Opinión
El fin del imperio tecno-estatal gringo y la lucha cooperativa por la vida

Quieren desmoralizarnos, pero su imperio está débil. Es el momento de la resistencia y de construir alternativas al tecno-fascismo.
Donald Trump operación resolución absoluta - 4
Trump sigue la operación militar en Venezuela el 3 de enero de 2026.

Aunque la mal llamada Inteligencia Artificial (IA) empieza a diseñarse desde la década de 1940, ha sido en los últimos años cuando los tecno-oligarcas han aumentado su poder y riqueza exponencialmente, haciéndose con la hegemonía a nivel sistémico: han tomado las instituciones estadounidenses de la mano de Donald Trump, puesto en marcha una campaña masiva de relaciones públicas para convencernos de sus bondades y expandido globalmente hasta convertirse en los actores más poderosos, al tiempo que la IA ha servido para acelerar exponencialmente la crisis climática y socioambiental, difundir desinformación en procesos electorales de medio centenar países y cumplir un papel estratégico en el genocidio palestino, las guerras, el control fronterizo, la vigilancia a gran escala y la represión por parte del ICE.

Es el aparato del imperialismo activando todos sus tentáculos: tecnológico, económico, anti-medioambiental comunicativo-cultural, militar y político. El Financial Times, una biblia del capitalismo liberal que quiere estabilidad y equilibrio en el sistema, alerta sobre “el colonialismo de la IA estadounidense”: la clave no es la competencia con China, sino crear dependencia para coaccionar a los demás países. Este capitalismo tecnofeudal usa métodos peores que el vasallaje, porque el señor feudal ni siquiera ofrece protección, solo chantaje mafioso.

En el proceso expansivo de construcción de centros de datos (la “nube”) y crecimiento del mercado, los tecno-oligarcas tratan el ecosistema natural como terra nullius a sacrificar: extracción de minerales raros, consumo desmedido de agua, producción y refrigeración de semiconductores a gran escala, aceleración del consumo de energía, altas emisiones de dióxido de carbono, contaminación atmosférica por óxidos de nitrógeno y azufre, y producción de residuos.

Venezuela, Groenlandia, Irán, Colombia, México, Ucrania y otros países golpeados o amenazados por el imperio tienen los recursos para hacer funcionar la máquina.

Mantener la máquina en marcha depende de controlar más recursos naturales. Pero hay dificultades que evidencian el declive terminal del imperio

Ronald Lauder —heredero de Estée Lauder, dueño de holdings en Groenlandia y donante de 100.000 dólares a la campaña de Trump— fue quien dio la idea al rey de expandir el imperio hacia el Ártico hace ocho años. Y escribió: “Bajo el hielo y la roca se esconde un tesoro de elementos de tierras raras esenciales para la inteligencia artificial, el armamento avanzado y la tecnología moderna. A medida que el hielo retrocede, surgen nuevas rutas marítimas que están remodelando el comercio y la seguridad mundiales”. Un asunto “estratégico”.

En 2024, la empresa tecnolibertaria Praxis intentó comprar Groenlandia y, al fracasar, buscó apoyo en Trump. Su objetivo es escapar de la regulación gubernamental y fiscal, blindar fortunas y convertir el mundo en su paraíso de ciudades-Estado privadas. Se ha autoproclamado la “primera nación digital del mundo”. Una nación mundial, pues, para estos tecno-oligarcas el Estado-nación soberano no es una unidad organizativa adecuada para la era de la IA, según escribieron Henry Kissinger (exsecretario de Estado y arquitecto de la segunda parte de la guerra en Vietnam y de los golpes en Chile y Argentina), Craig Mundie (exdirector de Investigación y Estrategia de Microsoft) y Eric Schmidt (exdirector ejecutivo de Google). Y según Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir e inversor en Praxis, “la libertad [entiéndase, de los tecno-oligarcas] y la democracia ya no son compatibles” —como Elon Musk, creció con el apartheid en Sudáfrica y conoce bien las sociedades autoritarias, antidemocráticas—.

Respecto a Venezuela, grandes empresas han presionado a la Casa Blanca durante largo tiempo para hacerse con el control del petróleo y de minerales raros. Y elNew York Times llamó a “sacar a Maduro del poder” mediante una “amenaza creíble” o por “la fuerza si es necesario”, algo que “no debería ser difícil de vender para el gobierno entrante”.

El fin del imperio

Trump ha dicho que EEUU necesita Groenlandia “con mucha urgencia” y elTimes que la propuesta de intervenir militarmente en Venezuela “responde a un interés nacional urgente y apremiante”. Tanta urgencia es sintomática de que el reloj corre para los tecno-oligarcas. Mantener la máquina en marcha depende de controlar más recursos naturales. Pero hay dificultades que evidencian el declive terminal del imperio.

Para empezar, la economía no da de sí para sostener y, mucho menos ampliar, el imperio militarmente, especialmente después de los sustanciosos recortes fiscales de Trump a los ricos. Además, hay divisiones entre las élites económicas (el director de la Reserva Federal o Exxon).

La crisis climática no supone un problema moral para el imperio, pero sí económico. EEUU lidera un aumento récord mundial en la energía a gas impulsada por las demandas de la IA: triplicó su capacidad de gas en desarrollo en 2025 y, si construye todas las plantas en desarrollo, la flota de gas crecerá un 50%, con un coste estimado de más de 416.000 millones de dólares en costes de capital.

Internamente, las estructuras políticas hegemónicas están en tela de juicio a medida que crece la oposición entre parte de las élites (congresistas y senadores republicanos opuestos a la toma de Groenlandia y algunas fuerzas transformadoras en el Partido Demócrata). Por otro lado, aumenta la resistencia entre las clases populares, con un 40% de la población que desea opciones más allá del bipartidismo. Además, la base de clase obrera blanca evangélica que apoyó a Trump tiene dudas sobre una IA que juega a ser Dios.

Desde el punto de vista de la comunicación, la propaganda de Trump es cada vez menos creíble. Los de abajo sufren y los otros países desconfían de sus palabras. La geocultura que ha sostenido la ideología de mercado también se desvanece. Cada vez es más evidente que el mercado no es libre, sino que lo que existe es capitalismo tecnofeudal, monopolista y contrario a los intereses de las mayorías.

El imperio tecno-oligárquico no es omnipotente, ni omnisciente, ni está omnipresente. Hay movimientos de resistencia en muchos países

Militarmente, el ejército más poderoso del mundo se ha llevado fiascos en Irak y Afganistán, por lo que Trump, que se comprometió a una política exterior no intervencionista, quiere evitar quedar atrapado en una guerra larga a la que buena parte de sus votantes podrían oponerse.

En el ámbito tecnológico, DeepSeek, la IA China, aventaja a sus competidores estadounidenses, a lo que se suma un próximo estallido de la burbuja de la IA: hay un problema de sobreinversión por altos costos respecto al valor del producto. ElFinancial Times señala que la tecnología se vuelve “obsoleta mucho más rápido de lo previsto, lo que requiere nuevas inversiones que reducen los beneficios para su propietario, o le obligan a venderla con descuento”. A pesar de los entre 30.000 y 40.000 millones de dólares de inversión empresarial en IA generativa, el 95 % de las organizaciones no registran ninguna mejora en su rendimiento. Las empresas farmacéuticas, que han estado a la vanguardia, dedicaron una década perdida a un enorme gasto en IA, con un resultado prácticamente nulo. El Banco de Inglaterra percibe similitudes con “el pico de la burbuja puntocom”, que podría verse agravado por los billones que las tecnológicas han pedido prestados. Además, la Reserva Federal ha advertido de que las aseguradoras y los bancos están concediendo enormes cantidades de crédito privado que están directamente expuestos al éxito o fracaso de las inversiones en IA.

A pesar de que las grandes tecnológicas han obtenido 22.000 millones de la represión fascista a migrantes y población estadounidense y siguen financiando a la extrema derecha europea, sus acciones están desplomándose. Se acabó la luna de miel; 2026 será el año más duro para la IA hasta ahora.

El crecimiento económico de EEUU muestra una alta dependencia del sector de la IA, por lo que un estallido de la burbuja probablemente destruirá a los actores pequeños y medianos, mientras que las grandes corporaciones previsiblemente pedirían ser salvadas con dinero público.

Cooperación por la vida

Hay que evitar caer en la desmoralización y que la población cargue, de nuevo, con las consecuencias de un sistema fallido. El imperio tecno-oligárquico no es omnipotente, ni omnisciente, ni está omnipresente. Hay movimientos de resistencia en muchos países, especialmente por el impacto medioambiental y socioeconómico de los centros de datos. En EEUU, han conseguido frenar construcciones masivas y han solicitado moratorias. Como ha señalado Naomi Klein, personas muy diferentes —población local, trabajadores, ecologistas, colectivos sociales—se están organizando en una oposición que transciende líneas partidistas.

El desafío es crear una gran coalición para lograr impulsar nuevas políticas públicas y marcos regulatorios. Un punto de partida es aumentar sustancialmente los impuestos a la tecno-oligarquía para financiar la acción climática y redistribuir el dinero antes y después de que estalle la burbuja. También es necesario desarrollar ecosistemas de IA soberanos y cooperativos para evitar la dependencia de EEUU. Hay que seguir frenando la construcción de centros de datos y hacer un uso responsable de la IA, entendiéndola como un recurso finito, y exigir a la UE y los Estados miembro un marco regulatorio estricto.

Hay que presionar desde abajo para que la UE teja nuevas alianzas, se acerque a China y abandone el dólar como moneda de referencia

Un Estado valiente tiene capacidad de acción. Malasia e Indonesia han bloqueado Grok, la IA de Musk, tras los escándalos por las imágenes falsas de menores desnudas. Y el Ministerio de la Juventud y la Infancia en España ha solicitado a la Fiscalía General una investigación sobre la plataforma.

El objetivo último es poner la tecnología en manos de los trabajadores y los ciudadanos, de modo que las decisiones sobre cómo gestionar la IA se tomen de forma democrática, en condiciones laborales dignas, y por el bien común y del medioambiente.

Todo ello, mientras se planta cara a las amenazas y prácticas mafiosas de Trump y la tecno-oligarquía. Hay que presionar desde abajo para que la UE teja nuevas alianzas, se acerque a China y abandone el dólar como moneda de referencia. Resistir, ganar tiempo, aislar a EEUU y empujarlo a caer con la vista puesta en un orden multipolar cooperativo.

Fronteras
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Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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