Opinión
¿Es realmente posible una huelga general por la vivienda? Sí, ya se ha hecho antes
El mismo día que moría Maricarmen, la mayoría de las centrales sindicales anunciaron que irán a la huelga general el 11 de noviembre. Lo han hecho en respuesta directa al clamor de las manifestaciones por la vivienda del fin de semana del 3-4 de octubre que, de forma unánime, gritaban “¡Huelga general ya!”. El caldo de cultivo para esta huelga, claro está, son las propias manifestaciones multitudinarias. Pero para que una huelga general funcione no bastan los centenares de miles que han salido a la calle estos días, tiene que involucrar a millones de trabajadores. ¿Tendrá éxito una huelga de esas características?
Que es necesaria está fuera de toda duda. La crisis de la vivienda ha llegado a un punto insoportable para millones de personas y los políticos no han sido capaces de aprobar ni unas mínimas medidas que le pongan freno. Pero necesidad y posibilidad no son lo mismo. Las siguientes semanas tendremos muchos debates con nuestro entorno en el trabajo y habrá que combatir el pesimismo de muchos de nuestros compañeros.
Los datos de CIS dan la razón al optimismo. Ya en enero de este año el 43% respondía que la vivienda era el principal problema del país, muy por encima de preocupaciones habituales como la economía, la inmigración o la corrupción. La reciente encuesta publicada por elDiario.es muestra que un 73% estaría dispuesto a secundar una huelga general. Y este estado de ánimo atraviesa todos los sectores de la sociedad, tanto los que viven de alquiler como los que viven de propiedad, tanto los que votan partidos de izquierdas como les que votan partidos de derechas y tanto jóvenes como mayores.
Estos datos bastarían para convencer al pesimista del éxito de una huelga general por la vivienda, pero habrá quienes aún duden. Y es entendible. Cualquier herramienta nueva genera prevención y recelo. Si no hemos hecho nunca una huelga general por la vivienda, ¿por qué esta debería funcionar?
En 1931, recién estrenada la república, durante meses, en Barcelona y las ciudades aledañas, casi 100.000 personas dejaron de pagar el alquiler, o pagaron solo una parte
El objetivo de este artículo es, precisamente, explicar que no es una herramienta nueva, que sí se han hecho con anterioridad huelgas laborales por la vivienda y que además han funcionado. Repasaremos algunos ejemplos históricos, no para copiarlos, pero sí para tener referentes en los que las luchas por la vivienda y las luchas laborales se entrelazaron.
Primer tercio del siglo XX
En las grandes manifestaciones por la vivienda de otoño de 2024 se invocó la huelga de alquileres de Barcelona de 1931. Durante unos meses se mencionó esta lucha casi como un aviso a los caseros de lo que podría pasar si la crisis del alquiler se profundizaba. Sin duda esta lucha fue un referente de desobediencia inquilina masiva. En 1931, recién estrenada la república, durante meses, en Barcelona y las ciudades aledañas, casi 100.000 personas dejaron de pagar el alquiler, o pagaron solo una parte. Sin embargo dos detalles a menudo se obvian. La huelga de alquileres no fue convocada por un sindicato de inquilinos, fue organizada por el Sindicato de la Construcción de la CNT. Es más, la huelga de alquileres culminó en una huelga general, esta vez laboral, de dos días a principios de septiembre de aquél año contra la represión de los caseros.
En 1915, en Glasgow, se produjo otra huelga de alquileres, en el contexto de la Primera Guerra Mundial. En su punto máximo, 20.000 hogares se sumaron al impago del alquiler
Este patrón se repite en varias de las huelgas de alquileres de ese periodo que se desarrollaron a nivel de ciudad, muchas con un carácter casi insurreccional. Todas ellas incluyeron, en algún momento, paros en los centros de trabajo y contaron con el apoyo del movimiento obrero organizado.
En 1915, en Glasgow, se produjo otra huelga de alquileres, en el contexto de la Primera Guerra Mundial. En su punto máximo, 20.000 hogares se sumaron al impago del alquiler. Su núcleo militante fueron los estibadores de la barriada de Govan y las dirigentes de la huelga de alquileres también lo eran en las fábricas. En octubre se declaró la huelga general (laboral) y, cuando los caseros llevaron a una de las dirigentes de la huelga de alquileres a juicio por impago, 15.000 trabajadores de los astilleros rodearon la sala del tribunal. Un trabajador se acercó al juez y le dijo: “El ruido que oyes es la voz del pueblo en la calle. Son los trabajadores del curso alto del Clyde (el río que atraviesa Glasgow). Estos hombres solo reanudarán el trabajo si usted falla en contra de los caseros; si no lo hace, los trabajadores del curso bajo dejarán de trabajar mañana y se unirán a ellos”. Esa huelga condujo a las leyes de regulación de los alquileres de Inglaterra de los siguientes años.
En 1922, en Veracruz (México), estalló el Movimiento Inquilinario, protesta urbana masiva organizada por los inquilinos para pagar alquileres más bajos y lograr la reparación y mantenimiento de los edificios. Involucró 30.000 personas impagando el alquiler y estableciendo una “vigilancia de precios”. Este movimiento tuvo también su momento de huelga general paralizando la producción. A fines de junio se estuvo cerca de firmar un convenio colectivo entre inquilinos y caseros aunque acabó frustrado. Más adelante se aprobaron leyes federales que mejoraban la situación de los inquilinos.
No se puede entender la huelga de alquileres de Glasgow de 1914 sin el apoyo explícito de los sindicatos laborales, el Partido Laborista y el ILP
Las personas que protagonizaron estas huelgas de alquileres, no lo hicieron solamente como inquilinas, sino también como trabajadoras. No se puede entender la huelga de alquileres (huelga de las escobas) de Buenos Aires de 1907 sin la existencia del fuerte sindicato FORA argentino. No se puede entender la huelga de alquileres de Glasgow de 1914 sin el apoyo explícito de los sindicatos laborales, el Partido Laborista y el ILP. No podemos explicar la huelga de alquileres de Veracruz de 1922 sin el movimiento obrero del puerto y sus sindicatos (CROM, CGT), ni tampoco la huelga de alquileres de Barcelona de 1931 sin el Comité de Defensa Económica del Sindicato de la Construcción de la CNT. Incluso el movimiento más espontaneo tiene un germen de elementos organizados.
Huelga general en Italia “Per il diritto a la casa”
El 19 de noviembre de 1969 se produjo en Italia una huelga general por la vivienda y el coste de la vida. Según New York Times, 10 millones de personas, la mitad de la fuerza laboral de entonces, secundó la huelga.
La huelga fue convocada por CGIL, CISL y UIL. Desde el fin de la guerra, sólo cuatro veces las tres centrales se habían puesto de acuerdo sindicales para convocar una huelga general juntas. Esta huelga se produjo en un contexto concreto, el momento de la gran migración del sur hacia el norte, poco después del impacto del mayo del 68. De hecho, fue uno de los episodios culminantes de lo que se ha llamado “Otoño caliente”, uno de los momentos más álgidos de lucha de clases en la historia de Italia.
Nuestro contexto no es el mismo, claro. Pero esto no es lo importante. El aprendizaje a extraer es que uniendo el mundo del trabajo con el de la casa, no solamente consiguieron victorias importantes, sino que reactivaron un movimiento inquilino que transformó el sector de la vivienda.
Las victorias inmediatas, justo después de la huelga general, fueron la congelación de los alquileres más baratos y un plan de 2 billones para construir 214.000 pisos en tres años. Avances legislativos más importantes se fueron desplegando los siguientes años hasta que en el 78 se aprueba una ley general de regulación de alquileres en función de diferentes parámetros (Equo Canone) que duró 20 años.
Otra de las herramientas que activa la huelga general del 69 fue la ocupación de promociones de viviendas públicas vacías con centenares o miles de personas
Pero la huelga del 69 Per il diritto a la casa implica, sobre todo, un cambio en la relación de los movimientos sociales con la vivienda. Espoleó huelgas de alquileres, herramienta que no se usaba hasta entonces. En realidad, en el 68 ya hay la primera huelga de alquileres en Milán pero no tienen un papel relevante hasta el 74. Debido a la inflación generalizada, los sindicatos laborales se vieron obligados a buscar soluciones fuera del lugar de trabajo. Se crean sindicatos de inquilinos independientes y la central CGIL tiene que responder creando SUNIA, su propio sindicato de inquilinos que sigue activo en la actualidad.
Otra de las herramientas que activa la huelga general del 69 fue la ocupación de promociones de viviendas públicas vacías con centenares o miles de personas lo que tensionará la manera en la que se gestionaba la vivienda pública en aquel momento. En el 71, trabajadores del sur sin casa ocupan una promoción de la via Tibaldi de Milán con el apoyo de los estudiantes de arquitectura y de la FIM-CSIL, la federación del metal de la CISL. Al final del conflicto el ayuntamiento tendrá que realojar a 200 familias que recibirán, a la vez, 10.000 liras de compensación.
Destaca aún más la lucha del barrio Turinés de Nova Falchera en el 74. Era una promoción de protección oficial a medio hacer, vacía, 1.500 familias, trabajadores de la FIAT, desempleados y precarios de la construcción la ocupan durante un año y, a finales del 75, consiguen el alojamiento legal para todas las ellas.
En 2023, los trabajadores de los hoteles de Los Ángeles se pusieron en huelga por la situación de la vivienda
El eco de este movimiento se alarga en el tiempo. El movimiento de las Autoriduzioni de los 70s que luchó contra el aumento de los precios de transporte, gas electricidad y teléfono también es hijo de los movimientos de desobediencia por la vivienda desatados con la huelga general del 69.11
Las luchas del presente
No hace falta bucear en el pasado para encontrar ejemplos de luchas que aúnan lo laboral con lo habitacional. Hay muy buenos ejemplos actuales que no son en blanco y negro. En 2023, los trabajadores de los hoteles de Los Ángeles se pusieron en huelga por la situación de la vivienda. Muchos de ellos tienen que hacer kilómetros cada día para desplazarse de casa a un trabajo del que no pueden permitirse vivir cerca. La huelga, liderada por el sindicato Unite Here, pedía un recargo a los clientes de un 7% para sufragar un Fondo de Vivienda para los trabajadores. Según el sindicato, este fondo podría recaudar 150 millones al año y se usaría para construir vivienda asequible para los trabajadores o dar préstamos de emergencia a bajo interés cuando los trabajadores no llegasen a pagar el alquiler. Unite Here también presionó la patronal para que diera apoyo a una medida del ayuntamiento que obligase los hoteles a alquilar habitaciones para Angelinos que no tuvieran casa.
En 2023-24, los sindicatos de Minnesota hicieron una campaña intersindical que unió múltiples ramas de la producción. Coordinaron la finalización de diferentes convenios para lanzar huelgas en varios sectores a la vez, lo más parecido a una huelga general en el contexto norteamericano. El conjunto de demandas era muy amplio, desde cuestiones laborales hasta justicia climática pasando por la defensa de la educación. Pero arriba del todo estaba la demanda de vivienda asequible.
El poderoso CTU, el sindicato de profesores de Chicago, está pidiendo, en su próximo convenio colectivo, que la administración provea 15.000 viviendas para estudiantes y profesores que lo necesiten. Defienden que no se puede separar la crisis de la vivienda de las condiciones de trabajo de los profesores o las condiciones de aprendizaje de los alumnos.
Después de la huelga de becarios de la Universidad de California (que eran a la vez trabajadores e inquilinos de la universidad), los sindicatos UAW y SEIU impulsaron la Berkeley Tenant Protection and Right to Organize Act, una ordenanza que da derechos sindicales a los inquilinos de la ciudad y obliga a los grandes tenedores a reconocer la negociación colectiva en las condiciones del alquiler.
Los ejemplos que hemos listado nos pueden ayudar a vislumbrar qué aspecto puede tener la huelga general por la vivienda que se plantea hoy. Pero también nos ayudan a imaginar la forma que pueda desarrollar el movimiento sindical después de la huelga y las posibles y nuevas relaciones que surjan entre sindicatos.
No dejéis que nadie os diga que el trabajo y la vivienda discurren por caminos distintos. La crisis del coste de la vida existe porque los salarios se han estancado y los precios de los productos de primera necesidad han aumentado. Entre ellos, el principal sin duda, es la vivienda. La crisis habitacional no afecta sólo a los que viven de alquiler. Si la burbuja del alquiler no se ataja, la presión de los inversores para comprar y extraer rendas no parará. Esta tendencia presiona, a su vez, el precio de la compra al alza haciendo las hipotecas aún más inaccesibles.
La vivienda afecta también a la creación de empleo. Un informe de la PIMEC catalana constata que 63% de las empresas tiene dificultades para cubrir vacantes debido al precio de la vivienda. Y el precio de la vivienda tiene igualmente consecuencias en la negociación de los salarios y condiciones de trabajo. Con alquileres por las nubes, el peligro latente de la quiebra obliga a muchos a aceptar trabajos que en otras condiciones no aceptarían. Las elevadas mensualidades del alquiler o hipoteca frenan la posibilidad de sostener huelgas largas, aquellas que consiguen realmente doblegar al patrón.
Los inquilinos hemos creado nuestros propios sindicatos, sí. Pero somos conscientes que somos una parte dentro de un todo más grande que es la clase trabajadora. Una clase trabajadora que necesitamos unida, ya sea inquilina, hipotecada o propietaria de su propia casa. Una sola clase explotada bajo el yugo del casero, el banco o el jefe. Y la unidad de clase, concretada en la acción, tienen un nombre: la huelga general.
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