La Bambi: “El problema no es lo que entendemos por sexo sino por democracia”

Artista, queer, accionista vienesa, performer, esteta. La Bambi no quiere normalizar nada más: “No soy normal. ¿Cómo voy a pedirle al resto que actúe como si lo fuera?”. Una conversación sobre cuerpo, deseo y política en los márgenes del colectivo.
3 jul 2026 06:09 | Actualizado: 3 jul 2026 08:33

Nació en Amurrio a finales del siglo pasado. 27 años después, la artista multidisciplinar está en boga. No hay mas que mirar su abultada agenda de los últimos meses: dedicó a Ana Mendieta la inauguración de la galería bilbaína Mäa. Allí dibujó con tierra en el suelo del estudio recién estrenado para conectar con la artista cubana asesinada por su marido y rendir tributo a su memoria. Y de Abando hasta la calle San Francisco para una pieza colectiva sobre memoria. 1978. Dedicó tres horas a coser una reproducción de la primera bandera arcoíris, debajo de la escalera de El Departamento

La Bambi lo tiene claro: su reconocimiento artístico actual no genera las envidias u otras consecuencias dramáticas, que hubieran sido rutinarias para la artista en un pasado no tan pisado (que no está muy lejos del futuro que proyectan algunos ahora). Tampoco sufre el nivel de violencia física y verbal, con el que lidiaron personas que le preceden dentro de un colectivo queer (diverso y disperso) al que la Bambi pertenece. Los disturbios de Stonewall del 69 marcan el 28 de junio como un día de efeméride oficial dentro de una lucha por los derechos de las disidencias de género que se libra a diario y continúa.

COMPARTES PELÍCULAS Y SALAs CON PERSONAS QUE POR EDAD O CLASE SOCIAL NO TE ESPERAS VER EN LAS REIVINDICACIONES EN CONTRA DE LA OPRESIÓN y POR LA LIBERTAD SEXUAL

El séptimo arte es un balcón. Nos asoma a otras formas de vida, a otras geografías, a otros tiempos. Con perspectiva voyeur cualquier emoción es posible sin moverse de la butaca. Las salas de cines siempre han sido refugios, en los que podemos suspender las normas sociales para explorar deseos reprimidos, vigilados y fiscalizados. Al final, compartir la oscuridad con personas desconocidas une mucho. Y no hace falta que sea en uno de esos cines eróticos (en peligro de extinción). Todo rincón oscuro que proyecte una película puede servir para explorar guilty pleasures.

la bambi bilbao

La edición 23 del festival de cine transmaribollo Zinegoak ha estado marcada por el éxito electoral de la extrema derecha en Colombia. Ya lo cantaba Freddy Mercury: the show must go on. O lo mismo dicho en “cristiano”: Ladran, luego cabalgamos. La movilización y el cine también continúan. Charlamos con La Bambi sobre cómo galopar en los tiempos postmodernos.

Las mesas de jurado cambian cada año pero siempre están formadas por personas activistas y por profesionales del sector audiovisual. Tú que has sido parte del jurado de Zinegoak, ¿cómo te defines? Buena pregunta. Soy artista, supongo. Soy una persona queer. Soy esteta, como se decía antes. Soy… una persona sobreviviendo. 

¿Sobrevives o te consideras superviviente? Me parece que el concepto de superviviente tiene un punto de victimismo que no me describe. Por mi realidad, tanto emocional como material… Yo no tengo que sobrevivir tanto. Aunque admito que dudo. Y que me cuesta responder a esta pregunta.

Los títulos y el contenido habrán quedado en mi subconsciente. Me acuerdo de la ropa que llevaba, del impacto que causaron en mí, de la cita ideal de aquella noche: ir al cine con mis amigas 

La entrevista está teniendo lugar en la Gran Vía a pasos del antiguo cine Olimpia, el primero en Bilbao. Esta semana en varias salas de la ciudad se han proyectado películas del festival Zinegoak. ¿Qué opinas del certamen?  Me parece una buena idea que ha obtenido mucha relevancia por medio de su materialización práctica. Ha conseguido, al menos a escala Bilbao, justo eso que pretendía: acercar la cultura LGTBIQA+ al gran público. Dentro de Zinegoak compartes la sala de cine y las películas con personas que, sea por edad o por clase social, no esperas ver en reivindicaciones en contra de la opresión y por la libertad sexual. 

Tal vez esa mezcla de públicos hable de un festival que ha hecho bien su labor. ¿Cuál fue tu primera experiencia en una sala oscura de Zinegoak? Descubrí Zinegoak hace muchos años, aunque vi la primera proyección en 2019. Organizaron un visionado donde vivo, en Amurrio. El programa eran tres cortos. Los títulos y el contenido exacto habrán quedado en mi subconsciente, me acuerdo de la ropa que llevaba, del impacto que causaron en mí esas tres historias, la cita ideal de aquella noche, ir al cine con mis amigas. 

ERA LA PRIMERA NOCHE QUE SALÍA, DESPUÉS DE UNA FASE DE INTROSPECCIÓN y de ANSIEDAD. RECUERDO SENTARME EN LA SALA OSCURA DEL ANTZOKI DE AMURRIO 

El cine da sorpresas... ¿Esta cita cinéfila fue como otra cualquiera? Puede que fuera una simple casualidad. Pero aquella proyección de Zinegoak en mi pueblo, fue la primera noche que salía, después de una fase de introspección y de ansiedad, que estaba sufriendo por primera vez entonces. Por eso recuerdo como salí a la calle. Y sentarme en la sala oscura del Antzoki de Amurrio. Me sentí muy bien después de la proyección, me dio energías para ir a tomar algo y para seguir charlando con mis amigas.

Algo positivo después de una época de aislamiento, volver a la raíz y volver a conectar. Desde la posición de performer que se sitúa frente a su público para actuar, ¿cuál es tu perspectiva sobre el cine? ¿Es capaz de llegar a públicos masivos todavía hoy? Sí. Hay que recordar y reivindicar al cine como séptimo arte. Diría que el cine y la música son las dos disciplinas artísticas que más público reúnen. Creo que el cine queer, de hecho, tiene incluso mayor visibilidad que la música queer, llegando a gente más diversa. Lentamente, pero cada vez le va llegando a más personas. En estos últimos años, algunas series y películas se han hecho mainstream: Élite, Heartstopper, Pose… Son referentes necesarios que acercan nuestras vidas al gran público.

YO NO SOY NORMAL, ¿CÓMO VOY A PEDIRLE AL RESTO QUE ACTÚE COMO SI LO FUERA? A MÍ ME INTERESA MÁS LA ASIMILACIÓN

¿Crees que ese tipo de series ayudan a normalizarNormalizar es un verbo conflictivo. Nunca sé muy bien qué pensar. Entiendo que la normalización es necesaria. Pero yo no soy normal. Parto de esta base. ¿Cómo voy a pedirle al resto que actúe como si lo fuera? Por eso a mí me interesa más la asimilación porque implica volverse parte de una sociedad. La asimilación integra desde la comprensión de la diferencia. 

Este proceso de asimilación del que hablas, ¿es una posición mayoritaria? No será el pensamiento de todas... A veces me siento fuera de lo habitual dentro del propio colectivo LGTB. Intento dejar claro que yo solo represento mi opinión personal, porque siempre parto de mi experiencia particular como persona subalterna, en ningún caso es representativa del resto. 

¿Qué es una persona normal a ojos de la Bambi? Yo qué sé… Mi madre y mi padre. Crecí con esa idea de normalidad como carrera de hitos: encontrar pareja, casarse, tener una casa, criar hijos… Y a sostenerlo todo, con un trabajo precarizado que muchas veces roza la explotación. Al menos para mí, así luce, este es el culmen detrás de toda esa careta de la normalidad... 

EXITE UN queer mainstream alternativo al dominante hetero. EsTO sí me parece guay. Yo lo que quiero es ser una persona mainstream dentro de lo queer. 

¿Existe la normalidad dentro de un colectivo que se llama “extraño”? Existen algunas personas queer que quieren ser normales. Que quieren entrar en el terreno mainstream heterosexual. Diría que suelen ser, sobre todo, hombres gays. Son los que más privilegios tienen, dentro y fuera del colectivo. Los hombres son los seres superiores según la injusticia patriarcal, al final... Por otro lado, diría que también existe un queer mainstream, alternativo al dominante hetero. Esto sí me parece guay. Creo que mi trabajo se acerca un poco a ese estilo. Yo lo que quiero es ser una persona mainstream dentro de lo queer. 

¿Te parece una buena estrategia para hacer reivindicaciones políticas? No sé si es más efectiva, pero es más cómoda. Por eso yo intento no reprocharle al resto... Nuestras vidas no son cómodas. Está claro. ¿Cómo le voy a reprochar entonces a los demás que busquen su propia comodidad? Para mí en los momentos más duros el colectivo ha sido un faro. Sé que hay muchas personas antes de mí, que existieron como la Otxoa (entre otras) en Bilbao. Personas, cuya existencia abrió algunas de las puertas que después yo he podido cruzar. Espero que mí vida también ayude a personas que vendrán después de mí. O que, al menos, sirva como obstáculo molesto. Impidiendo que, puertas que fueron abiertas gracias a la lucha queer, se nos vuelvan a cerrar ahora desde otros espacios. 

La sociedad está normalizando los discursos de odio y los ataques de la extrema derecha. ¿Claves para combatir esta tendencia? No tengo claves. Si las tuviera, no estaría la cosa como está. Supongo que siempre es un buen comienzo: Manifestarse y no callar. Nunca esconderse. Conquistar los espacios posibles antes de que los ocupen ellos. 

El reconocimiento artístico va y viene. ¿Formar parte del colectivo te ha ayudado desde un punto de vista laboral? A mí, sí. Hay gente que intenta renegar de ello. En mis creaciones, en algún momento intenté escapar de la etiqueta queer a favor de la búsqueda de la universalidad. Pero mi identidad y mi imagen me han ayudado mucho en el camino y sería deshonesto decir lo contrario u ocultar la verdad. Después de haber vivido en ciudades como Madrid y Praga, siento que Bilbao es mi sitio. Me gustan las posibilidades que ofrece esta ciudad para encontrar opciones underground y para conocer eventos diversos en lugares como Donations Project

Muchas veces no gano. a veces incluso pierdo dinero... pierdo cosas. tengo que controlar esa pulsión. 

¿Una ayuda emocional o una vía para conseguir contactos? Ambas. Inevitablemente vivimos en comunidad y para mí ha sido más fácil llegar a integrarme en estos grupos artísticos a partir de mi pertenencia a colectivos queer. Me he sentido mucho más respaldada en general. Incluso más teniendo en cuenta que mantenerse en el circuito es más difícil que entrar en él. Sobre todo cuando haces algo que al gran público no le interesa.

Pero a ti el público no te influye, ¿no? Aunque suene a cliché: no. Siento que la necesidad de crear y de exponerme es consecuencia de una pulsión creadora. Me parece genuina, cuando se me ocurre una idea, siento que la tengo que sacar. Y me desespero hasta lograrlo. Muchas veces no gano. A veces incluso pierdo dinero... Pierdo cosas. Tengo que controlar esa pulsión. 

¿Qué te autocensura? Poder encontrar las condiciones dignas. Por otro lado, respondiendo la pregunta pienso en el público. No me condiciona, pero sí quiero llegar a él. Mi arte sale de mí, pero no es para mí. Quiero que lo reciba un público y que me entienda, eso sí que es una pauta para mí. Tengo en cuenta sus intereses y doy algunas pistas. No me gustan los artistas que trabajan desde lo críptico. 

Interactúas mucho con el público y tus interacciones parten del cuerpo. ¿Gracias a tu pulsión desaparece el género, las clases sociales, la belleza? Intento que sea así. No atiendo a identidades personales, ni a la mía ni a la del resto. Últimamente estoy trabajando más lo queer, esto es un punto y aparte. Porque en estos trabajos en concreto sí que busco esa identidad. 

estoy creando una performance en la que me inyecto testosterona y estrógenos AL MISMO TIEMPO. Quiero ver cuál será la respuesta de mi cuerpo

¿Buscas la belleza? Antes decía que no, que solo en momentos concretos. Ahora sí, busco una estética minimalista, esto sí es un canon que influye en mi creación. Antes pensaba que era un proceso casual, ahora ya sé que el minimalismo es una elección consciente. También sigo esta estética y ética en mi día a día. Soy una persona que no quiere sacrificarse ni en el más mínimo sentido. No quiero estar planchándome el pelo a  diario, por ejemplo. Busco el equilibrio estético porque es lo que me permite vivir bien, superar el sacrificio.   

Bambi bi


¿Tu cuerpo te pone límites? Sí, generalmente es mi cuerpo quien me limita. En algunas performances lo he pasado muy mal. Me he dado cuenta de que soy una persona que somatiza mucho. Para bien y para mal. Me interesa la energía que me da estar bien. Quizás por esto quiera experimentar cómo funciona lo psicosomático. Ahora estoy creando una performance en la que me inyecto al mismo tiempo testosterona y estrógenos. Quiero ver cuál será la respuesta de mi cuerpo. 

No soy imbécil. querer no implica ser querida de vuelta. Con el deseo siento lo mismo. Tampoco tiene por qué ser correspondido 

¿El sexo es democrático? Me gustaría decir que sí. El problema no es qué entendemos por sexo, sino por democracia. No sé si el sexo es tan universal como se ha planteado siempre, pero ¿cuáles son los límites de lo democrático? Últimamente se habla más de sexo con discapacidad, por ejemplo. Estaría bien poder visibilizar también los déficits de la democracia. Creo que el sexo es importante. Para mí es una materialización del amor y eso sí que es democrático. 

Si el amor es democrático, ¿también lo es el deseo? No, no me parece que tenga la misma fuerza innata que el amor. Creo que el deseo y el sexo son materializaciones físicas del amor, importantes. No quiero degradar el sexo y el deseo a una posición sucia o de segunda. Pero hay una diferencia. De todas formas, cuando quiero a alguien no espero que me quieran igual a cambio. Porque no soy imbécil. El hecho de querer no implica ser querida de vuelta. Con el deseo siento más de lo mismo. Tampoco tiene por qué ser correspondido. 

¿Cualquiera puede ser artista? Diría que cualquiera tiene la posibilidad de hacer arte. Creo que el arte es algo inherente al ser humano. Algunas personas desarrollan algunas sensibilidades un poco más y supongo que eso ayuda. Creo que es desde ahí donde se dibuja la línea entre hacer arte y ser artista. 

Estoy acostumbrada a vivirlo todo desde mis sentimientos, sin evadirme de mí misma. Quizás por eso soy una mala actriz. No le encuentro sentido a volverme otra... 

El año pasado cuando fuiste jurado en Zinegoak. ¿Tu criterio fue artístico o militante? Me guié mucho por la tabla de criterios que nos daba la organización. También influyó mi interés por el guión. Me pesa tanto en lo artístico como en lo militante. Hoy, por ejemplo, creo que tiré más por la segunda vía. Al final, porque las que más me gustaron, eran las propuestas que mayor carga política tenían. Quiero decir que eran más provocadoras y reflejaban más detalladamente las injusticias. En concreto, hubo dos películas brasileñas que me marcaron muchísimo. Una era sobre una niña trans, Avenida Beira-Mar; y otra sobre la reflexión que deriva de  una aventura amorosa, A paixão segundo G.H.B.

Ya que hablamos de cine. ¿Siendo performer, no te gustaría ser actriz?  Dice Marina Abramović que en el cine la sangre es ketchup y en la performance es real. Yo estoy acostumbrada a vivirlo todo desde esa realidad, partiendo de mis sentimientos y sin evadirme de mí misma. Quizás por eso soy una mala actriz. No le encuentro sentido al hecho de volverme otra... He actuado en una película y el resultado no ha sido tan malo. Pero ahora ya tengo la experiencia suficiente para decir que la actuación no es lo mío. Quizás por esto mismo me guste más leer ensayos que ficción. 

LAS IDEOLOGÍAS REACCIONARIAS TIENDEN A SOBRE ESCENIFICAr. Y EL FASCISMO SE ENSAÑA CON LA IDENTIDAD Y CON LOS SÍMBOLOS NACIONALES

¿Performas mucho en tu día a día, fuera de las labores como artistaSe ha puesto muy de moda lo performativo. Las performances tienden a ser más teatrales influidas por la sociedad. Dentro de este contexto, me defino como una accionista. Yo quiero ser como las accionistas vienesas, una escuela referente. De su arte me interesa precisamente la acción, la ejecución. Entiendo mi performance desde una necesidad de activar algo. Normalmente, son acciones muy sencillas y cotidianas, que desprovistas del contexto original, o releídas con otra perspectiva, se revelan como acciones poéticas. La performance, para mí, es una tarea cercana a la escultura viva, estéticamente al menos. Suelen estar bastante quietas y no hay muchos componentes escénicos. Desde lo conceptual, mis performances son cercanas a la poesía, son poesía viva.

Cualquier performance conlleva una puesta en escena. Pero no todas las escenas son performances

El fascismo, ¿cuenta como performance? No. Al menos si entendemos la performance como rama dentro del arte, autónoma e imposible de controlar al completo. Las ideologías reaccionarias tienden a la sobre escenificación, eso es cierto. Y el fascismo, especialmente, se ensaña con la identidad y con los símbolos nacionales. Pero eso no es hacer performance. Me da pena que la palabra se use para todo, de manera indiscriminada. Creo que esta falta de rigor nos lleva a malentendidos... Cualquier performance implica una puesta en escena. Pero no todas las escenas son performances.

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