Meir Margalit, historiador israelí: “Si seguimos en este camino, en diez años Israel va a sucumbir"

El investigador analiza las elecciones del pasado 27 de octubre y traza una radiografía sobre la sociedad israelí contemporánea en su último libro publicado en España: ‘El delirio de Israel’.
Meir Margalit
El historiador israelí Meir Margalit. Foto cedida por la editorial Catarata.

Meir Margalit (Argentina, 1952) es doctor en Historia Israelí Contemporánea por la Universidad de Haifa. Hace 55 años que vive en Israel, donde ha desarrollado su trayectoria como académico y político. Fue concejal de Jerusalén con el partido pacifista Meretz hasta 2014 y es cofundador de la organización de derechos humanos Israeli Committee Against House Demolition (Icadhd).

Considerado uno de los mayores expertos en el conflicto árabo-israelí, en España su último libro publicado es El delirio de Israel(Catarata, 2025). Anteriormente publicó El eclipse de la sociedad israelí(Catarata, 2024). En ambos libros aborda en qué punto se encuentra actualmente la sociedad israelí, la que define como “corrompida” y “encerrada en sí misma”. El historiador habla de la “irrupción de un salvajismo incontrolable” que ha emergido “por inercia” y sobre su legitimación “por una larga historia de victimización que, amparada en el Holocausto, justifica toda la barbarie”.

Asegura que la actual política israelí solo se mueve alrededor de la “venganza” nacida de la “herida narcisista de los 70” y del “trauma del 7 de octubre”. “Lo que está en juego no es la derrota de Hamás, ni la eventual creación de un Estado palestino, ni sus fronteras, sino la propia existencia, el derecho a la vida”; escribe; siempre con el miedo de que sus palabras sean distorsionadas por elementos antisemitas.

Consciente del aislamiento del país en el que vive, ahora su mayor preocupación es convencer a sus hijos para que se marchen de Israel

Pacifista convencido, lamenta que no haya espacio para llegar a acuerdos y/o compromisos, que la posibilidad de la coexistencia haya dejado de existir tras convertir a la población palestina en “nadie”. Margalit habla claro: “La intención nunca fue vencer, sino exterminar”. Consciente del aislamiento del país en el que vive, ahora su mayor preocupación, como él mismo reconoce, es convencer a sus hijos para que se marchen de Israel. “Israel ha decidido salir del orden de la civilización para entrar de lleno en el marco de la impunidad. Ha dejado de ser parte integral de la comunidad internacional. Es un país que no acepta límites, no solo impide las normas sino que erosiona la idea de civilización, mina los cimientos del orden internacional”. El historiador no tiene una receta para acabar con la situación actual, pero sí tiene algo claro: “La única manera de desactivar el conflicto de fondo es transformar las condiciones que lo alimentan”.

¿Qué tal está?
Con ánimo bajo. Quizás la palabra sería frustrado. Teníamos la esperanza de que hubiese un cambio. Sabíamos que el bloque anti Netanyahu iba a quedarse a una distancia muy corta, pero teníamos la esperanza de que fuese suficiente para formar gobierno. Esperábamos un cambio sustancial. La sensación con la que nos levantamos al día siguiente de las elecciones es que este país necesita ser internado en un hospital psiquiátrico. No puede ser que después de todos los daños que ha causado Netanyahu a este país todavía la gente lo siga votando. Él es el responsable de la tragedia más grande que ha tenido Israel en su historia y todavía la mitad del país lo sigue votando.

Los partidos árabes han subido en forma importante, pero todavía ambos bloques sostienen que no quieren formar gobierno junto con los árabes. En cualquier lugar del mundo eso se llama racismo, es claramente una postura racista. Esto en Europa, en un país democrático, no podría existir. No puede ser que los políticos boicoteen el voto del 20% de la población. Desde cualquier punto de vista, la sensación es de que este país está perdido y que ahora tendremos que enfrentar nuevos desafíos.

Lo que más miedo me da es que Netanyahu cumpla con su promesa y en los próximos días, tras las elecciones de medio mandato de Estados Unidos, lleve a cabo un nuevo ataque contra Irán. Eso es lo que yo preveo para las próximas semanas.

Gadi Eisenkot, que lidera el bloque anti Netanyahu tiene una postura firme respecto a no pactar con las listas árabes, entonces.
Sí. Él sabía que si en medio de la campaña electoral decía que estaba dispuesto a pactar con los árabes, le hubiera costado unos cuantos escaños. Eisenkot es una persona pragmática y él estaría dispuesto a pactar con los árabes, pero los socios en el bloque particularmente Lieberman y Bennett, bajo ningún concepto estarían dispuestos a pactar. De modo que esto no ocurrirá. Este es el mejor ejemplo de que nos hemos convertido en un país racista.

Entonces, ¿qué opciones quedan para formar gobierno? Si ningún bloque quiere pactar con las listas árabes y Eisenkot y Netanyahu tampoco están dispuestos a formar un gobierno de unidad… ¿Va Israel hacia otras elecciones?
El bloque de Eisenkot podría llegar a formar gobierno con el apoyo de los partidos árabes, pero sin entrar en la coalición. Sin embargo, un apoyo de esta índole significaría que al poco tiempo el gobierno caería, porque cuando los árabes exijan, por ejemplo, acabar con los pogromos en Cisjordania, Israel no va a ser capaz de hacerlo. O cuando exijan la entrada de fuerzas internacionales y ayuda humanitaria en Gaza. De todas formas, la posibilidad de que haya otra convocatoria electoral es mayor que la posibilidad de que haya un gobierno de coalición nacional entre Netanyahu y Eisenkot. Y ahí entra de nuevo el tema del ataque a Irán. Antes de que se lleven a cabo unas nuevas elecciones, Netanyahu va a atacar a Irán para conseguir los cuatro o cinco escaños que le faltan para tener mayoría en el gobierno. Así que el tema iraní es el que más miedo me da.

Ese fue uno de sus temas de campaña: “acabar el trabajo empezado”; también tras conocerse los primeros resultados durante la noche electoral hizo referencia al tema durante su alocución. ¿Cuál es el relato ahora mismo en Israel respecto a la guerra contra Teherán?
La mitad del país considera que se trata de una guerra que hemos ganado. Y yo le pregunto, a la mitad del país: si ya hemos ganado, ¿para qué necesitamos seguir combatiendo? Ahí es cuando la gente empieza a tartamudear. Lo que está claro es que Netanyahu necesita un triunfo colosal para poder mejorar su imagen de cara a la historia; eso es lo que le preocupa más que nada hoy por hoy. Esta guerra, también propulsada por Donald Trump, nace de una necesidad psicológica y mental de Netanyahu de poder mejorar su imagen de cara a la historia. Él quería ser un Ben Gurión y al final lo asocian con Golda Meir, la responsable del fiasco de la guerra de Yom Kipur en el 73. Él no quiere estar en la misma línea de Golda Meir y para eso necesita una victoria colosal.

En una entrevista con la revista Time antes de las elecciones, Gadi Eisenkot comentó que él estaba dispuesto, en el caso de Gaza, a aceptar los 20 puntos del plan de Trump. Uno de esos puntos apunta hacia un hipotético reconocimiento del Estado palestino. ¿Cuál es la postura de Eisenkot sobre la cuestión palestina, la expansión de los asentamientos y toda la violencia contra ellos?
La gente tiende a pensar que aquí la discusión es entre derechas e izquierdas. Eisenkot no es izquierda, es derecha igual que Netanyahu, quizás un poco más moderada; pero en todo lo que respecta al tema palestino, no hay diferencias entre la agenda de Netanyahu y la de Eisenkot. Puede ser que sea menos violento, pero no hay ninguna esperanza en que diga, “negociaré con la Autoridad Palestina la posibilidad de crear un estado palestino futuro y acabar de esta manera con el conflicto árabe israelí”.

Ahora estamos en el lado extremadamente derechista del péndulo y probablemente en el futuro la dirección del péndulo cambie a la izquierda

En su libro lo menciona: “En Israel no hay izquierda”. ¿Puede esto cambiar a medio plazo? Usted viene del movimiento pacifista. ¿Hay margen para un cambio de la posición de la sociedad israelí respecto a la cuestión palestina?
Los resultados de las elecciones han demostrado que no, ni a corto plazo, ni a medio plazo. Quizás a largo plazo… Como historiador, creo que la historia se mueve como un péndulo. Ahora estamos en el lado extremadamente derechista del péndulo y probablemente en el futuro la dirección del péndulo cambie a la izquierda, pero no estamos hablando ni de término corto ni siquiera de término medio. Para poder llegar a renacer, la izquierda necesita un líder; y ahora mismo no existe un líder que pueda aglutinar a estos grupos, sino más bien al contrario.

Israel está, hoy por hoy, bastante aislado, si bien cuenta con el apoyo de Estados Unidos. Usted habla en su libro de una sociedad también encerrada en sí misma. ¿Qué implicaciones tendría para el país seguir en esta línea?
Sí, efectivamente es un país paria, aislado. La respuesta a esta pregunta depende de lo que pase en Estado Unidos dentro de dos años. Si llegara a gobernar un presidente demócrata, podría darse un cambio acá. Si esto no llegara a suceder… Pues el mundo reconocería que somos un régimen de apartheid. Probablemente no pase lo que le pasó a Sudáfrica, que tuvo unas sanciones de tal magnitud que la gente reflexionó. Esto acá no va a pasar, no va a surgir de Israel. Solo habrá un cambio si el mundo empieza a aplicar sanciones reales, no sanciones teóricas. Solo entonces la ciudadanía empezará a darse cuenta.

Primero empecemos con que no nos dejen cantar en Eurovisión, después que no nos dejen jugar en la Liga Europea de basket. Y después seguiremos con anular el tratado de libre comercio entre Europa e Israel. Esas cosas pueden llegar a influir, pero va a llevar tiempo.

“Israel está enterrado en las arenas de Gaza”, escribe en su libro, donde también asegura que la sociedad israelí está corrompida en un país donde “la guerra se ha convertido en pasión”. Escribe sobre “la herida narcisista de los 70 y el trauma del 7 de octubre”, el más reciente. ¿Cómo es vivir en una sociedad tan adoctrinada y tan segura de unas ideas que van en contra del derecho a la vida?
Una de las cosas que más me preocupa últimamente es saber cómo convencer a mis hijos de que abandonen este país. Con esto lo resumo todo. No es un país donde se pueda vivir, no es un país donde criar hijos y nietos. El gobierno nos promete una guerra infinita contra Gaza, contra Siria y contra todo el mundo. No es un país en el cual se pueda formar una familia. No es el país que yo conocí cuando llegué hace ya 55 años. Nada que ver. No es el país con el que soñaron los profetas de Israel.

También escribe usted que la sociedad israelí está al borde de un cisma nacional, y que esa es la mayor amenaza para el estado de Israel. La desfiguración del tejido social podría llevar a ver algún tipo de revuelta? A la vista de los resultados electorales, imagino que no.
De hoy para mañana no, pero estamos yendo por un camino que nos llevará indefectiblemente a un cisma, probablemente dentro de una generación. Yo lo veo con mis alumnos ortodoxos, que cada día están más enojados con el gobierno porque quiere supuestamente enrolarlos en el ejército, cosa que para ellos es imposible. También lo veo en mis estudiantes derechistas. Cada vez tenemos menos denominador común para mantener a este pueblo unido a lo largo del tiempo.

En ese día a día en Israel quería preguntarle por el lenguaje y el espacio público, que se ha convertido en “un escenario saturado por la presencia visual y emocional de la muerte”. Hay pegatinas con fotografías de soldados por todos los sitios, cuenta en su libro. ¿Cómo se ha transformado el espacio público y el lenguaje desde el 7 de octubre?
Cuando me llamaste me encontraba en una estación de servicio. El surtidor estaba repleto de fotos de soldados que cayeron, que murieron durante la guerra y que te miran fijamente. Te cuestionan. Te miran desde la foto y te preguntan: “¿Qué estás contando tú de las elecciones, de verdad crees que es posible la paz con los árabes?”. Estamos constantemente dialogando con estas fotos y a veces siento que les debo una respuesta; que me debo también a mí mismo una respuesta. ¿Cuánto tiempo más puedo seguir creyendo en la paz cuando acá la realidad no hace más que demostrarme que soy un soñador, que soy un Don Quijote. En la realidad cotidiana habito un lenguaje y un espacio público que me resulta ajeno.

El pasado 7 de octubre, hace unas semanas, entré a clase y no pude evitar hacer un comentario sobre los tres años del ataque y el asesinato de 1250 personas. Como profesor, no podía pasarlo por alto. Pues una de mis estudiantes se levantó y dijo: “Profesor, quiero que sepa que para nosotros, como judíos religiosos, todo es para bien”. Me quedé con la boca abierta. “Dios organizó este ataque, pero estamos seguros de que Dios tiene buena intención y que todo esto será para bien”, dijo. Este es un ejemplo contundente de la diferencia que hay entre nuestra forma de pensar y la forma de pensar del israelí que es capaz de justificar una tragedia de esta magnitud inspirándose en conceptos teológicos, místicos. Cada vez hablo menos en el idioma de la gente que me rodea.

Ambos bandos piensan que en el otro lado no hay inocentes

Usted es un pacifista convencido, pero reconoce en el libro que tras el 7 de octubre de 2023 ese convencimiento se tambaleó.
Sí, lo reconozco. El trauma fue tan profundo que me tiró hacia el otro ángulo. Tuve que volver a recrearme para poder entender que, efectivamente, la realidad ha demostrado el fracaso de este programa, pero la idea de dos Estados para dos naciones sigue siendo la idea más sensata para esta región.

“Israel se parece a Hamás más que nunca”, escribe; y usa un verbo para hablar de ello: la hamastización. ¿Son comparables, teniendo en cuenta que Israel es uno de los Estados más poderosos del mundo?
Quitando las diferencias tecnológicas y económicas y de poder, a nivel conceptual, estamos en el mismo nivel. Ellos quieren exterminarnos a nosotros y nosotros a ellos. Ambos bandos piensan que en el otro lado no hay inocentes. Así que sí, este proceso es comparable, salvando las diferencias de poder y otras distancias.

El otro día leí a un compañero que decía que el pueblo israelí tiene más confianza en el estamento militar que en la clase política. ¿A qué se debe esa devoción por el ejército?
Hace unos días, Netanyahu quiso emprender un ataque contra Irán y fue el general en jefe del ejército quien lo detuvo. Hay una clara distinción entre los intereses del gobierno y los de Netanyahu. Con eso no quiero decir que el ejército sea pacifista, pero conoce sus limitaciones y sabía que esto hubiera podido terminar mal. La devoción es fácil de entender: este país nace en 1948 e inmediatamente es atacado por fuerzas árabes limítrofes. Los que salvan al país son los militares. Muchos de ellos se pasaron a la política, como Sharon o Rabin. Cuando entraron a la política formaron una red extensa en el ámbito de la Administración y lograron dominar el país. En este país no hace falta una revuelta militar porque los militares dominan la Administración pública, la política, la economía y obviamente también el servicio militar. Hoy no hay gran divergencia entre el nivel militar y el político; salvo Eyal Zamir [actual jefe del Estado Mayor de las IDF], el resto de la cúpula militar es ultraderechista. De hecho, Zamir será el último general en jefe que no lleva kipá; o sea, que no viene de los marcos de la extrema derecha religiosa. De ahora en adelante serán discípulos de los rabinos de extrema derecha.

La gente laica, liberal, inteligente y normal dejará este país porque es imposible vivir acá. Quedará la derecha religiosa 

Ante este panorama usted distingue entre el judaísmo en la diáspora y el israelismo y habla de una división. ¿Cómo van a convivir estas dos identidades?
Se trata de un proceso que también puede llevar unas generaciones. Si ya hablábamos del cisma interno, hay que hablar también del cisma que se va a producir entre el judaísmo y el israelismo. ¿Cómo van a convivir? No van a convivir; al contrario: van a competir. Si hay algún futuro para el judaísmo de raíz, no está en Israel, sino en la diáspora. No va a quedar ni una lengua en común. Probablemente se coincida en el festejo de alguna festividad como la Pascua o el Día del Perdón (Yom Kipur), pero las diferencias serán tan profundas que es probable que no haya manera de festejarlas conjuntamente. En la ortodoxia religiosa, Israel ya niega el judaísmo reformista de los Estados Unidos, que es el judaísmo mayoritario.

Este cisma entre la ortodoxia y el reformismo diaspórico se va a extender hasta tal punto que tendremos que hablar de un judaísmo que va a florecer y un israelismo que lamentablemente cada vez tendrá menos de judaico. Este tema ya lo abordó Martin Buber en 1948. Él dijo que el triunfo del sionismo iba a traer el fracaso del judaísmo y mira cuánta razón ha tenido. ¿A qué nivel hemos llegado para que estos matones en Cisjordania roben el aceite de los aldeanos palestinos? Hay un rabino que dice que, de acuerdo con la ley judaica, está permitido robarles, porque eso es parte del proceso de reconquistar la tierra de Israel. Si hemos llegado a una situación en la cual un rabino puede decir una barbaridad de esta índole, esto quiere decir que de judaísmo no nos queda nada.

¿Cómo ve a Israel en diez o veinte años y cómo le gustaría verlo?
Me gustaría ver un país donde palestinos e israelíes puedan convivir en dos Estados separados, pero en una relación de federación o confederación incluyendo a Jordania. Eso es lo que me gustaría y en esa dirección estoy combatiendo. Pero si seguimos en este camino, en diez años este país va a sucumbir. Estamos en una pendiente que conduce a un precipicio y no veo acá a nada ni a nadie que pueda frenar la caída. La gente laica, liberal, inteligente y normal dejará este país porque es imposible vivir acá. Quedará la derecha religiosa y los árabes. Con gente de este perfil no se puede mantener ni económicamente ni socialmente.

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