Análisis
¿Libertarios?

Los anarquistas y libertarios conformaron sindicatos, lucharon por la igualdad de la clase obrera y tuvieron una contribución de sangre infinita por esas luchas frente a los que fueron sus enemigos, entre ellos los capitalistas.
Mecánicas Mujeres Libres Guerra
Escuela de formación de “chóferes” y mecánicas de Mujeres Libres durante la guerra. Fotografía: Fundación Anselmo Lorenzo.

Profesor de educación secundaria. Historiador. Profesor de la Universidad Carlos III de Madrid.

11 oct 2026 06:00

Viene siendo habitual, en los últimos tiempos mayoritariamente, que, en diversos medios de comunicación, en tertulias, debates y mítines las palabras “libertario” y “anarquista” salgan a colocación. Hace poco, en unos de esos debates que saltan de vez en cuando en las redes sociales, me apareció una discusión que mantuvo el tertuliano y político Ramón Espinar con el empresario y expolítico Marcos de Quinto. En los tiras y afloja y en los insultos varios que se profieren (entre ellos “rojo de mierda”, indicando la elegancia del asunto), el señor De Quinto, para defenderse del calificativo de “fascista”, dijo que él era un “libertario”. Aunque es una acepción que había escuchado de forma recurrente, este hecho actuó sobre mi como eje catalizador para escribir algunas palabras al respecto, como investigador y especialista en la historia del movimiento obrero en general y del anarquismo en particular. 

Al pronunciar la palabra “libertario” en boca del señor De Quinto o de algunos otros políticos en activo como Javier Milei, intentan unir el término a las ideas liberales y capitalistas que consideran que la intervención del Estado en economía tiene que ser nula. Consideran, en su lógica, que aquella mano invisible de Adam Smith actúa sobre los entes económicos, que se regulan de forma natural y que, en caso de crisis, se van a corregir de forma independiente. 

No voy a entrar a valorar la certeza de esta afirmación, pues la historia ha demostrado a lo largo de los últimos 300 años que aquellas afirmaciones de Adam Smith fueron erróneas y que el capitalismo se tuvo que repensar en múltiples ocasiones con la intervención directa del Estado. El motivo de mi artículo es abordar lo erróneo de la utilización de los terminos “libertario” y “anarquista” para denominar tales tendencias, teniendo en cuenta que el anarquismo es lo diametralmente opuesto a ello. Lo preocupante es cuando medios de comunicación que se consideran serios, periodistas de amplio recorrido o medios que están en la izquierda compran el marco discursivo de la derecha económica y adoptan y utilizan el mismo concepto, cayendo de esa forma un error (intencionado o no). No es raro ver esa misma acepción en medios como El País o incluso en Canal Red.

Proudhon consideraba la competitividad del capitalismo como antinatural. Siguiendo estas disposiciones, el termino anarquista jamás se podría asimilar a los conceptos del capitalismo porque son diametralmente opuestos

Históricamente, el anarquismo fue una de las respuestas que se dio al desarrollo del modelo industrial y económico fraguado desde mediados del siglo XVIII. En muchas ocasiones se utilizó de forma peyorativa, como por ejemplo para denominar a Sylvain Marechal, uno de los firmantes del Manifiesto de los Iguales de 1796 impulsado por Babeuf durante la Revolución Francesa. Sería el francés Pierre Joseph Proudhon el primero en referirse al termino anarquista para hacer mención a un cuerpo de doctrinas que establecían la destrucción del Estado y la construcción de una alternativa de carácter socialista. Obras como ¿Qué es la propiedad?, Sistema de las contradicciones económicas o economía de la miseria o La capacidad política de la clase obrera miran a ese futuro basado en la mutualidad y el reparto equitativo de la riqueza. Tomando como base las comunidades falansterianas de su paisano Charles Fourier, Proudhon consideraba la competitividad del capitalismo como antinatural. Siguiendo estas disposiciones, el termino anarquista jamás se podría asimilar a los conceptos del capitalismo porque son diametralmente opuestos. 

El termino anarquista fue luego utilizado por Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Guillaume y todos los teóricos y hombres de acción del movimiento que proyectaron organizaciones de masas y se convirtieron en centros de referencia para el obrerismo internacional. El anarquismo, junto con su faceta societaria, también tuvo una finalidad social, cultural, educativa, etc., que lo convierte en una de las ideas clave en el desarrollo intelectual de los más desfavorecidos. Donde las estructuras del Estado no llegaban o no querían llegar, los anarquistas creaban a través de la llamada “propaganda por el hecho” acciones y obras que sirviesen de escaparate en su tarea constructiva de un mundo alternativo al capitalismo con el socialismo económico como base. Las doctrinas económicas anarquistas fueron mutualistas, colectivistas o comunistas, pero todas de base socialista. Otro concepto mal utilizado es el de propaganda por el hecho, que se asimila a acciones de carácter terrorista que también fueron utilizadas por una porción muy pequeña del anarquismo.

Existió también un anarquismo individualista y estético que, aunque hizo grandes aportaciones en campos alejados de los societario y económico, fue siempre más restringido y minoritario frente al mundo político organizado.

Por otra parte, el anarquismo adoptó también el termino y la denominación de libertario. Considerando que las palabras “anarquía”, “anarquista” o “anarquismo” estaban perseguidas y prohibidas, algunos autores como el utopista Joseph Dejacque, autor de El Humanisferio, y el geógrafo anarquista Elisée Reclus, autor de innumerables obras, consideraron que un libertario era aquel que luchaba por la libertad absoluta del individuo y por emanciparse de cualquier tutela provenga de donde provenga. Si la tutela es estatal, religiosa o económica, el individuo estaría subyugado y solo un anarquista sería un libertario. 

El termino se popularizó y contribuyo para que al movimiento anarquista se lo denominara también movimiento libertario, siendo de forma indistinta uno que otro. En España fue un termino muy utilizado hasta el punto que algunas organizaciones llevaban ese término. Los anarquistas constituían Ateneos Libertarios para instruir a la clase trabajadora. La juventud anarquista fundó en 1932 la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL). Numerosas cabeceras de periódicos se denominaban El Libertario. Y durante los años del exilio, la unión de las organizaciones anarquistas y anarcosindicalistas se agrupó en el llamado Movimiento Libertario Español (MLE).

Ninguno de aquellos que se define como “anarquista” o “libertario” suscribiría la frase de Proudhon “la propiedad es un robo”. No es posible que un mismo termino haga referencia a dos cuestiones diametralmente opuestas

Aunque el termino libertario ha tenido muchos avatares (científicos, político republicanos, etc.), al calor de las ideas de un liberalismo extremo, de una lectura literal del liberalismo de Adam Smith y del desarrollo de doctrinas económicas como las de Ludwig von Misses, el liberalismo manchesteriano de Cobden, las teorías minarquistas y el denominado “anarcocapitalismo” han llevado a utilizar ambos términos “anarquista” y “libertario” para catalogar a toda una cohorte de defensores del capitalismo más ultra. Su defensa sin cuartel de la propiedad privada, la defensa a ultranza del libre mercado sin casi reglas de gestión, la nula intervención estatal en la economía, la sustitución del intervencionismo por la gobernanza apunta a lo que denominan un “anarquismo de mercado”. Sin embargo, no son mas que juegos de palabras que chocan directamente con los modelos anarquistas y libertarios. Ninguno de aquellos que se define como “anarquista” o “libertario” suscribiría la frase de Proudhon “la propiedad es un robo”. No es posible que un mismo termino haga referencia a dos cuestiones diametralmente opuestas por muy polisémica que se quiera presentar a una palabra. Pero no es una palabra, son doctrinas y desarrollos históricos, que no pueden entrar en colisión entre sí.

De esta forma, si se realiza un estudio pormenorizado del anarquismo y del movimiento libertario nada tiene que ver con todos aquellos que hoy se quieren denominar como tal en parámetros del ultraliberalismo. El anarquismo y el movimiento libertario no pueden ser capitalistas al igual que el nacionalsocialismo no es socialista porque niega la lucha de clases. 

Se puede jugar con las palabras, se puede jugar al engaño, pero no se puede confundir la historia y las doctrinas. Sobre todo, por un poco de decoro a la hora de hablar de determinados personajes y de sus ideas. Los anarquistas y libertarios conformaron sindicatos, lucharon por la igualdad de la clase obrera y tuvieron una contribución de sangre infinita por esas luchas frente a los que fueron sus enemigos, entre ellos los capitalistas. Que algunos personajes se denominen libertarios o anarquistas no deja de ser un insulto a la historia de unas ideas y de un movimiento que estuvo siempre jalonado por victorias y por derrotas. De cualquier manera, cada uno se va a denominar como le dé la gana, pero los que escriben las noticias e informan deberían de tener más cuidado a la hora de la utilización de denominaciones.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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