Opinión
Altri, victoria con cautela

La respuesta de ese pueblo, autoorganizándose, analizando, argumentando, movilizándose y enfrentándose de una manera casi épica, desde A Ulloa hasta la ría de Arousa, ha ganado un lugar preeminente en el diccionario de las luchas ecosociales.
altri non catedral
Pedro Armestre Acción de Greenpeace contra Altri en la fachada de la catedral de Santiago.

Coordinador de Greenpeace en Galicia.
@altermundo.bsky.social

24 feb 2026 10:32

Celebrar con cautela es de lo más gallego que hay. No vaya a ser. El tan deseado como inesperado anuncio del pasado viernes, por parte de la conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana, de que la Xunta inicia el procedimiento de archivo del proyecto de Altri en A Ulloa nos da el derecho, al menos momentáneo, a disfrutar de la victoria, ¿por qué no? Al fin y a la postre, viene de una voz sobradamente autorizada, que junto a Ánxeles Vázquez, conselleira más de medio que de ambiente, fue enviada por el presidente Rueda a la primera línea del combate narrativo para convencer al pueblo gallego de que la celulósica de Altri/Greenalia era una suerte de maravilloso regalo para llevarnos en volandas a la economía verde del siglo XXI.

La respuesta de ese pueblo, autoorganizándose, analizando, argumentando, movilizándose y enfrentándose de una manera casi épica, desde A Ulloa hasta la ría de Arousa, ya ha ganado un lugar preeminente en el diccionario de las luchas ecosociales en Galicia. De la A de Altri a la X de Xove.

No obstante, la celebración no será completa hasta que veamos la resolución administrativa del archivo y, mejor aún, la denegación de la autorización ambiental integrada y del permiso de captación de agua —¡de diciembre de 2023!— y, por tanto, la no autorización del proyecto industrial estratégico. Es posible que sean estas cuestiones pendientes las que la Xunta quiere evitar con el archivo, amparándose en la imposibilidad de garantizar el suministro eléctrico —a alguien hay que culpar— y negándose por tanto a reconocer que el proyecto Gama fue un enorme error lleno de agujeros negros en los campos social, ambiental e incluso económico. Sea como fuere, la cautela será con toda seguridad permanente, porque volverán. De uno o de otro modo, esos que solo ven el territorio como un lugar físico donde lucrarse con actividades económicas siempre vuelven.

Tres consideraciones urgentes

Primera. Cuando Alberto Núñez Feijoó creó en 2021 la ya extinta Impulsa Galicia, para captar fondos europeos y promover proyectos tractores que llevasen a la economía gallega a un modelo más verde y digital después de la pandemia, pocos podían imaginar que la mejor idea que se les iba a ocurrir a las mentes pensantes de la Xunta, Reganosa, Abanca y Sogama era una celulósica. Increíble. Desconocemos, eso sí, si José Soares de Pina les vendió un engaño monumental o si obtuvo contraprestaciones de algún tipo, por cuanto el memorándum de entendimiento firmado el 1 de octubre de 2012 por el entonces conselleiro de Economía, Francisco Conde, con Altri sigue bajo llave. Parece lógico y lícito que el pueblo gallego exija transparencia al presidente Rueda para conocer el contenido de ese pacto secreto. Es posible que saquemos la conclusión conjunta de que esa práctica, cada vez más común en el Gobierno de la Xunta, de impulsar la colaboración público-privada para gestionar el territorio —y en muchas ocasiones especular con él— requiere urgentemente de límites legislativos claros.

Segunda. Altri tiene que retroceder y anunciar públicamente que retira su proyecto, por más que considere que los obstáculos que encontraron son de carácter político. Bien sabemos que en realidad se refieren a obstáculos de carácter partidario, lo que no deja de ser un desprecio a la efectividad de la movilización ciudadana. Es obvio que las dificultades encontradas por Altri/Greenalia fueron inducidas de manera más que legítima por un poderoso actor político que reaccionó para defender su naturaleza y su biodiversidad: la sociedad civil organizada. El comportamiento del dúo Altri-Greenalia en este asunto fue absolutamente censurable, en primer término con la ciudadanía de A Ulloa y después con toda Galicia, y generó un conflicto social que habla muy mal de la responsabilidad corporativa de las dos empresas. Publicar, en los principales periódicos, propaganda de la planta de celulosa a toda página después de cada manifestación no es información, sino provocación y repulsa hacia la soberanía popular, base de cualquier sistema democrático que se precie. Hay límites. Admitir que el modelo propuesto no fue aceptado por el pueblo y retirarse dignamente es lo mejor que pueden hacer para no sufrir más costes, ya sean monetarios o reputacionales.

Tercera. El asunto no está totalmente cerrado y seguramente habrá quien pueda caer en la tentación de guardar el proyecto en un cajón hasta encontrar un contexto político-partidario más favorable. No sería ni justo ni honesto, y de ser así encontrará la misma respuesta ciudadana. Entretanto, no está mal celebrar con cautela y recordar lo que nos decía el viernes Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace: “La derrota de Altri es el triunfo de una sociedad que se reconoce como parte de la tierra y se niega a ser cómplice de su destrucción (…), demuestra que la movilización ciudadana es el mayor escudo frente a la irresponsabilidad empresarial y la complicidad de las administraciones. Hoy celebramos que la biodiversidad se defiende con la firmeza de la gente: Altri NON!

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