Opinión
Independencia de los bancos centrales sí, pero no así
Donald Trump acaba de abrir un nuevo frente en su cruzada política: el asalto directo a la independencia de la Reserva Federal. Las amenazas públicas contra su presidente, Jerome Powell, buscan forzar bajadas de tipos de interés al servicio de objetivos electorales. Pero no es el único que piensa que deberíamos subordinar la política monetaria a instituciones democráticas, una señal de que algo falla en la arquitectura monetaria actual en la que la fragilidad bancaria juega un rol esencial.
La independencia de los bancos centrales se ha presentado durante décadas como una garantía técnica frente a la arbitrariedad política y un paso más en la separación de poderes. Pero a menudo obviamos que el problema no es solo quién manda sobre el banco central, sino las herramientas que utiliza.
Mientras estas herramientas sigan siendo esenciales para mantener a flote este sistema de dinero con riesgo, la independencia del banco central estará siempre en disputa
Los instrumentos tradicionales de la política monetaria —subir o bajar tipos de interés, rescatar bancos, comprar deuda pública— influyen directamente en el empleo, la vivienda, la deuda pública o la desigualdad. Son decisiones profundamente políticas, aunque se presenten como técnicas. Mientras estas herramientas sigan siendo esenciales para mantener a flote este sistema de dinero con riesgo, la independencia del banco central estará siempre en disputa.
La cantidad de dinero se gestiona de forma indirecta, a través de los mercados financieros y los bancos, a menudo con poca eficacia y unos enormes costes para el erario público y los consumidores. Y es que el sistema es frágil por diseño: depende de entidades privadas propensas a crisis, lo que obliga a privilegios enormes y costosísimas intervenciones públicas para evitar colapsos. Defender la independencia del banco central sin cambiar este marco es una batalla perdida.
El euro digital como alternativa estructural
Si queremos preservar una separación real entre política monetaria y fiscal, necesitamos otra cosa: un sistema monetario más simple, seguro y democrático. Aquí es donde entra el euro digital. No como un mero medio de pago adicional, sino como una infraestructura pública de dinero, accesible directamente a la ciudadanía. Un dinero digital emitido por el banco central, seguro por diseño, que reduzca la dependencia del sistema bancario privado.
Cuando las personas y las empresas tienen acceso directo a dinero público seguro, se reduce drásticamente la necesidad de rescates, de control de tipos de interés y de intervenciones de emergencia
Pese a que este aspecto está siendo totalmente obviado en el debate actual sobre el futuro diseño de nuestra CBDC europea, en gran medida influído por el poder del lobby bancario, no podemos pasar por alto los inmensos beneficios a largo plazo. Cuando las personas y las empresas tienen acceso directo a dinero público seguro, se reduce drásticamente la necesidad de rescates, de control de tipos de interés y de intervenciones de emergencia. La estabilidad financiera deja de depender de salvar bancos “demasiado grandes para caer” y el riesgo real que existe en el modelo de negocio bancario o de otros emisores de dinero privado es asumido por quien decide usar sus pasivos como dinero.
Esto permitiría que los bancos centrales abandonaran progresivamente las herramientas más polémicas —manipular tipos de interés, compras masivas de activos, rescates— y se centraran en garantizar un sistema monetario estable regulando la cantidad de dinero de forma directa y transparente: por ejemplo, mediante transferencias a la ciudadanía o al tesoro sin contrapartida. Algo que en España llevan defendiendo asociaciones como Dinero Positivo desde hace más de 10 años.
Menos tecnocracia, más democracia monetaria
Este cambio no elimina todos los problemas con la asignación de recursos financieros y requiere programas públicos para corregir fallos de mercado, pero al separar política monetaria y fiscal se ahorran unos costes enormes, se permite la innovación privada y la acción pública se hace visible y responsable. Las decisiones redistributivas dejarían de esconderse en operaciones monetarias opacas y pasarían al terreno fiscal, donde deben debatirse y decidirse públicamente.
La independencia no se protege blindando tecnócratas, sino diseñando instituciones que no concentren tanto poder redistributivo fuera del control democrático
Esto reforzaría la independencia del banco central al liberarla de instrumentos que hoy la convierten en objetivo permanente de presiones políticas. La independencia no se protege blindando tecnócratas, sino diseñando instituciones que no concentren tanto poder redistributivo fuera del control democrático y abran el acceso al dinero público a toda la ciudadanía.
Si Trump puede atacar a la Fed con tanta facilidad no es solo por autoritarismo, sino porque el sistema se lo pone fácil. Cambiar ese sistema —y el euro digital es una oportunidad clave para hacerlo— es la mejor defensa frente a los ataques, vengan de donde vengan.
Análisis
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