Opinión
Claro que esta huelga va contigo (salvo que seas rico)

Afrontar de manera conjunta la problemática existente sobre el acceso a la vivienda y la pronunciada merma de nuestro poder adquisitivo, resulta consecuente pues son dos caras de la misma moneda.

Trabajador y sindicalista de Correos

@MMurilloCorreos

3 nov 2026 10:45

La huelga general convocada para el 11 de noviembre, claro que va contigo. Al igual que el desborde social que hemos visto en las calles durante los últimos meses, surge como consecuencia de que el alza de los precios de la vivienda y los productos de primera necesidad, junto a la pronunciada depreciación de nuestros salarios, son en la actualidad los puñales que hacen que la clase trabajadora nos desangremos mes a mes.

Más allá de la intoxicación mediática, de las amenazas sin fundamento de la patronal y del oportunismo de algunos partidos y sindicatos, hablamos de una realidad objetiva e incuestionable. No podemos obviar los datos. El CIS refleja que más de un 55% de la población que reside en España considera la vivienda como el problema cardinal, al haber quedado probada constancia de que no estamos ante un derecho garantizado (como tantos otros que aparecen en la Constitución de 1978).

La especulación inmobiliaria, la turistificación de nuestros barrios y pueblos y la incapacidad institucional para dar cobertura a amplias masas de la población por la abrumadora falta de vivienda en manos públicas, resultan una combinación extremadamente peligrosa para la seguridad de las familias trabajadoras.

Los grandes capitalistas hace ya mucho tiempo que descubrieron que los mejores negocios se encuentran allí donde la mayoría trabajadora tenemos nuestras principales necesidades

Y es que la mano invisible del mercado (¡oh, sorpresa!) siempre acaba beneficiando a esa minoría de superricos que cada vez condensan más riqueza en sus ya rebosantes bolsillos. Los grandes capitalistas hace ya mucho tiempo que descubrieron que los mejores negocios se encuentran allí donde la mayoría trabajadora tenemos nuestras principales necesidades: el trabajo, la salud, la educación y sí, también la vivienda.

Para conseguirlo no les basta con su voluntad, sino que precisan de legislaciones y políticas favorables a sus ambiciones mercantiles. En el caso de la sanidad madrileña, el tándem Ayuso-Quirón lo ejemplifica perfectamente. Y lo mismo ocurre con el estrangulamiento de la Educación Pública ejecutado por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, para favorecer a las empresas privadas educativas, que ha desembocado en la convocatoria de una huelga indefinida que merece todo el apoyo social.

Ocurre exactamente lo mismo con el “derecho a techo”: gran parte de los partidos que componen el arco parlamentario cuentan con un porcentaje de rentistas en sus filas nada desdeñable. Hablamos de grandes tenedores que ponen el cazo a final de mes mientras especulan con las viviendas o nos expulsan de nuestros barrios para reconvertir esos hogares en pisos turísticos altamente lucrativos.

Al combinarse de forma acertada el problema habitacional con el empobrecimiento salarial de la clase trabajadora en España, la dimensión de esta huelga redobla su alcance

Por tanto, una huelga general por el derecho a la vivienda parece ser una respuesta completamente justa y proporcionada ante la extremada gravedad de la situación actual. Sin embargo, al combinarse de forma acertada el problema habitacional con el empobrecimiento salarial de la clase trabajadora en España, la dimensión de esta huelga redobla su alcance.

En primer lugar, porque rompe la idea que tanto alientan los sindicatos corporativos de que cada persona trabajadora debe preocuparse únicamente por los problemas que tiene dentro de su empresa. En la era de las multinacionales, la parcelación de la clase trabajadora nos debilita para ganar conflictos, nos enclaustra entre los muros de nuestro centro de trabajo y pone palos en las ruedas a la hora de reconocer nuestros intereses comunes y tejer lazos con el resto de plantillas. No hay mayor favor hacia quienes nos explotan y maltratan cada día, que alentar la división de los trabajadores a través de la idea reaccionaria de volver a una identificación por gremios propia de la Edad Media.

A menudo percibimos los problemas y penurias diarias como algo individual o que ocurre en nuestro entorno directo, cuando lo cierto es que estos males tienden a ser generales

Y en segundo lugar, por aportar una clara perspectiva social. A menudo percibimos los problemas y penurias diarias como algo individual o que ocurre en nuestro entorno directo, cuando lo cierto es que estos males tienden a ser generales.

No llegar a fin de mes, tener pánico al entrar al supermercado, temblar sabiendo que se acaba el periodo de vigencia del contrato de alquiler o derrumbarte tras mirar durante horas portales inmobiliarios con precios que no puedes pagar con tu salario precario, nos pasa todos los días a millones de personas, sin obviar que tiene un impacto más intenso sobre la clase trabajadora.

El empobrecimiento general que venimos padeciendo durante años es consecuencia, principalmente, del incremento constante de los precios, sin que los salarios hayan evolucionado a un ritmo, al menos parejo. Las subidas del SMI, de innegable importancia, no han servido, sin embargo, para impulsar hacia arriba los siguientes peldaños de la escala salarial.

Correos es uno de los ejemplos más claros y a la vez más duros de esta tendencia adversa. Desde el 2008 nuestros sueldos se han quedado casi un 25% por debajo del IPC, que si bien es la referencia más extendida para calcular el coste de la vida, tampoco refleja adecuadamente las necesidades reales de la mayoría trabajadora, sobre todo de las capas más precarizadas. Solo en lo que va de año, hemos perdido un 3.4% de capacidad adquisitiva, pues una inflación disparada al 4,9% ha multiplicado por más del triple, la subida del 1,5% firmada por CSIF, CCOO y UGT para el sector público en 2026.

Así pues, afrontar de manera conjunta la problemática existente sobre el acceso a la vivienda y la pronunciada merma de nuestro poder adquisitivo, resulta consecuente pues son dos caras de la misma moneda.

Con paso firme y mirada larga

Esta huelga pretende ir mucho más lejos de unos decretos de vivienda, de unas elecciones generales o reabrir las mesas de negociación salarial ante el aumento imparable de la inflación. Nos jugamos algo mucho más relevante: nuestra seguridad. Un concepto que, desde mi punto de vista, debemos disputar a quienes lo llenan de un contenido basado en aumentar los cuerpos represivos, militarizar nuestra economía o levantar muros.

Lo que en verdad genera seguridad para la mayoría del pueblo no son más antidisturbios en las calles apaleando a la gente que protesta por conquistar derechos o mejorar nuestros servicios públicos, sino disponer de salarios, prestaciones y pensiones que te permitan llegar a fin de mes con tranquilidad, saber que el gasto en vivienda no te arrebatará cualquier posibilidad de ahorro y medidas urgentes desde las instituciones públicas que pongan límite a la voracidad del mercado.

A la corta tenemos una huelga por ganar que condicione las políticas en favor de la mayoría trabajadora en materia de vivienda y salarios, gobierne quien gobierne. A la media, presionar por desplegar un gran plan de vivienda pública y social que sirva para arrebatar poder al mercado privado y permita el acceso a una casa a millones de personas. Y a la larga, construir un modelo social donde los derechos de la gente estén garantizados y nadie pueda volver a especular con nuestras vidas.

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