Palestina
El colonialismo israelí está desnudo

La “victoria” genocida del sionismo sobre el pueblo nativo de Palestina o un horizonte de descolonización con una Palestina libre del río al mar parecen ser los dos únicos finales posibles a una herida colonial que nunca acaba de cerrarse.
Activistas antisionistas judios
Activistas antisionistas protestan durante una concentración en el edificio de oficinas Cannon House sobre la colina del Capitolio. Washington DC, 18 de octubre de 2023. Fotografía: Rachael Warriner ( Jewish Voice for Peace)
Esta artículo es una versión actualizada del que apareció en la revista de El Salto de el pasado enero.
25 feb 2024 06:54

“Me presento ante ustedes mientras 2,3 millones de palestinos en Gaza, la mitad de ellos niños, son asediados y bombardeados, asesinados y mutilados, condenados al hambre y desplazados; mientras más de 3,5 millones de palestinos de Cisjordania, incluido Jerusalén Este, son sometidos a la colonización de su territorio y a la violencia racista que la permite, mientras 1,7 millones de palestinos en Israel son tratados como ciudadanos de segunda clase e intrusos no bienvenidos en su tierra ancestral, mientras a 7 millones de refugiados palestinos se les sigue negando el derecho a regresar a su tierra y a su hogar”. Estas palabras las pronunciaba el pasado lunes 19 de febrero el ministro de exteriores de la autoridad palestina Riyad al-Maliki ante la Corte Internacional de Justicia de Naciones Unidas, en La Haya.

La intervención de al-Maliki tuvo lugar en un momento histórico: por primera vez la ocupación israelí era “llevada a juicio” ante un tribunal internacional. Desde el pasado lunes hasta mañana 26 de febrero, 52 estados, junto a tres organismos internacionales —la Organización de Cooperación Islámica, la Unión Africana, y la Liga Árabe— habrán intervenido ante la corte. El proceso, iniciado en diciembre de 2022 por iniciativa de la Asamblea General de Naciones Unidas, solicita el pronunciamiento de la CIJ respecto a “las consecuencias legales resultantes de las políticas y prácticas de Israel en el territorio palestino ocupado, incluyendo Jerusalén Este”.  

Genocidio
Genocidio La ocupación israelí a juicio ante la CIJ, mientras un informe documenta violencia sexual por parte de las FDI
Ayer comenzó el juicio en la CIJ contra la ocupación israelí. Mientras, expertas de Naciones Unidas han documentado casos de violencia contra mujeres y niñas palestinas perpetrada por las fuerzas sionistas.

Durante las presentaciones orales celebradas durante esta semana se han escuchado múltiples veces palabras como colonialismo, anexión o reparación, y se ha hablado del derecho a la autodeterminación del pueblo palestino y del fin de la ocupación, actualizando un marco discursivo que Israel lleva décadas intentando neutralizar. Sin embargo, desde que comenzara su venganza tras los ataques del 7 de octubre, se ha hecho cada vez más visible el carácter colonial del estado sionista. Los dos procesos que enfrenta ante la Corte Internacional de Justicia —por la ocupación y el genocidio— han proporcionado un espacio para poner en el centro la cuestión colonial, mostrando así mismo una división del mundo en torno a su posicionamiento frente a Israel, que separa a un Occidente de tradición colonial del resto del mundo.

Después de “décadas de colonialismo de asentamiento y apartheid, una solución justa para todos los que cumplen los requisitos legales para vivir en la Palestina histórica tendría que negociarse con la ayuda de la comunidad internacional”, afirmaba el lunes 19 en la Haya, Vusimuzi Madonsela, embajador de Sudáfrica en los Países Bajos, apuntando a un escenario post ocupación. Argelia, por su parte, advertía que Israel “apunta a un punto de no retorno” en los Territorios Ocupados para “descartar cualquier posibilidad de crear un estado palestino”.

Otros países del sur global como Chile, Brasil, Colombia o Bolivia reafirmaron ante la corte su postura contra la ocupación israelí tras haber tomado la iniciativa diplomática de plantar cara al estado sionista durante los últimos meses. En su intervención del pasado viernes, Namibia, víctima del primer genocidio del siglo XX a manos de Alemania, subrayó de nuevo el carácter colonial del conflicto y recordó que en ese marco. Su ministra de Justicia, Yvonne Dausab, recordó que su país “conoce demasiado bien el dolor y el sufrimiento de la ocupación, el colonialismo, la discriminación sistemática, el apartheid y sus muy arraigadas consecuencias”. 

Los países occidentales que han intervenido ante la Corte han hecho énfasis en el “derecho a defenderse de Israel”, repitiendo la narrativa del Estado sionista

Por su parte, los países occidentales que han intervenido ante la Corte han hecho énfasis en el “derecho a defenderse de Israel”, repitiendo la narrativa del Estado sionista. René J. M. Lefeber, asesor jurídico del Ministerio holandés de Asuntos Exteriores, argumentaba que “la ocupación de un territorio puede ser legítima en el marco del derecho a la legítima defensa, en respuesta a un ataque armado”. Un argumento compartido con el representante francés, quien explicaba el 21 de febrero, que la ocupación podía ser legítima para evitar nuevos ataques como el del 7 de octubre. Sin embargo, incluso entre estos aliados de Israel, se insistió en la necesidad de poner fin a la expansión colonial del estado sionista.

En la antigua metrópoli de Palestina, Reino Unido, Israel ha encontrado su aliado más cercano ante la CIJ. El país, ya habría intentando frenar el proceso el pasado verano, cuando en una extensa opinión legal presentada ante la Corte, mostraba su oposición a que la ocupación israelí fuera sometida a juicio en La Haya. En el texto, que en su momento ya causó indignación entre la diplomacia palestina y juristas internacionales, aludía que el proceso no tenía sentido al no contar con el consentimiento de una de las partes, Israel. El mismo argumento era defendido el pasado viernes 23, por el representante británico ante la corte, Dan Sarooshi.

El lunes 26 será una jornada fundamental para las dos iniciativas que han llevado a Israel ante la justicia internacional. A la última jornada de las audiencias sobre las consecuencias legales de la ocupación israelí, en la que participará España, se suma la presentación por parte del Estado sionista de una comunicación oficial ante la Corte, en la que debe explicar cómo está cumpliendo las medidas provisionales dictadas por el organismo de justicia internacional, tras el mes con el que contaba de plazo.

Mientras, el número de gazatíes asesinados en la ofensiva israelí alcanza ya los 29.600 y las personas heridas se acercan a las 70.000, Israel amenaza con la invasión terrestre de Rafah, y se suceden las declaraciones desde el gobierno israelí que apuntan a la ampliación de la colonización de Cisjordania, y los planes de llenar Gaza de asentamientos. Ayer 24 de febrero, Sudáfrica exhortaba a los países a participar en el juicio contra el Estado sionista.

Colonialismo de tik tok 

Una de las medidas que Israel podría introducir en su comunicación ante la CIJ son sus recientes intentos de disciplinar a su ejército ante las acciones humillantes y despreciativas que vienen practicando desde el principio de la masacre y documentando en sus propias redes sociales. Y es que el material difundido por los integrantes del ejército ocupante, presentado como evidencia en la acusación sudafricana ante la CIJ, también muestra de manera explícita la agenda colonizadora de Israel.

Este mismo sábado 24 de febrero, un soldado israelí se jactaba ante la cámara de su móvil de los incendios provocados de edificios residenciales en el barrio de Zeitoun de la ciudad de Gaza. “Una pequeña barbacoa siempre es divertida”, decía, antes de afirmar que en un año y medio la zona estaría poblada de asentamientos israelíes. Ya el 7 de febrero,  la Oficina de Medios de Comunicación del Gobierno de Gaza informaba de la quema de al menos 3.000 viviendas, la mayoría en el centro y el norte de la Franja de Gaza. Estos incendios responderían, según publicaba Hareetz, a la orden de comandantes del ejército israelí de quemar masivamente viviendas en Gaza.

En otro vídeo publicado en diciembre varias mujeres jóvenes bailan música electrónica en un escenario desértico. Son integrantes del ejército israelí y están en Gaza. Se divierten ante la cámara después de dos meses de ofensiva israelí que en, ese momento, ya había dejado unos 20.000 gazatíes muertos. No se ve población palestina en el vídeo pese a ser la tercera zona con mayor densidad de habitantes por kilómetro cuadrado del mundo. Esta imagen de Gaza vacía concuerda con el imaginario colonial de tierras despobladas: “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. 75 años después, el Israel de Benjamin Netanyahu parece decidido a materializar esa ficción con la expulsión definitiva de la población de la Franja.

Así como las potencias coloniales europeas avalaron el proyecto sionista en sus orígenes, legitimándolo con la declaración de Balfour (1917), siguen siendo sus principales valedoras en el siglo XXI. Apoyan a Israel en lo material con una tupida red de intercambios comerciales y de negocios. Y también de manera simbólica, mientras desde Israel se expresa abiertamente la voluntad de intensificar y expandir la ocupación, la bandera palestina o la kufiya han sido consideradas terroristas, mientras los lemas de la resistencia se criminalizan.

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Un ejemplo paradigmático de estos últimos tiempos es el caso de “Del río al mar Palestina será libre”, cántico al que se ha acusado de antisemita. La hasta hace unos meses ministra de Interior británica, Suella Braverman, apuntó al uso de este lema para argumentar que las manifestaciones propalestinas en Reino Unido apoyaban el terrorismo. El lema ha sido criticado también desde el laborismo inglés y algunos sectores de la izquierda, pues entienden que cuestiona el derecho a la existencia de Israel.

“Amigos, tenemos que dejar de usar el cántico ‘del río al mar, Palestina será libre’. Estáis pidiendo acabar con todo el Estado de Israel. Y eso es antisemita. En su lugar lo que tendríais que decir es: desde la rivera este del río Jordán, incluyendo Jenín y el campo de refugiados de Jenín, Tulkarm y Nablús hasta el primer checkpoint, y si os dejan pasar, saltando las ciudades israelíes, Qalquiya, Fasa hasta el siguiente checkpoint avanzando por ciudades palestinas hasta el final de Cisjordania…”. Así el usuario @qawemisrael mapea irónicamente en TikTok un territorio ocupado palestino hecho de poblaciones inconexas, atravesado de checkpoints y de asentamientos, frente a la abstracción del derecho a existir del estado sionista. Muestra la realidad de la ocupación 75 años después de la creación de Israel: el polémico cántico lo es porque señala el marco colonial del “conflicto”.  E Israel lleva desde su creación negando que la suya sea una empresa de colonización.

“Desde 1967 Israel y sus aliados anglosajones han hecho “gimnasia lingüística” para evitar usar el término colonialismo”

A principios de diciembre, el presidente israelí Isaac Herzog estaba siendo entrevistado por un periodista francés. Este le hizo una pregunta sobre los colonos, usando el término francés “colons”. El intérprete tradujo al inglés, pero no usó la palabra “settlers”, derivada de settlements [asentamientos], que es la que se suele usar en este idioma, sino “colonist”. Herzog negaba agresivamente que hubiese colonialismo en Israel. Mohamed Dhia Hammami, el analista político que recoge este incidente, explica cómo desde 1967 Israel y sus aliados anglosajones han hecho “gimnasia lingüística” para evitar usar el término colonialismo.

Hasta cierto punto, durante varias décadas, lo lograron. También con la complicidad de la izquierda, según explicaba el activista Daniel Lobato en el análisis “La ruptura del confinamiento de Gaza, el cadáver israelí y la izquierda ante Palestina”, publicado en este medio: “El evidente proceso de colonialismo por asentamiento de colonos y reemplazo demográfico forzoso contra los indígenas palestinos fue transformado por los Acuerdos de Oslo en un falso acuerdo entre supuestas partes iguales”. Con este desplazamiento, explica Lobato, se produce un reemplazo del léxico de las luchas anticoloniales —cuando se hablaba del derecho a retorno o resistencia— por el léxico del proceso de paz, que introducía el derecho del Estado ocupante a defenderse, o se calificaba como terrorismo la lucha armada del pueblo ocupado. Culmina así, argumenta, un proceso evidenciado en la internacional socialista celebrada en Haifa en 1960, una ciudad que había sido objeto de limpieza étnica solo 12 años atrás. Los partidos allí reunidos emitieron “una declaración final defendiendo las descolonizaciones en el mundo, pero validando la colonización de Palestina”. En su artículo, publicado el 9 de octubre, Lobato apunta, sin embargo, a que las izquierdas parecían estar retomando el marco colonial en los últimos años.

Palestina
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No hay lucha antirracista sin apoyo al pueblo palestino.

La interseccionalidad, enemiga de Israel

Un hombre volando en parapente ondeando una bandera palestina. Esa era la imagen que la sección del grupo Black Lives Matter (BLM) en Chicago puso en las redes sociales el 7 de octubre, acompañada de la frase: “Yo estoy con Palestina”. La foto recibió fuertes críticas en un país donde el consenso es que todas las acciones armadas realizadas por parte de palestinos son terrorismo, y en particular el ataque del 7 de octubre que causó el mayor número de muertes —1.139 entre civiles y militares según las últimas cifras oficiales— del lado israelí desde 1948. El grupo borró finalmente el mensaje, disculpándose, pero añadió: “Estamos con Palestina y con la gente que hará lo necesario para vivir en libertad”.

El ejemplo muestra cómo en Estados Unidos, el principal aliado de Israel, la lucha interseccional en general y BLM en particular han tomado el testigo de la mirada anticolonial en su apoyo al pueblo palestino. En julio de 2014, Israel lanzaba uno de sus más letales ataques contra Gaza; en agosto de ese año, el adolescente afroamericano Michael Brown era asesinado por la policía en Ferguson, hecho que supuso un revulsivo para el joven movimiento BLM. En aquel momento, uno de sus principales portavoces era un palestino americano, Bassem Masri. La conexión no se limitó a esto, activistas de BLM viajaron a los territorios ocupados y se pronunciaron a favor de Palestina. Según documenta la periodista Fabiola Cineas en su artículo “La larga, complicada historia de la solidaridad negra con palestinos y judíos”, en 2020, tras la muerte de George Floyd, se profundizaba esta conexión: en los territorios ocupados se pintaban murales del ciudadano afroamericano, mientras que muchos palestinos, al ser atacados por las fuerzas armadas israelíes, decían “no puedo respirar”, afirma el investigador Sam Klug en el artículo citado.

Mural Floyd Belen
Mural en recuerdo a George Floyd pintado sobre el muro de separación en la ciudad de Belén. Cisjordania, 9 de junio de 2020. Fotografía: Yumna Patel

Esta conexión entre el movimiento negro y el pueblo palestino no siempre fue así: en 1948 unas comunidades afroamericanas que desconocían el marco de la Nakba y la opresión palestina, celebraron la creación de Israel, empatizando con otro pueblo oprimido. El proyecto sionista, de hecho, resonaba con algunas narrativas de la comunidad afroamericana afines a la idea de colectivo oprimido que funda su propio Estado en lo que considera su tierra originaria. La creación del Estado de Liberia comparte esta narrativa, no en vano este Estado africano ha mantenido durante la mayoría de su historia relaciones privilegiadas con Israel. La simpatía hacia Israel de algunos sectores del movimiento negro se fue diluyendo a medida que se evidenciaba el marco colonial de la empresa.

La alianza en la última década entre BLM y el pueblo palestino es también reflejo de la alianza entre sus opresores. En un artículo publicado en Al Jazeera en 2020, el activista estadounidense-israelí Yoav Litvin señala: “Los proyectos de supremacía blanca y colonización de Estados Unidos e Israel comparten principios básicos, tácticas opresivas, estrategias agresivas, técnicas y aparatos de propaganda”. De hecho, según desarrolla en el texto, los cuerpos policiales de ambos países a menudo entrenan juntos. “Los propagandistas sionistas han afirmado que el movimiento Black Lives Matter está siendo utilizado en una campaña política contra Israel, confundiendo las opiniones anticolonialistas expresadas por los activistas contra el racismo con el antisemitismo”, apuntaba.

Algo más de tres años después, en plena campaña de exterminio israelí contra Gaza, una docena de congresistas demócratas exigía a Joe Biden que empujase a Israel a un alto el fuego. El grupo, encabezado por la diputada de origen palestino Rashida Tlaib, tenía algo en común: la inmensa mayoría era de origen árabe, afroamericana o latina. El propio Litvin advertía en otro artículo —después de que Israel denegara la entrada a Tlaib, junto a la congresista Ilhan Omar, en 2019— que los ataques contra estas dos congresistas se debían a que Israel ve la mirada interseccional como un peligro: “Ver y resistir a la opresión a través de la lente de la interseccionalidad galvaniza las lecciones de los movimientos anticoloniales del pasado y ayuda a romper las narrativas políticas ficticias de la supremacía blanca, el imperialismo, el racismo y el patriarcado. Además, el reconocimiento de que varios pueblos oprimidos tienen enemigos comunes sirve para reforzar la solidaridad entre ellos y ayuda a los movimientos de base basados en principios, como el BDS”.

“Los proyectos de supremacía blanca y colonización de Estados Unidos e Israel comparten principios básicos, tácticas opresivas, estrategias agresivas, técnicas y aparatos de propaganda”

Que Israel ve las alianzas interseccionales como un peligro lo certifica el informe Navegando paisajes interseccionales, realizado por el Reut Institute israelí y el Jewish Council for Public Affairs, establecido en Estados Unidos. El documento problematiza el mencionado acercamiento entre el BLM y los movimientos propalestinos de 2014 bajo el hashtag  #Palestina2Ferguson. También alerta de la “Corbynización” que se estaría “extendiendo en sectores de la izquierda política” en alusión a la postura propalestina mantenida por el que fuera líder del laborismo británico, relegado tras haber sido acusado de no enfrentar el antisemitismo en las filas de su partido.

En el caso estadounidense, quien hubiese podido ejercer un rol semejante a Corbyn, Bernie Sanders, se ha mantenido fiel a los postulados proisraelís —el lobby AIPAC se lo agradecería públicamente— mientras que son las congresistas de la conocida como Squad, cercanas a este líder, las que están siendo más vocales denunciando a Israel, representando un viraje en la opinión de las nuevas generaciones demócratas. El documento también expresa alarma por el avance del antisionismo entre amplios sectores judíos,  a los que califica como radicales: “Son antisionistas que denuncian a Israel. A menudo sirven de ‘sello Kosher’ para ‘legitimar’ las campañas antisionistas”, apuntaban, alarmados por el lugar de estos grupos judíos en las alianzas interseccionales.

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Mujeres y minorías raciales son discriminadas en un ejército que se presenta como moderno y feminista. La sexualización de las jóvenes soldados o la difusión de vídeos de militares burlándose de los gazatíes acompañan la limpieza étnica.

La mirada anticolonial

Una chica blanca, joven y atractiva habla en un vídeo de TikTok: invita a personas judías de todo el mundo a sumarse a las IDF en Israel. Mahal, la agencia israelí que se encarga de reclutar jóvenes judíos por todo el mundo presenta “la experiencia” casi como una actividad juvenil más, con fotos de chicos y chicas blancos sonriendo o entrenando, rodeados de armas. Aunque no aparezca “el enemigo” en ninguna de las imágenes, una mirada antirracista no puede sustraerse a qué “nosotros” enuncia la campaña, y contra qué “ellos” se invita a luchar. Cada vez más gente ve en esos uniformes inmaculados un ejército colonial de ocupación.

“Los académicos han debatido durante décadas si Israel constituye una colonia de asentamientos, y siguiendo los argumentos de destacados académicos como Joseph Massad, Rashid Khalidi, Noura Erakat, Ilan Pappe, Hamid Dabashi y Robert Wolfe, entre otros, la respuesta es convincente: Israel es el producto de un proyecto nacional colonial basado en asentamientos”, defendía en un artículo el sociólogo Muhannad Ayyash, quien apuntaba a la necesidad de partir de esta realidad para poder pensar en el futuro, asumiendo el hecho de que está en la naturaleza de un Estado de estas características el seguir anexionando territorios, como se ha podido apreciar a lo largo de la historia israelí y cómo parece que podría pasar tras esta última campaña genocida.

Soldados Israelies Gaza 2022
Soldados israelíes caminan por una calle en la franja de Gaza en el marco de la llamada operación Amanecer contra la llamada Jihad Islámica. Agosto 2022. Fotografía: Ejército israelí

El 17 de diciembre, el líder de Hamás Osama Hamdan recordaba este eje colonial ante el primer ministro francés: “Antes de hablar de derechos humanos, Macron debería devolver los cráneos argelinos de los museos franceses”. Hamdan establecía de este modo el siguiente subtexto:  las potencias occidentales no pueden hablar de derechos humanos mientras ocultan el marco de opresión que supone el colonialismo. Los cráneos mencionados pertenecen a combatientes de la resistencia argelina contra la colonia.

Es justamente Argelia quien, de alguna forma, custodia el espíritu anticolonial, siendo su guerra de liberación referente en este ámbito. Su actual presidente, Abdelmadjid Tebboune, ha querido reivindicar esta tradición que le sitúa como uno de los principales aliados del pueblo palestino, después de casi tres décadas en las que la guerra civil argelina y el largo gobierno de Abdelaziz Buteflika desdibujasen este capital político como referente de la lucha anticolonial, especialmente tras la normalización de Israel por parte de muchos países árabes.

Israel y el racismo

En 1975 se aprobó la resolución 3379 de las Naciones Unidas, que calificaba el sionismo como una forma de racismo. La resolución fue revertida en 1991. Sin embargo, en la Conferencia Mundial contra el Racismo celebrada en Durban, en 2001, se volvió a identificar el sionismo con el racismo. “Los sionistas liberales y de ‘izquierda’ sostienen que el gobierno cada vez más ultraderechista del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu es una ‘corrupción’ del llamado sueño sionista. Esta visión representa un refugio igualitario para los pueblos judíos oprimidos del mundo, nos dicen. Se trata de una fantasía ahistórica”, indicaba el investigador Asa Winstanley en su artículo “¿Por qué el sionismo siempre ha sido una ideología racista?”, en el que afirma que crear un “Estado Judío”, en un territorio de mayoría no judía, era desde sus inicios un proyecto excluyente y racista, como todo proyecto colonial europeo de la época.

Sin embargo, dentro de su estrategia de asimilar antisionismo y antisemitismo, Israel se esfuerza por usar la carta del racismo a su favor: Eric R. Mandel, director de Middle East Political and Information Network, exponía en 2021 en el Jerusalem Post su alarma porque “volviese” a identificarse sionismo con racismo en Estados Unidos, señalando a la Conferencia de Durban, celebrada dos décadas antes, como un “foro racista” donde se ignoró el antisemitismo. El autor ponía justamente como ejemplo a las integrantes del Squad por sus críticas a Israel usando los términos apartheid y terrorismo para describir las políticas sionistas. Y concluía: “Esto no es crítica legítima a Israel. Esto es antisemitismo. (...) es odio a los judíos que incita a la violencia, y equiparar sionismo con racismo es antisemitismo puro y duro”.

La carta del racismo Israel no la juega solo para hablar de sus críticos internacionales. Israel calificaba las protestas y actos violentos de jóvenes palestinos en 2021 tras los derribos de viviendas palestinas en el barrio de Sheij Yarrah en Jerusalén, la invasión israelí de la mezquita de Al Aqsa, y los bombardeos contra Gaza como “actos racistas y terroristas”, documenta la investigación La criminalización y racialización de la resistencia palestina frente al colonialismo de asentamiento. Los autores explican cómo, mediante este mecanismo, “el sistema jurídico israelí no solo criminalizó a los palestinos por resistirse al colonialismo de los colonos, sino que también trabajó para racializarlos como salvajes revoltosos cuya violencia carece de sentido. Israel utilizó la criminalización para borrar el contexto político de dominación colonial, opresión y desposesión que había provocado la resistencia generalizada en primer lugar”. Una estrategia que se resquebraja.

“Los sucesivos gobiernos de Israel sólo han dejado tres opciones a los palestinos: desplazamiento, sometimiento o muerte. Aquí están las opciones: limpieza étnica, apartheid o genocidio”

Ayyash destaca en su artículo, escrito en 2021, que  “la mayoría de los argumentos que hacen hincapié en el derecho internacional y el proceso de paz se basan en la dudosa suposición de que Israel está interesado en que se establezca un Estado palestino a lo largo de las fronteras de 1967. Pero las políticas israelíes han demostrado claramente que ese no es su objetivo ni su aspiración”. Elementos que empujan al autor a advertir que el proyecto sionista solo puede concluir con la anexión de toda Palestina.

En las últimas semanas la retórica israelí contra la creación del Estado palestino se ha intensificado, siendo múltiples las declaraciones dirigidas a combatir la solución de dos estados. La última de estas declaraciones la protagonizaba el ministro israelí de Patrimonio, Amichai Eliyahu, quien afirmaba que la creación de un Estado palestino junto a Israel “conduciría a un holocausto”, en respuesta al respaldo estadounidense a la solución de dos estados. El ministro de extrema derecha, durante una entrevista concedida a The Times of Israel, describía un eventual estado palestino como un triunfo del terrorismo. Eliyahu es el mismo ministro que el pasado noviembre apuntó a la posibilidad de usar bombas nucleares en Gaza.  

“Los sucesivos gobiernos de Israel sólo han dejado tres opciones a los palestinos: desplazamiento, sometimiento o muerte. Aquí están las opciones: limpieza étnica, apartheid o genocidio. Pero nuestro pueblo está aquí para quedarse (...) y no renunciará a sus derechos”, defendía el pasado lunes al-Maliki ante la CIJ. A casi cinco meses del inicio de la masacre israelí, con todas las cartas sobre la mesa, no parece que haya medias soluciones posibles: La “victoria” genocida del sionismo sobre el pueblo nativo de Palestina, o un horizonte de descolonización con una Palestina libre del río al mar, parecen ser los dos únicos finales posibles a una herida colonial que nunca acaba de cerrarse.

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Paco Caro
27/2/2024 18:18

Hitler decidió que Alemania tenía un problema de ”espacio vital”, y eso le llevó a planear la invasión de Rusia, el exterminio de millones de eslavos, y su sustitución por colonos alemanes. Parece que Israel cree tener el mismo problema, y aplica la misma solución.

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ptx1967
26/2/2024 20:29

Gran artículo de Sarah. Sin embargo, la tesis final aboca a un enfrentamiento sin fin. Y dado el actual proceso de genocidio contra el pueblo palestino, no es muy esperanzadora esa dicotomia.

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