“Conocí al amor de mi vida en el autobús de la villavesa”

María Luisa Carasusán nació antes de estallar la guerra civil, en abril de 1936. Creció en la calle Ansoleaga y fue maestra rural en dos pueblitos del norte de Navarra. A sus 90 años, la activista jubilada todavía no ha parado de luchar y continúa disfrutando de la vida.
Kontra verano
María Luisa Carasusán.
23 ago 2026 05:58

María Luisa Carasusán es una activista jubilada nacida en abril de 1936. Una de las ramas familiares por parte de padre llega hasta Serbia. Vivían en la calle Ansoleaga y recuerda que subarrendaban una habitación a una chica porque eran pobres y no les llegaba. Los familiares de la Ribera les mandaban frutas y verduras. Estudió magisterio y fue maestra rural en dos pequeños pueblos del norte de Navarra. Tuvo tres hijos. A sus noventa años, participa en la asamblea de los Martes al Sol y en la Asociación de mayores Sasoia. Recibe clases de gimnasia articulada y de escritura creativa en la Cruz Roja. Sigue disfrutando con el cine y la lectura.

“HAY QUE JUGAR CON LAS CARTAS QUE TE VIENEN DADAS. Y DEJARSE SORPRENDER. AHORA ES DIFÍCIL, CON TANTA PRISA QUE TENÉIS”

¿De dónde vienes?
De lejos y de abajo. Soy la sexta hija de Dionisio, carabinero de Tudela y acomodador de cine, e Inocencia, cocinera del Coronel Montaner y ama de casa, de Uterga.

Se intuye una vida de lujos…
Mi vida ha sido maravillosa y lo sigue siendo. Imagínate como era aquella ciudad pequeña de los años cuarenta: pues yo recuerdo lo ricas que nos sabían las cerezas y lo bien que nos lo pasábamos jugando en la calle. Hay que jugar con las cartas que te vienen dadas. Y dejarse sorprender. Y apreciar el momento. Ahora es difícil, con tanta prisa que tenéis.

“De pequeña me tocó cantar Cara al sol pero también LA MAESTRA Doña Eusebia. Sin ella NADA DE LO QUE HICE DESPUÉS NO SERÍA posible”

¿Qué es eso de dejarse sorprender?
Yo conocí al amor de mi vida bajando del autobús de la villavesa una mañana que iba a trabajar. Me pidió una cita para ir al cine esa misma tarde y aquello duró para siempre. Cuando yo trabajaba en las montañas, un amigo le llevaba en moto para visitarme, porque él era manco de nacimiento.

¿Y apreciar el momento?
De pequeña me tocó cantar el Cara al sol y los castigos de rodillas, pero también Doña Eusebia, la maestra de la escuela, que nos preparó para acceder al Bachillerato. Sin ella nada de lo que hice después habría sido posible. No habría sido docente en Oroz-Betelu, Mendiola y Beinza-Labaien. Tampoco habría sido profesora en los Centros de Cultura Popular, donde impartí clases de alfabetización y sexualidad a las mujeres de los mineros de Potasas.

“hay que aguantar pero también saber irse. Siempre estuve de aquí para allá, en la política y en lo social, Mis mejores recuerdos son de cuando estuve en la Asamblea de parados” 

Ahora las cosas son hasta dentro de un cuarto de hora.
Hay que aguantar pero también saber irse. Estuve en la HOAC hasta que me expulsaron. Aguanté en Euskadiko Ezkerra hasta que se metieron en el PSOE. Luego pasé por CCOO. Y eché una mano cuando un grupo de activistas sociales de Pamplona organizaron Aranzadi. Siempre de aquí para allá, en la política y en lo social.

¿Qué recuerdos te arrancan una sonrisa?
Cuando estaba en la Asamblea de Parados, a principios de los años ochenta. Nos subíamos al autobús y no pagábamos. Íbamos a los supermercados y cogíamos comida para las familias que no tenían qué llevarse a la boca. Entrábamos en las fábricas en grupo y parábamos la producción gritando que estábamos sin trabajo.

“Haría un plan para aliviar la soledad, la gran enfermedad de esta época. De las personas mayores y de las jovenes”

¿Y de tu época más reciente?
Estuve de presidenta de la Federación de Jubilados y Pensionistas de CCOO durante varios años hasta que me di de baja por cosas que vi que no me gustaron. Participé en el montaje del Observatorio de las Personas Mayores de Navarra, que durante una década realizó estudios sobre el sector y que organizaba conferencias y actividades reivindicativas. En el 15M promoví la Coordinadora Mayores frente a la crisis de Navarra. Junto con otras compañeras, impulsé la iniciativa Mayores por la Paz.

Si tuvieras el poder, ¿qué harías?
Nacionalizaría todas las residencias. Subiría las pensiones. Aumentaría las plantillas de geriatras y gerontólogos. Y haría un plan para aliviar la soledad de tantas personas mayores. Es la gran enfermedad de esta época. De las mayores y de las jóvenes.


Vejez
La dieta más recomendable contra la soledad para las personas mayores
Multitud de barrios y vecindarios han colaborado durante la pandemia junto a fundaciones como Amigos de los Mayores y oenegés como Grandes Amigos para que ninguna persona mayor quede aislada.
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