El vicepresidente estadounidense J.D. Vance muestra su apoyo a Orbán a pocos días de las elecciones en Hungría

La visita de J.D. Vance al país magiar se produce a tan solo cuatro días de unas elecciones en las que Orbán, que lleva 16 años al frente de Hungría, podría perder el poder.
Orban Vance Visita Hungría
El primer ministro húngaro Viktor Orbán (izquierda) y el vicepresidente estadounidense JD Vance.

A pesar de estar la situación revuelta en Estados Unidos, con un alto el fuego recién firmado entre su administración y el gobierno iraní, J. D. Vance, vicepresidente estadounidense, viajó ayer martes 7 de abril a Hungría —donde se celebran comicios este próximo domingo 12 de abril— para mostrar su apoyo a la candidatura de Viktor Orbán, que se enfrenta a Péter Magyar (Tisza), un diciente de Fidesz que, según las encuestas, le podría arrebatar la presidencia del país.

La visita de J.D. Vance tuvo como epicentro un mítin electoral al que acudieron unos 1.000 simpatizantes. “Tenemos que conseguir que Viktor Orbán sea reelegido primer ministro de Hungría”, dijo el vicepresidente estadounidense.

Unas elecciones importantes para Europa y para Estados Unidos

Con cinco mandatos a sus espaldas (desde 2010), Orbán —también muy próximo al Kremlin— es actualmente el único aliado fiel a un Donald Trump que cada vez despierta menos simpatías entre los socios europeos. Desde las desavenencias en el marco de la Alianza Atlántica pasando por el juego de los aranceles o las amenazas de invasión a Groenlandia, lo cierto es que el habitante de la Casa Blanca no goza de demasiada popularidad en suelo europeo. En este mar de desafección, el régimen húngaro, escorado hacia la extrema derecha, le continúa riendo las gracias al magnate.

El Parlamento Europeo califica Hungría como una “autocracia liberal”. Orbán es el líder más “problemático” de los Veintisiete

Tampoco Orbán despierta demasiadas simpatías —por no decir ninguna— entre los Veintisiete tras haber arremetido continuamente contra el modelo europeo y haber tensado el modelo democrático hasta el punto de que el Parlamento Europeo lo considere al país como una “autocracia liberal”. Por todo ello, estas elecciones son importantes no solo para Europa, sino también para Trump, que ve en Hungría, además de su principal socio en este rincón del globo, la piedra angular de su visión del mundo en Europa, basado en pilares como la lucha contra la migración.

El actual encuentro, que ha durado dos días, viene precedido de la visita del Secretario de Estado Marco Rubio durante el pasado mes de febrero. Puede que los esfuerzos por apoyar a Orbán por parte de la administración estadounidense tengan su origen en que, por primera vez en 16 años, el ultraconservador se enfrenta a un rival que lo puede destronar. Magyar, un disidente del propio partido de Orbán, Fidesz, ha encontrado la manera para colocarse primero en las encuestas, con una ventaja de hasta 10 puntos. La victoria de Magyar supondría un alivio para Europa, puesto que se desharía de su líder más problemático.

A lo largo de estos dieciséis años al frente de Hungría, Víktor Orbán ha debilitado las instituciones democráticas, ha erosionando la libertad de prensa y otras libertades, como las del colectivo LGTBQ+ y ha socavado el Estado de derecho. La inflación y el estancamiento económico también están detrás del deterioro de su imagen como líder.

Una campaña agresiva, con acusaciones de espionaje y sabotaje

La campaña electoral, que estos días toca a su fin, ha estado plagada de polémicas que van desde acusaciones de espionaje a señalamientos por sabotaje. A lo largo de estas últimas semanas, se ha sabido que el ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, habría estado pasando, presuntamente, información confidencial de la Unión Europea a Moscú, concretamente a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov. En caso de confirmarse este supuesto trasvase de información, se podría acusar a Szijjártó de traición.

El caso fue destapado por el periodista de investigación Szabolcs Panyi, quien ahora se enfrenta a cargos de espionaje y a quien se acusa de trabajar para los servicios secretos de Ucrania. El periodista, por su parte, niega haber cometido delito alguno y asegura haber estado trabajando en este tema desde 2023.

Otro de los temas polémicos de estos días en el país magiar ha sido la acusación, por parte de Orbán, al gobierno ucraniano de haber colocado explosivos cerca de un gasoducto que abastece a Hungría en la frontera con Serbia. Kiev ha negado tales acusaciones y el y asegura que se trata de una operación de falsa bandera que tiene que ver con la injerencia rusa en las elecciones húngaras. También Peter Magyar ha puesto en duda la versión oficialista. Tanto Serbia como Hungría, que tienen unas relaciones sólidas con Rusia, dependen del gas ruso y son los grandes aliados de Putin en suelo europeo.

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