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La fiesta del fin del mundo, con Natalia Castro Picón
Conviene reconocer que, en 2026, la idea del fin del mundo no tiene el sex-appeal que guardaba para el paleocristianismo romano o para el pueblo milenarista de Müntzer. Como resulta que hoy el fin del mundo puede ser mañana, la cosa no acaba de tener buena prensa. Desgajada de la idea de salvación sólo queda un declinar (lento, triste) o la fantasía de una eutanasia inmediata (un meteorito estrellándose en tu frente, por ejemplo). Y sin embargo la cosa apocalipsis tiene al mismo tiempo cierta ubicuidad entre nosotras/os. Es insistentemente omnipresente. En nuestros temores íntimos. En el lenguaje en que articulamos la política. En las ficciones y las narrativas que disfrutamos. En media filmografía de Roland Emerich.
Habitados por este exceso distópico se ha hecho sentido común la idea de que en el relato apocalíptico no encontramos, aunque sea de manera ínfima o deformada, el atisbo de un futuro otro, la posibilidad dramática de un nuevo comenzar, sino la proyección de nuestra impotencia presente para imaginar nada mejor. Sólo acaso algo peor (en la doble forma posible, elija su película favorita, declinar lento/eutanasia inmediata). Una expresión de nuestros temores e impotencias que, a la postre, reduce la imaginación y las capacidades políticas.
Frente a este consenso Natalia Castro Picón nos invita a desafiar este sentido común. ¿Y si no? ¿Y si no siempre? Vieja amiga del programa y ganadora del premio Anagrama de ensayo 2025 con La fiesta del fin del mundo. Apocalipsis cultural en el periodo entre crisis (España, 2008-2023) Natalia Castro parte de la noción de De Martino sobre la situación de apocalipsis cultural: una crisis tal que impide que los códigos culturales antes compartidos resulten operativos. El apocalipsis no habla del fin del mundo en términos temporales, habla de la incapacidad de un momento de articularse como un mundo común. Es de hecho, el repositorio de imágenes, topos y códigos narrativos con el que balbuceamos esa impotencia. Disfruta de la conversación completa escuchando nuestro capítulo.
La receta en la que se formula el apocalipsis improductivo nos es bien conocida: una generosa cantidad de imaginario colapsista (en cuanto a las condiciones de vida) aderezado vigorosamente por el continuismo de las instituciones básicas del capitalismo (mercado y razón de estado). Que sea evidente para todas las protagonistas que estas son más bien las causas del colapso que aquello que sostener da igual. O precisamente no, y aquí esta el mondongo de la cuestión. Que esto es lo que hay y hay que joderse. El problema no es imaginar otra posibilidad, otro fin del mundo posible. El problema es imaginar que algo de lo que hagamos puede servir de algo.
En los imaginarios del apocalipsis improductivo no solo se naturalizan las principales estructuras de desigualdad del presente, sino una racionalidad íntima: si ocurra lo que ocurra, los núcleos de injusticia de nuestras sociedades son inmutables, solo cabe concluir que todo cambio -reformista, colapsista o revolucionario- es peligroso y conducirá a una situación peor. De este modo, la política contemporánea se ciñe a una elección entre el abismo y lo que hay, ambos presentados como indefectibles. Vamos, un planazo.
Sin embargo, el ensayo de Castro Picón el apocalipsis tiene la virtud de tejer otros hilos. Su argumentación parte de los topoi del fin del mundo que pueblan la cultura popular: el desierto, la guerra total, los virus, los zombies y los tsunamis, entre otros, pero identifica, dentro de ellos, lo que podríamos llamar prácticas apocalípticas transformadoras. Es decir, prácticas que utilizan las gramáticas del game over para producir otros mundos.
No se trata, entonces, de una banalización de nuestra crisis o de la crueldad con la que se muestra en el presente o en sus proyecciones, sino una constatación de que el fin y la distopía han sido y son una realidad decretada normal en muchos lugares y para muchos grupos sociales de forma creciente. Si como decíamos, con Juan Francisco Soto al analizar las distopías desde el Sur, las utopías de unos son las distopías de muchos, es urgente explorar esos espacios del apocalipsis como espacios creativos de otra vida frente al chantaje de fascismo o lo que hay. Llegados a este punto, queda recuperar esa vieja idea de inicios del XXI: otro fin del mundo es posible.
Puedes escuchar nuestro episodio completo aquí o en la caja encima del artículo.
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