Las claves que explican la ofensiva de Erdoğan contra el colectivo LGTBIAQ+ que ha llevado a 160 detenciones

En los últimos días, y bajo el marco de la operación Ailem Güvende (Mi familia está a salvo), Turquía ha aumentado peligrosamente el cerco a la comunidad.
Pride Izmir
La marcha del Orgullo de 2018 en Esmirna. Como cada año, el Comité de la Marcha del Orgullo de Esmirna leyó el comunicado de prensa frente al Centro Cultural Türkan Saylan. Foto: KaosGL
19 sep 2026 06:00 | Actualizado: 19 sep 2026 08:31

Desde el pasado 12 de septiembre, activistas, organizaciones y miembros de la comunidad LGTBIAQ+ en Turquía se enfrentan a una oleada de detenciones, arrestos y restricciones digitales. Más de 160 personas han sido detenidas y 81 siguen bajo custodia policial. Las operaciones judiciales se han llevado a cabo en el marco de la operación Ailem Güvende (Mi familia está a salvo). Según las autoridades turcas, esta operación investiga delitos de “obscenidad”, “prostitución” y “explotación infantil”, pero organizaciones de la sociedad civil como Amnistía Internacional o ILGA denuncian la utilización de mecanismos legales para atacar actividades legítimas en defensa de los derechos LGTBIAQ+.

El 14 de septiembre, cuando ya habían empezado las detenciones, el Ministerio de Justicia turco emitió una circular dirigida a todas las fiscalías generales del país en la que se solicitaba la investigación de contenidos y actividades que considerasen contrarias a la “moral pública” en relación con las familias, la infancia y los jóvenes. Específicamente se mencionaban “las actividades que fomenten la ausencia de género entre niños y jóvenes”. Se pidió también a los fiscales la retirada y el bloqueo de contenidos en línea. Durante estos días, se han restringido e invalidado más de 180 cuentas de organizaciones y activistas LGTBIAQ+, así como de asociaciones de derechos humanos o periodistas.

Según el Index Rainbow —el ránking publicado por ILGA sobre los derechos del colectivo por países—, Turquía recibe en 2026 menos de 5 puntos sobre 100

El riesgo principal de la circular es que pueda fomentar más detenciones en un futuro, explican desde la coalición de asociaciones LGTBIAQ+ de Turquía: “Podría crear un marco jurídico y administrativo más amplio que facilite investigaciones similares. Al incluir explícitamente las actividades relacionadas con el género en el ámbito de aplicación de la ‘moral pública’, se corre el riesgo de normalizar el uso de mecanismos del derecho penal”. De hecho, la persecución legal de la comunidad LGTBIAQ+ en Turquía ha ido en aumento durante los últimos años y, según el Index Rainbow —el ránking publicado por ILGA sobre los derechos del colectivo por países—, Turquía recibe en 2026 menos de 5 puntos sobre 100. Ocupa una de las peores posiciones en Europa, solo por encima de Rusia y Azerbaiyán.

Después de la ola de detenciones, en distintas ciudades turcas se han organizado manifestaciones contra la represión del colectivo, donde ha habido más detenciones y ataques con gases lacrimógenos hacia los protestantes. “Libertad para nuestros compañeros” o “Ser LGTBIAQ+ y organizarse no es un delito” son algunos de los lemas en las pancartas de los movilizados. En Turquía, las relaciones entre personas del mismo sexo son legales desde 1858, en la época del Imperio Otomano, y la despenalización continuó con la creación de la República de Turquía en 1923. 

Criminalización y persecución del colectivo

A finales de 2025, se filtró en los medios de comunicación un borrador de la ley de reforma judicial, el “11.º Paquete Judicial”, en el que se incluían modificaciones del Código Penal y Civil turcos con nuevos artículos que criminalizaban el colectivo y amenazaban sus derechos, según la organización Human Right Watch. “Algunos ejemplos de sanciones que proponían son las muestras de afecto públicas, como cogerse de la mano con una persona del mismo sexo. Además, prohibía claramente la terapia de sustitución hormonal y el reconocimiento del género como derecho legal” explica Kerem Dikmen, abogado y miembro de Kaos GL, una de las asociaciones de derechos LGTBIAQ+ más antiguas y más grandes de Turquía y una de las afectadas por las detenciones de esta semana.

La reforma es más dura incluso que la ley rusa contra la propaganda homosexual porque “a diferencia, la reforma turca también afecta a los espacios privados

Gracias a la movilización social, la aprobación de la reforma legal se paró, aunque no era la primera vez que se proponía, añade el abogado: “Ya se había planteado la reforma en febrero de 2025. Por lo tanto, hay el riesgo de que se vuelva a proponer en un futuro”. Yıldız Tar, editor jefe de la revista que publica Kaos GL, defendía en una entrevista con el periódico angloturco Turkey Recap, que la reforma es más dura incluso que la ley rusa contra la propaganda homosexual porque “a diferencia, la reforma turca también afecta a los espacios privados, amenazando la existencia de todos los individuos LGTBIAQ+”.

“Enemigos de la patria”

“El CHP, el HDP —partidos principales de la oposición en Turquía— son partidarios del colectivo LGTBIAQ+, pero los miembros de este colectivo no pueden infiltrarse entre nosotros. Renaceremos. La familia es sagrada”, son las palabras que más de una vez ha utilizado Recep Tayyip Erdoğan para criticar a la oposición política. Para el gobierno actual, el AKP, la comunidad es concebida como enemiga del Estado, contraria a los valores tradicionales y religiosos. 

En realidad, el Gobierno ha instrumentalizado el colectivo para mantenerse en el poder, explica Bawer Murmur, activista queer kurdo exiliado en Barcelona y fundador del medio Velvele: “Cuando la imagen de Erdoğan se tambalea, la hostilidad hacia la comunidad vuelve al campo. Como todos los partidos de derechas, la forma que tiene el AKP para continuar es creando enemigos y luchando contra ellos”.

En 2021Turquía salió del Convenio de Estambul, la primera herramienta jurídica internacional para prevenir la violencia de género

Con el tiempo, el Gobierno turco ha derivado hacia políticas más conservadoras e islamistas: uno de los puntos de inflexión se produjo en 2015, con el acercamiento a partidos de extrema derecha nacionalistas como el MHP o grupos islamistas. Otro de los momentos claves fue en 2021, cuando Turquía salió del Convenio de Estambul, la primera herramienta jurídica internacional para prevenir la violencia de género. Uno de los motivos principales que se argumentó desde la Oficina Presidencial para justificar la salida fue que el Convenio “se esforzaba por normalizar la homosexualidad”.

Invisibilización de la diversidad

Sin embargo, el clímax llegó en 2025, cuando el Gobierno proclamó “el Año de la Familia”, una iniciativa que consistía en una serie de políticas para fomentar la familia tradicional. Durante ese año se abrieron líneas de ayudas económicas para parejas jóvenes heterosexuales, se aplicaron acciones para incentivar la natalidad, se organizaron festivales orientados a familias y se difundieron contenidos que proyectaban el rol de la mujer como madre de familia. “De este modo, la mujer representa la prolongación del linaje, el seguimiento del clan, mientras que la comunidad LGTBIAQ+ no contribuye en el crecimiento de la población turca” argumenta Kerem Dikmen. 

En la industria audiovisual turca, que cuenta con un gran reconocimiento internacional, también se observa una mayor invisibilidad del colectivo LGTBIAQ+, que, en las contadas ocasiones en las que ha aparecido, lo ha hecho de forma secundaria, siguiendo ciertos clichés y con un toque cómico. Desde hace algún tiempo se ha vuelto aún más invisible, explica Hülya Uurur Tanriverver, profesora universitaria turca y especialista en sociología del cine y estudios de género: “Durante los últimos diez años, ha sido el consejo regulador de la UTC el que ha ejercido el control, y existe una prohibición de incluir a miembros de la comunidad en las producciones nacionales e internacionales que se emiten en Turquía”.

“Cuando hay visibilización, el discurso de odio hacia las personas LGTBIAQ+ está presente tanto en medios de comunicación como en declaraciones de distintos representantes públicos”, concluye el abogado Kerem Dikmen, quien también se encarga de elaborar anualmente un informe que monitorea el discurso de odio: “Se ha convertido en la norma general. Ya no proviene solo de Erdoğan, sino de distintos ministros, del presidente del Consejo Supremo de Radio y Televisión, de gobernadores o de la primera dama, entre otros”.

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