Opinión
Un programa de empleo joven que castiga las ganas de trabajar

Trabajas para poder estudiar y ahora ese trabajo te impide acceder a tu primera oportunidad profesional en aquello para lo que te has preparado durante años.
Trabajo oficina noche Madrid
David F. Sabadell Personas trabajando en una oficina
6 feb 2026 10:00

La Junta de Andalucía ha anunciado a bombo y platillo una inversión de 30 millones de euros, financiados por el Programa FSE+, para fomentar el empleo joven cualificado. Sobre el papel, la iniciativa parece una gran noticia. Contratos de dos años en universidades, organismos de investigación y centros de innovación para menores de 30 años con titulación universitaria o de formación profesional. Una oportunidad, en teoría, para que cientos de jóvenes andaluces puedan tener su primera experiencia profesional en el sector para el que se han formado. Se habla de alrededor de 375 beneficiarios.

El problema llega cuando uno lee la letra pequeña. Uno de los requisitos exigidos es “no tener experiencia laboral”. Muchos podríamos entender que se refiere a no tener experiencia en el sector concreto de tu carrera. Pero no. Significa literalmente no haber trabajado nunca en la vida. Ni un solo día cotizado. Ni aunque fuese hace años. Ni aunque fuese un trabajo puntual. Ni aunque no tenga absolutamente nada que ver con tu titulación. Es decir, si alguna vez trabajaste, estás fuera.

Alicia bromea diciendo que ha tenido “tantos trabajos como una Barbie”: camarera, azafata de eventos, auxiliar administrativa. No por capricho, sino para poder pagar el alquiler y llegar a fin de mes mientras estudiaba la carrera. Álvaro, al terminar sus estudios y ver lo difícil que era entrar en su sector sin experiencia, aceptó un empleo en una cadena de comida rápida. Lleva menos de dos meses, pero ya figura en su vida laboral. Lucía tiene el mejor expediente de su promoción y lleva siete meses buscando trabajo de lo suyo, pero a los 16 fue socorrista durante un verano. Claudia cuidaba niños en una escuela de verano para costearse el piso. Pedro se ha dejado la piel en una carrera científica, pero tiene dos días cotizados como montador de eventos. Todos ellos quedan fuera. Fuera por haber trabajado.

 Este requisito no deja fuera a una minoría, deja fuera a la mayoría. Precisamente a quienes han tenido menos red de seguridad económica. 

La paradoja es cruel. Somos jóvenes responsables, proactivos, que hemos hecho exactamente lo que siempre se nos dijo que había que hacer. Esforzarse, ganarse el dinero, no depender de nadie. Ahora vemos cómo ese esfuerzo se convierte en un castigo. Trabajas para poder estudiar y ahora ese trabajo te impide acceder a tu primera oportunidad profesional en aquello para lo que te has preparado durante años. Mientras tanto, otros compañeros reconocen algo todavía más inquietante. Alegrarse de aquel trabajo que rechazaron, de no haber sido seleccionados en ciertas ofertas, incluso de haber trabajado “en negro” porque no consta en su vida laboral. Es el mundo al revés. Un programa público que, sin pretenderlo, termina premiando no haber trabajado o empujando a la economía sumergida.

¿De verdad cuántos menores de 30 años, universitarios, con el coste que supone una carrera, no han trabajado nunca ni un solo día? Seamos realistas. Muy, muy pocos. Este requisito no deja fuera a una minoría, deja fuera a la mayoría. Precisamente a quienes han tenido menos red de seguridad económica. Así, una inversión millonaria pensada para impulsar el talento joven corre el riesgo de beneficiar solo a quienes nunca tuvieron necesidad de trabajar y excluir a quienes más han luchado por salir adelante. Se penaliza el esfuerzo, las ganas y la responsabilidad.

La pregunta que lanzo es sencilla. ¿Tiene sentido que un programa de empleo joven castigue a quienes han demostrado iniciativa y cultura del trabajo? ¿Tiene lógica cerrar la puerta a quienes solo intentaban pagarse los estudios? Si el objetivo es retener talento y facilitar la inserción laboral, quizá el problema no esté en los jóvenes que han trabajado, sino en un requisito que confunde experiencia profesional con supervivencia.

Porque no estamos hablando de currículums inflados ni de trayectorias consolidadas. Estamos hablando de camareros de fin de semana, socorristas de verano, reponedores por horas. Estamos hablando de chavales que solo querían pagarse la carrera, ayudar en casa. Y ahora, por eso mismo, se quedan fuera.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...