Georgia: más 600 días en pie frente al autoritarismo

En Tiflis, la capital, decenas de personas continúan movilizándose semana tras semana frente al Parlamento para dejar constancia de su malestar con el gobierno actual.
Georgia protestas
Decenas se personas se reúnen cada sábado frente al Parlamento en señal de protesta contra el actual gobierno, muy cercano al Kremlin. Ricard González
Tiflis, Georgia
5 ago 2026 06:00

Es una cálida mañana de verano y una mujer barre con esmero la entrada del Parlamento georgiano. O quizás se debería matizar y decir que limpia su habitación. Se llama Darija y hace un año y cinco meses que está acampada ante unas grandes placas de hierro que “protegen” la sede de la soberanía nacional. “Ivanishvili es un Putin georgiano”, dice en referencia a Bidzina Ivanishvili, el magnate que controla el Gobierno georgiano desde 2012. Aunque está sola, cada noche recibe la visita de cientos de activistas, a veces miles, que también protestan contra la deriva autoritaria que experimenta el país caucásico desde hace tres años. En total, el movimiento antigubernamental suma ya 612 días consecutivos de manifestaciones.

El detonante de las primeras protestas, en 2023, fue el primer anuncio por parte del partido en el poder, Sueño Georgiano, de la aprobación de una ley de asociaciones liberticida inspirada en la ley vigente en Rusia. Entre otras medidas, la nueva legislación obliga a todas las ONG con contactos con el exterior a registrarse como “agentes extranjeros” y tan solo pueden recibir fondos previo un improbable visto bueno del Gobierno. Cualquier incumplimiento se castiga con duras sanciones de hasta seis años de cárcel. La presión popular forzó al Ejecutivo a retirar su proyecto de ley.

Darija Georgia
Darija hace un año y cinco meses que vive acampada frente al Parlamento georgiano. Decenas de manifestantes se reúnen allí los sábados para protestar contra la deriva autoritaria del actual gobierno. Ricard González

No obstante, aproximadamente un año después, el Parlamento sí aprobó esta y otras leyes destinadas a amordazar a la sociedad civil. Entonces, Sueño Georgiano se sentía envalentonado después de su reelección en las elecciones generales de octubre de 2024. Según los resultados oficiales, el partido de Ivanishvili, con una fortuna estimada en el 20% del PIB del país, obtuvo la mayoría absoluta, con el 53% de los votos.

Según las encuestas, más del 70% de la población georgiana es favorable a la entrada en el club de los Veintisiete, una ambición incluso inscrita en la Constitución

La oposición denunció un fraude masivo y por eso no ocupa sus escaños en el Parlamento. Varias instituciones internacionales, como el Consejo de Europa y el Parlamento Europeo, criticaron duramente el proceso electoral por sus numerosas irregularidades. Fue entonces cuando se iniciaron las movilizaciones diarias consecutivas, que recibieron un empujón cuando el Gobierno anunció que suspendía las negociaciones para integrarse en la Unión Europea. Según las encuestas, más del 70% de la población georgiana es favorable a la entrada en el club de los Veintisiete, una ambición incluso inscrita en la Constitución.

Silencio, censura, multas y cárcel

Los sábados tienen lugar las concentraciones más multitudinarias contra el Gobierno georgiano. Los manifestantes solicitan la dimisión del gobierno y la liberación de los presos políticos del país. Aunque las primeras protestas congregaban a más de 200.000 personas, el pasado sábado apenas superaban el millar. Mariam, una estudiante de Derecho de 19 años, antes no se perdía ninguna manifestación, pero ahora solo asiste a las de los días más señalados. “Muchos estudiantes hemos dejado de ir por miedo a la represión, a las multas, a las torturas. Si la policía te arresta, te puede caer una sanción de 5.000 lari (unos 1.700 euros). Es muchísimo en un país donde el sueldo medio es de 900 laris (300 euros)”, explica esta joven que ha preferido utilizar un seudónimo para poder hablar con franqueza. “Por eso, ahora ya no se ven tantos jóvenes en las manifestaciones. Otro motivo para no ir es la frustración de ver que tantos días de protesta no han servido de nada”, añade antes de reconocer su mala conciencia por dejar a su suerte con su actitud a los represaliados políticos entre rejas.

Según un estudio del Centro para la Justicia Social, una de las principales ONG del país, un 94% de las asociaciones ha reducido sus actividades tras la aprobación de la “ley rusa”

“Sueño Georgiano está cambiando la naturaleza del sistema político a marchas forzadas. Estamos pasando de un autoritarismo competitivo a una dictadura en toda regla, equivalente a las vigentes en países como Rusia o Bielorrusia”, sostiene Kakha Gogolashvili, un analista de la Fundación Georgiana para los Estudios Estratégicos e Internacionales, un think tank cercano a la oposición. De acuerdo con el proyecto de monitoreo Orbit, la cifra de presos políticos en Georgia se acerca a los sesenta, y entre ellos figuran perfiles muy diferentes: periodistas, artistas, políticos, estudiantes, etc. Quizás el político encarcelado más conocido es el expresidente del país, Mijail Saakashvili.

Otro de los efectos de la represión ha sido dejar en su mínima expresión a una sociedad civil que hasta hace dos años era robusta y vibrante. Según un estudio del Centro para la Justicia Social, una de las principales ONG del país, un 94% de las asociaciones ha reducido sus actividades tras la aprobación de la “ley rusa”. De éstas, un 27% de ellas lo ha hecho de forma sustantiva y un 13% ha tenido que cerrar sus puertas. “La sociedad ha recibido un golpe muy duro, pues buena parte se financiaba gracias a fondos extranjeros. Ahora, muchas entidades sólo funcionan con voluntarios, y la mayoría se dedica a hacer proyectos que no tengan un componente político, como el medio ambiente. Quieren silenciar cualquier tipo de disidencia”, lamenta Gogolashvili.

La protesta se mantiene, a pesar de que ha perdido fuerza

La protesta del sábado se inicia con una marcha frente a la parada de metro de Avlabari y recorre el centro de la capital georgiana hasta desembocar, como siempre, en el Parlamento. Muchos de los asistentes ondean banderas georgianas, pero también se pueden ver algunas de Ucrania y de la UE, así como una de EEUU. La solidaridad con Kiev, muy presente en un país, que también tiene un 20% de su territorio ocupado por Moscú —las provincias secesionistas de Abjasia y Osetia del sur—, también se hace notar en las consignas de los manifestantes. “¡Viva Ucrania, viva Georgia, vivan los héroes!”, corean los allí concentrados en referencia a los soldados caídos en combate contra Rusia, mientras algunos coches hacen sonar el claxon en muestra de apoyo.

De hecho, al ser preguntados sobre qué les motivaba a participar en las movilizaciones, la mayoría de los manifestantes, antes de la erosión de las instituciones democráticas o el alejamiento del sueño europeo, mencionan el hecho de que el Ejecutivo sea un aliado de Rusia. Entre ellos, el padre Ilya, que asiste cada día a las manifestaciones con la sotana negra y la larga barba que caracteriza a los clérigos ortodoxos. “Estoy aquí para protestar contra un Gobierno, que es pro-ruso. Pero la mayoría del pueblo está de nuestro lado. Si no ves a más gente, es por el miedo”, razona el religioso.

El activismo del padre Ilya es más bien una rareza, pues la Iglesia Ortodoxa de Georgia está alineada con el Gobierno, que propugna una agenda ultraconservadora respecto a los derechos LGTBIAQ+, en el punto de mira, al igual que otros muchos movimientos de la ola populista global. “Hay una gran polarización entre la sociedad, sobre todo porque Sueño Georgiano acusa de ‘enemigos de la patria’ a la oposición. Mucha gente no ve otra cosa que los medios oficiales, y se lo cree”, opina Gogolashvili, que estima entre un 30% y un 35% el respaldo real de Sueño Georgiano. “No le hace falta más. Con eso, la represión policial y el clientelismo le basta para sostenerse”, añade.

Aunque las movilizaciones antiautoritarias son pacíficas, en 2025, lograron irrumpir por la fuerza en el Parlamento. Para evitarlo, el Gobierno instaló unas grandes placas de acero

Pocos días antes de la protesta del sábado, el primer ministro, Iraki Kobakhidze, había cargado de nuevo contra la oposición, a la que acusó de emplear “el terrorismo político” y de estar controlada por potencias extranjeras. “Cuando en un país tienes cinco intentos de revolución en cinco años, y cuatro de ellos son violentos, esto es terrorismo político. Hay agentes que están constantemente involucrados, son a quienes antes llamábamos oposición, pero no les deberíamos llamar así. Es un caso ordinario de injerencia extranjera cuya única tarea es mantener a la población georgiana bajo un terror político constante”, se despachó Kobakhidze en una entrevista televisiva. Aunque las movilizaciones antiautoritarias son pacíficas, en 2025, lograron irrumpir por la fuerza en el Parlamento. Para evitarlo, el Gobierno instaló unas grandes placas de acero en la entrada pintadas con la bandera georgiana.

Aunque Gogolashvili se muestra pesimista respecto a la capacidad de una oposición “débil y dividida” de provocar el cambio político en el país, el conocido escritor Zviad Kvaratskhelia, presente en la movilización, exhibe una actitud optimista: “Luchamos por la libertad, por eso, ganaremos”. Entre las aceradas pasiones de partidarios y detractores del Gobierno, una parte de la sociedad prefiere no tomar partido, como Levan, un cocinero de mediana edad que se define como abstencionista. “Yo no voy con unos ni con otros. Lo único que quiero es la estabilidad. Los georgianos deberíamos estar unidos”.

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