Opinión
Feijóo sin máscara: culpar a quien enferma para ampliar los beneficios patronales
Portavoz de Economía y Hacienda del GP Sumar
Diputado de Sumar en el Congreso
El señor Feijóo llama absentismo a no ir a trabajar estando de baja médica. Es una manipulación deliberada del lenguaje. Absentismo es ausentarse sin causa justificada de una obligación; una baja médica, en cambio, es una situación reconocida por un profesional sanitario, regulada por la ley y causada por una enfermedad. Absentismo fue, por ejemplo, no acudir a un debate decisivo en unas elecciones generales, como hizo él en 2023. Pero estar enfermo no es escaquearse: es estar enfermo.
El absentismo injustificado apenas tiene peso estadístico en nuestro mercado laboral. Los datos de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral muestran, de forma persistente, que prácticamente nadie deja de acudir al trabajo sin una causa reconocida. En España se trabaja mucho, se trabaja durante muchas horas y, demasiadas veces, se trabaja en condiciones que enferman. Por eso resulta tan revelador que el PP y sus medios afines hayan decidido convertir un problema de salud colectiva organización del trabajo y protección social en una sospecha moral contra quienes caen enfermos.
El truco siempre es el mismo: cambiar las palabras para cambiar la culpa de sitio; cambiar las palabras para culpabilizar a la víctima
La derecha y sus altavoces son especialistas en torcer las palabras para convertir a los débiles en culpables y a los poderosos en víctimas. Llaman absentismo a las bajas médicas; “inquiokupas” a las familias vulnerables que ya no pueden pagar el alquiler; “MENAs” a niños y niñas migrantes que han llegado solos; y “paguita” al Ingreso Mínimo Vital. Pero cuando el dinero público lo recibe un patrono, ya no es dependencia, es subvención. Cuando lo cobra una gran empresa, ya no es gasto, es colaboración público-privada. Acumular viviendas para exprimir con los alquileres no es acaparamiento ni especulación, es inversión y emprendimiento. Despedir para aumentar beneficios no es codicia, es flexibilidad. Y trasladar beneficios a un paraíso fiscal no es saqueo de lo común, es huir del infierno fiscal. El truco siempre es el mismo: cambiar las palabras para cambiar la culpa de sitio; cambiar las palabras para culpabilizar a la víctima.
Sí, las personas trabajadoras enfermas han aumentado desde 2018. Pero no por el fraude, como insinúa Feijóo con una afirmación sin sustento estadístico y con la que, de paso, coloca bajo sospecha a médicos y médicas que firman bajas conforme a criterios clínicos. El incremento se explica, en primer lugar, porque hemos salido de una pandemia: una emergencia sanitaria de primer orden que no termina cuando baja la curva de contagios. Después llega una segunda curva, más silenciosa y más larga: la de las secuelas persistentes, el deterioro del bienestar psicológico, la ansiedad, la depresión, la fatiga crónica, los problemas de salud que se arrastran durante meses o años y una debilidad progresiva de la Atención Primaria en muchas comunidades autónomas.
Pero la patronal siempre quiere más: beneficios privatizados cuando las cosas van bien y costes socializados cuando el trabajador enferma
En segundo lugar, el envejecimiento de la población laboralmente activa trae consigo una mayor fragilidad de la salud: más enfermedades crónicas, más dolencias del aparato locomotor, más tratamientos prolongados y más episodios de incapacidad temporal. En tercer lugar, hay más personas trabajando y, por tanto, más bajas. La afiliación ha aumentado en 3,5 millones desde 2018 gracias a la fortaleza de la economía y a que muchas empresas están yendo muy bien. Pero la patronal siempre quiere más: beneficios privatizados cuando las cosas van bien y costes socializados cuando el trabajador enferma.
En cuarto lugar, las listas de espera en la sanidad pública prolongan muchas bajas laborales. Son las médicas y médicos de familia quienes tramitan y hacen seguimiento de la inmensa mayoría de estos procesos en Atención Primaria; y son procesos que se complejizan mientras una persona siga esperando una prueba, una consulta hospitalaria, un tratamiento o una rehabilitación. Es especialmente evidente en dos ámbitos donde se concentran muchos procesos de incapacidad temporal: las musculoesqueléticas y la salud mental. Dos áreas todavía infradotadas en nuestro sistema sanitario y donde la demora no solo retrasa la curación, sino que además cronifica el daño.
Estas listas de espera tienen responsables políticos en las comunidades gobernadas por el PP y Vox. Allí la sanidad pública cuenta con más recursos que nunca gracias a la buena marcha de la recaudación, pero no se han traducido en una reducción suficiente de las listas y demoras ni en reforzar personal, presupuesto, poder y prestigio en Atención Primaria. La razón es que una parte creciente de los nuevos ingresos se emplea en remunerar al capital privado resultante de las privatizaciones, es decir, se despilfarra.
En quinto lugar, está el colapso de los tribunales médicos y de los procedimientos de valoración. Eso dispara las bajas recurrentes y de larga duración, y además genera una desigualdad intolerable: solo acceden a determinadas prestaciones quienes tienen tiempo, dinero y recursos para judicializar su caso. Quien no puede litigar, espera; quien espera, empeora; y quien empeora, acaba siendo señalado como sospechoso por los mismos que han impedido una respuesta pública a tiempo.
Por último, aunque el mercado laboral ha mejorado en los últimos años, muchos centros de trabajo siguen organizados como máquinas de desgaste. Hay ritmos imposibles, plantillas ajustadas al límite, presión constante, turnos que destrozan la vida, salarios que no compensan el esfuerzo y patronos que confunden productividad con exprimir cuerpos. Estas son las verdaderas etiologías y los principales patógenos sociales: 2,5 millones de horas extra a la semana que no se pagan ni se compensan con descanso; salarios pactados en convenio que han perdido poder de compra entre 2019 y 2025 mientras la productividad real se disparaba; alquileres que en las grandes ciudades confiscan más de la mitad del salario; supermercados que han elevado precios por encima de los costes; y beneficios empresariales en máximos mientras la patronal y el PP piden recortar la protección de quienes enferman.
La pregunta es por qué hay tantos trabajos, viviendas, precios, listas de espera y formas de vida que enferman. Feijóo no quiere responder a esa pregunta porque la respuesta apunta hacia arriba
La pregunta, por tanto, no es por qué hay más bajas. La pregunta es por qué hay tantos trabajos, viviendas, precios, listas de espera y formas de vida que enferman. Feijóo no quiere responder a esa pregunta porque la respuesta apunta hacia arriba: hacia la organización del trabajo, hacia el deterioro de los servicios públicos, hacia los márgenes empresariales, hacia el rentismo y hacia las decisiones políticas de quienes conciben los derechos como costes.
Algo bueno hay detrás de todo esto: Feijóo se ha quitado la máscara. Ya no habla solo para embarrar el debate, habla para anunciar su programa. Y es esclarecedor, quiere que enfermar vuelva a ser sospechoso y recuperar el despido por enfermedad. Quiere recortar la compensación económica de las personas enfermas, aunque esa prestación exista precisamente para que a padecer una enfermedad no se añada la pobreza. Quiere debilitar la representación de los trabajadores en las empresas, elevando los umbrales para que miles de centros de trabajo queden sin comité. Y quiere destruir el diálogo social y la negociación colectiva decidiendo él el contenido de los convenios colectivos de trabajo. Esa es la vieja aspiración de la derecha cuando se le cae la máscara: trabajadores enfermos, pero en el tajo, aislados frente al empresario, con miedo a reclamar, baratos, dóciles y solos. En definitiva, trabajadores escurridos de derechos.
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