Un fiel retrato de Capitalista
Todo aumenta de precio aquí, allá y acullá,
la gasolina, la comida en el supermarcado
y también en la carnicería y la panadería.
¡Cómo infla la inflación el bolsillo
del bárbaro caníbal que la provoca!
Aunque ahora nos cuenten que la guerra
causa la crisis, debido a la crisis de la crisis,
pero la canasta familiar aumentaba ya
medio año antes de ir a vender armas
y munición. ¡Vaya que acertada previsión!
Algunos creen haberse escapado de
La Sociedad De La Nieve y no dudan,
en comerse al vecino y su hija, al yuntero
y su madre del áureo apetito que padecen tan,
pero tan profundo, que gualdos enloquecen.
Como el Rey Midas desean ser, así les vaya
en ello el aliento. Qué pena da ese pobre ser,
si no fuera que, por él, mueren gentes buenas
que no aspiran más que leer alegres cuentos
a sus párvulos y a compartir el sol y su pan.
Muchos, antes de morir agotados y deseosos
de descansar, quieren saber por qué los niños
africanos no conocen el chocolate si sus padres
producen cacao como los aceituneros de Jaén
hacen crecer los olivares y no saben su aceite.
Qué desperdicio de vida eso de robar al prójimo,
planear la ruina ajena, hacer del individuo
un votante y, de cada persona, un consumidor
numerado y controlado y todo por una biografía,
una foto en el diario y luego, siempre, los gusanos.
Ramón Haniotis