Más allá de las cifras: los rostros de las mujeres atrapadas en la frontera externalizada de Europa

Un nuevo informe de la Fundació Solidaritat de la Universitat de Barcelona documenta cómo las políticas migratorias de la UE generan violencias específicas sobre las mujeres africanas en Marruecos, Túnez y Senegal.
Agroecología y feminismo en Senegal - 6
Hawa Bâ, frente al puesto de verduras que regenta en el mercado de Podor desde hace 15 años. Marta Moreiras

Las migraciones se pueden cuantificar. Entre 1990 y 2024, el número de senegalesas viviendo en el extranjero se duplicó: ya son 270.000. En Marruecos viven más de 50.000 mujeres migrantes. En Túnez, unas 30.000. De las 20 millones de mujeres migrantes que había en África en 2024, el 60% se quedó a vivir en otros países del continente. Los datos están ahí, manejables, asépticos; pero no tienen la capacidad de explicar otras cosas: la angustia por conseguir un empleo en otro país, la alegría por abrir un negocio, la esperanza de empezar otra vida o el terror de volver a casa con las manos vacías, sin haber conseguido el objetivo.

El informe Vides en Trànsit. Dones més enllà de les fronteres d'Europa, de la Fundació Solidaritat de la Universitat de Barcelona —con la colaboración de Metges del Món, la Associació de Dones Immigrants Subsaharianes (ADIS), y el apoyo de la Agència Catalana de Cooperació al Desenvolupament— ha contado con la investigación de las periodistas Martina Madaula y Soraya Aybar Laafou, y la activista senegalesa Bombo Ndir, y pone rostros a lo que los números no alcanzan a explicar. Para elaborarlo se ha contado con organizaciones de la sociedad civil, periodistas y las protagonistas de esta historia: las mujeres africanas que migran. “Era necesario saber de dónde vienen”, explicaba en la presentación del informe Bombo Ndir, investigadora de campo y activista por los derechos de las mujeres africanas —recibió la Creu de Sant Jordi por su trayectoria en 2023—. “Por eso nos desplazamos hasta donde están ellas, que han cruzado África”, añadía.

La externalización de fronteras no es una política nueva. Se trata de una arquitectura construida acuerdo a acuerdo: la UE delega en terceros países la responsabilidad de frenar la migración y, a cambio, financia y equipa a sus fuerzas de seguridad. “Las políticas migratorias ya no se ejercen en la frontera europea”, resume Soraya Aybar Laafou, coautora del informe, centrado en Senegal, Túnez y Marruecos. Desde la Cumbre de La Valeta de 2015 hasta el Memorándum con Túnez de 2023 y el Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo Europeo (PEMA) de 2024, cada instrumento ha profundizado la misma lógica.

Marruecos, una agujero en materia de derechos humanos

Marruecos lleva décadas siendo la “policía de Europa” en el corredor africano. El resultado es lo que desde el Colectivo de Comunidades Subsaharianas en Marruecos describen como “una jaula sin barrotes”: redadas nocturnas, autobuses que trasladan migrantes desde Rabat hacia el sur del país sin procedimiento legal. Para las mujeres, la lógica tiene capas específicas que las estadísticas no registran.

“En Marruecos, ser una mujer negra es suficiente para ser detenida”, afirman integrantes de Femmes Restaurées, en Casablanca. Ndir añade otras trabas menos visibles: “No hay datos sobre los menores que acompañan a las mujeres. Si no vas con un hombre para registrar al niño, el niño es haram (pecado). Sin tener un alquiler, no hay registro. Sin registro, no puedes salir del país. Las mujeres acaban estando con hombres para buscar protección”. La irregularidad prolongada empuja a las mujeres al trabajo doméstico, la agricultura y la venta ambulante. Christine, que dio a luz sola en Al Aaiún, en el Sáhara Occidental, tras ser dispersada por las deportaciones internas, lo resume así en el informe: “Si un día no trabajo, los niños no comen. No tengo permiso, ni seguridad social. Vivimos al día”.

Desert dumps en Túnez

Si Marruecos ejerce como tapón para evitar la llegada a Europa, Túnez se ha convertido en un socio con cada vez más peso, especialmente a raíz de la llegada al poder de Kaïs Saied en 2019. El presidente tunecino afirmó en 2023 que hay un “plan criminal” para cambiar la demografía del país, y bajo su gobierno han aumentado los ataques policiales y judiciales contra las personas negras —tanto si son migrantes como si son ciudadanos tunecinos—. En junio de 2024 Túnez suspendió todos los procedimientos de asilo, incluidos los del ACNUR. Ese mismo año, la UE asignó 105 millones de euros a reforzar la guardia costera tunecina: la misma que lidera las deportaciones al desierto.

La violencia sexual no es un efecto colateral: es un instrumento de control fronterizo [...] Muchas mujeres llegan a Europa con embarazos no deseados

El informe documenta las prácticas conocidas como desert dumps: detención de personas negras en Sfax, traslado en autobús y abandono en zonas desérticas a más de 45 grados, sin agua, con colaboración ocasional de milicias procedentes de Libia. La violencia sexual no es un efecto colateral: es un instrumento de control fronterizo. “Muchos guardias te dicen que solo puedes entrar al país si aceptas dormir con ellos. Si te niegas, te lo quitan todo y te tiran de vuelta al desierto”, relata Marie, una migrante camerunesa. Las organizaciones sobre el terreno confirman agresiones perpetradas tanto por actores estatales como por redes criminales. Muchas mujeres llegan a Europa con embarazos no deseados. “Cuando han sido víctimas de violencia sexual y llegan embarazadas, no hablan, no confían en nadie”, describe Grazia Armenia, psicóloga de Médicos Sin Fronteras en Palermo. “El sentimiento de vergüenza y la pérdida de dignidad son inmensos”.

Senegal: mercado de visados, machismo y patriarcado

Senegal representa el tercer vértice: el país donde la externalización opera antes de que nadie tome una embarcación. España mantiene cuarenta agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional en territorio senegalés, que hasta 2025 participaron en más de 5.000 interceptaciones. “¿Por qué tenemos a la Guardia Civil en Senegal?”, pregunta Ndir. “No ves a ningún policía senegalés por las calles de Barcelona. Es como si les hubieran dicho a los senegaleses: ustedes no tienen derecho a la circulación”. El régimen de visados es el primer muro: limitar las vías legales empuja hacia las opciones más peligrosas. El sistema de citas externalizado a una empresa privada genera esperas de hasta dos años y un mercado informal de plazas que se venden entre 228 y 457 euros.

Una de las múltiples raíces de la migración femenina es la desigualdad en el reparto de tierras: en Senegal, los títulos de propiedad están en manos de hombres en más del 90% de los casos. Como explica la abogada senegalesa Marina Kabou, muchas mujeres migran también para “liberarse del patriarcado y de la violencia, como el matrimonio forzado o la mutilación genital femenina”. “Si hubiéramos tenido un visado, nada de esto habría pasado”, dice Aminata, que acabó cogiendo una patera. Las que regresan sin dinero pagan otro precio: estigma, aislamiento, el duelo sin cierre de las madres que han perdido hijos en el mar y que, como apunta Madaula, ni siquiera tienen un proceso formal de duelo.

Una de las propuestas del informe tiene que ver con cambiar la mirada hacia las mujeres migrantes y reconocerles agencia, no solo precariedad

Hay, con todo, algo que el informe se niega a dejar en la sombra: las mujeres no son solo víctimas. Aybar lo expone con claridad: “Hay redes de apoyo mutuo y de cuidados que sustituyen a las instituciones que no protegen o intimidan”. Más allá de la creación de asociaciones, uno de los instrumentos de apoyo directo más claro es el de las tontines. Se trata de un sistema en el que un grupo de mujeres aporta, de forma periódica, una cantidad de dinero fija e igual, y una se lleva el dinero después de hacer un sorteo o tras decidirlo en una reunión colectiva. El sistema permite que, al final de la tanda completa, todas hayan recibido el dinero una vez, algo que les ayuda a acometer grandes inversiones, empezar un negocio o pagar la educación o sus gastos médicos o los de sus allegados.

“Cuando vemos a una mujer con un negocio, nunca nos preguntamos cómo ha llegado a ponerlo en marcha”, señala Ndir. Eso sucede porque, según la experta, siempre se mira a las mujeres migrantes desde el mismo prisma. Es por ello que una de las propuestas del informe tiene que ver con cambiar la mirada hacia las mujeres migrantes y reconocerles agencia, no solo precariedad. Tal y como cuenta una integrante de Femmes Restaurées, una asociación de mujeres migrantes, compartir dinero va más allá de lo económico: “Nos ayudamos mutuamente. Si una de nosotras tiene dinero, lo comparte. Hablar es curar a medias”. El balance final de este estudio lo traza Ndir, que cree que “Vides en trànsit” ha abierto un melón: “Esto no es un final, sino un punto de partida”.

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