Crónica del Orgullo en Hungría tras el cambio de gobierno: “Nos hemos desecho de Orbán”

La capital magiar celebró su primer Orgullo tras la caída de presidente. Más de 10.000 personas se unieron a un evento golpeado por un calor inusual.
Pride Budapest 2026
La marcha durante su paso por el puente Erzsébet. Queralt Castillo Cerezuela
Budapest, Hungría.
28 jun 2026 12:05 | Actualizado: 28 jun 2026 13:31

No son ni las doce del mediodía en Budapest y aún quedan algunas horas hasta el inicio del Orgullo, pero algunos, algunas y algunes integrantes de Háattér Society, una de las principales organizaciones LGTBIQA+ en el país magiar, ya calientan motores. Los diferentes miembros preparan pancartas, pintan banderas, se pintan los unos a los otros y aprovechan para comer algo antes de la marcha. Lo hacen en unos espacios que les ha dejado el Jewish Community Center (JCC) de Budapest; el epicentro cultural de la comunidad judía húngara. En la entrada del edificio, una gran bandera de colores descansa al lado de una bandera de Israel y de otra de la Unión Europa. Un cartel recibe a los que entran: “Hate is not kosher”.

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El año pasado, por miedo a las represalias muchas personas trans no se atrevieron a ir a la marcha del Orgullo. Con el cambio reciente de gobierno, el país está empezando a cambiar. Foto cedida por Háattér.

El día se prevé largo: además de la marcha, hay conciertos preparados en el parque Vérmezö y también por la noche en el Budapest Park; el calor será abrasador —como en el resto de Europa, en Hungría se vive estos días una de las olas más intensas de la última década—, pero esto no impedirá que más de 10.000 personas salgan a la calle a celebrar; y no solo eso: a hacerlo sin miedo.

En marzo de 2025, el ahora ya ex primer ministro modificaba la Constitución del país con el objetivo de “prohibir las reuniones que promueva o exhiban el cambio de sexo de nacimiento o la homosexualidad”. Para ello, se modificó la Ley de Libertad de Reunión bajo el pretexto de cumplir con otra ley: la Ley de Protección Infantil, que a su vez había sido modificada por la Ley de Propaganda en 2021. Un conjunto de disposiciones legislativas que siempre tuvieron como meta la prohibición “de la exhibición y promoción de la homosexualidad y la diversidad de género”, algo que le costó al país multas por parte de Bruselas y la congelación de millones de euros en fondos.

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Este año, la ciudadanía húngara ha podido salir a celebrar el Orgullo sin miedo a las represalias. Queralt Castillo Cerezuela

Aún así, desafiando al autócrata, miles de personas salieron a la calle. Hace justo un año, decenas de delegaciones internacionales y personas del colectivo llegadas de toda Europa volaron hacia Budapest para apoyar al pueblo húngaro. “Definitivamente supone una diferencia importante que este año no hayan intentado restringir nuestros derechos humanos básicos ni nuestro derecho de reunión. Así que esa es una gran diferencia”, explica Hella Zsirka, directora operativa de Háattér preguntada por la diferencia entre el Orgullo de 2025 y este. “También el ánimo público es distinto ahora. Siento que la gente, nuestra comunidad, puede permitirse tener esperanza. La gente está esperanzada y liberada y creo que ese es el ánimo con el que la gente va al Orgullo”, prosigue.

Mucha tarea por delante

Aunque oficialmente las marchas del Orgullo comienzan a las tres, la gente, impaciente, empieza a llegar a la Ópera de Budapest, el punto de encuentro. Jóvenes ataviados con banderas de colores, looks pensados al milímetro y sonrisas de oreja a oreja. Este año hay carrozas, a diferencia de 2025; e incluso se pueden ver autobuses ataviados con banderas arcoíris. “Es la primera vez que lo hacemos, el año pasado estaba prohibido”, explica un trabajador de la empresa municipal pública de transportes. Ciertamente, la celebración del Orgullo de este año es especial: si bien la herencia del autócrata Víktor Orbán aún no ha desaparecido, el cambio de era ya se empieza a notar en la capital magiar, pero para las organizaciones, aún queda trabajo por delante. “La verdad es que, aunque ha habido un cambio de gobierno, la situación de las personas LGBTQI+ sigue siendo un tema para el antiguo partido gobernante, ahora en la oposición. Todavía piensan que representamos algún tipo de lobby de género”, asegura Zsirka, que aún así, se aferra a la esperanza del cambio de régimen.

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Jóvenes húngaros disfrutan de la puesta de sol en Budapest, unas horas antes del inicio del Orgullo. Queralt Castillo Cerezuela

El pasado 12 de abril, el partido de centroderecha Tisza-Partido Respeto y Libertad, fundado por Péter Magyar, hasta hace menos de dos años pupilo del propio Orbán, derrotaba a Fidesz y obtenía 138 de los 199 escaños del Parlamento húngaro. Tras 16 años consecutivos de autocracia, recortes de derechos, corrupción generalizada y hundimiento de la economía, el autócrata Orbán —admirado por un personaje del calibre de Donald Trump— era derrotado. Magyar, más cercano a las posiciones europeas —aunque de talante conservador—daba inicio, así, a una nueva etapa. Una nueva era, sin embargo, no exenta de retos. Orbán deja un gobierno corrupto y ciertos grupos sociales, como las minorías étnicas y los migrantes y demandantes de asilo, tocados de muerte. Estos, juntos con el colectivo LGTBIQA+ han estado en la diana del mandatario durante los últimos años de su mandato, caracterizados por la radicalización, el acercamiento a Trump y a Putin y un populismo desatado.

Ede Balogh: “Hay que restituir el derecho de reunión, o cambiar la ley que despojó a las personas trans e intersexuales del derecho a cambiar oficialmente su nombre. También la ley de propaganda, que el Parlamento Europeo ya calificó de antidemocrática”

La celebración del Orgullo coincide con una noticia de hace apenas unos días: la Fiscalía húngara ha retirado todos los cargos contra los organizadores de las marchas del Orgullo de Budapest y Pécs de 2025, con lo que se pone fin a una batalla legal que comenzó tras la represión gubernamental de 2025 sobre las manifestaciones públicas relacionadas con temas LGBTQI. De hecho, una de las personas que podrá respirar tranquila es Gergely Karácsony —del partido Párbeszéd—, actual alcalde de Budapest, quien el año pasado plantó cara al todopoderoso Orbán y trabajó de manera incansable para que, a pesar de la prohibición, el Orgullo se pudiera celebrar en la capital. Minutos antes de empezar la marcha se da un baño de masas: la gente le pide autógrafos y fotografías y él se deja querer: sabe que su postura frente a Orbán en relación a los derechos de las personas LGTBIQA+ le ha posicionado políticamente y le ha hecho ganar un buen puñado de adeptos.

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Gergely Karácsony , actual alcalde de Budapest, quien el año pasado plantó cara al todopoderoso Orbán y trabajó para que el Orgullo se pudiera celebrar en la capital. Queralt Castillo Cerezuela

Ede Balogh es una de las personas portavoces del Budapest Pride, organizadores del evento: “Hay que restituir el derecho de reunión, o cambiar la ley que despojó a las personas trans e intersexuales del derecho a cambiar oficialmente su nombre. Esto también hay que revertirlo. También la ley de propaganda, que el Parlamento Europeo ya calificó de antidemocrática. Se trata de demandas inmediatas que no hace falta discutir porque están al alcance de la mano de nuevo gobierno”, explica. En referencia a esto último es fácil de entender: el nuevo primer ministro Péter Magyar tiene mayoría absoluta en el Parlamento, así que puede deshacer todas estas normas que menciona Balogh sin consulta previa”. La lista de tareas pendientes respecto al colectivo, sin embargo, no terminan aquí, y Balogh exige la necesidad de aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo, el reconocimiento de las familias arcoíris, el enfoque de la educación sexual en las escuelas ola atención médica para personas intersexuales y transexuales, entre otros asuntos”. Concretamente, son 14 las demandas del colectivo, ya trasladadas oportunamente al nuevo Ejecutivo.

Alegría, presencia policial y veinte ultras con dos pancartas

A pesar de un calor abrumador, la gente que ha salido a la calle está contenta; más que eso. Regina Petrovszki lleva una pancarta: “La homofobia tiene cura: la educación”. La joven está feliz —aunque se muestra cauta— por “finalmente habernos desecho de Orbán”. Está contenta porque finalmente sus amigues no binarios y trans podrán cambiar sus nombres en los documentos oficiales. “También he oído que quizás se puedan casar, y eso me pone feliz; y he empezado a ver contenidos de temática LGTBIQA+ en Internet, así que significa que algo está empezando a cambiar. Hay menos censura”.

Zoé Palmira Varga tiene apenas 19 años y votó por primera vez en abril de este año, cuando Orbán perdió los comicios. Confiesa que es la primera vez que asiste al Orgullo, y que el año pasado no lo hizo porque tenía miedo a “que la cosa se pusiera fea”. Está contenta de ver a la gente “ser tan libre” y por el hecho de que “puedan ser ellos mismos”. La joven explica que tiene la sensación de que este año “todo el mundo está centrado en disfrutar; la gente no está centrada en la política”.

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Una veintena de neonazis muestran una pancarta en contra del colectivo. Cercados por la policía, no pudieron acceder a la marcha. Queralt Castillo Cerezuela

La manifestación avanza franqueada por decenas de ambulacias por uno de los puentes más icónicos e importantes, uno de los que conecta Buda con Pest a través del Danubio. Se trata del puente Erzsébet, que recibe su nombre por Isabel de Austria, o lo que es lo mismo: la emperatriz Sisí. Allí, una veintena de ultras han desplegado un par de pancartas contra los manifestantes. Cuando pasan, estos les miran y les silban. Quizás es la zona con más presencia policial, pero los ultras están encapsulados, con lo cual el contacto con las personas de la marcha resulta improbable.

Cuando a Ede Balogh se le pregunta porqué cree que Orbán puso en la diana a la comunidad LGTBIQA+, mira hacia Rusia: “el objetivo era convertir a un grupo de personas en el enemigo, crear un ‘ellos’ y un ‘nosotros’. Cuando haces esto, puedes achacarles todo lo que va mal a ‘los otros’. Puedes simplemente culpar a un pequeño grupo de personas, una minoría que no está en condición de defenderse, habitualmente”, cuenta.

A diferencia de lo que ocurre con la minoría gitana, por ejemplo, el colectivo LGTBIQA+ sí goza de una aceptación generalizada entre la sociedad húngara

Sin embargo, y a pesar del contínuo señalamiento y hostigamiento, el colectivo se ha mantenido fuerte. Lo ha hecho a través de las organizaciones, el apoyo internacional de otros pares europeos y el tesón de los miembros del colectivo. A diferencia de lo que ocurre con la minoría gitana, por ejemplo, el colectivo LGTBIQA+ sí goza de una aceptación generalizada entre la sociedad húngara. “En una encuesta de hace algunas semanas se concluía que el 68% de los húngaros quiere y apoya el matrimonio igualitario, se trata de la cifra más alta de la historia. Por otra parte, el 72% de la gente en Hungría piensa que las personas transgénero deberían poder cambiar su género y nombre en sus documentos sin ningún tipo de restricción por parte del gobierno. Así que la sociedad húngara, o la mayoría de la sociedad húngara, está totalmente preparada para esto”. Quien habla es Aaron Demeter, de Amnistía Internacional (AI).

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La marcha termina con conciertos y parlamentos de diferentes personas del colectivo. Queralt Castillo Cerezuela

“El umbral es tan bajo que básicamente cualquier cosa es mejor que lo que teníamos antes. Pero si realmente el gobierno quiere que Hungría sea un lugar donde todas las personas son iguales, entonces deberán llevar a cabo varios cambios”, dice. “Péter Magyar, tuvo bastante miedo durante el período de campaña de hablar sobre el colectivo, porque creo que sentía que si mencionaba a las personas LGBTQ+ iba a alejar a algunos de sus votantes potenciales. Pero si miras los números, está claro que Hungría está lista para esto. Lo único que se necesita es que los políticos cambien las leyes. Que lo digan no significa que lo vayan a hacer, pero espero que ahora tengamos una oportunidad para que esto pueda suceder”. Con la mirada puesta en los próximos pasos del nuevo Ejecutivo húngaro, el sentir generalizado del colectivo y las organizaciones es que hay que continuar trabajando para recuperar los derechos que les fueron arrebatados, algo que Péter Magyar tiene al alcance de su mano por la mayoría que ostenta en el Parlamento. Habrá que esperar a los próximos meses para ver qué dirección toma este nuevo gobierno y si quiere y está dispuesto realmente a salir de la sombra del hasta hace poco todopoderoso Orbán.

Hungría
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Tras la prohibición de la celebración del Orgullo en el país por parte de Orbán, las organizaciones han continuado trabajando para resistir la embestida del ultraconservador, que ha cogido al colectivo como chivo expiatorio.
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