Así trata el estado español a decenas de estudiantes palestinos matriculados en nuestras universidades

Decenas de estudiantes seleccionados por el “Plan de Acción Universidad-Refugio” siguen esperando.
Ataque Escuela Gaza
Gaza

El pasado martes 12 de mayo, en una rueda de prensa convocada para informar sobre la crisis del crucero MV Hondius y el hantavirus, el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, declaraba: 

España es un país comprometido con el multilateralismo. Recibimos ayuda de otros cuando la necesitamos y ayudamos a otros cuando es necesario. Este mundo no necesita más egoísmo. Ni más miedo. Necesita países solidarios que quieran dar un paso al frente.

Ese mismo día, pocas horas después, el Cónsul Adjunto español en Jerusalén expulsaba de un grupo común de mensajería digital a un conjunto de estudiantes palestinos y palestinas y al equipo de técnicos y PTGAS de universidades españolas que llevan meses tratando de garantizar su evacuación de Gaza.

Varias decenas de estudiantes con matrícula en cursos oficiales de universidades españolas y seleccionados por el Plan de Acción Universidad-Refugio siguen esperando ser recibidos en nuestras universidades públicas como estudiantes de pleno derecho para, una vez acabada su etapa formativa, volver a Palestina.

Tanto los-as estudiantes como las universidades llevan meses preparadas para dar el último paso en el proceso: el viaje desde Palestina para iniciar sus estudios y, con ello, tratar de mitigar los efectos del genocidio en sus vidas y su desarrollo educativo. Sin embargo, el proceso ha quedado congelado desde hace meses por un bloqueo burocrático que resulta muy difícil de comprender.

El personal universitario de apoyo y los propios estudiantes llevan meses tratando de obtener información del consulado español en Jerusalén, con la esperanza de que pueda aprobarse finalmente la expedición de sus visados y sus traslados. Ya explicamos en otro artículo cómo, semana tras semana, mes tras mes, el grupo de coordinación ha tratado de obtener respuestas a preguntas como ¿Podéis hacer algo para ayudarnos?, ¿Qué es lo que está pasando?, ¿Qué debemos hacer para avanzar en el proceso?, ¿Cómo es posible que el gobierno español, que es ‘solidario’ con Palestina, no sea capaz de hacer algo por nosotros?, ¿Podemos esperar que nos evacúen o no?

Ese 12 de mayo, tras una última respuesta en el grupo de mensajería (“os mantendremos informados”), el Cónsul Adjunto en Jerusalén expulsaba a todos los miembros de ese grupo (estudiantes y personal universitario) y cancelaba así su única vía de comunicación.

Conviene analizar esa forma de silencio impuesta por las administraciones, pues inflige un dolor intenso a las y los estudiantes palestinos que esperan su traslado desde Gaza. El plan de vida que trataban de construir ha sido completamente arrasado durante el genocidio perpetrado por Israel. Todas sus universidades han sido bombardeadas, muchos compañeros, profesores y profesoras asesinados, sus casas destruidas y, con ellas, sus recuerdos. Todo ello con la intención de borrar su futuro. La acción impulsada por el Programa Universidad-Refugio supone una pequeña vía de esperanza para este conjunto de estudiantes, pero necesita la colaboración de las administraciones consulares para certificar el visado humanitario y garantizar su evacuación.

Un estudiante matriculado en la Universidad Complutense de Madrid lo relata en primera persona: 

No sé si ustedes pueden entender lo que significa estar en Gaza ahora. Las tiendas de campaña nos asfixian. El calor nos quema la piel. El hambre y la sed nos duelen. Pero lo que más duele es el silencio del mundo.

Los objetivos y las funciones principales del Consulado de España en Jerusalén las describe el propio Cónsul Adjunto:

El Consulado General de España […] vendría a ser la entidad de la Administración española en el exterior que canaliza las relaciones diplomáticas de España con Palestina

Las funciones consulares […] se podrían resumir en la asistencia y protección de los ciudadanos españoles residentes en el Estado receptor y en la atención a ciudadanos que no son nacionales del Estado que envía, como por ejemplo los solicitantes de visado.  

El 28 de mayo de 2024 el presidente del Gobierno de España reconoció oficialmente el Estado de Palestina. Conocemos bien las importantes limitaciones y los artificios alucinatorios que implica reconocer un estado cuyo territorio está siendo ocupado y arrasado para expulsar y exterminar a toda su población, pero si un reconocimiento puramente simbólico puede tener alguna “ventaja”, el impulso y la aceleración de todo tipo de tramitaciones y regulaciones burocráticas debe ser una de ellas.

El programa Universidad-Refugio está siendo una pieza importante para, tal como expresa el propio presidente del Gobierno de España, dar un paso al frente y ofrecer “ayuda” en momentos clave: los momentos en los que se necesita. Muchas universidades del estado se han sumado a este marco de cooperación para responder a casos graves –como, por ejemplo, intentos de suicidio en episodios que han podido ser reconducidos y estabilizados gracias a un apoyo directo y efectivo. El mínimo sentido común nos dice que la rapidez de la respuesta es fundamental en una urgencia.

Con este tipo de acciones, las universidades no hacen más que garantizar los principios éticos que dan base a sus propios estatutos y a los valores fundamentales descritos en las Cartas Ministeriales del Espacio Europeo de Educación Superior. Cumplir con estos compromisos de cooperación es una obligación estatutaria de nuestras instituciones educativas, señalada aun en los marcos más conservadores de las regulaciones universitarias europeas. Los gabinetes de muchos vicerrectorados universitarios están tratando de garantizar la incorporación a estos planes de cooperación para el estudiantado de Gaza, pero su traslado a España está siendo firmemente bloqueado en los últimos pasos del proceso de evacuación. El Ministerio de Exteriores y sus Consulados deben hacer su trabajo para que esas personas vean cumplido su derecho.

Nuestro compromiso es romper un silencio que obedece una orden decisiva en la perpetuación del genocidio en curso. La inacción permite mantener relaciones, colaboraciones y responsabilidades con la entidad genocida, pero ese dispositivo de bloqueo llamado “silencio administrativo” va más allá. También facilita un juego grotesco y macabro: la instrumentalización y rentabilización política del genocidio. 

Con esta carta denunciamos un silencio impuesto institucional y administrativamente. Atacamos esta barrera de silencio con las palabras recibidas de otro estudiante gazatí, en nombre de quienes tratan de recomponer su vida y seguir estudiando con una estancia del programa Universidad-Refugio:

Si esta carta no recibe respuesta, entenderé que el mundo ha decidido abandonarme. No quiero que mi sueño termine en una tienda de campaña. Solo quiero vivir. Solo quiero estudiar. Solo quiero demostrar que puedo valerme por mí mismo.  

Dirigimos esta carta al presidente del Gobierno de España, a sus Ministerios y al Consulado español en Jerusalén para exigirles que, cumpliendo sus declaraciones, compromisos y funciones, atiendan a quienes llevan meses solicitando el desbloqueo urgente de una ayuda que ya les fue concedida por nuestras universidades.

Hacemos públicos estos mensajes que seguimos recibiendo desde Gaza para que las mismas instituciones del Estado español, esas que dedican discursos a la justicia, comiencen a emprender acciones reales, concretas y efectivas.

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