CIA, psiquedelia y ultraderecha: del proyecto MK-Ultra al trumpismo

Aunque la CIA fracasó en dominar la consciencia; la ultraderecha, impulsada por algoritmos, cámaras de eco y la normalización de discursos extremistas ha encontrado en la psiquedelia un amplificador inesperado y enormemente eficiente.
Los hombres que miraban fijamente a las cabras
La película 'Los hombres que miraban fijamente a las cabras' (2009) recreaba el proyecto secreto Mk-Ultra.

La historia cultural de Estados Unidos está llena de teorías de la conspiración, pero pocas tan inquietantes como la que vincula la contracultura psiquedélica, el proyecto secreto MK-Ultra y el súbito crecimiento de la ultraderecha. Siguiendo la pauta de que el contramovimiento se inspira siempre del movimiento, estos grupos reaccionarios han descubierto en los psiquedélicos un recurso inesperado para reconstruir sus mitos particulares. Han abrazado así la idea de que el LSD, Aldous Huxley, Esalen, los Acid Tests, los Grateful Dead, Timothy Leary y hasta el festival de Woodstock formaron parte de un complot orquestado por la CIA.

Entre los años cuarenta y setenta, la agencia financió y coordinó la mayor red de experimentación clandestina con psicodélicos de la historia contemporánea

La razón por la que esta hipótesis lleva décadas sobreviviendo es sencilla: existe un núcleo de verdad en toda esta conspiranoia que resulta particularmente incómodo a los defensores de la racionalidad ilustrada, el Estado de derecho y la democracia realmente existente. Entre los años cuarenta y setenta, la agencia financió y coordinó la mayor red de experimentación clandestina con psicodélicos de la historia contemporánea. Alrededor de ochenta instituciones —muchas de ellas universidades prestigiosas en los Estados Unidos, Canadá y Australia— se dedicaron a explorar el potencial de estas sustancias como herramientas de interrogatorio y control mental. Gran parte de estos experimentos se realizaron en secreto, como parte de esa guerra sucia sobre la que no conviene saber la verdad, y a menudo incluso con sujetos no informados ni voluntarios.

En última instancia el objetivo fue convertir el dominio de la consciencia en un arma estratégica durante la Guerra Fría. Se han escrito libros importantes sobre esta cuestión, pero, en general, tienden todos a situarlo como un episodio tenebroso de la historia norteamericana reciente, protagonizado por hombres de traje gris y cuyas víctimas no han sobrevivido para contarlo. Pero, ¿qué hay de verdad en todo esto?

La utopía científica y su lado oscuro

El historiador Benjamin Breen analiza este cruce entre aspiraciones humanistas y operaciones clandestinas en su libro Tripping on Utopia. Su obra se centra en la primera gran oleada de investigación psiquedélica, entre los años cuarenta y sesenta, y en figuras como Margaret Mead y su amigo y antiguo amante Gregory Bateson, figura central en el Instituto Esalen.2

Gregory Bateson, Margaret Mead y sus colegas experimentaron con hipnosis, cibernética, utopías comunitarias y sustancias psicodélicas

Ambos pertenecían al círculo de científicos que participó en las Conferencias Macy (1941-1960), un proyecto interdisciplinar que creía firmemente en la capacidad de la ciencia para mejorar radicalmente la vida humana. Una parte de ese idealismo consistía en la idea de que se podía cultivar un nuevo tipo de consciencia, más flexible, menos prejuiciosa, capaz de adaptarse a un mundo globalizado y cambiante. En ese contexto, Bateson, Mead y sus colegas experimentaron con hipnosis, cibernética, utopías comunitarias y sustancias psicodélicas.

Pero Breen habla también de una cara oculta. Hoy sabemos que varios de los científicos de las Conferencias Macy colaboraron con el gobierno de EEUU y, más en concreto, con la CIA. Muchos trabajaron directamente en los programas de interrogatorio y manipulación mental que se acabarían englobando bajo el paraguas de MK-Ultra. Es posible que, de un modo u otro, Mead y Bateson estuviesen implicados en todo este lío. Después de todo, resulta difícil de creer en el perfecto ocultamiento de tan cuantiosa financiación. Pero hasta donde sabemos, nada de esto se puede afirmar si no es como una sospecha... y de ahí su enorme interés para las teorías de la conspiración.

Patriotismo, financiación y víctimas invisibles

¿Por qué tantos investigadores aceptaron dejarse financiar por la agencia sin apenas hacer preguntas? El patriotismo puede explicar buena parte de este fenómeno. No se puede desmerecer el grado de paranoia colectiva en el que los EEUU vivieron la aparición del contexto de Guerra Fría. Recuérdese que estamos hablando de los años más duros de aquella otra gran contraola derechista: el macartismo.

A lo largo de los años cincuenta y sesenta estos experimentos produjeron numerosos daños documentados: secuelas psiquiátricas, traumas duraderos e incluso muertes

Durante la II Guerra Mundial, el precursor de la CIA, la Oficina de Servicios Estratégicos, ya había comenzado a estudiar el uso de drogas para la manipulación psicológica. Tras la guerra, el temor al adoctrinamiento comunista durante el conflicto en Corea intensificó esa búsqueda. El patriotismo insuflaba fuerzas a quienes veían con buenos ojos otros frentes de batalla que el estrictamente militar. A ello se sumaba, por otra parte, un incentivo práctico: la CIA pagaba con gran generosidad. Para obtener financiación para investigaciones terapéuticas con psicodélicos u otros proyectos, muchos científicos no vacilaron en realizar estudios secretos en prisiones o psiquiátricos donde los pacientes no podían negarse. Si alguno moría o sufría graves daños, se consideraba un «daño colateral» de la guerra fría y adiós.

A lo largo de los años cincuenta y sesenta estos experimentos produjeron numerosos daños documentados: secuelas psiquiátricas, traumas duraderos e incluso muertes. Uno de los casos más célebres es el del agente Frank Olson, que murió tras ser drogado sin su consentimiento. Bioquímico del ejército y colaborador del programa MK-Ultra, murió en 1953 tras caer desde la ventana de un hotel en Nueva York, oficialmente catalogado como suicidio, pero rodeado de indicios que apuntan a un posible asesinato encubierto. La posterior exhumación en 1994 reveló lesiones incompatibles con una caída voluntaria, alimentando la hipótesis de que Olson, habiéndose convertido en un riesgo para la CIA, fue eliminado.

MK-Ultra se filtra en la contracultura

Bajo el clima de ansiedad geopolítica de la Guerra Fría, y bajo la dirección del enigmático Allen Dulles, la CIA había aprobado en 1953 la creación del proyecto MK-Ultra, que quedó bajo el mando de Sidney Gottlieb, un químico idealista reconvertido en experto de operaciones encubiertas. Gottlieb, cuyo perfil oscilaba entre científico místico y burócrata implacable, había convencido a la agencia de que las sustancias psicoactivas recién descubiertas podían ser utilizadas para desmontar la mente de un individuo y reconstruirla bajo un patrón diferente.

Algunos de los participantes en experimentos financiados por la CIA, como Ken Kesey, salieron entusiasmados con el LSD y se convirtieron en figuras clave del movimiento psiquedélico

El programa MK-Ultra acabó dejando huellas inesperadas en la sociedad americana. Algunos de los participantes en experimentos financiados por la CIA, como Ken Kesey, salieron entusiasmados con el LSD y se convirtieron en figuras clave del movimiento psiquedélico. De ahí que muchos conspiranoicos se pregunten si fenómenos como los Merry Pranksters no formaban parte de un plan oculto. Todo indica que no: fueron simplemente consecuencias no previstas por la CIA.

A finales de los sesenta la contracultura psiquedélica fue percibida por la derecha conservadora como una amenaza existencial. El LSD dejó de ser un asunto científico y pasó a protagonizar discursos conservadores sobre la decadencia moral, la anarquía juvenil y la disolución del orden tradicional. El péndulo político osciló bruscamente. Nixon se sacó de la manga la Guerra contra las Drogas, que Reagan continuaría después.

A finales de los sesenta, de hecho, el gobierno federal impulsó leyes que criminalizaban la posesión y distribución de alucinógenos. La misma sustancia que había sido financiada por el Estado pasó a convertirse en un símbolo de desobediencia clandestina. En paralelo, carpetazo e incendio mediante (en 1973, a medida que empezaba a ocupar páginas en prensa, un fuego quemó la mayoría de los documentos) distintos episodios acaecidos al amparo de MK-Ultra pasaron a ser una materia prima ideal para las teorías de la conspiración.

La privatización de la manipulación mental

Tras el escándalo del descubrimiento de MK-Ultra, la CIA se apartó de la investigación psiquedélica, al menos oficialmente. Hoy apenas existen conexiones documentadas con el actual «renacimiento psiquedélico» (nombre con el que se conoce la reactivación de la investigación y legalización de sustancias). Más allá de casos aislados como el de Amaryllis Fox, exagente de la CIA vinculada a círculos de Burning Man y autora especialista en tráfico de drogas, pocas informaciones han alcanzado la opinión pública.

En los setenta y ochenta, muchos grupos de la llamada «movida del potencial humano» continuaron experimentando con drogas, hipnosis y dinámicas de manipulación.

Con todo, la búsqueda de herramientas para influir sobre la consciencia no desapareció. En los setenta y ochenta, muchos grupos de la llamada «movida del potencial humano» —y, de forma más extrema, diversas sectas y comunidades de control coercitivo— continuaron experimentando con drogas, hipnosis y dinámicas de manipulación. Al observar organizaciones como Cienciología, Aum Shinrikyo, los sannyasins de Osho, NXIVM, OneTaste o comunidades psiquedélicas más pequeñas, es difícil no descubrir el paralelismo con los métodos de MK-Ultra. En estos grupos, líderes carismáticos exploran de forma práctica cómo doblegar la voluntad ajena: combinan fármacos, presión social, técnicas sugestivas y manipulación emocional para conseguir obediencia total. Ofrecen libertad… y terminan esclavizando a los miembros del grupo.

Un ejemplo reciente es el de Nicole Daedone, fundadora de OneTaste. Empleaba una mezcla de carisma, presión psicológica y a veces psiquedélicos para dominar a sus seguidores. En un episodio especialmente revelador, Daedone intentó convencer a un millonario que pensaba abandonar el grupo para tomar LSD con ella y, durante el viaje, le presiona para que entregue toda su fortuna a la organización. El intento fracasó, pero el paralelismo del método con las prácticas de MK-Ultra no deja lugar a muchas dudas.

Louis Jolyon «Jolly» West: de MK-Ultra al estudio de sectas

Si alguna figura conecta ambos mundos —el de los experimentos encubiertos y el de los grupos New Age— esa es la de Louis Jolyon West. Durante años trabajó en programas de control mental, experimentando con hipnosis, drogas y creación de falsos recuerdos en sujetos no informados. Según el libro Chaos de Tom O’Neill, incluso llegó a dirigir una clínica financiada por la CIA en Haight-Ashbury por donde donde deambulaba la figura que sería decisiva en el giro punitivo: Charles Manson.

Es de sobra conocido el uso que Manson dio al LSD. Los crímenes en los que no participó, pero inspiró y dirigió, marcaron un antes y un después para la psiquedelia; el punto de no retorno. De ahí que paradójicamente, cuando MK-Ultra terminó, West se tuvo que reinventar como experto en sectas. Pasó décadas estudiando comunidades psicodélicas y movimientos como la Cienciología. Acabó afirmando que los cultos eran un negocio multimillonario basado en la manipulación psicológica.

El renacimiento psicodélico y la ultraderecha

Sesenta años después de los experimentos secretos de la CIA, la historia de la psicodelia da un giro inesperado. Mientras sustancias como la psilocibina o la MDMA viven hoy un resurgir científico y Estados como Oregón y Colorado avanzan en su despenalización, emerge un fenómeno inquietante: su apropiación por sectores de la ultraderecha estadounidense, un ecosistema reforzado durante la última década por el auge del trumpismo, el crecimiento del supremacismo blanco y la expansión digital de movimientos como la alt-right y QAnon, capaces de movilizar a millones de seguidores en Telegram, Gab o 4chan. Silicon Valley promueve la microdosificación como herramienta productiva, mientras comunidades espirituales identitarias, influencers reaccionarios y subculturas online reinterpretan los estados alterados como acceso privilegiado a una «verdad profunda» vinculada al orden natural, la identidad nacional o el destino civilizatorio de Occidente.

Esta ultraderecha psiquedélica se alimenta de ese ecosistema. No es un movimiento unificado, pero combina misticismo indoeuropeo, neonazismo esotérico, culto a la masculinidad guerrera, supremacismo cultural y teorías antiglobalistas que ya circulan en discursos como los del «Gran Remplazo», moneda de uso corriente desde 2017 en parte de la derecha radical. Para sus seguidores, las visiones psicodélicas funcionan como revelaciones metafísicas que confirman jerarquías y exclusiones, a veces mezcladas con conspiraciones contemporáneas —desde QAnon hasta la idea de una élite pedosatánica infiltrada en el «Estado profundo»— creando una narrativa apocalíptica donde solo algunos, los «despiertos», comprenden la supuesta verdad del orden actual.

En un entorno donde la experiencia psiquedélica puede devenir prueba emocional de una narrativa conspirativa, la fusión de propaganda extremista y estados alterados refuerza convicciones difíciles de desmontar

El paralelismo con MK-Ultra resuena como un eco perturbador. Si el programa buscaba manipular la mente para orientar conductas, estos movimientos extremistas intentan moldear subjetividades desde estados alterados intensificándolos por la radicalización digital. Y aunque la CIA fracasó en dominar la consciencia; la ultraderecha, impulsada por algoritmos, cámaras de eco y la normalización de discursos extremistas —visible en episodios como Charlottesville en 2017, el aumento de grupos catalogados como extremistas o la proliferación de milicias armadas— ha encontrado en la psiquedelia un amplificador inesperado y enormemente eficiente.

En un entorno donde la experiencia psiquedélica puede devenir prueba emocional de una narrativa conspirativa, la fusión de propaganda extremista y estados alterados refuerza convicciones difíciles de desmontar. Parte de esta mutación responde al giro interno de la ultraderecha: la transición de un conservadurismo cristiano hacia estéticas paganas, rituales chamánicos reapropiados, neopaganismo europeo e imaginarios identitarios que han ganado tracción en foros ultras desde 2016.

Sustancias antes demonizadas por la derecha conservadora pasan a ser herramientas de legitimación autoritaria en manos ultraderechistas

El resultado es que sustancias antes demonizadas por la derecha conservadora pasan a ser herramientas de legitimación autoritaria en manos ultraderechistas. Surge un liderazgo carismático —mezcla de espiritualidad y propaganda nativista— visible en influencers que combinan chamanismo con discurso antimigración o autoritario. El Estado también aquí ha perdido el monopolio del relato sobre la psiquedelia, por lo que la pregunta de cómo se construye o se rediseña una subjetividad sigue abierta. Y si no es el Estado y sus cloacas, entonces ¿quien se ha hecho cargo de la psiquedelia?

Psicoactivos
Drogas psicodélicas, una revolución científica del laboratorio al diván
Sustancias psicodélicas extraídas de los hongos o la ayahuasca, o drogas recreativas como la MDMA o el LSD están siendo investigadas para tratar la salud mental o las adicciones.
Psicoactivos
Psiquedélicos, patentes y trumpismos: el campo antagonista que inaugura el renacimiento psiquedélico
Vivimos un momento de transición en el que algunos intereses empresariales ya están invirtiendo en psiquedélicos sin pillarse los dedos y siempre bajo las lógicas capitalistas.
Psicoactivos
Iglesias psiquedélicas en Estados Unidos: las contradicciones constitucionales del trumpismo ácido
La nueva administración estadounidense está más abierta a contribuir al renacimiento psicodélico, pero las iglesias que utilizan este tipo de sustancias siguen encontrándose en una zona alegal.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...