No han cambiado de propietario los bancos
industrias ni tierras en esta libertad controlada
que depositó el dictador en manos del usurpador
para ordenar una sociedad dirigida a consumir.
Hoy podríamos crear responder y ser iguales
ante nosotros y sin embargo elegimos olvidar
aquellas brillantes pioneras que abrieron sendas
en campos recuperados y en sesos fosilizados.
No cambió la rudeza de manos de las abuelas
ni descendencia como tampoco desapareció
el opresor que hoy es el inciso M del artículo tal
ni se fue el desprecio del señorito y su lameculos.
Aquellas mujeres fueron ultimadas por ser “personas
de ideas muy avanzadas” y construir lo que hoy es
natural al votar y estudiar o fueron asesinada por dar
pan a quien lo necesitaba en su derrota callada.
Aquellas abuelas levantaron sus cantos y amores
sin límite por el pueblo llano y su amado al margen
de leyes de bribones y de credos ahora superados
y vomitarán al verte junto al patrón y oírte dar voxes.
Las abuelas preguntarían si tú como Pilar P. de Rivera
crees que las mujeres no tienen el talento dado por Dios
a los varones y entonces las madres hermanas hijas
y esposas están condenadas a guisar obedecer y lavar.
Fueron castigadas por florecer precoces y dirigir
aldeas o ministerios y sus jueces las denominaban
“el acusado” para que al ser fusiladas ya no fuesen
valientes mujeres de aquellas que espantan caudillos.
Ramón Haniotis