Alexandra Geese: “La verificación de la información no sirve a la hora de contrarrestar la desinformación”

Diputada del Partido Verde en el Parlamento Europeo, Geese critica la incapacidad del Escudo de la Democracia europeo, presentado el pasado noviembre, para lograr su objetivo de frenar la desinformación.
Alexandra Geese 2026
Alexandra Geese, diputada del Partido Verde en el Parlamento Europeo.
Artículo publicado originalmente en el Green European Journal. Traducción: EcoPolítica
20 mar 2026 06:00

El pasado mes de noviembre, la Comisión Europea presentó el 'Escudo de la Democracia', cuyo objetivo es hacer frente a amenazas como la desinformación y la injerencia extranjera. Pese a reconocer el riesgo sistémico al que se enfrenta la democracia europea, el Escudo no contempla sus principales causas: los algoritmos basados en la interacción, la hegemonía de las grandes empresas tecnológicas, la dependencia geopolítica y un gran cisma ideológico que deja a Europa expuesta a discursos que enardecen la polarización. En esta entrevista hablamos con Alexandra Geese, diputada del Partido Verde en el Parlamento Europeo.

Empecemos por algo positivo: ¿qué es lo que le ha parecido más convincente del Escudo Europeo de la Democracia presentado por la Comisión?
El análisis reconoce claramente que la forma en que funcionan los algoritmos, es decir, el posicionamiento basado en la interacción y la manipulación manual, supone un riesgo sistémico para el discurso cívico y los procesos electorales. Y ahora queda reflejado en este documento de la Comisión. Por lo tanto, este análisis admite que la amenaza a la que nos enfrentamos es una combinación de riesgo sistémico y de agentes malintencionados que se aprovechan de ese sistema.

En virtud del artículo 34 de la Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés), la Comisión debería obligar a las plataformas digitales a adoptar medidas para mitigar el riesgo. Sin embargo, ha optado por no hacer nada al respecto, y eso es lo realmente preocupante.

El Escudo concibe la mayoría de las amenazas como externas, omitiendo gran parte de los peligros internos como el retroceso democrático, el auge de la extrema derecha, los ataques a la sociedad civil, la corrupción, el control de los medios de comunicación, la reducción del espacio civil y un largo etcétera. ¿Cómo se explican estos puntos ciegos?
Es una elección política. La Comisión reconoce que la democracia está en peligro, pero no identifica a los agentes que se esconden tras esta amenaza porque tienen demasiado poder. También hay cierta reticencia a abordar la controvertida influencia de las empresas tecnológicas estadounidenses que fomentan la desinformación y las fuerzas políticas extremistas. La administración de Trump ha amenazado a la Comisión Europea en diversas ocasiones y, por desgracia, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha cedido al chantaje.

Si la Comisión, guardiana de los Tratados, no actúa con valentía y firmeza para proteger los valores europeos como la democracia y el Estado de derecho, ¿podría el Parlamento Europeo dar un paso al frente y asumir un papel más activo?
Hemos planteado varias propuestas, aunque, como ya sabemos, el Parlamento también tiene sus mayorías políticas. En primer lugar, pedimos a la Comisión que actúe en coherencia con su reconocimiento de que los algoritmos constituyen un riesgo sistémico. La Ley de Servicios Digitales nos brinda un marco jurídico idóneo para esta situación. Como Verdes, también reclamamos financiación para plataformas alternativas de redes sociales. Si queremos desarrollar una plataforma con un modelo de negocio que no dependa de los multimillonarios tecnológicos, que no requiera publicidad basada en la recopilación de datos confidenciales y que no se base en algoritmos maliciosos, debemos estar dispuestos a invertir varios millones de euros como capital inicial. El Escudo de la Democracia solo menciona a las plataformas de redes sociales europeas en unos pocos apartados de forma imprecisa.

La Comisión reconoce que la democracia está en peligro, pero no identifica a los agentes que se esconden tras esta amenaza porque tienen demasiado poder

También deberíamos apoyar a Teresa Ribera, la vicepresidenta ejecutiva, en su causa contra Google Adtech. Necesitamos un modelo publicitario diferente porque la totalidad de los ingresos acaban en manos de Google y Meta, mientras la prensa lucha por sobrevivir. Estas empresas son las mismas que emplean algoritmos perjudiciales para la democracia.

Antes ha mencionado que es necesario abordar el posicionamiento basado en la interacción como el origen del problema. ¿Cómo se traduciría esto en la práctica?
En primer lugar, debemos investigar hasta qué punto el posicionamiento basado en la interacción contribuye, potencia e incentiva la desinformación, no solo política, sino también comercial. En segundo lugar, la Comisión debería prohibir el posicionamiento basado en la interacción para mitigar este problema.

Las plataformas alegan que son los usuarios quienes deciden interactuar voluntariamente, pero esta afirmación es totalmente errónea. Imaginemos que me atacan por la calle, al igual que los usuarios se ven asaltados sistemáticamente por contenidos que siembran división y desinformación. Podría reaccionar ante esta situación, pero yo nunca decidí recibir ese ataque. Esa es la razón por la que deberíamos alejarnos de este tipo de interacción y centrarnos en la elección real de los usuarios.

Deberíamos alejarnos de la interacción y centrarnos en la elección real de los usuarios

En tercer lugar, hemos de hacer frente al hecho de que el propio Elon Musk está manipulando el algoritmo deliberadamente para difundir contenidos políticos divisivos en X. Existen estudios contrastados que lo demuestran de forma fehaciente. En Alemania, X ha concedido mayor visibilidad a contenidos de extrema derecha y afines a Putin, algo que también goza de popularidad entre la extrema izquierda alemana.

Al margen de controlar los algoritmos disruptivos, ¿cuál es la postura de los Verdes ante el poder que los gigantes tecnológicos ejercen sobre infraestructuras clave?
La Ley de Servicios Digitales (DSA) especifica sin ambigüedades que no se pueden incluir datos sensibles en los perfiles de segmentación. El siguiente paso debería haber sido una ley que no solo aplicara esas disposiciones a las plataformas, sino a todos los brókers de información. Sin embargo, la propuesta de la Comisión Europea apunta en la dirección contraria, permitiendo que los brókers de información conserven y vendan datos sensibles siempre y cuando no dispongan de la tecnología necesaria para rastrear esos datos hasta la persona física a la que pertenecen. La idea es legitimar esta práctica para entrenar a la IA y que así nadie pueda volver a cuestionarla. El Escudo de la Democracia no denuncia ni contempla esta cuestión de ningún modo y eso es un verdadero escándalo.

Otro aspecto fundamental es la aplicación de la Ley de Mercados Digitales (DMA, por sus siglas en inglés), que abordaría la competencia y las medidas antimonopolio. Lo que Google está haciendo ahora mismo con su 'modo IA' y su 'resumen de IA' está acabando con la libertad de prensa, y la Comisión no está gestionando esta situación como es debido. La solución propuesta es la creación de fondos para que los medios de comunicación puedan impulsar una plataforma social europea, una especie de aglutinador de medios que permita un modelo de negocio sostenible para los periodistas.

Emmanuel Macron ha señalado hace poco que hemos sido extremadamente ingenuos al confiar nuestro espacio democrático a plataformas estadounidenses y chinas cuyos intereses distan mucho de la supervivencia o el buen funcionamiento de nuestras democracias. ¿Cabría pensar que el Escudo Europeo de la Democracia está desaprovechando una oportunidad geopolítica para impulsar la soberanía digital?

Eso es precisamente lo que no queremos que ocurra en Europa. Queremos innovación y tecnología, pero queremos que sea democrática. Renunciar a nuestros datos y a los valores democráticos no es el camino que queremos seguir.

¿Ve a algún líder europeo dispuesto a defender estos valores?
Macron y Sánchez lo están haciendo, pero no lo suficiente. Tengo muchas esperanzas puestas en el nuevo Gobierno neerlandés. Soy menos optimista en el caso de Alemania ya que el nuevo gobierno parece dispuesto a ceder a todos los niveles. También necesitamos que los gobiernos de Europa del Este adopten una postura firme sobre este tema.

En definitiva, lo que quiero decir es que cuando se trata del blanco de una guerra híbrida, la regulación de las plataformas no solo ha de procurar proteger la democracia, sino que también es una cuestión de seguridad.

En el arsenal de guerra híbrida del Kremlin, la desinformación o la manipulación de la información es tan solo una de tantas herramientas disponibles, al igual que la corrupción, la coacción económica, los ciberataques y el sabotaje, como hemos podido comprobar recientemente. Sin embargo, si atendemos al comunicado sobre el Escudo de la Democracia, las medidas de la Comisión se ocupan principalmente de la verificación de datos. ¿Qué opina al respecto?
Es como volver al año 2018, cuando aún creíamos que el problema de la desinformación se resolvería permitiendo a la gente tener acceso a los hechos. Sin embargo, la realidad apunta en la dirección contraria: la verificación de la información no sirve a la hora de contrarrestar la desinformación. No me opongo a la verificación de los hechos, pero entiendo que forma parte del trabajo que corresponde a los periodistas cuando pueden desempeñar su labor plenamente. A menos que cambiemos los algoritmos, la desinformación seguirá propagándose más que la información de calidad. La inversión en la verificación de datos y la alfabetización mediática suele servir de excusa para no emprender otras acciones. La situación se agrava aún más cuando la verificación de datos está financiada por las mismas empresas tecnológicas que contribuyen a difundir la desinformación.

Eso resulta muy oportuno para las empresas tecnológicas, ya que les permite transferir a los usuarios la responsabilidad de luchar contra la desinformación de forma individual.
Efectivamente. La alfabetización mediática parte de la premisa de que las personas deben contrastar sus fuentes y ser capaces de distinguir la información verdadera de la falsa. Sin embargo, hoy en día la mayoría de la población solo lee los titulares en las redes sociales y eso es lo que recuerda. Tan solo una pequeña parte de la ciudadanía dispone del tiempo para profundizar y contrastar las fuentes, y, aun así, nunca resulta del todo eficaz.

La inversión en la verificación de datos y la alfabetización mediática suele servir de excusa para no emprender otras acciones

Nos encontramos ante una paradoja donde las empresas que obtienen cientos de miles de millones en beneficios trasladan la carga de la lucha contra la desinformación a personas que ya de por sí tienen dificultades para hacer frente al aumento de los costes de la vivienda. Acaban pagando dos veces: por un lado, con sus datos y, por otro, con el tiempo que dedican a discernir cuál es la información veraz. Y cuando esta carga no recae sobre los individuos, se apela al sistema educativo para que se encargue de la alfabetización mediática. Las investigaciones demuestran que los usuarios tienden a consumir desinformación entre seis y diez veces más que información fiable, y está comprobado que eso basta para que nuestro cerebro considere que la desinformación es “más verdadera” que los hechos.

También me preocupa que se produzca un conflicto de intereses. El Observatorio Europeo de los Medios Digitales, cuyo cometido es cartografiar y coordinar las medidas contra la desinformación en toda Europa, recibe financiación de la Comisión. Sin embargo, también interviene en la toma de decisiones del Fondo Europeo para los Medios de Comunicación y la Información (EMIF, por sus siglas en inglés), que ha recibido 25 millones de euros por parte de Google. Creo que la organización que coordina las redes europeas de verificación de datos debería alejarse todo lo posible de cualquier tipo de financiación procedente de las grandes tecnológicas.

Green European Journal
Esta entrevista ha sido publicada originalmente en el Green European Journal en inglés, en colaboración con la Fundación Heinrich Böll.

 


 


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