La tensión en el golfo Pérsico se intensifica tras el ataque a la refinería de South Pars

Tras el asesinato de tres funcionarios de alto rango y el ataque a South Pars, uno de los pilares de la economía del país, Irán ha intensificado la ofensiva contra los intereses estadounidenses en la región.
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Ataque drones iraní contra intereses norteamericanos.
19 mar 2026 00:01

En el contexto de la intensificación de los bombardeos por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán, este último confirmaba durante la tarde de ayer miércoles la muerte de Ismail Khatib, ministro de Inteligencia iraní. En el ataque a Kathib también murieron otros altos cargos vinculados al Ministerio citado. Esta muerte se suma a las de dos puntales del régimen: el mando más alto en materia de seguridad, Ali Larijani —un asesinato condenado por Rusia—; y el comandante de la fuerza Basij, Gholamreza Soleimani. A lo largo del día de ayer, centenares de personas salieron a las calles de Teherán para lamentar estas muertes.

Ismail Khatib
Ismail Khatib, ministro de Inteligencia iraní . Foto: Khamenei.ir, CC BY 4.0. CC BY-NC

Abbas Araghchi, ministro de Asuntos Exteriores de Irán, ha asegurado en las últimas horas que a pesar de estos asesinatos —de hecho, prácticamente toda la línea de liderazgo iraní ha sido decapitada—, su país no cederá. Como respuesta, los iraníes han continuado atacando Tel Aviv —donde en las últimas horas han muerto un par de personas— y han continuado lanzando misiles contra los intereses estadounidenses en los países del golfo Pérsico. Durante la última hora de la tarde de ayer, también el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, advirtió que Israel pagaría un alto precio por el asesinato de los tres funcinarios de alto nivel del régimen.

El ataque a South Pars y la amenaza de Irán a los paíse del golfo Pérsico

Tampoco Israel se ha quedado de brazos cruzados: los ataques israelíes se han intensificado no solo en Irán —donde se ha puesto en la diana la refinería de South Pars, donde se encuentran las mayores reservas de gas natural del mundo— sino también en Líbano, donde han sido asesinadas una veintena de personas —civiles en zonas residenciales—; hay centenares de heridos. South Pars es el pilar fundamental del suministro energético en Irán —proporciona alrededor del 70% del gas natural doméstico—; según medios oficiales iraníes, el incendio provocado por el ataque fue controlado de manera inmediata. A este respecto y a modo de represalia, durante la primera hora de la tarde de ayer miércoles, Irán advirtió a la población del Golfo de abandonar zonas cercanas a cinco instalaciones petroleras concretas en Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos (EAU); “serán golpeadas en las próximas horas”, advirtieron los iraníes. Qatar, que comparte las instalaciones de South Pars con Irán, condenó el ataque; también lo hizo Omán.

La amenaza de Irán se cumplió y ayer mismo por la tarde, a última hora, el Ministerio de Defensa de Qatar aseguró que los iraníes habían atacado la Ciudad Industrial de Ras Laffan, donde a causa del lanzamiento de un misil se produjo un incendio, también controlado al poco rato. El citado ministerio calificó este ataca como una “violación de la soberanía del Estado, así como una amenaza directa a su seguridad nacional”.

Para intentar reconducir la situación, Riad ha convocado a los ministros de Asuntos Exteriores del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y de otros países árabes para ver cómo proceder si Irán continúa atacando los intereses estadounidenses en sus países. También para intentar reconducir la situación, y según Mark Rutte, secretario general de la OTAN, la Alianza estaría debatiendo la manera para forzar la apertura del estrecho de Ormuz, bloqueado por los iraníes como medida de castigo por el ataque de la dupla israelo-estadounidense. Esto se produce después de que Donald Trump venga quejándose desde hace días por la falta de “entusiasmo” y de “colaboración” de los aliados atlánticos a participar de esta agresión.

La dimisión del director del Centro Nacional Antiterrorista, un jarro de agua fría para la administración Trump

A pesar de actuar juntos, Trump y Netanyahu tienen diferentes objetivos en Irán. Para Estados Unidos, ahora mismo su prioridad es estabilizar el mercado petrolero a nivel mundial mediante la reapertura de Ormuz; mientras que para Israel la prioridad consiste en seguir descabezando a la cúpula iraní, tal y como ha repetido Benjamin Netanyahu en diferentes ocasiones. A los segundos les interesa una guerra de desgaste que acabe con el régimen; mientras que los primeros ya están empezando a notar las consecuencias de una guerra impopular en el ámbito doméstico y que, de momento, no está saliendo como esperaban. A pesar de estas diferencias con Tel Aviv, el habitante de la Casa Blanca ha repetido por activa y por pasiva que será él quien “marque” el ritmo de la guerra y quien “decida” cuándo termina.

Tras veinte días de agresión hacia Irán y ante pocas perspectivas de un fin de la violencia a corto plazo, Trump necesita justificar la decisión de acompañar a Israel en esta empresa. Si hace unos días salían a la luz las diferencias políticas respeto a esta guerra con JD Vance, su vicepresidente —quien antes de la agresión se mostraba ‘escéptico’ acerca de las intervenciones de Estados Unidos en el extranjero—, ahora la fractura se ha dejado mostrar en forma de dimisión, concretamente la del director del Centro Nacional Antiterrorista, Joe Kent, el pasado martes 17 de marzo.

Ayer mismo, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional, reconocía que, a pesar de que estaba “muy debilitado”, el régimen iraní “parece estar intacto”

Kent, el primer alto funcionario que dimite por esta guerra, se mostró contrario a la agresión y dejó que claro que Irán no representaba “ninguna amenaza inminente” para Estados Unidos. “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán. Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y es evidente que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”, se puede leer en el texto que le entregó al presidente para presentar su dimisión. En la carta arremetía contra el lobby israelí en Estados Unidos y lo acusaba de “manipular” información con el objetivo de arrastrar a Estados Unidos a la guerra contra Irán.

Para contener el incendio de esta baja, el mandatario estadounidense se apresuró a decir que, a pesar de “ser un buen tipo”, Kent era “débil en materia de seguridad”. También Karoline Leavitt, Secretaria de prensa de la Casa Blanca, salió a apagar el fuego con un comunicado en el que acusaba a Kent de “ridículo”.

Estando ya de pleno en la tercera semana de guerra —y con argumentos sobre los motivos de la agresión que varían de hora en hora—, Estados Unidos no sabe hacia dónde ir. Ayer mismo, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional, reconocía que, a pesar de que estaba “muy debilitado”, el régimen iraní “parece estar intacto”. En la misma sesión —la primera comparecencia en la que los altos funcionarios de la Adminsitracion Trump rinden cuentas sobre la guerra contra Irán— también intervinieron el director de la CIA, John Ratcliffe, y el director del FBI, Kash Patel. 

Por su parte, tanto Israel, como Irán y los países del Golfo mantiene una política de censura total sobre el alcance que está teniendo esta guerra. En Irán persiste el bloqueo de Internet; y tanto en el país persa como en los países del golfo Pérsico se está deteniendo a población que graba y envía vídeos sobre los ataques, todo en aras de la “seguridad nacional”. En las últimas horas, Irán ha incautado unas 350 terminales de internet satelital de Starlink que se pretendían introducir en el país. En Israel, los periodistas tanto israelíes como extranjeros, también están siendo víctimas de la censura por parte del Gobierno, tal y como destacan algunos medios críticos con el Ejecutivo de Netanyahu. Ante este panorama, resulta complicado hacerse una idea del impacto real que está teniendo la guerra en los países involucrados, que han decidido poner coto a la circulación de información para no perder el relato de la batalla.
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