Opinión
Revolución en la granja... de videojuegos: la IA no reemplaza el trabajo, lo estrangula

La industria del videojuego aglutina todo tipo de mentes creativas —diseño de juegos, arte, desarrollo de software...— que parecen estar en peligro ahora que el auge de la inteligencia artificial promete una eficiencia extrema comparada al trabajo humano dando un resultado aparentemente similar, un problema que viene acompañando a la humanidad ante cualquier avance tecnológico.
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David F. Sabadell Página de inicio de Grok en un ordenador

Profesor universitario y desarrollador de videojuegos

4 abr 2026 06:00

Desde hace mucho más de lo imaginable, los principales miedos que despiertan las nuevas tecnologías no han cambiado mucho independientemente del qué y el cuándo: nos van a quitar el puesto, van a acabar con la esencia del arte, abren la puerta a ignorantes para que se aprovechen... Viene ocurriendo con cada nueva tecnología desde tiempos inmemoriales, ya en Fedro de Platón (circa 370 a.c.) encontramos reticencias respecto de la escritura y se identifican problemas que son lo suficientemente peligrosos como para oponerse a ella.

Ocurrirá lo mismo con otras innovaciones tecnológicas: en la música, cuando se implementa la notación; con el acceso a la lectura, con la llegada de la imprenta; cada vez que una nueva herramienta facilita la dura vida del campo o incluso con las tecnologías del hogar como la lavadora, el lavavajillas, el microondas... Que hacen el trabajo, pero... “no lo hacen igual” o incluso “no son de fiar”.

En esta industria, hemos vivido los juegos flash, la realidad virtual y seguro que si tienes más de 40 años y algún interés por los videojuegos recordarás de primera mano batallas de tecnologías de gráficos, de rendimientos, la introducción de las tres dimensiones, los CD contra los cartuchos... Todo llegó para cambiarlo todo, sustituirlo todo o revolucionar la industria and yet here we are…

Aunque en la sociedad actual, y más concretamente en el mundo de los videojuegos, el campo suele ser un lugar ajeno, el contexto laboral es muy similar si no el mismo en muchos aspectos. La relación laboral en ambos casos se define como de uno a muchos. En otras palabras, una familia, un grupo reducido o una única persona poseen las tierras y muchos individuos aportan su fuerza de trabajo para un proyecto común sobre el que no tienen capacidad de decisión. Esto ya inclina la balanza de la innovación de manera evidente ya que los intereses de capataces y obreras son distintos o incluso opuestos: rendimiento económico contra mejora de condiciones (trabajo menos duro, conciliación familiar, balance vida-trabajo...).

Otra de las similitudes es que labramos, sembramos, plantamos, cultivamos y recogemos los frutos de la misma manera. Tanto en el campo como en el videojuego, no hay rendimiento hasta la recogida, no habrá beneficio hasta que haya una cantidad de trabajo hecho, lo que fuerza la necesidad de un capital previo dispuesto a sostenerlo y arriesgarse a una mala temporada, las inclemencias del tiempo en un mundo con cambio climático, un mercado que cambie sin previo aviso y devalúe el producto... Si no hay recogida, si no se vende o se vende demasiado barato; todo se pierde.

De entre todos los problemas que anticipamos que traerá la IA, podremos identificar el reemplazo de la mano de obra entre los más importantes, si no el que más. Nuestras vidas han cambiado radicalmente en los últimos años debido a los llamados layoffs, o expedientes de regulación de empleo, que nos han obligado a repensarnos, a buscar alternativas laborales a una industria que otrora fue la más rentable del mundo. Una industria que convertía la mano de obra en producto sin necesidad de más materia prima que la energía. Una suerte de alquimia que convierte la nada en dinero o el dinero en más dinero.

Frutos duros y frutas delicadas

“Si un examen puede ser copiado, merece ser copiado”
Juan Pablo Montoya, profesor de filosofía (en torno a 2004, Palos de la Frontera, Huelva)

Es cierto, la IA se nos presenta como el motivo de que se hayan perdido muchos puestos de trabajo pero ¿realmente nos reemplaza como lo hicieron el tractor, la imprenta, la fontanería...? ¿Estamos ante un cambio de paradigma tal que nuestros puestos de trabajo desaparecerán?

Volvamos al campo. Todo parece indicar que vamos por ese camino, ya encontramos frutos cuya vida está completamente mecanizada. Los olivos, por ejemplo, unos árboles que pueden vigilarse con drones, regarse con sistemas automáticos y recogerse con máquinas que los menean para que caiga la aceituna, sustituyendo al vareo.

Sin embargo, no todo el monte es orégano ni olivo (perdón). Mi pueblo, Palos de la Frontera, es un pueblo agricultor centrado principalmente en frutos rojos, unas frutas pequeñas y frágiles que apenas sobreviven al trasiego del transporte si no se hace con especial delicadeza. No puedes golpear un fresón si lo quieres vender y no se ha inventado máquina a la altura de una persona1, una máquina capaz de leer una planta como los ojos, retirar la fruta con la delicadeza de las manos, empaquetarlas con la estrategia de una mente humana…

Cuando hablamos de los puestos de trabajo que se han perdido en la industria del videojuego vamos al bulto, a las consecuencias de los movimientos empresariales con decenas, cientos o miles de trabajadoras implicadas porque cualquier porcentaje en estos términos se traduce en muchas historias afectadas. Pero cómo están usando esas empresas la IA, qué trabajo necesita para ser realmente útil y qué puede producir es especialmente relevante para entender el fenómeno.

En los años 90, asistí como niño a clases de informática. Para que fuera capaz de entender mi relación con mi ordenador, nuestro profesor nos decía: “Un PC es un tonto muy rápido”. De la misma manera que no se ha inventado máquina a la altura de una persona a la hora de recoger fresón, no se ha inventado aún una IA capaz de crear desde cero, de generar realmente un conocimiento al que no ha tenido acceso, de emocionarnos. La IA actual es una evolución natural de los buscadores que, a su vez, lo fueron de los PC. Me puedo imaginar a mi profesor explicando que la IA simplemente es una tonta aún más rápida con más información disponible.

El principal riesgo de una IA programadora no es siquiera la discutible calidad del código, su mayor riesgo es la aseveración, la producción de respuestas que transmiten una falsa sensación de seguridad, soluciones que son difíciles de rebatir

La IA necesita de un alimento para producir, necesita los cimientos de un proceso consciente de toma de decisiones, de un estilo artístico que sostenga la narrativa de un videojuego, que dote de identidad concreta, propia, a un producto cuya voz es única. Necesita artistas que traduzcan y establezcan esa identidad que luego efectivamente puede replicar hasta el infinito sin matices, sin reflexión y a riesgo de que alucine con artefactos como sus famosas manos de seis dedos o brazos de dos codos. Necesita el pastoreo una mente ingeniera que pueda prever los futuros usos del código para que sea flexible, plástico, útil a corto, medio y largo plazo y, lo más importante, sostenible y entendible. El principal riesgo de una IA programadora no es siquiera la discutible calidad del código, su mayor riesgo es la aseveración, la producción de respuestas que transmiten una falsa sensación de seguridad, soluciones que son difíciles de rebatir y que acarrean consecuencias como desconectar Amazon Web Services durante 13 horas.

A esta herramienta hay que alimentarla, darle un contexto, una información que reorganizar, un propósito... y hay que vigilarla muy de cerca. Para todo eso se necesita como mínimo a alguien encima del tractor o directamente recogiendo la fruta a mano si la integridad del producto importa. Así que no, nuestros puestos no van a desaparecer ni van a ser sustituidos por alguien que no esté preparado para lidiar una tonta aún más rápida con más información disponible, con sus delirios, con la traducción humano-máquina, con las necesidades de datos que digerir, que reorganizar, que replicar…

El rastro del dinero

“Ó bicho que se devora a si mesmo” 
(Ignatius Farray, 2019, La Vida Moderna en la Cadena Ser)

Si entendemos los videojuegos como forma de expresión, esto nos pone a salvo, pero como industria hay otros factores determinantes. ¿Cómo se han llegado a crear empresas con decenas, cientos o miles de trabajadores alrededor de un videojuego? ¿Cuál es el objetivo de la industria, de las grandes empresas?

Las grandes fortunas tienen como único objetivo crecer, como el cáncer, sin tener en cuenta el cuerpo que las hospeda, el sistema que las sostiene, y si encuentran formas de acelerar el crecimiento las utilizarán hasta las últimas consecuencias sin ningún tipo de reflexión.

Pero el cáncer no puede cambiar de cuerpo y muere en el proceso, mientras el dinero sí y lo hace para asegurar su supervivencia. Una supervivencia que intercala apuestas seguras con apuestas arriesgadas pero siempre apuestas porque, como en el campo, la cosecha se puede arruinar.

Realidad virtual, metaverso, NFT... han ido apilándose por capas en la industria del videojuego para venderse como una revolución de la misma, como forma de mover el tablero de una industria rentable. Un movimiento controlado que permita seguir convirtiendo el dinero en más dinero; que germinen nuevos mercados de los que sacar rédito económico, mientras que el capital invertido en la industria no solo no corre riesgo sino que adquiere un valor añadido por esas nuevas tecnologías.

Este mismo proceso lo ha seguido la IA con un capital que ha ido optando por el mercado más prometedor, saliendo de su anterior huésped que ya no presagia los beneficios del pasado ni reacciona de la misma manera a las novedades. La IA es un campo abonado en el que plantar lo que sea: investigación, guerra, entretenimiento... Todo se puede apilar sobre la IA.

¿Y cuál es ese capital y por qué iba a afectar la inversión en IA a la inversión en videojuegos? Pues bien, en la última década hemos visto cómo la industria del videojuego se ha concentrado en las manos de unos pocos: dinero chino y petrodólares.

¿Quiénes son los principales inversores en IA? Los mismos. ¿Y qué pasa si el mismo arroyo riega dos campos? Que si te quedas sin agua, se seca todo a la vez.

En las últimas semanas, Estados Unidos e Israel decidieron, unilateralmente y siendo fieles a su esencia imperialista de nulo escrúpulo, continuar en Irán lo que empezaron en Gaza y reforzaron en Venezuela. Esta guerra nos trae desgracias humanas, derroche de recursos y catástrofes ecológicas, como todas las guerras, y nunca debió empezar.

Además, y sin ningún tipo de interés en frivolizar al respecto, también va a afectar al presente y futuro de la IA y los videojuegos de manera directa por el capital involucrado, pero también de otras muchas imprevistas: desde objetivos estratégicos para el capital como refinerías o el cierre efectivo de Ormuz que impide el tránsito de mercancías incluyendo el petróleo que riega las industrias; hasta objetivos directamente relacionados como centros de datos; pasando por el uso de la IA en la guerra o las represalias de su negativa a formar parte de ella...

La guerra lo inunda todo y el cambio de orden mundial que se vaticina traerá un mundo nuevo por descubrir, un mundo en el que seguiremos necesitando artistas, programas informáticos, entretenimiento y, sobre todo, creatividad para pensar ese nuevo mundo, resiliencia para volver a labrar, sembrar y cultivar en la incertidumbre y (re)construir con lo que quede cuando paren las bombas.

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Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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