Opinión
Contrapoder y pulso al rentismo: notas apresuradas desde el estallido Maricarmen

Hemos conseguido convertir el desahucio de Maricarmen en un estallido en la calle que ha cambiado la conversación pública del país. De “el problema son los invasores” a “el problema son los inversores”.
Alberto Martínez y Pablo Martínez son militantes del Sindicato de Inquilinas de Madrid. Nuni Seva, Aldo Reverte y Raquel Souto pertenecen al Sindicat de Llogateres de Catalunya.
30 sep 2026 15:56

Hemos conseguido convertir el desahucio de Maricarmen en un estallido en la calle que ha cambiado la conversación pública del país. De “el problema son los invasores” a “el problema son los inversores”. En nuestra opinión, este estallido escala sobre las condiciones materiales de muchísimas personas y también por la solidaridad y conciencia que despiertan las circunstancias de este caso. Pero desde luego hay algo más.

Hay un estallido rápido y feroz por la rabia acumulada durante más de un mes y medio por la inacción de las izquierdas institucionales y la ofensiva reaccionaria, racista y protofascista de las derechas ante los hechos de Ceuta. Además, esto ha ocurrido en el Madrid gobernado por Ayuso. Una presidenta prepotente y altiva que acumula escándalos personales con viviendas de lujo, y que es claramente la otra cara de la moneda de Maricarmen. Por último, por la rabia acumulada tras al menos 18 años de crisis de vivienda y ocho años de inacción del gobierno progresista

La respuesta masiva a este estallido tiene que ver con estos factores. Pura batalla de ideas. Batalla, por lo tanto de posiciones. Seguir incidiendo en esta dimensión es prioritario. Esto es un contraataque.

Un pulso al rentismo y al gobierno

Pero nuestra propuesta no se va a detener en la batalla de ideas. El planteamiento ha sido y es el de convertir este estallido en un pulso al rentismo (en particular a la empresa propietaria, Urbagesa), al gobierno autonómico y al gobierno central. Los primeros tienen que pagar su osadía en forma de derrota. Los segundos tienen que caer. Y a los terceros hay que doblegarlos para obligarlos a que atiendan a la calle. 

Es imposible organizarse y luchar colectivamente sin un plan más o menos claro a medio plazo. No hay que esperar a diluirse cuando las energías se agoten. El asalto es ahora

En este sentido se ha diseñado un plan para que el estallido tenga unos objetivos concretos. Es imposible organizarse y luchar colectivamente sin un plan más o menos claro a medio plazo. No hay que esperar a diluirse cuando las energías se agoten. El asalto es ahora.

Pero este estallido también lo queremos incierto. Si su potencia tiene que ver con más razones que la vivienda, aunque no seremos nosotras quienes vayamos ahora a negar su centralidad, es nuestra responsabilidad no cerrar el momento. 

Así pues, ¿en qué consiste el plan? 

Contrapoder: compaginar reforma e impugnación

Estamos creando contrapoder. Gobernar sin presentarnos a las elecciones. Suena pretencioso, pero en ocasiones hay que intentar ponerlo en práctica, no sólo teorizarlo.

Los Sindicatos de Inquilinas conducimos los conflictos integrando en ellos demandas de reforma inmediata. Forman parte de nuestro marco de lucha sindical. Las victorias, también las parciales y contradictorias, educan en la lucha y generan organización. Lo defendemos en conflictos contra rentistas particulares y lo defendemos en la acción institucional. 

Un poco de contexto institucional sin perdernos en literatura. El gobierno decidió guardar en un cajón, por falta de apoyos parlamentarios garantizados, un Real Decreto. Este decreto contenía medidas positivas. Algunas eran reformas interesantes —como la ley antiestafas redactada por nosotras, que incluye, entre otras medidas la regulación de contratos de habitaciones y temporada—. También contenía parches —medidas temporales—. Por último incluía medidas pro especuladores, principalmente la reforma de la Ley del Suelo.

Así pues, nosotras queríamos que se aprobase este decreto. Sin embargo no estábamos dispuestos a aceptar una reforma de la Ley del Suelo. 

Pero la respuesta ha sido mayor de lo esperado. Lo vimos rápido, tras la manifestación del mismo día del desahucio en Madrid y en más de una decena de ciudades más. Claramente el Real Decreto de julio ya no se ajustaba al momento. Y decidimos exigir el ‘decreto Maricarmen’.

Hemos defendido que el estallido Maricarmen sirve para dar la batalla de ideas y que se dirige hacia lograr una victoria concreta (que siempre va a ser parcial), pero puede ser algo más

El ‘decreto Maricarmen’ se confecciona cogiendo y mejorando las reformas interesantes por las que ya se había trabajado y parches aceptables del anterior RD. Y se añaden dos más: i) los contratos indefinidos / renovación automática de los contratos; ii) la congelación de los precios del alquiler. El decreto se escribe y se lleva a reunión con el Ministerio de Vivienda.

¿Por qué estas reivindicaciones y no todo nuestro programa de golpe? Balance de correlación de fuerzas para una batalla inmediata. Para dar una batalla en serio, no se trata de enunciar un programa completo.

Por lo tanto, el plan pasa por dar una batalla por estas reformas. Para ello, acumular todas las fuerzas de calle, de presión comunicativa y de presión institucional (tanto dentro como fuera del gobierno) para forzar una crisis institucional. Hasta el último minuto. Que la reforma sea lo más avanzada posible.

Hasta aquí, hemos defendido que el estallido Maricarmen sirve para dar la batalla de ideas y que se dirige hacia lograr una victoria concreta (que siempre va a ser parcial). Que sea algo más depende de dos cosas. Un programa aún más ambicioso en vivienda. Y también que la potencia del estallido encuentre eco más allá del problema de la vivienda. En parte esto tiene que ver con conectar con la frustración difusa de quién no quiere resignarse a un avance de los bárbaros. Pero hace falta algo más sólido. Debe congregar al resto de luchas sociales y hacer emerger la causa común. La confluencia de luchas. La irrupción y el frenesí de la imaginación ilimitada al servicio de que la clase emerja. La clase, ese sujeto plural que representa a muchas distintas en un mismo camino.

En la hoja de ruta de los Sindicatos de Inquilinas está la organización y convocatoria de una huelga general por la vivienda y contra la carestía de la vida. Una iniciativa para luchar por un programa más ambicioso (y no necesariamente muy largo) que plantee el conflicto social que necesitamos: arriba vs. abajo, ricos vs. pobres, oligarquía vs. pueblo, burguesía vs. proletarios. Que cada quién lo nombre como le parezca, sin ánimo de eludir debates teóricos.

Para una huelga general hace falta establecer una alianza con el sindicalismo laboral. Pero una alianza consciente de las limitaciones actuales que tiene el sindicalismo laboral como agente transformador

Para una huelga general hace falta establecer una alianza con el sindicalismo laboral. Pero una alianza consciente de las limitaciones actuales que tiene el sindicalismo laboral como agente transformador. Asumir la importancia de remover el conjunto del sindicalismo para hacerlo una alternativa de organización social real, más allá de la partidario-electoral que suele dominar la vida de nuestra sociedad. El reto de dignificar el sindicalismo, mostrándolo como un agente honesto en la lucha por la vida de la mayoría trabajadora. Y sobretodo, capaz de ampliar el espectro de lo posible y de convocar a todos los sectores que quedan fuera del marco habitual del sindicalismo y sus convocatorias.

En pocas palabras, que el estallido ayude a construir poder popular, revitalizar, ampliar, transformar, unir al movimiento obrero y ser de masas. No sacrificar ninguna posibilidad de crecer en organización y experiencia política por una batalla de corto plazo. Al contrario, procurar mantener el momento abierto para dar tiempo suficiente a otras luchas sociales a aparecer en escena. Mirada larga para retos de fondo.

A esta concepción de la lucha en general, así como al momento en particular, hay todo un equipo de compañeras dedicadas para ejercer toda influencia posible y poder controlar tiempos y escenarios. La preocupación no está en los detalles, aunque siempre hay debates. Está en favorecer la transición: de una lucha concreta a una protesta general.

Primeras victorias

Ya ha habido victorias. En primer lugar, Urbagesa y el Sindicado de Inquilinas firman un acuerdo para permitir que Maricarmen vuelva a su vivienda. Demostración de poder sindical. Disciplinar de abajo a arriba a los rentistas que se creen impunes. Que todos tomen nota.

Además, el Consejo de Ministros aprueba todas las medidas del ‘decreto Maricarmen’. El Sindicato le ha dicho al gobierno qué tiene que escribir en el BOE y qué se queda fuera (la Ley del Suelo). Poder popular en estado puro. Se ha torcido el brazo al gobierno rentista.

Organizarse y luchar hace posible lo que parece irrealizable.

Aterrizar el estallido.

En una semana se han convocado más de 60 movilizaciones en ciudades de todo el estado y se han levantado casi una decena de acampadas. La movilización debe continuar. Nos lo han puesto fácil con la convocatoria de convalidación en el Congreso para el viernes. Caceroladas en todas las ciudades del estado el jueves y el fin de semana manifestaciones masivas. Esto no ha hecho más que empezar. 

Un estallido no dura ni se multiplica si no aterriza localmente. Tampoco si toda su potencia se dirige a conflictos estatales

Pero un estallido no dura ni se multiplica si no aterriza localmente. Tampoco si toda su potencia se dirige a conflictos estatales. Capacidad de adaptarlo al máximo número de realidades posibles y de encajarlo con las hojas de ruta de todos los sindicatos y movimientos que se están ofreciendo a participar. Resolver las dudas que nos plantea los peligros de una acción de paz social por parte del gobierno central abriendo otros escenarios de conflicto a nivel local. Promover alianzas amplias y situarse como agente de referencia. Aprovechar la potencia en los conflictos sindicales concretos que estén atascados. Y siempre con mirada organizativa: movilización, concienciación, formación, organización. En ese orden suele funcionar bien. Que tras la protesta ya esté convocada la asamblea de bienvenida. Después una formación teórico práctica. Luego a la calle y a los bloques, con brigadas para seguir creciendo, y ganando.

Y mirada fija con el siguiente gran hito. Una huelga general para bajar el precio de la vivienda.

Telón de fondo.

Y de telón de fondo multitud de elementos que analizar y discutir. ¿Es un nuevo 15M? 

Se compara el momento con el 15M. ¿Por qué no compararnos con el Campamento Esperanza? Quién no conozca la historia puede ver el documental El efecto Iguazú. Las acampadas no nacieron con el 15M. El sindicalismo las había utilizado antes. En el marco de protestas concretas. Con organización y coordinación.

No se puede despreciar el 15M. Desde entonces, nada se explica sin mirar a aquel día. No se construye clase renegando de la historia de la lucha colectiva reciente. Aún menos reduciéndolo por absurdo al estado presente de la izquierda institucional. Cabe recordar que sin 15M no hubiera habido PAH y sin PAH no hubiera habido Sindicato de Inquilinas. De aquella experiencia se aprendieron cosas que hoy seguimos intentando poner en práctica. Y también ha quedado grabado en el ADN de muchas organizaciones las lecciones sobre los caminos propios de la organización social y sindical.

¿Las victorias parciales desmovilizan?

En ocasiones sí, especialmente cuando se enfrentan al agotamiento. En otras, justo lo contrario. Demuestran la fuerza colectiva de las desposeídas. Abren espacio a la esperanza y desatan el hambre por más. Combaten la injusticia y por ello se convierten en alternativa. Son prueba viva de que se pueden hacer cambios sin putear a quién es más pobre que tú. Antifascismo en mayúsculas y antídoto contra el individualismo. Transmitir esta idea con hechos que la avalan es fundamental. 

Estos días lo hemos conseguido. Ha mandado el sindicato. Nos hemos tomado muy en serio ejercer poder y obligar a muchos actores relevantes del país a escucharnos. Aspiración básica del contrapoder

¿Acaso este movimiento no acabará reforzando un gobierno gestor del statu quo? ¿Sin un distanciamiento frontal, la izquierda institucional no buscará aprovecharse para sus planes electorales? 

Riesgos reales. Ante ellos, nuestra apuesta. Que mande el sindicato. En minúsculas, porque en términos amplios, defendemos que la apuesta es que hoy la forma sindical de lucha sea protagónica, dentro del espectro de tipos de organizaciones que hay en la lucha social. Estos días lo hemos conseguido. Ha mandado el sindicato. Nos hemos tomado muy en serio ejercer poder y obligar a muchos actores relevantes del país a escucharnos. Aspiración básica del contrapoder. No sólo enunciación teórica. Algunas contradicciones. Ningún desprecio a las estructuras que permanecen y operan aún cuando el estallido deslumbra. No perder de vista la correlación de fuerzas existente, aunque la estemos moviendo. Aunque en una semana se hayan afiliado miles de personas y hayan llegado una decena de peticiones de abrir Sindicato de Inquilinas en otras ciudades. Aún no somos una organización de masas. Desde esta humildad es desde donde luchamos, ambiciosas y sin miedo al error. Medios de comunicación, gobiernos y partidos nos intentarán utilizar, y también nosotras a ellos. 

Desenlace pendiente

El presente no está escrito. Este viernes se pueden conseguir reformas importantes. Y este fin de semana podemos ser millones en las calles impugnando este sistema rentista que cada vez golpea más duro. Hay partido, vamos a jugarlo.

Sobre este texto
Este texto lo hemos escrito entre militantes del Sindicato de Inquilinas de Madrid, del Sindicat de Llogateres de Catalunya y de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas. Nuestro objetivo con este texto no es contribuir a un debate o dar réplica. Pretendemos explicar y dar cuenta del marco con el que estamos trabajando. Y, aunque ahora no es el momento de balance, esperamos que estas líneas sirvan también para los aprendizajes colectivos y balances críticos que deberán venir. 

 

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