Análisis
El imperialismo, la globalización y sus descontentos

El imperialismo ha cambiado mucho a lo largo del tiempo y seguirá cambiando. Hoy, la tragedia de Gaza es la cara más brutal del imperialismo occidental, histórico y contemporáneo.
El Tragaluz Democrático - 3
Fotografía, que forma parte de la exposición el Tragaluz Democrático, en la que un hombre blanco es porteado en una silla por un grupo de hombres negros. Álvaro Minguito
6 mar 2024 04:19

El imperialismo sigue dominando el mundo. La globalización está perdiendo frente a algunas de sus antítesis, pero el imperialismo sigue gobernando, cada vez más mediante la ley, aunque de maneras cambiantes e incluso contradictorias. De ahí que vivamos tiempos difíciles. A menudo resulta complicado discernir los principales retos a los que nos enfrentamos, ya que parecen ser simplemente demasiados. Además, lo nuevo o lo inusual acapara mucha más atención que lo que parece habitual.

Poder e imperio

Nuestras historias y culturas son a menudo muy diferentes a pesar de nuestras experiencias comunes, pero variadas, de dominación extranjera e incluso de gobierno extranjero. Este poder implica diversas combinaciones de relaciones socioeconómicas y políticas, de gobernanza e incluso de Estado de derecho. Nuestro mundo ha visto imperios e imperialismo durante más de dos milenios, al menos desde antes de la época en las Jesús vivió en Palestina, quien entonces tuvo que vérselas con los sátrapas del imperio romano. Hace medio milenio, cuando los conquistadores españoles llegaron por primera vez a Filipinas a través del Pacífico en 1521, el pueblo de Mactan, liderado por Lapu-Lapu, ofreció resistencia a los invasores. Magallanes había quemado sus aldeas después de que sus habitantes ignoraran sus exigencias de tributo y se negaran a aceptaran a su dios y a su rey.

Los imperios evolucionan

El imperialismo ha cambiado mucho a lo largo del tiempo y seguirá cambiando. Se ha combinado con el capital de nuevas formas, así como lo ha hecho con los diversos capitalismos y con las relaciones socioeconómicas realmente existentes, sobre todo desde mediados del siglo XIX. Hace siglo y medio, al menos dos personas oriundas de Asia empezaron a criticar y a oponerse al nuevo imperialismo emergente. Sayyid Jamaluddin al-Afghani, un pensador y activista afgano, que elaboró una crítica islámica del imperialismo occidental, fue una de ellas. Dadabhai Naoroji, un intelectual, educador, comerciante y político indio que llegó a ser diputado liberal en el Parlamento inglés, fue la otra. Ambos analizaron las repercusiones del imperialismo en sus propios idiomas culturales, condenando la injusticia y el «drenaje» del excedente económico. Escribieron décadas antes que escritores occidentales radicales como el liberal inglés John A. Hobson y socialdemócratas de principios del siglo XX como Rudolf Hilferding, Rosa Luxemburg y V. I. Lenin publicaran sus respectivos trabajos sobre el tema. Todos ellos vincularon el nuevo imperialismo a la transformación capitalista en curso.

Contradicciones imperiales

Sin embargo, la resistencia exitosa al imperialismo no supera la totalidad de las injusticias existentes e incluso puede empeorar algunas. La Guerra de Independencia de Estados Unidos contra el colonialismo británico fortaleció a los esclavistas estadounidenses y sus intereses comerciales. A partir de las trece colonias, Estados Unidos se expandió hacia el sur y hacia el oeste, normalmente a costa de las comunidades indígenas, retrasando la inevitable presión de ir más allá del continente.

Anticipada por la Doctrina Monroe a principios del siglo XIX, la expansión estadounidense en el exterior desembocó en la Guerra hispano-estadounidense, cuando este concluía. La expansión imperialista en el exterior ayudó a resolver determinados problemas ligados a la acumulación de capital, pero no todos. A principios del siglo XX, los imperios austrohúngaro y otomano, ambos invocando la religión, concluyeron su parábola histórica con la ayuda del nacionalismo ascendente.

La ocupación israelí de Palestina es un recordatorio sarcástico de la amenaza que supone para la humanidad, especialmente para la que habita en el Sur global, el perfil duro del poder imperial

Mientras tanto, el Congreso de Berlín había logrado mitigar las rivalidades imperiales intereuropeas en África. Tres décadas más tarde, el Tratado de Versalles pretendió poner fin a la llamada Primera Guerra Mundial, librada principalmente entre potencias imperialistas europeas rivales, pero, como observaron Lenin y Keynes, de formas ligeramente diferentes, sus raíces interimperialistas y las condiciones impuestas por el Tratado de Versalles no hicieron más que «posponer las premisas de la crisis», sembrando así las semillas de la Segunda Guerra Mundial. China había contribuido enormemente al esfuerzo de la Primera Guerra Mundial, pero en lugar de devolverle la península de Shantung, ¡el Tratado de Versalles se la concedió a Japón después de que Alemania se rindiera! Esta cesión provocó el resentimiento generalizado de los chinos hacia Occidente, desencadenando el movimiento del Cuatro de Mayo de 1919.

Imperialismo sin colonias

Consciente de que los intereses coloniales rivales amenazaban el futuro del capitalismo y los intereses imperialistas, el visionario presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt ideó un nuevo orden mundial de posguerra, que salvara al imperialismo mediante la descolonización, lo cual condujo al nacimiento de la Organización de Naciones Unidas y de las instituciones multilaterales conexas, entre ellas el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo, que se anticiparon en cierto modo al Plan Marshall.

En la actualidad, ante un capitalismo dividido y más débil en algunos aspectos, pero más fuerte militarmente, los modos de dominación siguen cambiando con importantes consecuencias. Por ejemplo, hasta el siglo XXI, no había existido un Mando Africano estadounidense explícito (Africom) concebido para proteger el conjunto de los intereses occidentales y no sólo los europeos. Otro de los «logros» de Barack Obama tras recibir el Premio Nobel de la Paz fue derrocar al régimen libio. A pesar de renunciar a su programa nuclear a petición de Occidente, su líder Muamar Gadafi, generalmente reconocido como un actor clave para el establecimiento de la Unión Africana, fue asesinado de modo humillante.

El significado de Gaza

El mundo está siendo remodelado constantemente por el imperialismo y los países en vías de desarrollo deben actualizar continuamente la comprensión de sus características. Este poder sigue siendo el principal, pero no el único, desafío común al que nos enfrentamos hoy en día, especialmente en el Sur global. Hoy, la tragedia de Gaza es la cara más brutal del imperialismo occidental, histórico y contemporáneo. Nadie discute que la incapacidad europea para resolver su «problema judío» desde el siglo XIX contribuyó directamente al Holocausto nazi. Y como señaló el primer ministro de Israel David Ben-Gurión:

Si yo fuera un dirigente árabe, nunca firmaría un acuerdo con Israel, lo cual entra dentro de la normalidad, ya que nos hemos apoderado de su país. Es cierto que Dios nos lo prometió, pero ¿cómo podría interesarle esta circunstancia al pueblo árabe? Nuestro Dios no es el suyo. Es cierto que ha existido el antisemitismo, los nazis, Hitler y Auschwitz, pero, ¿fue culpa suya? Sólo ven una cosa: hemos venido y les hemos robado su país. ¿Por qué deberían aceptarlo?

El reconocimiento de Ben-Gurión de las implicaciones de la creación de Israel subraya la legitimidad de la actual resistencia palestina al colonialismo de colonos, al fascismo y al apartheid israelíes, especialmente a su última y brutal masacre perpetrada en Gaza. El apoyo explícito de Occidente a la limpieza étnica genocida de Israel recuerda al mundo que quienes reclaman legitimidad moral por haber sido antes víctimas son absolutamente capaces de perpetrar hechos similares, si no peores, contra otros.

Palestina
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La “victoria” genocida del sionismo sobre el pueblo nativo de Palestina o un horizonte de descolonización con una Palestina libre del río al mar parecen ser los dos únicos finales posibles a una herida colonial que nunca acaba de cerrarse.


La ocupación israelí de Palestina es una cruel caricatura y un recordatorio sarcástico de la amenaza que supone para la humanidad, especialmente para la que habita en el Sur global, el perfil duro del poder imperial, lealmente apoyado por el poder blando del consentimiento manufacturado, sea este digital o no.

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