“Proyectar un aura de libertad en un contexto sometido a los intereses del capital me parece una locura”

Hans Laguna disecciona en ‘Yo siendo yo’ cómo la autenticidad se ha convertido en la herramienta de marketing más rentable de la industria musical. El pop como teatro del capitalismo digital.
Hans Solo en Anti Liburudenda
Hans Laguna durante la presentación de ‘Yo siendo yo’ en Anti Liburudenda (Bilbao) Eider Iturriaga
25 may 2026 05:03

El 92% de pureza es más de lo que la mayoría está dispuesta a tolerar cuando se trata de chocolate. También, quizá, cuando se trata de autenticidad. En Bilbao huele a petricor y la ciudad encara una jornada histórica de huelga. Sociólogo y músico, Hans Laguna es autor de ‘Hey! Julio Iglesias y la conquista de América’. Acaba de publicar su segundo ensayo con Anagrama: ‘Yo siendo yo: El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop’, una disección de la música de masas contemporánea donde Rosalía y Adorno pueden convivir en la misma frase sin que salten las costuras.

Como ‘Shakespeare en Disneylandia’ (idea que desarrolla en este interesante libro), Laguna llega a la terraza rodeado de gorriones y juega a ser diva del pop cuando dice que no quiere un pintxo de tortilla. Hoy no se sube a un escenario en calidad de músico, estira su traje de dandy y se sienta a conversar. Ayer charlamos durante su presentación en Anti Liburudenda. Ahora seguimos el hilo en esta conversación para Hordago.

En 1995 Radiohead publicó Fake Plastic Trees. ¿Conoces la canción?

Soy muy poco de Radiohead. Bueno… ¿Es de The Bends? A ver… [Pausa, consulta el teléfono]. Sí, ese disco es del 95. Fui fan suyo hasta OK Computer y Kid A. OK Computer tuvo un impacto muy bestia en mi entorno y en mí.

Era solo para introducir que vivimos en una era de fake authenticity. Pero veo que te ibas a meter en Radiohead.

Tengo mucho que decir sobre Radiohead. Sobre todo, cómo se han convertido en una banda reverenciada: cualquier cosa que hacen parece lo más vanguardista y lo más rompedor. Y me parece que no. Están un poco sobrevalorados. Por ejemplo, fusilan cosas de Can y de grupos experimentales de los 70. Además, políticamente llevan un tiempo derrapando.

“La estética del photo dump: fotos borrosas, desaliñadas, con flash; que representan que no te lo has currado demasiado y que, por eso mismo, resultan más auténticas. Pero en el fondo lo interesante es ver que están pensadas”

El teatro de la autenticidad que analizas en las estrellas pop, también parece haberse extendido a la vida cotidiana: al deseo, a las redes, a la forma de ligar. ¿Mostrar interés genuino se ha vuelto sospechoso?

Hay un ensayo (no sé qué repercusión ha tenido fuera de Catalunya) que se llama No seas tú mismo, de Eudald Espluga. Es un filósofo que analiza bien esa actitud. En la generación Z y posteriores, en redes, en internet, hay una especie de ironía y de reparo a la hora de mostrarte como eres, con tus emociones, tus sentimientos… Siempre aparece ese personaje, distanciado e irónico, porque cualquier cosa un poco sentida, sincera y honesta es tachada de “cringe”. Espluga analiza que esto es una trampa. Tendría que pensar más sobre este teatro de la autenticidad.

¿Ya no importa tanto ser auténtico como interpretar ese papel?

En el libro recojo este tema en el capítulo de la espontaneidad y pongo como ejemplo a Charli XCX. Me dediqué a analizar la estética del photo dump: esas fotos desaliñadas, borrosas, con flash, que demuestran que no te lo has currado demasiado y que, por eso mismo, resultan más auténticas. Pero en el fondo lo interesante es ver que están pensadas. No estás demostrando espontaneidad; es algo más meta. Es una especie de performance de imperfección. Como un filtro que filtra lo no filtrado. Charli XCX representa muy bien eso: ves claramente que hay una intención y una estrategia detrás, pero, a la vez, de alguna forma ha conseguido parecer tan auténtica que se puede permitir performar explícitamente su autenticidad.

“Las cosas intensas, solemnes y sentidas, corren el riesgo de ser ‘cringy’. De la misma forma que existe un filtro que filtra lo no filtrado, parece existir una profundidad que rehúye lo profundo” 

Parece más difícil diseñar un photo dump que parezca auténtico…

Sí, para ti y para mí sí, porque hemos estado más acostumbrados a lo otro. Al final estás mucho rato para publicar un carrete de una forma que parezca random. Eso también está relacionado con el miedo al “cringe”, igual que el uso mayoritario de las stories hoy día, porque son efímeras y te comprometen menos que un post. Las cosas más intensas, más solemnes, más sentidas, corren el riesgo de ser “cringy”. De la misma forma que existe un filtro que filtra lo no filtrado, parece existir una profundidad que rehúye lo profundo. 

Hablas de “la curiosa fusión contemporánea entre el espíritu del Sturm und Drang y la mentalidad de Silicon Valley”. ¿Cómo nace este híbrido entre romanticismo alemán y capitalismo salvaje?

Desde internet, con la caída de las ventas de discos, la industria musical se ha reorganizado de forma que ahora una de las principales fuentes de ingresos son las alianzas de marca que las estrellas tejen con otras empresas. Así, se convierten en empresarias de sí mismas, con una mentalidad abiertamente neoliberal que antes era algo a evitar. Hoy no solo no resulta problemático: tenemos artistas que se representan explícitamente así. En España, C. Tangana es un ejemplo claro de músico que se presenta como marca, como producto, como gestor y publicista de sí mismo. Y no solo no lo esconde, sino que forma parte de su gracia.

¿Confesarlo también es una manera de jugar a ese teatro?

Totalmente. Ahí está el debate que tuvo C. Tangana con Yung Beef en la rueda de prensa del Primavera Sound. Mostró una visión abiertamente capitalista, sin ningún reparo, como algo positivo. Esa sería la parte Silicon Valley.

También tiene que ver con las características de gestión empresarial que aparecen con frecuencia en los documentales de estrellas pop. Siempre nos las muestran como project managers, líderes de equipo y gente con visión. Esto conecta con el aspecto romántico: son personajes que crean como grandes artistas y tienen una visión artística que plasman en cada disco. Con Rosalía se ve claro: se presenta como una artista en el sentido más puro, se reinventa a sí misma, despliega toda una estética musical y conceptual.

“Existen paralelismos claros, entre el discurso de emprendimiento neoliberal y el artista romántico, que las estrellas de la música encarnan perfectamente”

Tiene herencia del Romanticismo, aunque hoy no hablamos del artista romántico clásico enfrentado a la sociedad, sino de la mezcla de ese espíritu con la figura del emprendedor. En el fondo, el emprendedor comparte el mismo núcleo romántico: una persona con una visión que pelea para ejecutarla, asume riesgos, persevera, es original. De hecho, también analicé las características que las escuelas de negocios destacan en una persona emprendedora y muchas cuadran con el ideal romántico. Existen paralelismos claros, entre el discurso de emprendimiento neoliberal y el artista romántico, que las estrellas de la música encarnan perfectamente.

“El Romanticismo del siglo XIX se oponía a las normas sociales y tenía algo emancipador bastante potente. Hoy, el ideal se pone al servicio del mercado”

¿Qué te parece lo más problemático de esta mezcla?

El ideal romántico tiene elementos interesantes que son neutralizados en su versión Silicon Valley. El romanticismo del siglo XIX se oponía a las normas sociales, reivindicaba la libertad individual y la naturaleza, rompía con el monopolio de los mecenas, la Iglesia y las academias de arte. Tenía algo emancipador bastante potente.

Hoy, este ideal se pone al servicio del mercado. Proyectar un aura de libertad y autonomía en un contexto sometido a los intereses del capital me parece una locura. Y es algo que estamos asumiendo constantemente, de una forma tan natural que resulta sorprendente.

¿A qué crees que se debe esa naturalidad? ¿Una forma de alienación?

Estamos totalmente moldeados por la ideología neoliberal. Cuanto más bajas en edad, más todavía. Hay cosas que deberían chirriar de forma muy clara y no nos chirrían.

“Se impuso mi manera enfermiza de hacer las cosas: en lugar de hacer un artículo ampliado, he hecho un ensayo recortado”

¿Por qué has escogido Anagrama para este segundo ensayo?

Anagrama ha sido (y es) parte de mi educación intelectual y sentimental. Me hacía mucha ilusión publicar en ella. Además, después del libro sobre Julio Iglesias, que fue un parto bastante complicado, creí que esta colección era una oportunidad para hacer un ensayo más ligero. Pero se impuso mi manera enfermiza de hacer las cosas: me documenté un montón y, en lugar de hacer un artículo ampliado, he hecho un ensayo recortado. Estoy contento con el resultado, pero creo que podría haber sido incluso más extenso.

“Ya de entrada: soy un tío blanco, cis, hetero, cuarentón y de clase media escribiendo sobre las divas del pop” 

El libro se detiene en la presión específica que soportan las mujeres en el mundo del pop para demostrar su autenticidad, autoría y control creativo. ¿Cómo trabajaste esta mirada siendo un hombre?

Era una preocupación grande mientras lo escribía. Aunque creo que el libro puede resultar interesante para el público femenino, sé que existe esta barrera que es difícil quitarse de encima. Ya de entrada: soy un tío blanco, cis, hetero, cuarentón y de clase media escribiendo sobre las divas del pop.

Entiendo que mucha gente que podría disfrutar con este ensayo no se va a acercar a él por este hecho. Pero precisamente desde ese perfil de hombre hegemónico era importante para mí hablar con perspectiva de género. La crítica cultural y musical está muy dominada por hombres con una visión rockista bastante machirula. 

“Me esforcé en que la mayoría de fuentes expertas que menciono también fueran de mujeres pensadoras, musicólogas, teóricas…”

En los casos de divas pop que analizas, les das voz a través de sus citas directas, que también se ponen en diálogo a lo largo del libro. Resulta interesante ver cómo se conectan, entre otras, las palabras de Aitana y las de Madonna.

Me interesaba abordar el análisis del sesgo en el fenómeno pop con herramientas diferentes. Igual que en un ensayo académico se citan fuentes académicas, mi idea era hacer un libro donde cito y hago comparecer a las mujeres estrellas del pop. Y también me esforcé para que la mayoría de fuentes expertas que menciono fueran mujeres: pensadoras, musicólogas, teóricas, etcétera.

Ya que soy un tío hablando de tías, quería que al menos dentro del libro hablasen las mujeres. Me he dado cuenta de que, dándole espacio al discurso de las reinas del pop, pasan cosas interesantes. Aitana, una estrella pop que podría parecer de lo más superficial y petarda, resulta que tiene declaraciones conceptualmente muy interesantes y de las que se puede sacar mucho jugo. Me atraía hacer este ejercicio académico aplicado al mundo del pop y creo que ha quedado bastante bien.

¿Qué papel tuvo la edición de Isabel Obiols para cuidar el riesgo de caer en la condescendencia o mansplaining?

Isabel Obiols, editora en Anagrama, me ayudó a perfilar el tono y a enfocar el inconveniente de ser un hombre hablando de mujeres. La intención era no sonar condescendiente o paternalista. Era un punto delicado y creo que lo hemos podido evitar.

“Todos los creadores y genios son hombres, según el relato oficial. En la industria musical también está presente esta narrativa. Las mujeres han quedado fuera del reino de la autenticidad”

¿Estar dentro de la industria musical te ayudó a desarrollar la mirada o más bien al contrario?

Estar dentro de la industria musical en el día a día no te hace tener perspectiva de género, porque sigue siendo una industria muy machista. La perspectiva feminista viene de mi propia evolución personal e intelectual, relacionada con la sociología. Y en este libro era especialmente obligada.

Analizo estrellas femeninas porque son las que más performan esta autenticidad teatral, precisamente porque están sometidas a una mayor presión por el sesgo de género. Y porque, históricamente, las mujeres han quedado fuera del reino de la autenticidad.

“Un artista masculino puede sacar un disco sin ningún cambio respecto al anterior y eso no cuestiona su calidad. Al revés”

¿En qué sentido han quedado fuera de ese reino de la autenticidad?

El mito del genio romántico excluye a las mujeres desde el principio. Todos los creadores y los grandes genios son hombres, según el relato oficial. En la industria musical también está presente esta narrativa: la parte creativa (de composición y producción), y también la de gestión empresarial recae en los hombres desde siempre.

Por eso las reinas del pop tienen que demostrar en mayor medida que están implicadas a lo largo de todo el proceso creativo: que son ellas las que componen, dirigen los videoclips, producen sus documentales… Soportan, como en otras facetas de la vida, una mayor carga y una mayor presión por el sesgo de género. 

“Por eso el caso de Rosalía es interesante: cada vuelta de tuerca que da es más fuerte. Tengo curiosidad por ver qué será lo siguiente”

Otro ejemplo es que tienen una mayor necesidad de reinventarse. El ciclo de vida de las estrellas femeninas es, de entrada, mucho más corto que el de las estrellas masculinas. Dependen en mayor medida de sus cuerpos y están más sexualizadas, por eso sufren una caducidad más rápida. Las obliga a reinventarse de una forma que no afecta ni de lejos a los hombres. Un artista masculino puede sacar un disco sin ningún cambio estético respecto al anterior y eso no cuestiona su calidad artística ni su genio. Al revés.

Por eso el caso de Rosalía es tan interesante: cada vuelta de tuerca que da es más fuerte. Tengo curiosidad por ver qué será lo siguiente que hace; está en un viaje de reinvención y de artisticidad que no sé adónde le va a llevar.

“El reggaetón también empieza como una música negra marginal. Desde Europa vemos a J Balvin como latino pero J Balvin no es Tego Calderón”

En el libro rastreas desde Elvis una forma de apropiación cultural atravesada por el blanqueamiento. ¿Cómo opera ese mecanismo?

Si analizamos la historia de la música comercial, vemos que quienes han triunfado son versiones suavizadas y blanqueadas, pensadas para el gran público, que se han apropiado de rasgos de manifestaciones culturales subalternas o marginadas. En el caso de Elvis es clarísimo: se le considera el rey del rock y lo que hace es una especie de minstrel show, una performance de lo negro.

Aunque fuera escandaloso en la época por su sexualidad, Elvis era, de lejos, más admisible que la sexualidad negra. Era una versión descafeinada, por muy polémica que fuera, de lo negro. Y esto lo vemos en la mayoría de géneros musicales. El reggaetón también empieza como una música negra marginal y se ha ido blanqueando. Desde Europa vemos a J Balvin como latino, pero J Balvin no es Tego Calderón.

“El pop mainstream absorbe de culturas al margen y quita los elementos amenazantes para hacerlos aptos para el consumo masivo”

Además de Elvis, tendría que añadir que la historia del rock, desde los años 50 y 60, se resume básicamente en eso: triunfan los blancos apropiándose de lo negro. Los Rolling Stones, Led Zeppelin, Eric Clapton… Son hombres blancos que imitan a artistas negros. Y la sexualidad de Mick Jagger se admite y vende, mientras que los artistas negros de los que bebe resultan escandalosos o directamente invisibles. Es un mecanismo muy habitual. Y bastante terrorífico.

En general, la música mainstream absorbe los elementos que resultan atractivos, frescos y aparentemente auténticos de culturas que tienen cosas que decir porque están al margen. Y lo que hace es quitarles los elementos amenazantes para hacerlos aptos para el consumo masivo. Eso ha pasado siempre y sigue pasando.

“Lo más heavy es que hace una gira inspirándose en esta cultura marginal y construyendo todo su espectáculo en torno a ella”

Este método de colonialismo musical también aparece en las divas pop.

El caso más claro que analizo es el de Madonna. Lleva treinta años reinventándose con cada disco, siempre cogiendo de aquí y de allá. El ejemplo más obvio es el del vogueing. El vogue es una manifestación de personas afrodescendientes y latinas queer, pero Madonna lo lleva al gran público y se cuelga esa medalla.

Lo más heavy para mí es que hace una gira inspirándose en esta cultura marginal y construyendo todo su espectáculo en torno a ella. Y si intentas imitarlo después, ya está protegido legalmente. Ella lo capitaliza, lo rentabiliza, tiene el copyright y no recompensa a quienes lo originaron.

“Suelen ser artistas privilegiadas blancas, que se pueden permitir coger de aquí y allá para construir su marca personal y sacar rédito”

Rosalía también es un caso interesante: empieza con el flamenco sin ser gitana, siendo una tía catalana de clase media con unos rasgos físicos muy normativos. Cuando le dieron su primer Latin Grammy dijo sentirse “orgullosa de representar al flamenco en el mundo”. Y en Motomami, ese carácter rompedor que tiene el disco, le debe mucho a las músicas afrocaribeñas y a actitudes que básicamente son apropiaciones raciales y de clase.

Suelen ser artistas privilegiadas y blancas que se pueden permitir coger de aquí y allá para construir su marca personal, sacando rédito económico sin compensar a quienes, se podría decir, han robado. Estoy hablando de forma muy tajante, pero es así.

¿Cómo puede el rock conservar la fama de rebeldía siendo también un producto central dentro de la industria musical?

Lo curioso del rock es cómo ha mantenido esta aura de autenticidad y de rebeldía cuando ha sido un producto mainstream, dependiente de grandes compañías discográficas. Ha sido absolutamente capitalista, vendiendo un objeto de consumo en forma de disco, vinilo o CD a través de multinacionales. Pero ha conseguido mantener ese halo de rebeldía frente al pop, que sí se ha considerado comercial.

Y es algo muy paradójico que persiste. Si miramos las listas de éxitos, el rock en 2026 está de capa caída. Pero la mentalidad y la ideología del rockismo siguen vigentes, sobre todo en hombres de cierta edad y con gran peso cultural. También en los debates contra el reggaetón se nota un tufo rockista muy importante.

“Muchos hombres de mitología rockista pensarán que esto es un ensayo sobre Shakira y que no les interesa” 

Mi intención era desmontar un poco todo esto, pero como analizo sobre todo a las estrellas del pop, he tenido miedo de quedarme en tierra de nadie. Es decir, que al público interesado en el pop le pareciera que el libro no iba con él. Y menos aún a los hombres de mitología rockista; muchos de ellos pensarán que es un ensayo sobre Shakira y que no les interesa. Quería captar a los dos públicos. Con el público femenino y el más interesado en el pop parece que está funcionando. Con los rockistas, diría que menos…

Con algunas rockistas parece que también está funcionando…

Entonces es un ensayo para un público femenino rockista. Bien.

“El rock, no casualmente, representa la autenticidad y se asocia a lo masculino, a un mundo de hombres. El pop se concibe como su alteridad, es un mundo femenino e inauténtico.”

¿En qué se basa la oposición histórica entre el pop y el rock?

Desde los años 60 existe esta antítesis, esta dicotomía, en la que el rock se erige como opuesto al pop. El rock representa la autenticidad frente a la artificialidad, la superficialidad y la comercialidad del pop. El rock, no casualmente, se asocia a lo masculino, a un mundo de hombres. El pop se concibe como su alteridad, es un mundo femenino e inauténtico.

En esta némesis está el tema de la permanencia, la inmutabilidad, la profundidad vinculadas al rock; por eso lo relaciono con Parménides desde una perspectiva filosófica. Y lo mutable, lo efímero, lo superficial, asociado históricamente con la volubilidad femenina; corresponde al pop y lo relaciono con Heráclito. Aunque confieso que es un comentario pedante para sentirme conectado con la filosofía.

“Kurt Cobain representa muy bien la esquizofrenia que el rock ha sabido conciliar y transmitir a su público: sentirse contestatario en el corazón de la industria musical más capitalista”

Esta dicotomía se aplica a conveniencia: Si el pop no es un género sino una etiqueta de consumo masivo, ¿parte del rock también es pop?

Eso es, exactamente. Y de hecho, a mí me pareció novedoso cuando quise escribir sobre ello porque fue un descubrimiento propio. Yo vengo del rock a muerte y me he tragado esta paradoja tan curiosa: creer que estás en contra de la cultura de masas siendo un producto de masas.

Eso ha forjado mi identidad desde adolescente: escuchaba a Nirvana, que estaba en el sello de David Geffen y aparecía en la MTV todo el día; pero yo me sentía especial y antisistema gracias a ellos. Las contradicciones llevaron a Kurt Cobain a pegarse un tiro, por lo que su caso representa muy bien esta esquizofrenia que el rock ha sabido conciliar y transmitir a su público: sentirte contestatario y especial estando en el corazón de la industria musical más capitalista.

Marxista antirracista y con perspectiva de género: ¿de dónde viene ese marco teórico?

Bueno, vengo del marxismo y de su crítica cultural, de la escuela de Frankfurt, etc. De pensadoras como Silvia Federici y Nancy Fraser, que dialogan con la teoría de Marx. Son parte esencial de mi bagaje intelectual libros como El patriarcado del salario: Críticas feministas al marxismo de Federici.

Cuando era púber creí haberme dado cuenta solito de que el marxismo necesitaba completarse con la perspectiva de género: “hostia, claro, ¿cómo no lo había visto antes?”. Fue un descubrimiento, de esos que ocurren en la juventud y duran más bien poco. En cuanto empecé a profundizar vi que estaba mucho más ciego de lo que creía. He aprendido sobre todo gracias a mujeres que son parte de mi vida.

Intento conjugar siempre que puedo la crítica cultural marxista con eje de género y con la mirada antirracista; creo que es muy necesaria y que desde la perspectiva española no se suele tener. Influye en mi manera de mirar y comprender el mundo.

El libro mezcla fuentes pop y académicas: divas, documentales, entrevistas, Frankfurt, feminismo marxista, estudios culturales. ¿Esa combinación es una forma de disputar qué objetos merecen pensamiento serio?

Sí, pero es como funciona mi cerebro de manera natural. Tengo todo un bagaje académico (estudié Filosofía y Sociología) y esas referencias han construido mi andamiaje conceptual. Miro el mundo con sus herramientas. Y, por otro lado, me interesa mucho la cultura pop. De forma natural mezclo los dos registros en un viaje de ida y vuelta.

Me sorprende cómo la academia y la alta cultura están tan separadas de lo pop, y también cómo en lo pop muchas veces hay un déficit teórico muy evidente. En la tradición anglosajona, con los cultural studies, nos llevan décadas de ventaja y tienen normalizado que se puede hablar de forma seria y rigurosa de fenómenos de la cultura de masas.

En el Estado español existe un vacío en ese sentido: hay gente en la academia haciendo cosas muy interesantes y gente en lo pop haciendo cosas muy interesantes, pero faltan espacios de solapamiento. 

“Te escribes con alguien, te dice que “para tal día, tanto” y luego va todo muy rápido. Las noticias caducan a un ritmo trepidante”

Has escrito para medios como CTXT, elDiario.es o el mismo El Salto. ¿Tienes algún criterio editorial o pesan más las condiciones materiales de hacer crítica cultural hoy?

Ahora voy a publicar en El País, eso rompe un poco el criterio. [Risas]. Pero sí, me propuse escribir artículos sobre música y sociología y me hacía ilusión publicar en los medios que leo.

También me apetecía hacer un estudio comparativo de cada cabecera: ver cuánto pagan, cómo es trabajar con ellos... No voy a compartir los resultados porque sería conflictivo, pero en general hay poca relación. Te escribes con alguien, te dice que “para tal día, tanto” y luego va todo muy rápido. Las noticias caducan a un ritmo trepidante.

El periodismo me parece un mundo muy desquiciado. Mis artículos, aunque sean ligeritos, me los curro mucho... Para poder ganar algo de dinero con ellos tendría que escribirlos a un ritmo que va en contra de cómo entiendo la crítica cultural. Aún tengo que encontrar cuál es mi lugar como articulista.

¿Queda algún lugar para lo genuino en este teatro?

No tengo muy claro hasta qué punto se asume ya un grado de falsedad, en esta autenticidad pop que encontramos en las redes sociales, no solo de las estrellas sino de uno mismo y de los demás… Al final, me he quedado un poco mareado, considerando que casi ni tiene ya sentido preguntarse por una autenticidad de verdad. 

Aunque tengo mis intuiciones y la necesidad de aferrarme a artistas que considero auténticos, reconozco que de alguna forma me he visto arrastrado por esta gran farsa de la industria musical. No te puedo responder a la pregunta, la verdad.

“Igual es porque ya tengo el ojo demasiado afilado pero me pareció una reacción estratégica al revuelo que se había creado”

El ejemplo que me viene es Rosalía, disculpándose por no haber separado la obra del artista en el caso de Picasso. En una entrevista con Mariana Enríquez dijo que a ella le daba igual cómo era el pintor como persona y la gente lo criticó. Entonces hizo un vídeo, con el móvil así puesto, ella, muy natural, pidiendo perdón porque no sabía que el pintor era un maltratador. Con unas disculpas muy sentidas y muy espontáneas. 

Igual es porque ya tengo el ojo demasiado afilado pero me pareció una reacción estratégica al revuelo que se había creado. Aunque, otra gente precisamente lo percibirá como genuino. Yo ya no sé cuánto lo ha hablado con su equipo o cuánto realmente ha cogido ella sola el móvil y lo ha colgado. Hoy en día puede hacerlo.

¿Y hablando de Palestina no puede colgar vídeos espontáneos?

Claro, luego viene lo del comunicado posicionándose a favor de Palestina, y lo de su aparición imprevista en el festival benéfico en Barcelona. Lo que está claro es que la gente lo puede percibir de muchas maneras y que hoy se genera un debate público sobre si algo que se hace viral es auténtico o estratégico y oportunista.

Otra cuestión digna de análisis es en qué medida les afecta este escrutinio social a las estrellas del pop, si gozan de mayor impunidad o censura. Las redes sociales e internet convierten en caza de brujas cuestiones que antes hubieran sido pasadas por alto o directamente desconocidas para el público. En ese sentido el escrutinio es mayor ahora, está claro. 

“Sinéad O’Connor rompió la fotografía del papa en directo en el como protesta contra los abusos sexuales cometidos por la Iglesia. Y pagó un precio altísimo por aquel gesto”

Pero, pasada la tormenta digital, cabría preguntarse cuánto le afecta realmente a una artista como Rosalía: si tiene impacto en sus reproducciones en plataformas, en la afluencia de público a sus macroconciertos, en los contratos con marcas...

En ese contexto y por contraste, ¿cómo lees el caso de Massive Attack?

Representan lo contrario. Gente comprometida, que sabe que posicionarse tiene riesgos y que, a todos los niveles (en concierto, respecto a Spotify, etcétera), me parecen un referente claro de cómo hacer las cosas. Ojalá fuera un movimiento más colectivo el que considerase la música un espacio político y reivindicativo.

Pienso en otro ejemplo, de otra referente, que está incluido en la videográfica del ensayo. En 1992, Sinéad O’Connor rompió una fotografía del papa en directo en Saturday Night Live, como protesta contra los abusos sexuales cometidos por la Iglesia. Y pagó un precio altísimo por aquel gesto...

“Vista desde fuera parece más fácil de tomar que desde dentro. Porque hay dinero de por medio y tienes que hacer equilibrios. Son muchos intereses cruzados”

Esta noche ibas a tocar con Nacho Vegas, muy cerca de aquí. Habéis cancelado el concierto en el Kafe Antzoki porque hoy es día de huelga para el sector de espectáculos y eventos de Euskadi. ¿Fue difícil tomar esta decisión?

Básicamente la tomó Nacho, que es el líder del proyecto, de forma clara. Tuvo que informarse un poco de la situación y no le costó mucho, a pesar de que conllevase pérdidas económicas. Somos once personas en el equipo: los desplazamientos, los billetes de avión, el alojamiento, todo estaba ya comprado. Es una putada real. Pero Nacho, con su buen criterio, ha hecho un comunicado en asturiano, que es impecable y explica todo muy bien. Estoy hablando por él porque formo parte del proyecto pero en realidad es una decisión suya.

“Creo que he sido yo mismo, aunque también un poco actor de mí mismo. Fruto de la repetición y de cierta alienación por tener que hablar en público”

¿Sabes cuál hubieras tomado tú?

Quiero creer que la misma. Pero es la típica decisión que, vista desde fuera, parece más fácil de tomar que desde dentro. Porque hay dinero de por medio y tienes que hacer equilibrios. Son muchos intereses cruzados.

¿Qué porcentaje de tú siendo tú contiene esta conversación?

Pues un 92%, diría. Aunque también ocurre que, después de hacer muchas entrevistas y presentaciones, igual que me pasaba siendo profe (he sido profe muchos años), repites un discurso y caes en ciertas inercias. Creo que he sido yo mismo, aunque también un poco actor de mí mismo. Un yo mismo que es fruto de la repetición y de cierta alienación por tener que hablar en público. Encuentras una especie de comodidad en esa disociación, al final… O más te vale encontrarla.

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