Palestina
El mundo reacciona a La Haya, que ve razones para investigar por delito de genocidio

Mientras se celebra que la Corte haya aceptado la denuncia sudafricana, son muchas personas quienes muestran su frustración por no haberse conseguido un alto al fuego.

Han pasado más de 110 días y Sudáfrica ha conseguido sentar a Israel en los tribunales vinculándolo a un posible delito de genocidio. Como ocurre en estas ocasiones, cada cual interpreta el pronunciamiento a su manera. Pero ante los constantes vetos de EEUU en el Consejo de Seguridad de la ONU, muchos coinciden en que la apertura de la vía de la justicia internacional es un camino a seguir.

En la franja de Gaza, las muertes de soldados israelíes se suceden. Esto está provocado la aparición de un nuevo actor político dentro de Israel: los padres de los soldados desplegados en Gaza. Tras meses en los que las familias de los cautivos han sido algunas de las voces persistentes en la lucha por un cese de las hostilidades, ahora las familias de los militares se unen a ellas. Mientras, la ruptura moral de los victimarios desemboca en la ruptura psicológica de las víctimas.

Un balance ambivalente

El más alto tribunal de las Naciones Unidas afirmó ayer que hay motivos para investigar a Israel por genocidio. Hay quien lo ve como un golpe duro contra el estado hebreo. La denuncia por genocidio presentada por Sudáfrica vio cómo la corte se pronunció a favor de la mayoría de peticiones planteadas por el equipo legal sudafricano. Lo hacía, además, con los votos de la mayoría acaparadora del jurado (15 votos de 17).

Sin embargo, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) no ordenó explícitamente un alto el fuego. Y eso, a quienes sobreviven de forma miserable entre los misiles en Gaza les suena a insuficiente. Lo ocurrido en La Haya, consideran, supone una ocasión perdida para exigir el fin de la masacre hoy mismo.

Naledi Pandor, ministra de relaciones internacionales de Sudáfrica, asegura que Israel tendrá que abandonar el bombardeo contra Gaza si quiere adherirse a las ordenes del más distinguido tribunal de la ONU

El gobierno de Sudáfrica, país promotor del caso de forma poderosamente simbólica tras haber sufrido el apartheid en su historia moderna, se muestra satisfecho con la posición de La Haya. Naledi Pandor, ministra de relaciones internacionales de Sudáfrica, asegura que Israel tendrá que abandonar el bombardeo contra Gaza si quiere adherirse a las ordenes del más distinguido tribunal de la ONU. “¿Cómo se supone que puedes distribuir agua y ayuda humanitaria sin un alto el fuego?”, se preguntaba Pandor en referencia a la exigencia de la corte a permitir el acceso de agua, alimentos y medicinas. “Ya no hay credibilidad legal para que Israel continúe con sus acciones militares”, aseguró la ministra Pandor.

En la otra cara de la moneda está el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que continúa agonizando para conseguir su propia supervivencia política y para ahogar las voces que quieren elecciones. Él ya ha anticipado que el derecho internacional no logrará frenar ni limitar sus acciones. “Israel tiene derecho de defenderse”, alegaba anoche el primer ministro: “y el intento vil de impedir que Israel haga uso de este derecho fundamental supone un ejercicio de discriminación contra el estado judío”. Las palabras de Yoav Gallant, ministro de Defensa israelí y miembro también del ejecutivo de guerra del país, van por el mismo camino que Netanyahu: “el CJI ha ido demasiado lejos aceptando una petición sudafricana antisemita”.

Ocupación israelí
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Horas antes del pronunciamiento del tribunal, la milicia palestina Hamás había afirmado que acataría a la corte si ésta decidiera imponer un alto el fuego con el respectivo intercambio de cautivos. “Esta decisión de la CIJ es muy importante”, afirmaba el grupo en un comunicado: “esta denuncia contribuye a la marginalización de Israel y expone sus crímenes en Gaza”.

Las autoridades de los EEUU, que cada día parecen más humilladas a cargo de líderes israelíes que abusan de la relación con Washington, siguen protegiendo a Israel. “Seguimos creyendo que las alegaciones de genocidio no están basadas en nada”, dice un portavoz del Departamento de Estado. Irán, mientras, coge posiciones desde la retaguardia. “Debo destacar el apoyo incesante de la Casa Blanca a los crímenes de los sionistas”, dice el ministro de Asuntos Exteriores de Teherán, Hossein Amir-Abdollahian. El iraní quiso felicitar a Sudáfrica y al pueblo palestino por el “éxito” en la CIJ. No sin antes apuntar de nuevo: “Hoy, los funcionarios del falso régimen israelí son la gente más odiada del mundo entero”.

Tel Aviv y Gaza protestan a favor del alto el fuego

La jornada más letal para las tropas israelíes desde el inicio de la invasión terrestre impulsa la aparición de un nuevo actor político favorable al alto el fuego dentro de Israel. Un grupo de 24 soldados murieron el pasado martes mientras colocaban explosivos en una hilera de edificios ubicados dentro de la franja de Gaza. Las construcciones que los militares pretendían derribar estaban a solo 600 metros en línea recta del kibutz más cercano. El objetivo de la acción era avanzar en la creación de una supuesta “zona de seguridad” entre el enclave y las primeras urbanizaciones israelíes. Pero un ataque de Hamás dinamitó los explosivos y provocó el desenlace fatal para los israelíes.

Las familias de los secuestrados en Gaza han sido durante más de 100 días una de las voces más fuertes en Israel a la hora de exigir un alto el fuego —o, cuanto menos, un cese temporal de las hostilidades—. Ahora, las familias de muchos soldados parecen unirse a sus demandas. La muerte del grupo de soldados del pasado martes, la mayoría de las cuales tenían entre 20 y 30 años, hace que cada vez sean más los israelíes que se preguntan por qué se dejan morir jóvenes soldados en Gaza sin tan siquiera tener claros los objetivos de la incursión militar.

La muerte del grupo de soldados del pasado martes hace que cada vez sean más los israelíes que se preguntan por qué se dejan morir jóvenes soldados en Gaza sin tan siquiera tener claros los objetivos de la incursión militar

Israel ha asesinado más de 30.000 personas contando los desaparecidos bajo los escombros, pero no ha conseguido detener ni eliminar ningún gran líder de Hamás en Gaza. Tampoco ha conseguido impedir que la milicia palestina sea capaz de disparar cohetes contra territorio israelí. Ni tampoco ha podido liberar los más de 130 israelíes que continúan cautivos en el enclave. A pesar de ello, la cifra de soldados muertos desde el inicio de la invasión terrestre supera los 200, mientras que la cifra de soldados muertos desde el 7 de octubre supera los 500.

Aunque hacerlo sea jugarse la vida, durante los últimos días también se han visto ciudadanos de la franja de Gaza protestar a favor de la paz. Sus mensajes: “queremos la paz” y “queremos un alto el fuego”.

La ruptura moral de los victimarios y la psicológica de sus víctimas

Hay quien dice que el ejército israelí está roto moralmente. Lo cierto, sin embargo, es que la barbarie cometida estos meses en la franja de Gaza a cargo de las tropas israelíes no da muestra de dudas entre sus perpetradores. Excitados, soldados israelíes desplegados en el enclave retransmiten en directo el hundimiento de barrios enteros. Lo hacen a poca distancia de hospitales que ellos mismos mantienen sitiados, donde el personal médico palestino se ve obligado a amputar a niños heridos sin anestesia. A menudo, la juventud de los uniformados israelíes y la confusión acerca de los actos despiadados que les obligan a llevar a cabo les termina pasando factura.

La semana pasada, un soldado israelí de 25 años mató a tiros a su amigo en un apartamento en Tel Aviv. El reservista estaba diagnosticado con Trastorno por Estrés Postraumático después de haber regresado de la franja. Semanas antes, otro soldado regresado había abierto fuego contra sus compañeros de unidad al despertarse en medio de una pesadilla. Nada nuevo. Los testimonios de ciudadanos israelíes que reconocen arrepentirse de los abusos infligidos sobre civiles indefensos son tan antiguos como la propia ocupación israelí de los Territorios Palestinos, ininterrumpida desde 1967. Quien quiera saber más sobre ello, que visualice el espectacular documental “Los primeros 54 años. Manual breve para una ocupación militar”, dirigido por el israelí Avi Mograbi.

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Mujeres y minorías raciales son discriminadas en un ejército que se presenta como moderno y feminista. La sexualización de las jóvenes soldados o la difusión de vídeos de militares burlándose de los gazatíes acompañan la limpieza étnica.

La ruptura moral de los victimarios trae la ruptura psicológica de las víctimas. La última guerra entre grupos palestinos de Gaza y el gobierno israelí fue en 2021. Duró 11 días, una fracción del tiempo mucho más limitada que esta guerra. Pero se cargó la salud mental del 91% de los niños de la franja, afectados por el mismo trastorno que golpea a algunos de sus agresores. Habrá un momento en que los misiles israelíes dejen de caer del cielo, pero los gazatíes esta guerra nunca se la quitarán de encima.

Las cámaras y testigos han captado el horror. Volatilización de campos de refugiados. Bombardeos contra multitudes que hacían cola para recibir ayuda humanitaria. Disparos mortales contra civiles que cargaban la bandera blanca mientras buscaban a sus seres queridos. O ejecuciones a quemarropa contra hombres palestinos después de separarlos de las mujeres y de los niños. “Asaltaron nuestra casa”, explica a Al Jazeera Umm Odai Salem, residente en Gaza. “Mi marido les decía que todos somos civiles. Se lo llevaron a otro apartamento. Les seguí suplicando que le soltaran. A mí y a mis hijas nos golpearon, nos desnudaron y nos cachearon. A mi marido y a otros 19 hombres del edificio les pusieron de rodillas. Los ejecutaron a todos”.

En unos años, anticipa la periodista israelí Amira Haas, materiales clasificados dentro del ejército israelí revelarán los abusos cometidos durante estos meses. Algún antiguo alto cargo de Defensa israelí, augura la reputada corresponsal del diario Haaretz en los Territorios Ocupados, se saldrá del relato oficial. Desde su retiro admitirá que esto nunca tendría que haber ocurrido. Pero ya será tarde.

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