La revuelta de los nuevos sindicatos en Turquía

A pesar de la creciente represión, un nuevo ciclo de lucha laboral agita a la sociedad turca, castigada por una crisis económica profunda.
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Celebración del primero de mayo. Foto cedida por el sindicato BIRTEK-Sen
18 jun 2026 06:00 | Actualizado: 18 jun 2026 06:52

En Ankara, los burócratas no están acostumbrados a ver a trabajadores semidesnudos plantados ante las puertas de un ministerio. A finales de abril, los trabajadores de la empresa minera Doruk Madencilik llegaron a la capital tras nueve días de caminata para reclamar salarios e indemnizaciones que llevaban meses sin cobrar.

Su protesta fue recibida con gases, palizas y detenciones, que fueron respondidas con una huelga de hambre. Durante días, sin ceder, durmieron en parques y polideportivos, hasta que una semana después sus demandas fueron aceptadas. Entre vítores por la hazaña, alzaron al aire a un hombre al coro de: “mantente firme, no te dobles, los mineros están contigo”. Era Başaran Aksu, responsable del sindicato independiente de mineros Bağımsız Maden-İş. Ese mismo hombre, en el último mes, había sido detenido tres veces, de las cuáles una ingresó en prisión preventiva.

Resistencia bajo asedio

La presión judicial contra Aksu no es un caso aislado. Recientemente, decenas de dirigentes obreros han sido detenidos o encarcelados. Esta ofensiva no puede entenderse sin el contexto de crisis económica y deriva autoritaria que atraviesa el país. La inflación oficial ronda el 40%, pero investigadores independientes la sitúan al alza. Turquía encabeza las listas mundiales de subida del precio de los alimentos y del alquiler. El poder adquisitivo se ha desplomado, con sueldos por debajo de la inflación que han afectado a millones de trabajadores.

La situación ha provocado crecientes demandas de sindicatos y trabajadores en la calle, que han sido respondidas con prohibiciones de huelgas mediante decreto, así como intervenciones policiales para contener el malestar social. El veto a las manifestaciones no es casual. La mayoría de protestas consideradas críticas con el gobierno son prohibidas o interviene la policía, desde manifestaciones feministas a quejas por la intervención de las autoridades contra ayuntamientos de la oposición.

En los últimos cinco años, al menos 25 huelgas han sido prohibidas por decreto gubernamental. Aun así, las resistencias obreras se han multiplicado.

Con todo, Turquía está viviendo uno de los ciclos de lucha obrera más militantes de su historia reciente. Como señala Aslı Odman, académica del Consejo de Salud y Seguridad Laboral (İSİG): “El movimiento obrero en Turquía está experimentando un auge paradójico precisamente cuando el régimen oligopolístico ha alcanzado su máxima capacidad represiva, tras el intento de golpe de 2016, la pandemia y la gran crisis económica de 2022”.

En los últimos cinco años, al menos 25 huelgas han sido prohibidas por decreto gubernamental. Aun así, las resistencias obreras se han multiplicado. El panorama es aún más revelador: de los 16,7 millones de trabajadores, solo el 14,45% está sindicado. Según el Instituto Sindical Europeo (ETUI), Turquía es uno de los países donde la tasa de afiliación sindical ha caído más rápido desde el año 2000. Uno de los aspectos llamativos de estas huelgas es que prácticamente todas las luchas que han resonado en el país han sido lideradas por sindicatos que están fuera de las tres grandes confederaciones nacionales (Türk-İş, Hak-İş, DİSK). Los expertos apuntan que está emergiendo una nueva tradición sindical, conocida como mücadeleci (combativa), nacida como reacción a la burocratización de las uniones de trabajadores.

“Matar a un obrero con una máquina no tiene castigo”

El sindicato BİRTEK-Sen, surgido de las resistencias textiles que sacuden desde hace años la ciudad industrial de Gaziantep, en el sureste del país, forma parte de esta nueva tradición. El secretario general del sindicato, Mikail Kılıçalp, subraya que son la única organización que trabaja sobre el terreno en la zona y señala el nivel de represión: “Están encarcelando a sindicalistas, periodistas y ecologistas para amedrentar al pueblo. El mensaje es: ‘Cállate, si hablas te metemos preso’. Quieren imponer un fascismo total”.

El presidente de BİRTEK-Sen, Mehmet Türkmen, ha sido encarcelado dos veces en un año. Pasó 36 días en prisión por decir que “en este país las leyes no se aplican a los ricos”. La acusación: “difundir información engañosa”. Su abogada, Esmer Özer, explica que este cargo se ha convertido en una herramienta de represión contra los disidentes: “Se usa como un arma arbitraria contra la libertad de expresión y de organización. No solo contra Türkmen; lo mismo están haciendo con periodistas y ecologistas”. Sobre el caso de su cliente, Özer es contundente: “Un obrero pierde un brazo en una máquina. El patrón no ha tomado ninguna medida de seguridad. Pero nadie le pide cuentas. Türkmen lo denunció y por eso está preso. Sin embargo, matar a alguien con una máquina no tiene castigo en este país”. 

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Foto cedida por el sindicato BIRTEK-Sen.

Para Görkem Doğan, profesor de la Universidad de Estambul, el aumento de este tipo de casos se debe a que el sistema judicial está profundamente corrompido: “En Turquía la justicia se ha convertido en una mercancía que se compra. Con el juez adecuado, el fiscal adecuado y los contactos políticos adecuados, no hay sentencia que no puedas conseguir”.

Türkmen no es el único encarcelado en este ciclo. Başaran Aksu, responsable de organización de Bağımsız Maden-İş, fue detenido tres veces y encarcelado una vez en un solo mes. La cadena de detenciones funcionó así: primero fue detenida Esra Işık, una activista medioambiental que lucha contra la ampliación de una mina en Akbelen, en la provincia de Muğla. Después, Aksu publicó un mensaje señalando, como en el caso de Türkmen, que la detención respondía a un “encargo de la empresa” minera. Fue detenido de inmediato, también por “difundir información engañosa”. La cadena no terminó ahí: Doğukan Akan, del departamento jurídico de Bağımsız Maden-İş, fue detenido bajo la misma acusación por calificar de “ridícula” la detención de Aksu. Quedó en libertad a las pocas semanas.

La huelga minera y los sindicatos independientes

Nada más salir de prisión, Aksu se sumó a la marcha de los mineros hacia Ankara. Los mineros DE Doruk Madencilik, en Eskişehir, partieron el 13 de abril de 2026 hacia la capital, en un recorrido de 190 kilómetros para reclamar salarios e indemnizaciones impagadas.

Al llegar, se toparon con repetidas cargas policiales. Fueron detenidos 110 mineros y sindicalistas, incluido Aksu. Al fracasar las negociaciones, los trabajadores anunciaron que no abandonarían la capital hasta conseguir lo suyo. Iniciaron una huelga de hambre, protestaron semidesnudos, con consignas como “Estamos hambrientos y desnudos” escritas sobre la piel.

El 28 de abril, un acuerdo alcanzado en el Ministerio del Interior aceptó todas sus reivindicaciones. Pero la empresa incumplió su palabra. Bağımsız Maden-İş anunciaba que el 1 de junio volverían a la carga en Ankara.

Doğukan Akan, abogado del sindicato, denuncia: “Los grandes holdings, en connivencia con los sindicatos amarillos y el Estado, están acostumbrados a explotar a la gente por unas monedas, a matar obreros y a no recibir castigo. Esta realidad la han creado ellos”. Pero para Akan, el principal logro de la resistencia fue otro: “Sacar a la luz el hambre de lucha. La gente busca una salida y sabe que no queda ninguna institución en la que confiar. En sus sindicatos, asociaciones, partidos, en la gestión del país, no tienen voz”.

El ascenso de los sindicatos combativos

La historia de Bağımsız Maden-İş resume esta transformación. En 2014, en el distrito minero de Soma, en Manisa, 301 mineros murieron en un derrumbe. Tras la tragedia, los trabajadores se sintieron traicionados por los sindicatos tradicionales y en 2018 fundaron el suyo propio. Akan lo resume así: “Desde entonces luchamos sin traicionar a ningún obrero”.

Esta transformación se repite en muchos sectores. La académica Aslı Odman lo resume así: ”Los sindicatos confederativos con sede en las metrópolis se han desacreditado por completo; un puñado de sindicatos militantes, independientes, que crecen en las periferias, han pasado a ocupar la vanguardia. Y detalla el nuevo mapa sindical: “En el textil brotó un sindicato (BİRTEK-Sen) centrado en la mano de obra migrante y femenina y en la salud laboral, en plena pandemia y en pleno sureste del país. En la nueva geografía logística de las periferias metropolitanas nacieron resistencias militantes. A la explosión de la construcción le siguieron las ocupaciones de obras. Y surgieron nuevos sindicatos que abordan las pérdidas de los trabajadores de cuello blanco”.

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Foto cedida por el sindicato BIRTEK-Sen.

De las tres ramas tradicionales del sindicalismo turco, Türk-İş y Hak-İş mantienen relaciones conciliadoras con el gobierno, mientras que DİSK, de raíces izquierdistas, se ha ido integrando en la corriente dominante con los años. Görkem Doğan, de la Universidad de Estambul, sostiene que los viejos sindicatos, construidos en el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, no supieron adaptarse a la era neoliberal: “Gastaron su última pólvora en la resistencia de Tekel”, señala, en alusión al gran movimiento obrero de 2010, cuando el gobierno privatizó las fábricas de licores, provocando una huelga de casi 80 días. “La naturaleza aborrece el vacío: en el espacio que dejaron (los sindicatos tradicionales) surgieron primero resistencias espontáneas —la cumbre fue la Metal Fırtına (Tormenta Metal)— y después los sindicatos independientes”, añade, refiriéndose a la gran huelga de trabajadores del sector automóvil. Doğan también explica por qué estos nuevos sindicatos son el blanco de la represión: “Son voces que rompen el orden sindical silencioso instaurado en los últimos 20 o 25 años, y por eso quieren aplastarlas por la fuerza”.

Millones con hambre de lucha

Doğan resume así la dinámica de este ascenso: “Quien sufre una injusticia busca organizarse, conecta y se mueve para defender su dignidad. Ese es el mecanismo de los ejemplos que hemos visto en los últimos años.” La abogada Esmer Özer advierte que la represión aumentará, pero también la lucha: “Hay un descontento profundo en la clase trabajadora. Aún no está organizado, pero es real y palpable”.

Las noticias de las resistencias que circulan por las redes sociales encienden nuevas luchas en los polígonos industriales más remotos de Anatolia. Doğukan Akan, de Bağımsız Maden-İş, describe así el legado de la resistencia de Doruk: “Esta lucha ha demostrado que millones de personas, expulsadas de la ciudadanía, tienen hambre de pelea”. 

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