Unión Europea
La cumbre de la UE de mediados de febrero tiene como objetivo acelerar la desprotección
@tomkucharz
El 12 de febrero, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) se reunirán en el castillo de Alden Biesen, en la Bélgica rural, para celebrar una cumbre informal dedicada a la llamada “competitividad”.
Este “Retiro de Líderes” abordará las exigencias de desregulación promovidas por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el canciller alemán, Friedrich Merz, primero en el Foro Empresarial Italia-Alemania y después en la Cumbre Intergubernamental. El Consejo Europeo informal está organizado por el primer ministro belga, Bart de Wever, que comparte con Merz y Meloni la tesis de que la economía europea sufre un supuesto “exceso de regulación".
En la cumbre bilateral celebrada en Roma la semana pasada, Merz declaró que él y Meloni quieren “desmantelar la burocracia” para ser “más competitivos” y reclamó “autocontención legislativa y regulatoria”. Cuando hablan de “burocracia”, en realidad se refieren a normas diseñadas para proteger a las personas y a la naturaleza. Meloni llegó a afirmar que la transición ecológica de la UE “ha puesto de rodillas a nuestras industrias”.
En un discurso pronunciado en el Foro Económico Mundial de Davos, un día antes, Merz sostuvo que “el mercado único se creó para formar el espacio económico más competitivo del mundo”, pero que “en lugar de ello nos hemos convertido en los campeones mundiales del exceso de regulación”. Allí propuso un “freno de emergencia para la burocracia” y una “discontinuidad en la labor legislativa”.
En un documento de tres páginas presentado para la cumbre europea, Merz y Meloni pidieron “una mayor integración del mercado único” y “aliviar la carga regulatoria que pesa sobre nuestras empresas”. El texto sostiene que “las barreras internas equivalen a aranceles del 44 % para el comercio de bienes y de más del 110 % para el de servicios”.
Estas cifras, sin embargo, son profundamente engañosas: se basan en un estudio del FMI con una metodología muy cuestionable. La ofensiva contra las supuestas “barreras internas” del Mercado Único amenaza con socavar normas sociales y medioambientales legítimas y con bloquear regulaciones nacionales indispensables frente al colapso ecológico y social.
Merz y Meloni también reclaman una ley ómnibus para acelerar los permisos, un “freno de emergencia” que permita a los gobiernos bloquear legislación europea considerada demasiado “gravosa”, y la aprobación del controvertido “28.º régimen“ antes de final de año. Además, exigen ”un seguimiento y una evaluación sistemáticos de las enmiendas propuestas por los colegisladores“ para determinar si generan ”cargas adicionales": es decir, evaluaciones de impacto proempresariales sobre las enmiendas aprobadas por el Parlamento Europeo.
Prácticamente todas estas demandas proceden del manual clásico de los grandes lobbies empresariales, en particular BusinessEurope y la Mesa Redonda Europea de la Industria (ERT), que llevan años presionando en esta dirección.
La semana pasada, la Federación de Empresas de Bélgica (FEB), miembro de BusinessEurope, se reunió con el gabinete de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, para tratar los preparativos de la cumbre de Alden Biesen. Su secretario general, Pieter Timmermans, celebró en LinkedIn que habían presentado sus “prioridades clave”, entre ellas el fortalecimiento del mercado interior y la reducción de “cargas administrativas”, especialmente las vinculadas a la Directiva de transparencia salarial.
Este último punto forma parte de la campaña de BusinessEurope a favor de un llamado “ómnibus social“ que debilitaría los derechos de la clase trabajadora. La ERT también mantuvo reuniones con el gabinete de Von der Leyen para hablar del ”mercado único".
Las actas publicadas de estos encuentros son reveladoramente opacas: apenas doce palabras —“Intercambio de opiniones sobre los obstáculos para el fortalecimiento del mercado único”—, insuficientes para cualquier control democrático real sobre la influencia de los poderosos grupos de presión de la industria en la Comisión Europea.
Por si fuera poco, BusinessEurope acaba de publicar su “Omnibook", con casi 140 nuevas exigencias de desregulación, dejando claro que la ofensiva empresarial está lejos de haber terminado.
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