Opinión
Por Palestina, organicémonos
En el mundo en el que vivimos, cuando se conquistan victorias populares, existe una tendencia a individualizar los logros y a glorificar a determinadas personas, borrando el papel fundamental del trabajo colectivo que los acompañó e hizo posibles. Así, se nos cuenta que Rosa Parks era una costurera cansada tras una larga jornada laboral que, un día cualquiera, decidió no ceder su asiento en un autobús. Lo que se oculta es que Parks era una activista organizada, y lo que hizo que su acción tuviera un impacto histórico fue el contexto político y organizativo construido durante años por la NAACP —organización de la que formaba parte— y el movimiento por los derechos civiles. Por eso es importante recordar a Parks y todo lo que hizo, y también el trabajo colectivo que hizo posible que aquel gesto se convirtiera en una victoria histórica.
Algo similar ocurre en la película El 47, donde se oculta la militancia del protagonista, clave en las decisiones que tomó y en el alcance colectivo de sus acciones. 2025 ha estado marcado por una lucha internacionalista con Palestina en el centro. Y si bien ha existido una enorme espontaneidad solidaria —valiosa y necesaria—, los pequeños avances logrados son fruto de años y años de organización popular sostenida.
Necesitamos organizarnos más y mejor. No como una consigna abstracta, sino como una práctica colectiva y sostenida
Juntas estamos consiguiendo aislar cada vez más al sionismo y romper complicidades con el régimen genocida de Israel. Pero queda muchísimo trabajo por delante, muchas alianzas criminales con el estado colonial de Israel que desmantelar. Necesitamos organizarnos más y mejor. No como una consigna abstracta, sino como una práctica colectiva y sostenida frente al avance de la extrema derecha, el racismo, el fascismo, el cisheteropatriarcado, la impunidad internacional y la normalización del genocidio del pueblo palestino.
Porque Israel no comete el genocidio solo. Lo hace con armas fabricadas, transportadas y financiadas internacionalmente; y con la impunidad que le brindan los acuerdos comerciales, académicos, deportivos, diplomáticos, culturales y militares. El colonialismo, el genocidio, la ocupación militar y el apartheid de Israel se sostienen gracias a una red de complicidades. Y eso mismo ha marcado el camino del movimiento propalestino en el Estado español: cortar la complicidad, eslabón por eslabón.
Cuando se anuncia una decisión como que España no participará en Eurovisión por la presencia de Israel, es fundamental recordar que esto no surge de la nada. Detrás hay años de personas escribiendo cartas a RTVE, organizando conciertos, impulsando campañas de boicot, contactando con artistas y sosteniendo una presión constante que, finalmente, hace posible ese resultado.
Por eso es tan importante ejercer una memoria de lucha: no la memoria oficial del poder, sino la memoria histórica de los movimientos sociales. La solidaridad internacional y el activismo son motores de cambio, sostenidos casi siempre por personas anónimas que hacen posibles las conquistas de derechos y justicia social.
Palestina y la fuerza de lo colectivo
Desde la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP), hemos analizado las victorias que hemos cosechado juntas. Durante meses hemos llenado calles y plazas de cientos de municipios llegando a movilizarnos simultáneamente en más de 100 localidades, en 22 jornadas de lucha estatales coordinadas exigiendo el fin del comercio de armas y de las relaciones con Israel.
En mayo de 2024, la CRUE pidió suspender los acuerdos de colaboración con universidades y centros de investigación israelíes que no respetaran el derecho internacional humanitario. El Claustro de la Universidad de Barcelona aprobó romper relaciones académicas e institucionales con instituciones israelíes; la Universidad de Granada suspendió colaboraciones científicas y de movilidad; la Universidad de Valencia decidió no firmar ningún acuerdo mientras continuaran los crímenes de lesa humanidad; y el Claustro de la UAB aprobó la ruptura de relaciones. En paralelo, los barcos Borkum y Marianne Danica no hicieron escala en España gracias a la movilización popular, y el Parlamento de Nafarroa aprobó una moción pidiendo la exclusión de Israel de los Juegos Olímpicos.
En septiembre de 2024, hubo una primera huelga general por Palestina en el ámbito estatal (el 7 de febrero había habido una en Catalunya). En octubre, 260 artistas firmaron una carta a Pedro Sánchez para exigir el fin del comercio de armas con Israel. El Ministerio de Defensa anunció la exclusión de Israel y de sus empresas de la feria FEINDEF y se canceló la participación del exministro israelí y criminal de guerra Shlomo Ben Ami en el Festival de las Humanidades de Dénia.
A finales de 2024, el Gobierno denegó el atraque a dos barcos involucrados en el tránsito de armas con Israel y más tarde, la Universidad de Vic (UVic) no renovó su convenio con ICL tras la denuncia popular por su vínculo con el ejército israelí.
En febrero de 2025, el festival israelí Seret de Barcelona tuvo que celebrarse de forma clandestina tras la presión popular; decenas de ayuntamientos ofrecieron acoger una exposición sobre Palestina censurada en Sant Cugat; y más de 80 ayuntamientos de Nafarroa aprobaron mociones para romper relaciones con Israel. En abril, el teatro Kursaal de Manresa canceló el patrocinio de ICL, y el Estado español anunció la cancelación de un contrato de munición con IMI Systems.
En mayo de 2025 más de 100.000 personas llenamos las calles de Madrid en una gran movilización estatal; la Campaña Fin al Comercio de Armas con Israel y RESCOP presentamos nuestras demandas en la ONU; la Universidad de Manresa rompió vínculos con ICL; un juzgado de Barcelona empezó a investigar a dos barcos por comercio de armas; la Generalitat anunció el cierre de la oficina de Acció en Tel Aviv; y el Ayuntamiento de Barcelona aprobó una moción que suspendía el hermanamiento con Tel Aviv y vetaba empresas incluidas en la base de datos de la ONU. El Danica Violet cambió su rumbo y no atracó en Cartagena, y la Universidad Pública de Navarra y el Ayuntamiento de Burlada se negaron a permitir que el equipo israelí jugara sus partidos en todas las instalaciones públicas navarras durante un campeonato.
En junio, la campaña #BoicotSonar logró que el festival rompiera contratos con McDonald’s y Coca-Cola; fueron llamados a declarar capitanes de barcos de Maersk; y la Universidad Autónoma de Barcelona reafirmó oficialmente que no firmaría nuevos acuerdos con instituciones israelíes. En julio, Yala Nafarroa lanzó el Txupinazo de Pamplona dedicado a Palestina; Sidenor suspendió la venta de acero a Israel; 1.200 artistas exigieron un embargo de armas al Gobierno por Real Decreto Ley; el cine Zumzeig dejó de colaborar con la plataforma MUBI por la inversión de un fondo directamente vinculado a la ocupación israelí, y el Parlamento de Catalunya aprobó una resolución que reconoce el sionismo como forma de racismo.
En septiembre, las protestas masivas durante La Vuelta dieron la vuelta al mundo; RTVE anunció que no participaría en Eurovisión si Israel estaba presente; el Gobierno aprobó un Real Decreto Ley que limitaba las relaciones militares con Israel; varias empresas españolas entraron en la lista de la ONU; Mayumana Spain se disolvió; y Donosti rompió relaciones con el Estado israelí. El Ministerio de Consumo abrió investigaciones a empresas que ofrecen servicios en territorio palestino ocupado.
En octubre, las manifestaciones por el aniversario del genocidio fueron las más grandes de la historia del Estado español; hubo una nueva huelga general por Palestina; se anunció la imputación de tres cargos directivos de Sidenor por complicidad con el genocidio; Israel se retiró del Smart City Congress de Barcelona debido a la fuerza del movimiento propalestino; dos partidos de baloncesto, en València y Manresa, se jugaron a puerta cerrada; y el Gobierno de Nafarroa canceló la compra de medicamentos a TEVA.
Hay también una victoria popular más difícil de cuantificar, pero no menos importante: la contribución al cambio de narrativa
En noviembre, el equipo ciclista israelí perdió patrocinadores y se desmanteló; la Unión por el Mediterráneo tuvo que entrar “por la puerta de atrás” debido a la presencia de representantes de Israel; y en diciembre ante la decisión de la UER de mantener a Israel, RTVE confirmó su retirada y no emisión de Eurovisión, seguida por otros cuatro países. Los partidos del Barça y Real Madrid contra el Maccabi Tel Aviv se jugaron a puerta cerrada en enero de 2026 tras una presión popular sin precedentes.
Hay también una victoria popular más difícil de cuantificar, pero no menos importante: la contribución al cambio de narrativa. El creciente aislamiento de Israel va acompañado de un cambio de conciencia colectiva, impulsado por las imágenes que nos llegan desde Palestina, pero también por el trabajo constante de difusión, análisis y creación de contenidos generado por los movimientos sociales, desde Palestina hasta el Estado español. Hoy la narrativa ya no pertenece a Israel, sino al pueblo palestino y a quienes apoyamos su lucha.
2026: organizarnos para avanzar
Nada de esto pasó solo. Todo pasó porque nos organizamos. Recordar lo conseguido nos permite entender qué funciona, cómo se construye el poder popular y por qué la organización es hoy la principal herramienta frente al fascismo y la impunidad. El camino es largo, pero sabemos que nuestra lucha importa y da frutos.
Este año ya está demostrando que el imperialismo y el fascismo avanzan con claridad de objetivos. Nosotras también debemos tenerlos claros. Israel sigue aumentando su violencia contra el pueblo palestino, y por eso debemos estar más organizadas que nunca. Luchar por Palestina es luchar por la liberación de todos los pueblos. Nos faltan manos para derribar los sistemas de opresión. Sigamos más unidas, organizadas y movilizadas. ¡Boicot a Israel! ¡Palestina libre, del río al mar!
Palestina
Miles de personas en todo el país vuelven a las calles por el fin del genocidio palestino
Culturas
El fondo proisraelí KKR acusa el impacto económico del boicot organizado contra sus festivales de música
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!