Desalojo al amanecer, disturbios al anochecer: el Estado y la especulación cierran el CSR²A Diskordia

Sin notificación previa y con violencia, la mañana del miércoles la policía desalojó el Centro Social Ruidoso y ReOkupado Autogestionado Diskordia, en el barrio de Carabanchel. Ejecutado entre furgones policiales y una empresa privada de desokupación, terminó horas después con disturbios, cargas policiales y detenciones.
Desalojo CSOA Diskordia - 1
Integrantes del centro social Doskordia, desalojado este miércoles en Carabanchel, despliegan pancarta alusiva en la concentración de denuncia que realizaron por la tarde noche.

Lo que comenzó al amanecer del pasado miércoles en la calle Antoñita Jiménez, 60, como un operativo silencioso contra el Centro Social Ruidoso y ReOkupado Autogestionado (CSR²A) Diskordia, ejecutado entre furgones policiales y una empresa privada de desokupación, terminó horas después con disturbios, cargas policiales y detenciones. El desalojo del centro social en el barrio de Carabanchel se enmarca como un paso más en el proceso de gentrificación que atraviesa todo este distrito así como  otros del sur de Madrid.

Diskordia nació a finales de 2023 en un edificio que había estado vacío desde hacía años y que fue reokupado tras el cierre de La Gatonera. Se convirtió entonces en un centro social autogestionado de marcado carácter punk y antagonista. Un espacio que, durante poco más de un año, funcionó como punto de encuentro cultural y político en un barrio cada vez más tensionado por la especulación inmobiliaria. A finales de abril de 2025, otro centro social, el Vetades, fue desalojado a la fuerza por un incendio, que se sospecha fue provocado, y de esa manera obligar a las personas que estaban dentro, a abandonar el edificio.

El desalojo: golpes, identificaciones y ninguna notificación

El desalojo se produjo alrededor de las siete de la mañana. Según relatan desde la asamblea del centro social, “hasta cinco furgones de la Policía Municipal acudieron al lugar junto a la empresa privada OPS2 Desokupaciones”.

“No éramos conocedoras de ningún proceso ni orden de desalojo. No habíamos recibido ninguna notificación previa”, explican a El Salto desde Diskordia. A pesar de ello, la policía accedió al interior forzando la puerta principal, mientras en el exterior se desplegaba un amplio cordón que impedía cualquier intento de apoyo o resistencia desde la calle. “Tuvimos que identificarnos para salir [del cordón]. Y los maderos [policías] nos dijeron que nos tenían identificados por si pasaba algo”, relata un vecino que vino a apoyar, resaltando la lógica preventiva seguida por la policía esa mañana.

“Hasta cinco furgones de la Policía Municipal acudieron al lugar junto a la empresa privada OPS2 Desokupaciones. Entraron con escudos y me apuntaron con cinco pistolas, cuando yo estaba sentado en una silla con las manos levantadas”, cuenta una de las personas presente en el desalojo

“Entraron con escudos y me apuntaron con cinco pistolas, cuando yo estaba sentado en una silla con las manos levantadas”, cuenta una de las personas presente en el desalojo antes de añadir que “no era necesario darme una patada en la rodilla, un golpe detrás de la cabeza con la porra y arrodillarme al suelo cuando no representaba ninguna amenaza”. Pese a la agresión, las personas desalojadas no fueron detenidas. Más tarde, tres integrantes del colectivo pudieron entrar “para recuperar parte del material, algunas pertenencias y una parte del archivo contrahistórico y antagonista que había quedado dentro del edificio”, señalan desde Diskordia.

El punk contra la sociedad de consumo

Durante su año de vida Diskordia acogió más de ochenta actividades sociales: presentaciones de libros, charlas, debates, jornadas políticas y, sobre todo, conciertos de punk y de tecno. “En un Madrid donde los espacios antagonistas han ido cayendo uno tras otro tras desalojos y cierres, Diskordia surgió como respuesta a un vacío”, explicaba a este medio un integrante de la asamblea.

“Se reokupó desde un entorno muy musical, relacionado con las okupas, con la idea de generar conciertos y dar espacio al punk politizado”, explican desde el centro social recién desalojado. Muchos de sus integrantes son músicos y hacen hincapié la importancia de tener prácticas que sean consecuentes con la historia del punk: “No queremos salas del centro que te exprimen, que te obligan a pagar y te sacan los cuartos. Aquí la idea era apoyar a proyectos afines, no ganar dinero”.

Sostienen que la asamblea de Diskordia era abierta y cualquier persona podía proponer actividades. Desde una kafeta vegana para presentar el espacio hasta jornadas con otros centros sociales okupados o fines de semana de conciertos que llegaron a reunir a más de treinta bandas de distintos puntos del Estado. “Era un espacio de encuentro, de ganas e ilusión. Eso también dice mucho de cómo está la situación de las okupas en Madrid”, recuerdan.

Diskordia confrontaba políticamente contra la propiedad privada, el modelo productivo y el capital. “Pretendemos salir de la postura de víctimas para pasar a la ofensiva y decirlo claro: okupas y anarquistas”

Para el colectivo, la okupación no se entendía como una solución habitacional puntual, sino como una confrontación política directa con la propiedad privada, el modelo productivo y el capital. “Pretendemos salir de la postura de víctimas para pasar a la ofensiva y decirlo claro: okupas y anarquistas”, señalan.

El propio edificio tenía una carga simbólica. Fue propiedad de Telefónica y estuvo vinculado a la lucha de los trabajadores de Sintel, que en 2001 iniciaron una acampada masiva tras el proceso de privatización que dejó a más de 1.800 personas en la calle. Tras años de abandono, el inmueble “acabó en manos de Kronos, una de las grandes promotoras inmobiliarias del Estado, que prevé destinarlo a su marca de alquiler Stay”, según señalan desde la asamblea. Y denuncian: “Estos edificios serán destruidos, eliminando toda su historia, para construir bloques para la clase media aspiracional que gentrifica nuestros barrios”. Carabanchel, apuntan, se ha convertido en una gallina de los huevos de oro: grandes empresas comprando manzanas enteras, cambios en el perfil vecinal, subida de precios y la llegada de cafés de especialidad y galerías de arte donde antes había vida obrera.

“Los desalojos son disturbios”: la respuesta en la calle

La respuesta al desalojo no se hizo esperar. Esa misma tarde, alrededor de las ocho, se convocó una concentración en la plaza de Oporto, en Carabanchel. Antes de que empezase la concentración, la policía comenzó a identificar a las personas que se encontraban en la zona. Después de una hora de concentración, los participantes empezaron a dirigirse hacia donde estaba el centro social Diskordia, situado a unos minutos andando. “La policía, desbordada, intentó prohibirnos el paso” cuenta uno de los participantes.

Lo que siguió, describen, fue una sucesión de carreras, cortes de calles y cargas. Según varios testimonios, la policía fue cerrando vías y empujando a la manifestación hacia la avenida General Ricardos. En las calles cercanas a la EKO [otro centro social okupado del barrio] se levantaron barricadas y se produjeron enfrentamientos. “La gente entró en pánico, mucha se fue corriendo”, relata una asistente. “Estábamos caminando tranquilamente y de repente empezaron a cargar y escuchamos disparos”, cuenta una manifestante.

En la calle de la Oca continuaron las barricadas. “Los maderos venían corriendo. Se tiraron cosas, se reventó el cristal de una lechera, se hizo un graffiti en el coche”, explica otro testimonio. En una de las cargas, a la altura de la plaza de Almodovar, asistentes relatan que “cinco agentes golpearon durante casi un minuto a una persona en el suelo”. Hubo al menos dos detenidos y varias personas heridas. “Daban a todo el mundo, les daba igual”, cuenta otra participante, que vio cómo tres policías golpeaban a una chica en el suelo. Tras la dispersión, la policía continuó buscando gente por las calles cercanas durante horas.

Para la asamblea de Diskordia el mensaje es claro: “los desalojos son disturbios, y la respuesta colectiva seguirá mientras haya espacios que defender”

Desde la asamblea de Diskordia lo tiene claro: “Para nosotrxs, desalojos son disturbios. Sus ataques no quedarán impunes y hagamos lo siguiente para que se lo piensen dos veces”. Lejos de asumir el cierre como un final, reivindican la respuesta colectiva y la confrontación directa frente a la especulación y la represión. “Mientras haya espacios vacíos y gente dispuesta a convertirlos en lugares de encuentro y resistencia, seguiremos. Este mundo no podrá con nosotrxs”, concluyen.

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