civiles en comunidades empobrecidas y extremadamente vulnerables, causar desplazamientos forzados, incrementar la migración interna y externa e incrementar las violaciones de derechos humanos.
“Donde pisa el ejército estadounidense no llega la paz. Lejos de ello, se incrementa la violencia, el saqueo de recursos y la imposición del imperialismo en todas sus formas”
“La historia de las intervenciones de este tipo en América Latina han probado que donde pisa el ejército estadounidense no llega la paz. Lejos de ello, se incrementa la violencia, el saqueo de recursos y la imposición del imperialismo en todas sus formas”, afirman desde Global Exchange.
Esta organización ha impulsado durante años una relación entre México y Estados Unidos que ponga a la gente, sus derechos y su dignidad por delante; una relación que no se base en militarización y dependencia económica, sino en el intercambio y la solidaridad entre pares, con responsabilidad compartida y soluciones estructurales. Esto es precisamente lo que siempre ha defendido Sheinbaum: la colaboración y el diálogo.
Pero, pese a que Estados Unidos acuse a México del tráfico de drogas hacia su país y de que esto se haya convertido, según Trump, en un problema de salud pública, la mirada no se puede quedar ahí. Muchas de las armas que utiliza el crimen organizado son suministradas por Estados Unidos, de forma que por mucho que le pese a Trump, su país es colaborador directo del funcionamiento de estos grupos.
Gutiérrez sostiene que desde Global Exchange, su propuesta para avanzar en una buena dirección es “un control efectivo del tráfico de armas de Estados Unidos a México (donde 70% de las armas encontradas en escenas de crimen provienen de nuestro vecino del norte), a través de leyes y reformas en el congreso estadounidense, como la iniciativa de ley “Alto a armar los carteles” (“Stop Arming Cartels Act”), que prohibiría la venta de rifles calibre 50, mayormente usados por los carteles, a civiles”.
Esto, junto a un refuerzo de la cooperación judicial binacional en materia de lavado de dinero y redes financieras que empoderan a los carteles, significaría un golpe real al crimen organizado que no pondría en riesgo la vida de la población civil y que ayudaría a la construcción de la paz.
El petróleo cubano, el arma arrojadiza de Trump
Donald Trump ha creado su propio Triángulo de las Bermudas: México, Colombia y Cuba. Con el último presiona al primero y con el primero al último, es su estrategia para debilitar aún más a Cuba, chantajear a México y poco a poco ir aumentando su control en la zona, mientras va eliminando a sus rivales.
México exporta unos 13.000 barriles de petróleo diarios a Cuba desde hace años por dos razones: comerciales y humanitarias. Según Óscar Ocampo, director de desarrollo en el Centro de Investigación en Política Pública, el 44% de la importaciones de petróleo que recibe Cuba son de México. Es innegable que existe una gran dependencia cubana del petróleo mexicano. Lo utilizan tanto para el transporte como para la generación de electricidad.
El 44% de la importaciones de petróleo que recibe Cuba son de México, la presidenta Sheinbaum, afirmó que si país no había aumentado oficialmente los envíos de petróleo a Cuba más allá de los niveles históricos
En los últimos días, la administración de Donald Trump ha intensificado su retórica y acciones hacia Cuba y, por extensión, hacia México, debido a la dependencia energética de la isla caribeña. Tras la ofensiva militar en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, que dejó al país caribeño sin sus principales envíos de petróleo, Washington anunció que no permitiría más petróleo ni apoyo financiero para Cuba, exigiendo a la isla un “acuerdo” con EEUU o enfrentar “consecuencias”.
Esta postura ha escalado la tensión regional y ha puesto a México en el epicentro de un nuevo frente diplomático. En este sentido, la presidenta Claudia Sheinbaum, afirmó que su país no había aumentado oficialmente los envíos de petróleo a Cuba más allá de los niveles históricos.
Las próximas semanas serán claves para saber cómo avanzan estas cuestiones y si Trump decide finalmente presionar a Sheinbaum para que limite las exportaciones de petróleo a Cuba.
Al final, el problema no es sólo Donald Trump ni su obsesión por controlar países con fichas en un tablero de juego, sino la persistencia de una lógica imperialista que convierte territorios vivos en casillas estratégicas y a pueblos enteros en daños colaterales. La retórica trumpista, lejos de ofrecer soluciones, vuelve a activar una memoria latinoamericana marcada por intervenciones que prometieron orden y dejaron violencia.
Mientras Washington agita el tablero, la verdadera pregunta no es hasta dónde llegará Trump, sino cuándo dejará de decidirse el futuro de América Latina, Abya Yala, por potencias extranjeras.
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