Redes sociales
“¡Compremos Letterboxd!”, la batalla por la red social sobre cine que explica internet y la cultura actuales
Letterboxd se vende. La popular red social cinéfila, nacida en 2011 y que cuenta en la actualidad con unos 26 millones de usuarios en todo el mundo, es desde 2023 propiedad en un 60% de la multinacional canadiense Tiny, que en abril de este año anunció que buscaba compradores. Ahora, un grupo de cineastas independientes de Estados Unidos intenta organizarse para hacerse con el paquete accionarial y evitar que la red de sus amores se “mierdifique”.
El intento de compra colectiva, y las discusiones alrededor, ilustran perfectamente el momento del internet actual, atrapado entre las lógicas comerciales de unas redes sociales que expulsan a parte de sus usuarios, la nostalgia de los mayores por un viejo mundo horizontal que ya no volverá y un futuro colaborativo que no acaba de dibujarse. Además, traza las líneas de un activismo cultural más centrado en la acción y en controlar los mecanismos de difusión y distribución de las obras.
Pero vayamos por partes. Letterboxd es una plataforma para comentar y reseñar películas que funciona como una especie de diario abierto al público. Cada usuario sube las películas que ha visto y puede desde simplemente decir si le han gustado o no hasta puntuarlas (con las clásicas cinco estrellitas) o escribir reseñas más o menos largas. Es una creación de Matthew Buchanan y Karl von Randow, quienes aún poseen parte de la propiedad y, teóricamente, derecho de veto en la futura venta. Se calcula que actualmente emplea a algo menos de 70 personas desde su sede en Nueva Zelanda.
Más popular en el mundo anglosajón que en el hispanoparlante, pero aun así en crecimiento constante desde 2020, tiene la particularidad de que su algoritmo es cronológico y poco invasivo, apenas tiene publicidad —algo más desde la entrada de Tiny en 2023, pero no mucha—, no castiga con servicios de pago constante —muchos usuarios ni saben que tiene alquiler de películas— y tampoco premia el contenido “viralizable” al que se prestarían mucho las reseñas, estilo el ragebait o hatebait tan habituales en la antigua Twitter, actual X, o YouTube.
“La plataforma actualmente es deficitaria y si entra alguien que la quiera hacer rentable, puede significar grandes cambios”, intuye el crítico cultural John Tones
“La diferencia con un futuro comprador es que Tiny tenía el compromiso de no cambiar esencialmente el funcionamiento de Letterboxd, pero la plataforma actualmente es deficitaria y si entra alguien que la quiera hacer rentable, puede significar grandes cambios en ese sentido”, comenta el periodista y crítico cultural John Tones (seudónimo de Pedro Berruezo), editor de Cultura en la web Xataka. En su opinión, esos cambios podrían ser “más publicidad o meter un algoritmo como los de las redes sociales que se sabe que funcionan comercialmente”. Es decir, que en lugar de ver las últimas novedades de cartelera o lo que han comentado tus amigos, “te salgan en el timeline películas que hayan pagado por estar ahí, en fin, ese tipo de cosas que estropearían la experiencia actual de la plataforma”.
“Quien sea el próximo propietario de Letterboxd tendrá un impacto desproporcionado en el futuro del cine independiente global”, responde Elizabeth Joyce, fundadora de una campaña para comprar colectivamente Letterboxd
Frente a esa amenaza se lanza la campaña de adquisición colectiva de Intrinsic Entertainment Collaborative, una empresa de beneficio público [public benefit corporation, una fórmula estadounidense relativamente similar a nuestras entidades sin ánimo de lucro] fundada por la cineasta Elizabeth Joyce. “Quien sea el próximo propietario de Letterboxd tendrá un impacto desproporcionado en el futuro del cine independiente global”, responde Joyce a El Salto. “La venta al comprador equivocado significará que la mayor comunidad agregada de aficionados al cine, que son las personas que dedican tiempo a descubrir, promover películas independientes, quedará en manos de la reducción de costes, el aumento de la publicidad, la venta de datos de usuarios…”.
Sin embargo, si lo adquiere su plataforma, que define como “coalición”, significaría “trabajar juntos para asegurar que las películas de valor para la sociedad sean vistas, conectar con salas de cine independientes y art-house en Estados Unidos y a nivel mundial para vincular a la comunidad con negocios locales…”. En parte, continuar lo que según ella ya sucede: “Democratizar el descubrimiento de películas”.
A lo largo de los últimos dos años, Joyce ha estado inmersa en el proyecto de Community Center, una red social colaborativa para la comunidad cinéfila en EEUU, donde intentaba que los pequeños productores o creadores independientes como ella pudiesen desarrollar todo el ciclo de vida de sus películas, buscando inversores, simplificando el marketing e incluso ayudando a su distribución. El anuncio de la venta del paquete accionarial de Tiny fue como la respuesta a sus plegarias: “Compremos Letteboxd, convirtamos Letterboxd en lo que queremos hacer”.
Miedo a GoodReads
La propuesta de Intrinsic Entertainment Collaborative se está moviendo principalmente en el circuito del cine independiente norteamericano y difundiéndose por dos redes a medio camino entre las tradicionales y el Fediverso. Una es BlueSky, donde han migrado gran parte de los creadores culturales o activistas críticos con el gobierno Trump y el dominio en el antiguo Twitter, actual X, del billonario Elon Musk.
La otra es Substack, donde la propia Joyce es muy activa y además ha recibido el apoyo de newsletters como Hope for Films!, del conocido productor independiente Ted Hope —que ha titulado dos entregas recientes “Letterboxd is for sale! Let's buy Letterboxd!!” [¡Letterboxd se vende! ¡Compremos Letterboxd!] y “Can We Save Letterboxd From Enshittification?” [¿Podemos salvar Letterboxd de la ‘mierdificación’?]— o la documentalista Kathleen Lingo, que la entrevistó con el titular “One of Us is Trying to Buy Letterboxd” [Una de nosotros intenta comprar Letterboxd].
El ejemplo que más presente tienen los activistas de Intrinsic Entertainment Collaborative es GoodReads. La popular red social de reseñas de libros fue comprada en 2013 por Amazon, de manera que muchos consideran que se convirtió en una extensión comercial de la ‘librería más grande del mundo’, además de estudio de mercado gratuito y en actualización constante por parte de los propios usuarios. Es conocido, de hecho, que sirve para entrenar el algoritmo de recomendación de la web.
El crítico John Tones cree, no obstante, que GoodReads “es un caso un poco especial, porque cuando Amazon la compró garantizó que no se iba a tocar su diseño y estilo original… y lo ha hecho tan literalmente que ha acabado siendo inservible por eso. Es poco usable, no hay moderación de contenidos… Y por Letterboxd, aunque da la sensación de ser una web ‘de las de antes’, se puede navegar perfectamente y aprender a usarla de forma intuitiva”.
Actualmente la campaña a través de Seed & Spark —una plataforma de crowdfunding para cine independiente— busca financiar los honorarios de 100.000 dólares para la asesoría legal para fusiones y adquisiciones que requiere la operación, bastante compleja en el caso estadounidense. Aunque la mayor parte de los inversores captados hasta ahora se mueven en el nicho del cine indie de EEUU, el objetivo a largo plazo sería intentar llegar a la comunidad internacional de usuarios de Letterboxd.
Joyce ya cuenta con el apoyo del Departamento de Derecho Transaccional de la Facultad de Derecho de Harvard para construir la arquitectura legal que le permita captar “inversores de impacto alineados con la misión” y, al mismo tiempo, que la propiedad permanezca en manos de la comunidad de pequeños inversores que serían su base.
“Nuestra visión es que Letterboxd sería administrada de manera colaborativa con los fundadores de Letterboxd, junto con un consejo asesor compuesto por cineastas, fans y representantes elegidos por la comunidad”, explica Joyce
“Nuestra visión es que Letterboxd sería administrada de manera colaborativa con los fundadores de Letterboxd, junto con un consejo asesor compuesto por cineastas, fans y representantes elegidos por la comunidad”, explica la productora a El Salto. En su ideal, esta última se compondría de muchos miembros que “contribuyen con pequeñas cantidades de dinero, pero aportan pasión y redes de artistas independientes y activistas”.
El idealismo de Joyce va más allá. Para ella, combatir la “mierdificación” es algo social: “No son solo los negocios tecnológicos, nuestras economías ya están mierdificadas, dominadas por vehículos de inversión privada masivos en lugar de emprendedores y economistas que entienden la necesidad la justicia económica son mutuamente dependientes”. Por eso llaman a su modelo “englorificación” [‘englorification’ frente a ‘enshittification’].
Nostalgia del viejo futuro internet
Para John Tones, esta defensa a ultranza de una red hasta cierto punto de nicho se produce porque “es obvio que en el internet actual se han perdido gran parte de los foros horizontales” y cree que refleja también “una discusión sobre cine más banal, que coincide con el deterioro de la industria de Hollywood”.
Aunque “antes del algoritmo y las redes, en los foros había moderadores y si no seguías las normas de la comunidad te podían echar”, la diferencia es que “ahora viene determinado por una máquina que solo responde a intereses comerciales muy específicos”. Para él, esto coincide con cómo “durante la década pasada Hollywood se ha quedado en solo tres majors que manejan varias franquicias de las que sacan tres o cuatro pelis al año”.
Cómo se habla de cine en las redes sociales actualmente “es un reflejo de ambas dinámicas”, opina. “La discusión se ha hecho mucho más superficial, y por tanto tóxica, porque simplificar lleva a la polarización. Las cosas tienen que ser blancas o negras”. Para él, “es un reflejo también de la propia industria, donde ya no hay películas medianas, o son superproducciones o pequeñas e independientes”.
“Si dependemos exclusivamente de un dueño, de una estructura empresarial o de un accionariado concreto, no podemos saber cuáles serán sus decisiones en el futuro”, opina la periodista y activista Marta G. Franco
La cuestión que sobrevuela cómo defenderse de la ‘mierdificación’ es que el ‘viejo’ internet’ no volverá. Y es necesario plantear si se puede pelear por otro diferente al actual para el futuro. “La idea de juntarse para comprar Letterboxd es intuitivamente lógica: no nos gusta el dueño actual, así que cambiamos de dueño por otro que nos caiga mejor. El problema es que nada nos garantiza que no vuelva a salir mal”, opina la periodista y activista Marta G. Franco, autora del ensayo Las redes son nuestras. Una historia popular de internet y un mapa para volver a habitarla (consonni, 2024). “Si dependemos exclusivamente de un dueño, de una estructura empresarial o de un accionariado concreto, no podemos saber cuáles serán sus decisiones en el futuro”, añade la también firmante, junto al ilustrador Luis Demano, de Internet. Por unas vidas digitales más sanas (Litera, 2026). Para ella, “existen estructuras de propiedad mucho más interesantes: las descentralizadas”.
Es el enfoque de Mastodon, y un espacio donde ya existe una alternativa de software libre a Goodreads: Bookwyrm. “Cualquiera que tenga los conocimientos técnicos puede instalar su propio servidor de Bookwyrm e interactuar con toda su comunidad de usuarias”, explica. En España existe una experiencia particular en este sentido, Lectura.Social.
Para Franco, “si se quiere preservar Letterboxd con garantías, tendría sentido llevarlo hacia el Fediverso. Podrían partir del software que ya sostiene esa plataforma y hacerlo abierto y compatible con la federación. En cualquier caso hace falta organizarse colectivamente para recaudar el dinero necesario, pero ojalá lo que se traen entre manos tenga un enfoque abierto y descentralizado”.
Internet
Cory Doctorow
“La pregunta es cómo crear las herramientas para el internet posnorteamericano que necesitamos”
Redes sociales
Marta G. Franco
“Lo que ocurre con la internet actual es que prácticamente no hay espacios públicos en ella”
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!