Senegal
Vivir frente al mar y no verlo: el turismo y las residencias de lujo privatizan la playa en Dakar
Mariam, una joven de Dakar de 16 años, ha aprovechado el fin del curso escolar para venir a darse un baño a la playa de Yoff, al norte de su ciudad, donde el fuerte oleaje y las corrientes obligan a los bañistas a agruparse en aquellas zonas del agua donde las condiciones no son tan peligrosas. Ella es de un barrio cercano, también con costa, pero ha decidido trasladarse hasta aquí: “He venido a esta playa porque en mi barrio, a la que quiero ir, debo pagar 500 francos CFA”, confiesa.
La privatización de muchas playas en Dakar es ya un fenómeno que viene unido a la instalación de grandes hoteles, edificios de lujo o restaurantes en primera línea de mar y que impiden ver la franja costera en una ciudad prácticamente rodeada de mar: “En la parte occidental de Dakar, la mayoría de los espacios eran públicos. Desde el antiguo tribunal de Dakar hasta Ngor, la mayoría está ocupada por hoteles y restaurantes por lo que los jóvenes y los niños no pueden acceder a estos espacios”, se lamenta Mamadou Diouf, presidente de la ONG Forum Social en Senegal.
El acaparamiento de tierras costeras lleva años preocupando a la población local. Los expertos coinciden en que las zonas más afectadas se encuentran al oeste de la ciudad, donde están los barrios de Ngor o Almadies y en las cuales están las playas más arenosas, con aguas más tranquilas y menos contaminadas. Por su parte, en el lado este de la ciudad, las playas están muy contaminadas debido a la cercanía del puerto y de varias industrias. Entre ambos puntos, quedan algunas playas de acceso público, muchas pequeñas y rodeadas de rocas.
Por lo tanto, según reconoce Diouf, a las vecinas y vecinos de Dakar, les queda como gran espacio costero el norte de la ciudad, con playas expuestas al océano Atlántico, con mucha corriente y oleaje: “Cada año hay decenas de ahogamientos en los que mueren niños y jóvenes”, cuenta. Diouf agrega que esta privatización se debe a la instalación de hoteles, grandes restaurantes y otras infraestructuras vinculadas al turismo que vienen respaldadas por grandes capitales. “Políticamente esto crea tensiones. A menudo la población se revuelve para decir no, que no aceptamos que un millonario se instale aquí y ocupe la playa porque nosotros también queremos acceder”, reclama el presidente de Forum Social en Senegal.
“A menudo la población se revuelve para decir no, que no aceptamos que un millonario se instale aquí y ocupe la playa porque nosotros también queremos acceder”
Las consecuencias de la privatización de las zonas costeras en un lugar donde históricamente se vivía en contacto con el mar son numerosas. “Ha habido un impacto medioambiental, hace más calor en Dakar y circula menos el aire”, sostiene Cheik Omar Sy, presidente del Observatorio para el Seguimiento de los Indicadores de Desarrollo Económico en África (OSIDEA). Los edificios de gran tamaño construidos en la franja costera impiden una adecuada circulación del aire en una ciudad de unos 80 km2 y de cuatro millones de habitantes con un gran volumen de vehículos.
“Dakar es considerada una ciudad muy contaminada porque hoy el aire no circula como antes, porque todos estos edificios evitan que el aire circule alrededor de Dakar”, recalca el presidente de OSIDEA. La especulación financiera también provocó un aumento de los precios de las viviendas y terrenos fuera de Dakar: “Antes, pagabas un alquiler en el litoral por 500.000 francos CFA. Después del expolio ha pasado a un 1.000.000. Y es así el efecto dominó de la especulación financiera, que impacta en toda la población a partir de decisiones malvadas del Estado que no es capaz de preservar el interés general”, denuncia Omar Sy.
La geógrafa del Centre de Suivi Ecologique Dieynaba Seck también reconoce que la privatización de determinadas zonas costeras se ha convertido en una práctica generalizada, la cual deja varias consecuencias a nivel medioambiental, como la destrucción de los hábitats costeros, la aceleración de la erosión costera, la alteración de la dinámica natural de playas y dunas y la reducción de la capacidad natural de protección frente a las inundaciones. El presidente de OSIDEA concreta que en una de las zonas costeras del norte de la ciudad, se ha puesto en peligro su ecosistema, al eliminar para la construcción, una tipo de planta marina, la casuarina, que sirve para frenar la erosión marina. “La banda de casuarina ha existido ahí desde hace generaciones. Por desgracia, bajo el régimen de Macky Sall (el anterior presidente), esta banda donde se encontraban estas plantas fue completamente vendida, con mucha implicación de las empresas”, sostiene. Por otro lado, se desatan problemas a nivel jurídico y aumentan las tensiones sociales porque se multiplican los litigios y las acciones de lucha ante nuevos proyectos costeros.
“Culturalmente, ir a la playa nos permite a la población poder encontrarnos, compartir hábitos culturales, reunirnos entre barrios y familias”
“Los niños de la zona donde hoy está el hotel Terrou Bi, iban a la playa que hoy se encuentra en su interior. Se le llamaba en toda esta zona la ‘playa de los niños’ porque parecía una piscina natural, ya que no era muy profunda”, cuenta Omar Sy. Deynaba Seck especifica que la dificultad de acceso a estos espacios o su transformación por construcciones privadas hace que la población pierda parte de su patrimonio inmaterial. En este sentido, el presidente de Forum Social se lamenta de que los niños y niñas cuando están de vacaciones no pueden acceder a algunas playas que eran frecuentadas por sus padres y se ven obligados a ir a espacios costeros más peligrosos: “Culturalmente, ir a la playa nos permite a la población poder encontrarnos, compartir hábitos culturales, reunirnos entre barrios y familias. La situación actual no nos permite poder intercambiar de esa manera”, subraya. Seck matiza que durante mucho tiempo las playas no han sido únicamente espacios de baño, sino que se han construido como puntos de encuentro intergeneracional, como lugares de prácticas culturales y religiosas y espacios de transmisión de memoria colectiva. “Yo crecí cerca de la playa. Cuando era niño, a veces jugábamos ahí, nos bañábamos en la playa de Mermoz. Venía mucha gente y eso era maravilloso. Caminábamos por todo el litoral y veíamos la playa”, recuerda Omar Sy.
Una de las zonas de Dakar que ejemplifica toda esta dinámica es el barrio de Ngor. Situado al noroeste de la ciudad, es famoso por ser el barrio de donde salen pequeñas embarcaciones a la isla situada en frente y que recibe el mismo nombre. Cuentan los expertos, que en los últimos 20 años el barrio ha sufrido un cambio drástico de imagen. “Ngor es un pueblo tradicional. Somos de la cultura lebou, 100% pescadores. En 1932, en la época de la colonización francesa, se aprobó un decreto para la reforma de la propiedad de la tierra. Y aunque estos pueblos existían aquí hace siglos, la norma obligó a nuestros padres a registrar sus tierras”, aclara Mamadou Ndiaye, presidente de la asociación Ngor Debut, un colectivo vecinal que lucha por preservar su barrio. Cuenta que una vez Senegal obtuvo su independencia y la capital pasó de Saint Louis a Dakar, el Estado alquiló algunos terrenos de la zona tradicionalmente Lebou para construir edificios públicos. Es también la zona donde se alojan en la actualidad muchas embajadas.
“Todos los regímenes que han sucedido desde al primer presidente de Senegal, Léopold Sédar Senghor, (años 60) hasta Macky Sall se han aprovechado de las tierras de Almadies (zona de lujo que forma parte del mismo distrito de Ngor). Los hombres de negocios, los hombres políticos, los primeros ministros, los ministros del interior, diputados, presidentes de la Asamblea Nacional… Todos han tomado nuestras tierras”, asegura Ndiaye.
Tal y como aclara el presidente de Forum Social, más tarde, algunos de estos terrenos han sido comprados a personal público por personas ricas senegalesas o extranjeras. Aunque para los expertos hay una fecha clave: el año 2000. “El problema de la protección del litoral empezó en la época del presidente Abdoulaye Wade (entre 2000 y 2012). Fue durante su régimen, cuando el dominio público marítimo fue completamente agredido. Desde que entras a la ciudad de Dakar, hasta Mermoz, Ngor y Ouakam, es ahí donde hubo el verdadero saqueo de tierra”, matiza Omar Sy. Finalmente, la llegada al poder de Diomaye Faye y Ousmane Sonko trajo una paralización de los nuevos proyectos realizados cercanos a la costa y una investigación para supervisar los títulos y ocupaciones del litoral de Dakar.
Ndiaye aclara que se considera de dominio público 150 metros a partir de la ola más alta. “Sin embargo, ves que está todo construido. En el pasado, antes de los años 2000, pasabas por aquí y veías el mar, tenías frío porque la brisa te golpeaba. Pero ahora no es así”, se lamenta. Para los activistas la solución pasa por la gestión pública: “La única manera de recuperar el litoral es tener proyectos de interés público. Cuando hay proyectos de interés público, el Estado puede recuperar todo lo que quiera”, concluye Omar Sy.
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