Dolo Medina: “La renta básica nos permitiría reducir la jornada o decir no a condiciones de explotación”

La socióloga y defensora de la renta básica universal Dolo Medina es una de las coordinadoras del libro ‘Quan convé seguem cadenas’, que recoge diversas perspectivas sobre qué supondría aplicar esta política en Catalunya.
Dolores Medina
Dolo Medina. Foto cedida por la entrevistada.
1 may 2026 07:14 | Actualizado: 1 may 2026 08:28

La socióloga Dolores Medina Foussadier lleva muchos años defendiendo la renta básica universal. Durante tres años, fue integrante de un proyecto pionero en este ámbito formando parte del equipo técnico de la Oficina del Plan Piloto para Implementar la Renta Básica Universal en Catalunya, un periodo durante el cual se elaboró una iniciativa para probar cómo esta medida podría ser aplicable en el territorio y evaluar cuáles serían sus efectos. 

Si bien cambiaron los aires políticos y el Plan Piloto no llegó a arrancar, bajo la dirección del reconocido defensor de la renta básica Sergi Raventós, la Oficina dio lugar a múltiples espacios de reflexión y estudio de esta política. Junto a Raventós, Medina Foussadier es coordinadora del libro Quan convé seguem cadenes: Per una renda basica a Catalunya (Manifestes Llibres) [Cuando conviene segamos cadenas: la lucha por la renta básica en Cataluña] que reúne a un buen elenco de pensadores y activistas para explorar de qué maneras la Renta Básica podría propiciar un futuro menos desigual y más justo y digno.

¿Por qué publicar en este momento un libro sobre la renta básica que esté específicamente arraigado en Catalunya?
Por un lado, en este año se cumplieron los 25 años de la Xarxa Renda Básica, la Red Renta Básica en Catalunya. El libro es una manera de poder dar cabida a todo el trabajo que se ha hecho durante estos años, de visibilizarlo. Por otro lado, veníamos de la experiencia de la Oficina de Renta Básica, y el diseño del Plan Piloto para implementar una Renta Básica en Catalunya. Durante esos tres años que estuvimos en la oficina con su director Sergi Raventós, vimos la necesidad de que todo ese trabajo también quedara en algún lado. Así que el libro también es una manera de recopilar todas las jornadas y encuentros que hemos tenido con diferentes profesionales, sectores, organizaciones y que no se queden en un cajón. Que quedara constancia, dejarlo todo recogido en un material que cualquier persona pueda consultar en cualquier momento que lo necesite o cuando le sea de interés

En el libro tenéis un capítulo dedicado a la renta máxima, firmado por Daniel Raventós y por Jordi Arcarons. Parece un tema muy pertinente en este momento, en el que estamos viendo lo que implica políticamente esta concentración tan ostentosa e ilimitada de riqueza.
Sí, de hecho, justamente los últimos datos hablan de que el 1% de la población cada vez está concentrando mayor porcentaje de la riqueza. Mientras que los sectores más empobrecidos, enfrentan cada vez más dificultades, somos más pobres. Aunque si miramos la evolución, hay cierta mejoría en los indicadores de desigualdad, estamos viendo que cuando profundizas te das cuenta de que cada vez la riqueza está concentrada en menos manos.

Pensamos que incluir este capítulo en el libro era importante, porque evidentemente la renta básica favorecería una mejor redistribución de los recursos que tenemos y eso tendría un impacto en el bienestar de la población en términos generales. Pero es verdad que si no se toca la renta por arriba, seguiremos también expuestos a que haya cada vez menos personas con mucho poder como para poder tomar decisiones que nos afectan a todos y que imponen muchas veces políticas económicas que solo les beneficia a ellas. Entonces, para hablar de renta básica, cada vez se hace más necesario también hablar de rentas máximas.

En otro de los capítulos abordáis la renta básica como derecho humano, reflexionando sobre su consideración como derecho emergente frente a quienes lo defienden como parte del derecho a la protección social. ¿Podrías explicarnos esta dicotomía?
En su momento, cuando se elaboró la Declaración de los Derechos Humanos Emergentes, en 2007 en Monterrey, promovida por muchos movimientos sociales y organizaciones, se incluyó la renta básica como uno de estos derechos. Tanto Montse Tafalla como Pablo Scotto, que son los autores de este capítulo, hacen una buena reflexión sobre esta propuesta que en su momento cobraba sentido, pero que analizando el derecho internacional, podemos ver que el derecho a la protección social ya existe. Los autores defienden que deberíamos plantearnos la renta básica como el mecanismo a partir del cual garantizar efectivamente ese derecho que ya tenemos reconocido como derecho humano, que no es necesario crear un nuevo derecho emergente, sino que se trata de plantear la renta básica como un mecanismo, una medida, una política que efectivamente haría realidad ese derecho humano que ahora mismo está contemplado a nivel normativo, aunque en la práctica vemos que los modelos actuales de protección social no están garantizando universalmente este derecho.

Para hablar de renta básica, cada vez se hace más necesario también hablar de rentas máximas.

¿Cuáles serían los principales límites?
En el siguiente capítulo que escribimos Judit Font y yo, sobre el sistema de protección social en Catalunya explicamos que nuestro sistema es básicamente contributivo: la persona accede al derecho a la seguridad social mediante su historia laboral. En la medida en que la persona cotiza a la Seguridad Social, tiene unos derechos de seguridad social o de protección social. Nosotras nos planteamos qué pasa con todas las personas que no tienen ese vínculo con el mercado de trabajo, o no han podido cotizar, como personas sin hogar, inmigrantes, mujeres que cuentan con cotizaciones mucho menores por tener empleos a tiempo parcial, jóvenes... Queda mucha gente afuera. Entonces para estos colectivos se piensan políticas muy focalizadas, de carácter condicionado, en las que las personas tenemos que demostrar que estamos en una situación de insuficiencia de ingresos para poder acceder a estas ayudas y no caer en la pobreza.

Incluso así, hay mucha gente que tendría derecho a optar a estas ayudas condicionadas o asistenciales, pero no acceden por el modo en el que está diseñada la política, por los muchos requisitos que se piden o la documentación a aportar. La persona tiene que demostrar continuamente que merece esa ayuda. No llegamos a tiempo para evitar que se caiga en esa situación de insuficiencia de ingresos. Se actúa después, subsidios como el ingreso mínimo vital tardan hasta un año en llegar o en el caso de la renta garantizada, actualmente están entre seis y ocho meses. Una persona que necesita ayuda en ese momento, no puede esperar tanto tiempo a ser rescatada: la renta básica lo que plantea es que hay que actuar antes y no después, como sucede ahora. Y una manera de actuar antes es garantizar universalmente, a todo el mundo, el ingreso.

También se incluye un capítulo sobre migraciones escrito por Aliou Diallo y Maria Lladonosa que me parece muy relevante en este momento en el que la migración está en el centro del debate público, con la derecha agitando su mantra de la prioridad nacional, mientras asistimos al primer proceso de regularización extraordinaria en dos décadas.
Siempre ha sido importante hablar de renta básica y migraciones porque ya desde los orígenes de la Xarxa aquí en Cataluña, este ha sido un tema que ha preocupado, pues es de hecho una de las críticas o de las dudas que surgen cuando se habla de renta básica, “¿qué pasa con la población inmigrante? ¿No va a suponer esto un efecto llamada?”.

En estos últimos 25 años, hemos pasado por diferentes momentos migratorios en los que hemos tenido más o menos población migrada. Justamente ahora Catalunya está viendo incrementada su población por la población inmigrante, que ya vive aquí. Ahora estamos también en todo un proceso de regularización de todas estas personas que llevan años intentando regularizar su situación, que están trabajando en el mercado informal. Todo esto está siendo un poco caldo de cultivo para que la derecha más conservadora y la extrema derecha acusen a la población migrante de estar “llevándose” todas las ayudas, culpabilizándoles de los problemas que tenemos a nivel estructural. En este contexto, aquí al menos en Catalunya, todavía más, se hace necesario hablar de renta básica, inmigración y antirracismo.

Sabemos que las personas no toman la decisión de migrar ni eligen el país donde irán por el estado de bienestar o las ayudas económicas que haya en los países de recepción. Primero salen del país porque buscan una vida mejor, o porque escapan de conflictos o de situaciones muy precarias económicamente. Y viajan allá donde tienen redes familiares, de amigos, donde saben que tienen oportunidades de empleo, no por el sistema de prestaciones. Si miramos los índices de inmigración en los países nórdico y en España, la diferencia es mínima. Allí el estado de bienestar es mucho más avanzado que el nuestro, mucho más garantista en este sentido. Sin embargo, el porcentaje de población inmigrante es muy similar.

Nuestra propuesta es luchar contra estos discursos contrarios a las migraciones y racistas, y también aclarar que ese efecto llamada al que se tiene tanto miedo en el caso de poder implementar una renta básica no se daría, ya tenemos otro tipo de ayudas y la gente no migra por ello, como tampoco migra porque haya un proceso de regularización abierto, se regulariza a las personas que ya están aquí. Estamos hablando de derechos que se adquieren una vez ya estás en el territorio, cuando ya demuestras que estás viviendo en el país, y contribuyendo como ya lo hacen las personas inmigrantes, con trabajos que están totalmente invisibilizados al hacerse muchas veces también en el mercado informal. Así que la renta básica sería una forma también de reconocer esa contribución.

En esta línea, en los distintos capítulos se aborda la renta básica desde la perspectiva de diversos movimientos: feministas, LGTBI, personas con sufrimiento psíquico... ¿De qué manera la renta básica, además de ser un dispositivo de justicia social, enlaza con el reconocimiento de los distintos colectivos perjudicados en el régimen del trabajo asalariado?
Para nosotros era importante poner sobre la mesa y visibilizar que la renta básica es transversal, que no es una cuestión solamente de redistribución de la riqueza, sino también de reconocimiento de derechos de diferentes colectivos que hasta ahora se han visto gravemente vulnerados. Porque el sistema de protección social y de garantía de ingresos no llega a todos de la misma manera. Hay algunos colectivos que están mucho más excluidos, y que aún diseñando políticas pensando en ellos, a la hora de diseñar los mecanismos de acceso, se les pone todo aún más difícil. La renta básica es un eje integrador, porque muchas de las reivindicaciones de estos colectivos tienen que ver con la garantía de derechos, y entre ellos el derecho a un ingreso. Además, a partir de la garantía de un ingreso, se facilita el acceso a otros derechos.

En referencia a los colectivos, hay otros dos ámbitos en los que hacéis énfasis en el libro, por un lado la juventud y sus dificultades para acceder al trabajo o a la protección social, y por otro lado a las personas que viven en el ámbito rural, que se ven forzadas a marchar. ¿Por qué habéis decidido abordar estas dos cuestiones?
Los movimientos estudiantiles y de jóvenes en Catalunya han reclamado y han defendido una renta básica. Vemos que las tasas de emancipación son muy escasas, pocos jóvenes pueden independizarse. A esto hay que sumarle todos los problemas asociados a la falta de una inserción laboral muy precaria, y a un empeoramiento de la salud mental. En este contexto, una renta básica podría cambiar significativa esta situación.

En el caso del campo, vemos que aquí también hay jóvenes a quienes les gustaría poder darle continuidad al trabajo agrario más familiar, de pequeños agricultores, ganaderos. Y no pueden porque no tienen una base, un sostén, un colchón a partir del cual poder hacer frente a las contingencias climáticas, y acaban abandonando y emigrando a la ciudad, buscando mayores oportunidades de empleo.

El agrario es un ámbito esencial para la reproducción de la sociedad, y sin embargo cada vez es más difícil trabajar en él en condiciones dignas, sin depender de ayudas que llegan tarde, de la burocracia. Para quienes no disponen de cierto capital, se hace muy difícil hacer frente a cualquier contingencia.  Una renta básica daría la opción a las personas de continuar trabajando en este sector.

A veces se busca confrontar la lucha por los derechos laborales con la reivindicación por una renta básica universal. En uno de los capítulos, firmado por David Casassas, se defiende que la renta básica justamente puede mejorar nuestra relación con el trabajo.
Claro, por un lado con una renta básica el trabajador gana capacidad de negociación por lo cual tiene más fácil forzar mejoras en sus condiciones de trabajo. Sobre todo en algunos sectores, los que consideramos esenciales pero son los peores pagados, los más precarios, tendrán que mejorar las condiciones si quieren tener gente trabajando. Por otro lado, al contrario de lo que piensan los sindicatos mayoritarios, la renta básica no iría contra la negociación colectiva, normalizando que la negociación sea individual, entre el trabajador y el empleador. Nosotros, al contrario, defendemos que la renta básica dotaría de esa caja de resistencia necesaria para sostener largos pulsos colectivos. Es decir, en un momento dado paramos porque tenemos una garantía de ingresos y forzamos a que las condiciones mejoren a través de la negociación colectiva.

También sería una oportunidad para todas aquellas personas que quieren hacer una transición de un empleo a otro. Hay empleos que estamos viendo que con la inteligencia artificial van a quedar totalmente desfasados y va a haber mucha gente que va a tener que recualificarse laboralmente. La renta básica permitiría volver a situarse, parar y pensar hacia dónde quieres encaminarte tanto en el caso de que hayas perdido tu trabajo, como que lo hayas dejado voluntariamente. Puedes pensar: “estoy tranquilo porque puedo formarme en otros ámbitos, o ampliar mis competencias profesionales para mejorar mi situación en el mercado laboral”.

Defendemos que en el ámbito laboral la renta básica dotaría de esa caja de resistencia necesaria para sostener largos pulsos colectivos

Vemos ahora sin embargo, que en los servicios públicos de empleo, la gente que está desempleada y quiere formarse para mejorar sus oportunidades muchas veces acaba abandonando o no accediendo a la formación por esa falta de ingresos, pues durante el tiempo que están cobrando la prestación de desempleo pueden ir sorteando sus necesidades, pero esa prestación es limitada, como máximo dura dos años y tiene un importe que aunque hayas cotizado el máximo no alcanzan para sostenerse, por no hablar de cuando no tienes derecho a una pensión contributiva y solo cobras un subsidio de 400 o 500 euros.

Por último, hay muchas personas que tienen proyectos, a las que les gustaría poder emprender —eso que tanto se incentiva en el discurso— y que no pueden por esa falta de capacidad económica y la inseguridad ante la posibilidad de que su proyecto empresarial no funcione. Tú puedes tener un buen plan de empresa, pero al final, depende de muchos factores que ese proyecto de negocio salga adelante, así que es difícil asumir ese riesgo. Gente que querría crear cooperativas, incluso, y a quienes una renta básica les daría la seguridad económica suficiente como para poder tomar riesgos. Una renta básica permitiría también reducir la jornada de trabajo para poder dedicar tiempo a otras cuestiones, como los cuidados o a formarse. Y en definitiva, a decir no ante condiciones de explotación.

Volviendo un poco a la primera pregunta, el libro también es un repositorio de todo lo que en estos años habéis trabajado en la oficina, ¿cuál es el balance de estos años, y en particular, del fin de un Plan Piloto que no se ha podido concretar?
Yo personalmente estoy muy satisfecha —y creo que en general todo el equipo— con lo que se hizo desde la oficina, porque realmente fue un trabajo excelente, con aval científico y metodológicamente muy robusto. Un trabajo que se nos ha reconocido en los diferentes ámbitos en los que hemos participado. El Plan Piloto tenía un comité científico que avaló su diseño, estaba Ivalua por otro lado también, que fue el órgano que nos acompañó desde el propio diseño de la política. También en muchos espacios lo han señalado como una buena práctica, el rigor científico estaba ahí. Luego está todo el trabajo de difusión que se pudo hacer durante esos tres años paralelamente al diseño del piloto. 

Lo que pasó después, es la contrapartida de un proyecto que estaba politizado. Pues de alguna manera, si se creó la oficina del plan piloto fue porque hubo un acuerdo de investidura entre Esquerra y la CUP. La CUP lo puso sobre la mesa para poder investir al ex-presidente Pere Aragonés y fue por eso que se constituyó la oficina. Entonces, una vez está constituida la oficina, entraron ya las diferencias respecto a la propuesta por parte de otros partidos políticos, entre ellos el PSC, que no lo acababa de ver. En su momento aludía a que el coste del plan piloto era demasiado elevado, que había otras necesidades en Catalunya para estar destinando ese porcentaje del presupuesto autonómico, cuando después lo ves en números y no llega ni al 0,1% del presupuesto.

En fin, al PSC políticamente no le interesó en ningún momento este proyecto y cuando tuvo la oportunidad de echarlo para atrás, pues lo hizo, con el apoyo de la derecha y de la extrema derecha, que es también una de las cosas que sorprenden por parte del Partido Socialista. Ya no es que se tengan diferencias o puedas cuestionar la medida o tengas tus dudas, lo que a nosotros nos sorprende más es que ni siquiera te plantees probarla. O sea, ya una vez están ahí los recursos y está el diseño, pruébala. Veamos qué resultados se obtienen. Que nos podamos sentar a hablar con datos sobre la mesa y no desde percepciones u opiniones políticas.

Además, entendiendo que implementar una renta básica solamente en Catalunya, por un tema de fiscalidad, es muy difícil por no decir imposible, a menos que haya independencia de Catalunya respecto a España o que España lo implemente en todas las comunidades autónomas, el piloto te puede servir para empezar ya a trabajar en una política orientada a partir de los principios que tiene la Renta básica, que son la universalidad y la incondicionalidad. Una política que mejore el sistema actual de prestaciones que ya se está comprobando que no llega. Aquí en Cataluña, solo el 40% de la población en extrema pobreza está teniendo acceso a las prestaciones de la renta garantizada o del ingreso mínimo vital. Y estamos dejando fuera a todo el grupo de población que está por encima de la extrema pobreza y por debajo del umbral de riesgo de exclusión, es decir, en condiciones de precariedad.

Si ya hay un diagnóstico que es compartido, y es que el sistema actual de prestaciones no está siendo efectivo contra la pobreza, al menos el plan piloto hubiera dado evidencias de cómo ir trabajando para mejorar el sistema. Además, si nos atenemos a un cierto utilitarismo político, las encuestas que se realizaron durante el periodo que estuvimos en la oficina mostraron que cerca del 70% de la población, una vez se les explica en qué consiste la renta básica, apoyaría esta política. Incluso es una medida que transversalmente, en diferentes grupos de población teniendo en cuenta la edad, el género, el nivel educativo, los ingresos o las simpatías por los partidos —incluyendo a personas simpatizantes de partidos que votaron contra el Plan Piloto— cuenta con mucho apoyo. Entonces, ¿qué se está haciendo desde los partidos? ¿No están escuchando a sus propios votantes?

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